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Otra derrota en medio de la crisis

Martes, 16 Noviembre 2021 20:31

El gobierno no pudo remontar los resultados de las PASO y volvió a sufrir una derrota en las elecciones del 14 de noviembre, donde perdió a nivel nacional contra Juntos por el Cambio, por más de 8 puntos. El oficialismo ya no tiene el quorum en el senado y se sigue discutiendo la cantidad de diputados en la cámara para cada fuerza. Donde hizo una remontada fue en la provincia de Buenos Aires, pero también perdió ante Juntos por 1 punto de diferencia.

Fue una de las elecciones con menor concurrencia de la historia y se expresó el llamado voto bronca, por fuera de las dos grandes coaliciones, recibiendo un mayor caudal de votos tanto la derecha, expresada por Milei y Espert, como la izquierda parlamentaria del FITU, que logró 4 diputados nacionales e hizo una gran elección en el conurbano bonaerense.

El gobierno, consciente de que iba a perder, lanzó en un discurso grabado del presidente un llamado a discutir en el Congreso el acuerdo con el FMI. En ese discurso reconoció que la ley de presupuesto, con el pomposo nombre de "plan plurianual", está consensuada con el FMI. A tan solo algunas horas de terminados los comicios, con los que llamaron a las masas a "cumplir con su deber democrático", mostraron el verdadero rostro de la democracia burguesa: cada dos años debes elegir a tus verdugos, en este caso, los representantes para subordinarse a la agenda del FMI. En el acuerdo con este organismo imperialista no hay diferencias entre las distintas fracciones burguesas y pequeño burguesas que conforman las coaliciones electorales, los matices son sólo sobre cómo deben aplicar las medidas que éste pretende imponer para el acuerdo.

Ante el escenario que ha quedado en las dos cámaras legislativas, donde la oposición tiene más peso de negociación y poder de veto para trabar algunas leyes, el gobierno ha definido buscar el consenso político para gobernar los próximos dos años imponiendo los mandatos del imperialismo y el FMI en organismo como el Consejo económico y social, donde puede acordar con los empresarios, los movimientos sociales y la burocracia sindical. De esa manera buscará debilitar el poder de la oposición burguesa en medio de una crisis económica, política, social y sanitaria que las elecciones no han despejado, sino que han acelerado.

Para que este plan de supervivencia del gobierno funcione, debe revitalizar al peronismo decadente, e intentar mostrar unidad dentro de las distintas alas. Alberto pretende apoyarse y dar más poder a los intendentes, gobernadores y, centralmente, a la burocracia sindical, a la que necesita para imponer la reforma laboral y jubilatoria que exige el FMI. A esto apunta el acto en Plaza de Mayo para el miércoles 17/11, convocado por la CGT. De esa forma tendría más poder de fuego para sentarse a negociar con la oposición burguesa los equilibrios de poder en un semi Estado.

Es evidente que en este plan no están contemplados los trabajadores y el pueblo pobre, somos sobre los que quieren descargar la crisis para garantizar el pago de la deuda externa con el FMI y sostener los negocios de quienes ellos representan, los grandes empresarios internacionales y nacionales de la industria y el campo.

Debemos organizarnos para enfrentar el ajuste y los planes de reformas que prepara el gobierno en alianza con la oposición burguesa, los empresarios, la iglesia y la burocracia sindical.  Este ataque a los trabajadores vendrá con represión y criminalización de la protesta, como lo podemos ver en la condena a los compañeros Arakaki y Ruiz, del PO y PSTU respectivamente, por luchar contra la reforma laboral del anterior gobierno. Aunque formalmente intenten mostrar que la pelea va a pasar por el Congreso, la lucha real va a estar en las calles, en los sindicatos y lugares de trabajo, es ahí donde podemos golpear con fuerza a nuestros enemigos de clase.

Debemos enfrentar el acuerdo con el FMI con los métodos de la clase obrera. Llamamos a un Congreso de delegados de base con mandato que prepare las condiciones para un Paro general, para recuperar todo lo perdido por la pandemia y desarrollar una vanguardia obrera que expulse a la burocracia de nuestros sindicatos y sea un embrión de la construcción de un partido revolucionario, como sección de la reconstrucción de la IV internacional.  

