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Jueves, 29 Octubre 2020 11:43

Desalojo en Guernica

Desalojo en Guernica

Distanciamiento social

Otra vez, y seguimos sumando, el peronismo privilegió los intereses especulativos inmobiliarios a las necesidades de los trabajadores. En la madrugada de hoy un ejército de policías y gendarmes desalojó el predio de Guernica, reprimiendo a las familias y deteniendo a más de 40 compañeros.

Al comando de Berni, a las órdenes de Kicillof (que ahora no podrán decirle que es un dirigente estudiantil, ya que después de este desalojo se recibió de dirigente político) y supervisados por Alberto y Cristina, mostraron para qué clase gobiernan y en función de qué intereses defienden la propiedad privada de la tierra y la legalidad burguesa.

Antes del desalojo, en el Congreso, se votaba el presupuesto con rebajas en salud y educación, en consonancia con lo que plantea el FMI. Podríamos decir que ya está en marcha el acuerdo nacional al que llamaba Cristina en su carta. Toda la oposición burguesa festejó el desalojo, inclusive la iglesia, que, siendo los máximos usurpadores de tierra en la historia, ahora están en contra de las ocupaciones.

Pero no se va a poder frenar la bronca con represión, esto sólo es el comienzo de un proceso más álgido de lucha de clases. Así como el gobierno, la justicia, los empresarios, la oposición burguesa y la burocracia sindical tienen claro para qué clase gobiernan, debemos hacer consciente en el conjunto de los trabajadores la necesidad de la independencia de clase y de organizarnos para enfrentarlos.

Repudio al desalojo de Guernica.

Libertad a los detenidos.

Por un paro general para dar una salida obrera a la crisis.

 

Miércoles, 28 Octubre 2020 17:14

Braden y Perón

La única “certeza” que da la carta de la vicepresidenta para recordar a Néstor Kirchner a 10 años de su fallecimiento es que son una clase burguesa y pequeñoburguesa que fracasó en la dirección de un semi Estado burgués. Es la confirmación de una burguesía nacional sin rumbo histórico y, en su decadencia, sin objetivos claros. Ese sueño de desarrollar una burguesía nacional independiente del imperialismo para poder mejor negociar, como pregonaba Perón en el slogan de campaña en contra del embajador de EEUU en 1945, de apellido Braden, fracasó. Así como el mal recuerdo que dejaron con el gobierno de Menem, que de la revolución productiva y el salariazo pasaron a la contrarrevolución liberal; o cuando intentaron recrear una burguesía nacional post 2001. Todos esos procesos, sumando al radicalismo y el corto periodo de Macri, como señala la carta, fracasaron.

En su carta cree encontrar la génesis del problema, que sería el bimonetarismo, es decir, el peso como moneda para satisfacer las necesidades y el dólar como unidad de atesoramiento. Lamentamos informarle que la Argentina es una semi colonia inserta en un sistema de Estados mundial, donde el dinero internacional, después del pacto de Breton Woods, se basa en la paridad con el dólar. Con esto queremos decir que la supuesta particularidad argentina no es tal. Que la burguesía argentina y la pequeña burguesía acumulen y fuguen en dólares es la demostración de una clase que se negó a ser independiente y está sometida a los designios del imperialismo, por eso para los marxistas es una sub burguesía. Ahora, que en la carta pretenda igualar a la ínfima minoría de trabajadores que compran dólares con los grandes capitales es, como mínimo, un cinismo. Pero, viniendo de una corriente que pelea por la conciliación y niega la lucha de clases, es importante desenmascarar esa falacia y mostrar que en el fondo esa igualación muestra el contenido burgués de su argumento, ya que quieren hacer creer que trabajadores y patrones están en igualdad de condiciones: sería lo mismo 200 dólares que millones.

Llama a un gran acuerdo nacional para poder solucionar el problema del bimonetarismo, consciente del nivel de crisis política, social, económica y sanitaria por la que atraviesa la Argentina, pero no busca ese acuerdo por el problema de la moneda, sino para estar en mejores condiciones para negociar con el FMI y preparar el ajuste que se viene. Todo el arco burgués está temeroso de las consecuencias de la crisis, por eso se desesperan ante el ataque a la propiedad privada y por ver qué fracción pagará la crisis. Ante el fracaso, se bajan las banderas y se despliegan las banderas del FMI y sus recetas. Este es el penúltimo acto de renuncia en “función de la patria”: engañar a las masas antes de que sean las masas en lucha las que obliguen a utilizar otros mecanismos institucionales o de fuerza para enfrentar la crisis. Al no ser las masas las que están en escena, los mecanismos de desvío, como el pacto entre el MAS y la oposición burguesa en Bolivia después de la renuncia de Evo para llamar a elecciones, o el pacto en Chile entre Piñera y todo el arco opositor para el plebiscito y contener los proceso abiertos después del 18 de octubre, aún no están en agenda en la política argentina, pero no se descartan en caso de que fracasen estas ideas de acuerdo o pactos sociales. Es notable cómo se expresa la crisis de dirección revolucionaria: ya hay sectores intelectuales que han comenzado a teorizar cómo la lucha de clases puede tener una salida institucional y escriben sobre los procesos sobre Bolivia y Chile llegando a la conclusión de que la militancia existe, que la movilización da resultados, que la acción directa combinada con la participación electoral funciona como herramienta virtuosa de los sectores populares. Es la versión pequeñoburguesa de la lógica del centrismo trotskista de luche y vote.

