La situación nacional se está tornando explosiva. Mientras el gobierno y sus aliados festejan el disciplinamiento de la casta política a su plan reaccionario, contra los trabajadores, sus organizaciones y sus condiciones de vida, aparecen en el escenario nacional importantes contingentes de trabajadores que le van a dar pelea a los ataques. Algunos editorialistas de los principales diarios del país le están advirtiendo a Milei que la realidad es mucho más compleja de lo que él ve desde su triunfalismo tras las votaciones en el Congreso y ponen como ejemplo la foto de los trabajadores de FATE en el techo de la empresa, luchando contra el cierre. Podemos agregar las imágenes de un paro general contundente y las acciones que organizó la izquierda para que no sea pasivo. Está irrumpiendo en la situación un sector de la clase obrera con sus métodos, en un momento en el que las mediaciones como la burocracia sindical están muy desprestigiadas y el partido peronista se cae a pedazos.
Si sólo nos basamos en los elementos coyunturales, debemos consignar que el gobierno se apresta a tener un triunfo político con la muy probable aprobación de la ley de reforma laboral. Triunfo que tiene otro costado político y social, este avance significa para el gobierno una pérdida de una gran franja de trabajadores y sectores de la pequeña burguesía que se deslizan a la oposición. En el caso de los trabajadores esta oposición se mostró en el contundente paro del 19 de febrero, mientras que sectores de la pequeña burguesía apoyan de forma pasiva las luchas en curso.
El gobierno de Milei es consciente de la pérdida de apoyo y sólo apela al sostén político del imperialismo norteamericano y de los grandes capitales extranjeros. Y que esta situación discipline a las coaliciones políticas, empresarias y a la burocracia sindical en la transición a una nueva matriz productiva de la Argentina, a una nueva relación entre el capital y el trabajo y una mayor estatización de las condiciones de vida.
En esta transición, Trump comienza a perder peso al interior de EE.UU. y es muy probable que pierda las elecciones de medio termino, por lo que se torna bastante inestable su principal aliado. La situación de la economía muestra una aceleración de la inflación, una caída enorme en el salario real, una retracción del consumo, suspensiones, despidos, cierres de fábricas y una mayor pauperización de las condiciones de vida. Este escenario se da a 3 años del gobierno de Milei, cuando vuelve a aparecer una bronca social que empalma con los sectores que vinieron resistiendo todos estos años contra el ajuste. Esto se está expresando en las calles y en los lugares de trabajo.
Por eso es central transformar este proceso de balance del gobierno de Milei (y de las últimas décadas) para convertirlo en un proceso consciente y organizado que aborde las tareas que están planteadas para derrotar a este gobierno, con su sumisión al imperialismo, y a sus aliados.
En primer lugar, debemos luchar contra la desmoralización que los enemigos en nuestras propias filas (la burocracia sindical y su partido peronista) quieren imponer, intentando llevar las luchas a derrotas mientras esperan a las elecciones del 2027, cuando supuestamente derogarían las leyes que impuso Milei. Tenemos un ejemplo muy cercano que niega esa idea, cuando Lula asumió en Brasil no tocó ninguna de las leyes de Bolsonaro. Todos esos personajes y sus partidos son defensores del Estado burgués y del sistema capitalista, por eso tenemos que enfrentarlos hasta mandarlos al basurero de la historia. Tampoco debemos dejarnos engañar por las poses combativas del Frente de Sindicatos Unidos, donde están la UOM, las CTAs y Aceiteros, que intentan contener la bronca planteando un programa de conciliación de clase con la burguesía nacional.
No basta con hacer una descripción de lo malos que son, sino que tenemos que demostrar que los trabajadores podemos revertir esta situación, confiando en nuestras propias fuerzas con un programa y una organización revolucionaria. Podemos organizar la sociedad sobre nuevas bases; ante la desorganización de la economía capitalista, tenemos que imponer el control obrero de las ramas, escala móvil de horas y salario, monopolio del comercio exterior. No podemos permitir que nos lleven a ser variable de ajuste en la pelea entre empresarios nacionales o extranjeros. La lucha de clases es en definitiva la lucha por la plusvalía, es en la producción donde atacamos a la burguesía, es en su base de sustentación donde podemos derrotarla y crear las condiciones para una transición en la lucha por el poder, la revolución socialista y un gobierno obrero.
Para eso debemos recuperar los sindicatos, luchar por la independencia del Estado rompiendo con las leyes que nos atan a los designios de la burguesía (como la ley de asociaciones sindicales y la ley de contrato de trabajo). Nuestras organizaciones deben ampliar sus funciones, lo que significa no sólo tomar las tareas sindicales, sino también la administración del producto de nuestro trabajo (que son las mercancías su circulación y distribución), no en función de la demanda capitalista, sino de la demanda social. Esto es lo que queremos decir cuando hablamos de buscar la injerencia del Estado obrero en la sociedad capitalista. Puede parecer un debate abstracto, como suelen reprocharnos algunos sectores de la izquierda, que opinan que no están las condiciones para hacerlo y adscriben al dicho “todo bien, pero mientras tanto…”. Ese “mientras tanto” es presionar al Estado, buscar apoyos en las instituciones burguesas y que los trabajadores sigan siendo trabajadores y no sujetos revolucionarios.
Tenemos que reorganizarnos en la fábricas y lugares de trabajo, echando a los delegados vendidos. Si se llega a votar la reforma laboral, tenemos que luchar para que les sea imposible aplicarla. Ningún compañero debe ir a negociar solo con el patrón, debe ir acompañado por su delegado. Para eso tenemos que barrer a la burocracia. Votemos delegados por turno, sector, o edificio ampliemos el número de delgados. Esto nos va a permitir estar en mejores condiciones para preparar un Congreso de delegados de base con mandato, que vote un plan de lucha que imponga un paro general activo, en la perspectiva de una huelga general, con el planteo: “¡Abajo Milei y el imperialismo! Por un gobierno obrero”.