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  • Apuntes sobre la situación nacional

     

    La situación nacional se está tornando explosiva. Mientras el gobierno y sus aliados festejan el disciplinamiento de la casta política a su plan reaccionario, contra los trabajadores, sus organizaciones y sus condiciones de vida, aparecen en el escenario nacional importantes contingentes de trabajadores que le van a dar pelea a los ataques. Algunos editorialistas de los principales diarios del país le están advirtiendo a Milei que la realidad es mucho más compleja de lo que él ve desde su triunfalismo tras las votaciones en el Congreso y ponen como ejemplo la foto de los trabajadores de FATE en el techo de la empresa, luchando contra el cierre. Podemos agregar las imágenes de un paro general contundente y las acciones que organizó la izquierda para que no sea pasivo. Está irrumpiendo en la situación un sector de la clase obrera con sus métodos, en un momento en el que las mediaciones como la burocracia sindical están muy desprestigiadas y el partido peronista se cae a pedazos.

    Si sólo nos basamos en los elementos coyunturales, debemos consignar que el gobierno se apresta a tener un triunfo político con la muy probable aprobación de la ley de reforma laboral. Triunfo que tiene otro costado político y social, este avance significa para el gobierno una pérdida de una gran franja de trabajadores y sectores de la pequeña burguesía que se deslizan a la oposición. En el caso de los trabajadores esta oposición se mostró en el contundente paro del 19 de febrero, mientras que sectores de la pequeña burguesía apoyan de forma pasiva las luchas en curso.

    El gobierno de Milei es consciente de la pérdida de apoyo y sólo apela al sostén político del imperialismo norteamericano y de los grandes capitales extranjeros. Y que esta situación discipline a las coaliciones políticas, empresarias y a la burocracia sindical en la transición a una nueva matriz productiva de la Argentina, a una nueva relación entre el capital y el trabajo y una mayor estatización de las condiciones de vida.

    En esta transición, Trump comienza a perder peso al interior de EE.UU. y es muy probable que pierda las elecciones de medio termino, por lo que se torna bastante inestable su principal aliado. La situación de la economía muestra una aceleración de la inflación, una caída enorme en el salario real, una retracción del consumo, suspensiones, despidos, cierres de fábricas y una mayor pauperización de las condiciones de vida. Este escenario se da a 3 años del gobierno de Milei, cuando vuelve a aparecer una bronca social que empalma con los sectores que vinieron resistiendo todos estos años contra el ajuste. Esto se está expresando en las calles y en los lugares de trabajo.

    Por eso es central transformar este proceso de balance del gobierno de Milei (y de las últimas décadas) para convertirlo en un proceso consciente y organizado que aborde las tareas que están planteadas para derrotar a este gobierno, con su sumisión al imperialismo, y a sus aliados.

    En primer lugar, debemos luchar contra la desmoralización que los enemigos en nuestras propias filas (la burocracia sindical y su partido peronista) quieren imponer, intentando llevar las luchas a derrotas mientras esperan a las elecciones del 2027, cuando supuestamente derogarían las leyes que impuso Milei. Tenemos un ejemplo muy cercano que niega esa idea, cuando Lula asumió en Brasil no tocó ninguna de las leyes de Bolsonaro. Todos esos personajes y sus partidos son defensores del Estado burgués y del sistema capitalista, por eso tenemos que enfrentarlos hasta mandarlos al basurero de la historia. Tampoco debemos dejarnos engañar por las poses combativas del Frente de Sindicatos Unidos, donde están la UOM, las CTAs y Aceiteros, que intentan contener la bronca planteando un programa de conciliación de clase con la burguesía nacional.

    No basta con hacer una descripción de lo malos que son, sino que tenemos que demostrar que los trabajadores podemos revertir esta situación, confiando en nuestras propias fuerzas con un programa y una organización revolucionaria. Podemos organizar la sociedad sobre nuevas bases; ante la desorganización de la economía capitalista, tenemos que imponer el control obrero de las ramas, escala móvil de horas y salario, monopolio del comercio exterior. No podemos permitir que nos lleven a ser variable de ajuste en la pelea entre empresarios nacionales o extranjeros. La lucha de clases es en definitiva la lucha por la plusvalía, es en la producción donde atacamos a la burguesía, es en su base de sustentación donde podemos derrotarla y crear las condiciones para una transición en la lucha por el poder, la revolución socialista y un gobierno obrero.

    Para eso debemos recuperar los sindicatos, luchar por la independencia del Estado rompiendo con las leyes que nos atan a los designios de la burguesía (como la ley de asociaciones sindicales y la ley de contrato de trabajo). Nuestras organizaciones deben ampliar sus funciones, lo que significa no sólo tomar las tareas sindicales, sino también la administración del producto de nuestro trabajo (que son las mercancías su circulación y distribución), no en función de la demanda capitalista, sino de la demanda social. Esto es lo que queremos decir cuando hablamos de buscar la injerencia del Estado obrero en la sociedad capitalista. Puede parecer un debate abstracto, como suelen reprocharnos algunos sectores de la izquierda, que opinan que no están las condiciones para hacerlo y adscriben al dicho “todo bien, pero mientras tanto…”. Ese “mientras tanto” es presionar al Estado, buscar apoyos en las instituciones burguesas y que los trabajadores sigan siendo trabajadores y no sujetos revolucionarios.

    Tenemos que reorganizarnos en la fábricas y lugares de trabajo, echando a los delegados vendidos. Si se llega a votar la reforma laboral, tenemos que luchar para que les sea imposible aplicarla. Ningún compañero debe ir a negociar solo con el patrón, debe ir acompañado por su delegado. Para eso tenemos que barrer a la burocracia. Votemos delegados por turno, sector, o edificio ampliemos el número de delgados. Esto nos va a permitir estar en mejores condiciones para preparar un Congreso de delegados de base con mandato, que vote un plan de lucha que imponga un paro general activo, en la perspectiva de una huelga general, con el planteo:  “¡Abajo Milei y el imperialismo! Por un gobierno obrero”.

     

     

     

     

     

     

  • Una elección colonizada

    El 26 de octubre, en las elecciones legislativas nacionales, el gobierno de Milei obtuvo un triunfo al ganar en las principales provincias del país, especialmente en provincia de Buenos Aires, obteniendo un 41% a nivel nacional. Lo más significativo de esta elección fue el nivel de abstención, que resultó ser el más alto desde 1983. Se calcula que unos 12 millones de personas no fueron a votar. Esto demuestra una crisis muy profunda del régimen político en su relación con las masas, ya que un pilar de la democracia burguesa es la legitimación a través de las elecciones.

    El triunfo de Milei expresa que un amplio sector votó al gobierno por el temor a que se acelerara la crisis y por no ver en el peronismo una alternativa ante un escenario catastrófico. Y también muestra, de forma distorsionada, un disciplinamiento por parte de EE. UU., que condicionó su ayuda económica a los resultados electorales. Pero estas elecciones y su resultado sólo han hecho al gobierno ganar algo de tiempo ante una crisis que tarde o temprano retornará de forma más explosiva.

    Lo que también se expresó en las urnas ha sido la despedida de los K y que el peronismo intenta despejar el panorama, aunque sigue inmerso en su crisis crónica.

    El FITU viene retrocediendo en las últimas elecciones y en esta perdió una representación en la cámara de diputados. Aunque intenten disfrazar de triunfo sus números electorales para consumo interno, es evidente que su política electoral está en crisis y ahora se preparan para intentar confluir con las viudas de los K, con argumentos como “la unidad en la diversidad” o que “con la izquierda sola no alcanza”. El “luche y vote” no funcionó.

    Se está configurando otro escenario político dentro del régimen con una mayor injerencia de EE. UU., para sostener algo que está muy inestable. Se podría decir que vamos a una nueva configuración, en la necesidad sostener la gobernabilidad, emulando el sistema de negociación parlamentaria que hay en Brasil, con un sector que se denomina centrão, donde tienen peso los diputados que representan a los gobernadores estaduales (en nuestro caso serían las provincias) y no a los partidos. Pero en el caso de Argentina el que negocia con los gobernadores no es el presidente, sino el representante de EE. UU.

    Hay que analizar con más profundidad el proceso post electoral, ya que hay distintos escenarios posibles, y plantear las tareas de los revolucionarios. Si nos impresionamos con el resultado electoral, tomando el voto en general como la voluntad de las masas, parece que el régimen se está regenerando con ayuda del imperialismo y cooperando por la vía institucional, pero no debemos olvidar jamás que en las elecciones se expresan de forma distorsionadas las relaciones de fuerza. En cambio, si nos paramos desde la vanguardia que viene luchando y oponiendo resistencia a Milei, el balance que sacamos es que hay que profundizar la lucha política y la radicalización, es decir, organizar al sector que se fogueó contra Milei desde una perspectiva revolucionaria, batallando contra las tendencias estatistas y legalistas para que rompan de forma programática con los vestigios de confianza en tendencias pequeñoburguesas. Recuperar los sindicatos y echar a la burocracia sindical es una tarea fundamental y urgente para quebrar toda posibilidad de que se reorganice el peronismo como dirección contrarrevolucionaria.

    Las oscilaciones electorales de las masas son la expresión de una crisis que un bonapartismo sui generis decadente no puede resolver sin la intervención directa del imperialismo. Por eso hay que reforzar la propaganda revolucionaria y desplegar ofensiva mente un programa de enfrentamiento al gobierno para forjar una nueva vanguardia que comience a sacar lecciones sobre la situación mundial y su expresión en Argentina. Debemos forjar una vanguardia organizada en un partido revolucionario que se prepare para dirigir los próximos combates, que van a ser feroces, ya no sólo contra el gobierno, sino contra el imperialismo y sus aliados.

    Ahora el gobierno, como agente directo del imperialismo, va a utilizar a su base electoral (que aún no logra hacer base social) para ir por su verdadero enemigo, la clase obrera. Se viene la reforma laboral y previsional en un escenario recesivo.

    Nosotros no luchamos para que después “se vote bien”, luchamos porque queremos destruir al Estado burgués por medio de la revolución obrera y socialista. Somos parte de las luchas que hoy están dando los trabajadores en todo el mundo contra el sistema capitalista. Por eso, ante el grito de los trabajadores europeos llamando a “bloquear todo”, nosotros decimos: ocupar todo para destruir a la burguesía desde su base, la producción.

     

     

     

     

  • Elecciones legislativas en CABA

     

    Votamos en blanco

    Las rondas de elecciones legislativas provinciales se están desarrollando en medio de una crisis enorme, tanto económica como política, y esto se ve reflejado en la apatía general que se refleja en la bajísima participación en Salta, Jujuy, San Luis. En esas provincias, el porcentaje de votantes no superó el 60% y el voto en blanco fue alto. En este escenario, el 18 de mayo se vota en CABA para renovar la legislatura de la ciudad.

    Mientras los partidos del régimen están en una pelea palaciega para ver quién traicionó a quién con la “ley de ficha limpia” que se cayó en el Senado, no logra imponerse un clima ni escenario electoral, aunque todo el régimen político intente que la agenda electoral pueda contener los procesos sociales agudos que se están desarrollando ante el ataque del FMI, Milei y sus aliados.

    Lo que sigue estando en el centro de la escena son la lucha de los jubilados y las luchas salariales, que están empezando a radicalizarse ante la caída de las condiciones laborales y de vida de gran parte de la población, con despidos, cierre de fábricas y la tentativa de imponer nuevos sistemas de trabajo. Esto, a pesar de la borrada de la burocracia sindical de la CGT y las CTAs, que están buscando un nuevo líder para el alicaído PJ.

    Este escenario es el que preocupa a la burguesía y al imperialismo, que ven un gobierno que no logra estabilizar la superestructura política, en medio de una crisis mundial que tiende a agudizarse. Los millones de dólares del FMI no son garantía aun de que Argentina no vaya a ingresar en una crisis que pueda desestabilizar la región.

    Algunos analistas advierten que se está produciendo una desconexión de la política con las masas. Anteriormente, esa “desconexión” se expresó en el voto a un “outsider” como Milei, pero ahora ya no se podría expresar en variantes electorales, sino que se estaría perdiendo esa forma de contención que tienen los mecanismos democráticos y sus partidos patronales para canalizar las demandas generales de la población, abriendo un escenario incierto e inestable de fenómenos de lucha de clases que no puedan controlar ni desviar.

    Para los revolucionarios, las elecciones burguesas son un escenario secundario pero importante para propagandizar nuestro programa y las tareas para enfrentar a los gobiernos de turno. Por eso, lo primero que debemos decir es que en las elecciones de CABA no hay que votar a partidos burgueses que defienden los grandes intereses de la burguesía extranjera y nacional y jamás van a ser aliados de nuestra clase. Ellos son los que atacan a la izquierda, impulsando los juicios al Polo Obrero o a Vanina Biasi y a Alejandro Bodart por denunciar el genocidio palestino, por nombrar sólo los más recientes. Por eso, no son opción ni Santoro, ni Lospennato, ni Adorni, ya que expresan a distintas fracciones de una misma clase enemiga.

    En estas elecciones de CABA, desde la COR llamamos a votar en blanco o a no ir a votar, ya que las variantes de izquierda que se presentan, como el FITU y Nuevo Mas, tienen una posición errónea de conciliación de clase en su relación con los requechos del peronismo. No hay independencia de clase si en las últimas elecciones a presidente un sector del FITU llamó a votar a Massa, ni si el 24 de marzo un sector del FITU marchó con el PJ y la burocracia, ni si en el parlamento nacional se hacen “acuerdos técnicos” y se forman interbloques con Unión por la Patria, ni si se defiende a dirigentes burgueses, como hizo el NMas con Cristina. Y la lista podría seguir.

    Es urgente que rompan con esa política de conciliación de clase, apelamos a los cuadros de esos partidos para que den una pelea en sus organizaciones para frenar este giro, ante una situación mundial que exige la intervención del trotskismo, la corriente revolucionaria que tiene teoría y programa para intervenir en la actual etapa.

    Tenemos que organizarnos y continuar la lucha en las calles y las estructuras laborales, para echar a Milei y enfrentar al imperialismo con los métodos de la clase obrera.

     

     

     

  • Paro de la CTA-A Córdoba: Para enfrentar al FMI hay que romper con el gobierno

    ¡Basta de subordinarse al Frente de Todos!

    Este 16 de junio, la CTA Autónoma cordobesa llama a un paro provincial con la consigna “No al FMI”. Es una continuidad de la jornada de lucha nacional del 24 de mayo, aunque no del todo, porque esta vez la medida queda restringida a la provincia de Córdoba. No nos extraña luego de ver a Cachorro Godoy en segunda fila, detrás de los capos de la CGT, en el acto donde Guzmán y Alberto presentaban el impuesto a la renta inesperada… destinado a pagar al FMI! Nos recuerda a la posición que tomó la conducción de la CTA-A los dos días en que el acuerdo con este organismo imperialista se votó en las cámaras del Congreso. En esa oportunidad, la CTA Autónoma, ATE, la Fesprosa, la Conadu H y demás sindicatos que la componen, dirigidos por la burocracia Verde y sus aliados maoistas, actuaron como el kirchnerismo dentro del recinto, criticando, pero dejando pasar el acuerdo; a diferencia de las fuerzas de la izquierda, los sindicatos combativos y el movimiento piquetero independiente del gobierno, que desplegamos una campaña contra ese acuerdo semicolonial que firmaba el Frente de Todos. Es este gobierno el que está aplicando en los hechos el ajuste del FMI con la colaboración de Cambiemos y de la burocracia sindical, no el fantasma de la derecha que agitan para atarnos a nuestros enemigos.
    Sobran los motivos para parar, y por eso debemos impulsar esta medida convocada por la CTA local. Sin hacernos ilusiones: la verde llama a acciones ante las disputas dentro del Frente de Todos, para posicionarse del lado K de la grieta interna, pero no saca los pies del plato… igual que Cristina y su tropa. Y la conducción provincial, que crítica moderadamente la política obsecuente y genuflexa de Cachorro y Peidro frente al gobierno, se cuida de romper con la Verde nacional y enfrentarse al gobierno de Alberto y Cristina de manera frontal. Sin ir más lejos, Cachorro y la conducción nacional de ATE acaban de firmar junto a UPCN una paritaria de miseria para bancar el techo del 60% de Moroni sin que desde Córdoba salga ninguna crítica a este acuerdo a la baja y en cuotas, el gran servicio que las conducciones sindicales prestan al FMI.
    En esta convocatoria a paro y asamblea, los sectores opositores combativos debemos alzar nuestra voz y confluir en la necesidad de recuperar nuestros sindicatos de manos de la burocracia frentetodista. Impulsemos un Congreso de Emergencia de todos los estatales del país con delegados elegidos y mandatados en asamblea, para discutir el rumbo de la Central. Por supuesto, incluyendo a los docentes de CTERA y a los demás sindicatos agrupados en la otra CTA. Es escandaloso que las conducciones de las dos CTAs continúen formando parte del Frente de Todos, del gobierno que impone el ajuste que monitorea el FMI al servicio de las grandes patronales. Peor aún, pretenden meternos en la disputa interna entre cristinistas y albertistas, dividiendo las filas de la clase obrera tras intereses patronales como ya hicieron en 2010 cuando rompieron la CTA en dos por la 125. ¡La pelea entre las dos alas del gobierno del ajuste fondomonetarista no es nuestra pelea!
    Para enfrentar al FMI en serio no alcanza con medidas aisladas, votemos un programa de acción, un plan de lucha y una orientación para avanzar en la necesaria unidad con el conjunto de la clase obrera. Solo con la lucha conquistaremos todas nuestras demandas como el pase a planta, la reincorporación de los despedidos, el salario inicial igual a la canasta básica indexado a la inflación y el 82% móvil para los jubilados. ¡Por un Congreso de delegados de base de la industria, los servicios y estatales! ¡Por una Central Única de Trabajadores! ¡Por un paro nacional activo para derrotar el ajuste del gobierno de los Fernández y el FMI!

    Estatales de la COR
    Regional Córdoba

     

  • El Ahora 12 del FMI

    El gobierno anunció un principio de acuerdo con el FMI con respecto al stand by que le habían dado a la administración anterior de Macri. Es decir, que legaliza la estafa de aquel crédito e hipoteca al pueblo argentino a pagar esa deuda. Queda demostrado cuáles son los intereses a los que responde el gobierno de los Fernández y sus aliados de la oposición burguesa como Juntos por el Cambio, así como la Sociedad Rural y todo el empresariado, quienes saludaron el “entendimiento” con el Fondo.

    El principio de acuerdo, donde aún debe definirse la letra chica, es un plan de ajuste gradual donde el FMI tendrá más injerencia directa en el desarrollo de la economía argentina. Se acordaron revisiones trimestrales del organismo con derecho a veto, para vigilar que se cumpla con los designios del imperialismo. En el trazo grueso del entendimiento, la Argentina se compromete a bajar la emisión monetaria, reducir subsidios, moderar la inflación y subir las tasas de intereses. A cambio de llevar a cabo ese plan, lo habilitan para tomar deuda ya no solo del FMI sino de otros países miembros del organismo como el Club de París, por ejemplo.

    El gobierno vende el pre acuerdo como un logro, ya que según dice, no se le exige un ajuste. Esto es, por supuesto, parte del “relato” ya que es sabido que el ajuste lo vienen realizando desde que asumieron, mediante el proceso inflacionario, las mini devaluaciones, el aumento en las tarifas, la caída en los salarios y el ajuste en las jubilaciones. Con su funcionario fiel, Martin Guzmán, el gobierno preparó el acuerdo con el FMI buscando no tener que poner la palabra “ajuste” por escrito, sobre todo luego de las fricciones dentro del PJ que generó la derrota electoral y el intento fallido de provocar un giro argumental con la carta de Cristina.

    La otra pata del relato es el argumento de que el FMI no habría pedido cambios estructurales, es decir reformas laborales, previsionales o tributarias, ya que este pre acuerdo se centra en equilibrar la política fiscal, y una vez encaminado ese objetivo vendrán por lo importante.

    Ante los sectores descontentos con los términos del acuerdo, el kircherismo hace lo que siempre hacen las fracciones burguesas y pequeño burguesas: echarles la culpa a las masas por haber votado a Macri. Esgrimiendo el ya desgastado argumento de que no les daban las fuerzas para otra cosa dado que venían de perder las elecciones y las masas no iban a salir a enfrentar al FMI. Lo que en realidad lograron es un poco de aire para seguir defendiendo sus intereses y evitar la idea de las masas en la calle, lo cual les da un verdadero terror.

    El principio de acuerdo plantea 2 años y medio de gracia donde no hay que pagar vencimientos de esta deuda y después se comienza a devolver el préstamo con otro préstamo del FMI a 10 años. De esta manera, al FMI le cierran las cuentas y la Argentina no sólo se queda con la deuda, sino que la acrecienta.

    Esta especie de “Ahora 12” del FMI, expresa el nivel de crisis mundial que aceleró la pandemia, ya que si Argentina entraba en default podía generar una crisis importante en la región y un cimbronazo mayor en la economía mundial, mostrando la debilidad histórica de un organismo en descomposición que no logra contener los efectos de la crisis económica mundial.

    En un país semicolonial como el nuestro, la burguesía no es independiente y por lo tanto debe poner su destino histórico en manos del imperialismo para enfrentar al proletariado de su país y de la región.  Es una clase parasita que no produce, es por eso que por más que se esfuercen en decir que no van a pagar con el hambre del pueblo, van a pagar con el hambre del pueblo porque el proletariado es el único que posee una fuerza de trabajo que puede crear valor y plusvalor y la razón de ser de los capitalistas es apropiarse del trabajo ajeno.  Es en la explotación de nuestra clase de donde saldrán los recursos para pagar la deuda, todo acuerdo de pago de deuda se basa en el canje por nuevos bonos, sus intereses y sus plazos están determinados por el nivel de ajuste a la clase trabajadora que está dispuesta a implementar nuestra clase enemiga. Es, en realidad, un derecho sobre el trabajo futuro que producirá supuestamente el plusvalor del que el interés (una retribución por la pura propiedad) será una parte.

    Nosotros levantamos el no pagar la deuda externa que significa una pelea por la destrucción del Estado burgués, atacando al régimen capitalista en su base, en la producción.

    Expropiar a las grandes empresas imperialistas, control obrero, escala móvil de salarios y de horas de trabajo, no son consignas para reformar al capital, es parte del programa transicional de la lucha por el poder, por la necesidad de un gobierno obrero para imponer las etapas de la dictadura del proletariado. 

    Es un debate que tenemos que llevar al interior de nuestra clase y desenmascarar a los enemigos en nuestras filas, como la burocracia sindical que salió a festejar el acuerdo, y ya anticipó que seguirán adecuando la discusión paritaria a la política de ajuste que ahora profundiza el gobierno como ofrenda al imperialismo.

    Debemos movilizarnos como hicimos en diciembre del año pasado en contra del FMI y el gobierno, en contra del acuerdo, pero siendo claros en nuestro programa de independencia de clase. Es peligroso confundir banderas con los descontentos del ala k, que plantean suspensión de la deuda o no al ajuste del FMI sin nombrar al gobierno, como lamentablemente hace un sector de la izquierda para buscar un diálogo que no existe. Parecen no entender, a pesar de tantos fracasos, que es imposible romper un ala del peronismo que vaya hacia una perspectiva revolucionaria mediante el método de diluirse programática y organizativamente en el estatismo pequeñoburgués.  Debemos movilizarnos de manera diferenciada de estos sectores kirchneristas y combatir su programa hasta el final, plantear mociones diferenciadas en las asambleas y dejar en claro que los trabajadores que salimos a luchar no tenemos que mostrarle nada a Alberto ni tenemos que “hacerle saber” nada en las calles, sino que tenemos que apuntar a derrotar a este gobierno sumiso al imperialismo e imponer nuestra propia perspectiva de clase.

     

     

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