 

Todo acuerdo o pacto social siempre será para atacar a los trabajadores y el pueblo pobre, por eso debemos organizarnos, porque también es cierto que todo acuerdo o pacto, por la situación general, es débil y de difícil concreción.

Debemos enfrentar el acuerdo con el FMI y un eventual pacto social y contraponerle, con los métodos de la clase obrera, una salida revolucionaria a la crisis. No es el bimonetarismo, es el sistema capitalista y sus ejecutores.

The dispute over the territory of Nagorno-Karabakh, or Upper Karabakh, between Azerbaijan and the Armenian independentists who control the area has triggered a war that has blown two ceasefires since it began on 27 September.

 

The current territories of Armenia, Azerbaijan and Georgia in the southern Caucasus were part of the tsarist empire and were incorporated into the USSR after the October revolution. The territory of Nagorno-Karabakh maintained a special status within the Soviet federation, as an autonomous territory with an Armenian majority integrated into the territory of the Soviet Republic of Azerbaijan. The break-up of the USSR led to a confrontation between Armenia and Azerbaijan from 1988 onwards, and after its fall a bloody war began which, following the intervention of Russia and imperialism, ended in a precarious ceasefire in 1994. Azerbaijan is an oil and gas extraction power, linked to Turkey by language and history. Armenia is a small mountainous country of just over 3 million inhabitants, whose industrialization advanced with its integration into the USSR and then fell back abruptly with its fall, and receives large remittances from the so-called diaspora, some 10 million Armenians who live outside this republic, after being expelled from eastern Anatolia by the Ottoman Empire during the First World War, through the genocide of over a million people.

 

The social basis of disorder

 

What characterizes the present historical period is, on the one hand, a tortuous process of assimilation of the former laboring states to the capitalist system and, on the other hand, the advance of imperialist decomposition that at the same time determines the difficulties to complete this assimilation. This is exacerbated by the disorientation of the US imperialism, which has not had any coherent policy in the region and is rather plunged into its own internal economic and social crisis and electoral dispute. On the other hand, the EU, which was the supra-state structure that was supposed to organize the assimilation of the former workers' states of Eastern Europe, is, on the contrary, immersed in the negotiation of the exit of one of its main partners with Brexit. And it has been paralyzed in its policy for its south-eastern border, because of divided positions on its relationship with Turkey, whose bourgeoisie defined to stop fighting for the entry into the European bloc (which led to a coup attempt in 2016). This division is exposed by the different positions in relation to the Turkish advance in the hydrocarbon prospections in the Eastern Mediterranean, its policy in Cyprus, its interventions in Libya and Syria and finally its position of open support to the Azeri government in the current war in High Karabakh. While the French President, Macron, is trying to lead a policy of more confrontation with the Turkish Erdogan government, with the support of the right-wing Greek government, Merkel and the German government prefer a policy of appeasement. However, it is necessary to say that the obstacles for the assimilation of the former Soviet states are not given by a flaw in the foreign policy, but by the tearing apart of the European imperialist project in its material capitalist bases, especially since the outbreak of the crisis in 2008. Today, we can speak of a new crisis that is a continuation of that, but not a linear one, exacerbated by the pandemic and by the disastrous consequences of the destruction of workers' conquests of the previous decades, which the European imperialist bourgeoisie used under the banner of austerity to try to find a bourgeois way out.

 

Before this imperialist decomposition and the erratic foreign policy of the metropolitan states, the Turkish bourgeoisie tries to design its own road map as a regional power, what could be called an "operetta empire" with totally semi-colonial bases, not less brutal and murderous. In its turn, the Bonapartism of the Russian proto-bourgeoisie led by Putin must face the contradictions that burst in the borders of its state rule, as it is the case of the crisis in Belarus, the semi-insurrection in Kyrgyzstan and the war we refer to in this note. Here, we find it interesting to take up Leon Trotsky's hypothesis in relation to capitalist restoration, which proposed that the counter-revolutionary leadership that would lead the restoration processes, in its contradiction of not being able to conform in class, would generate, in its relation to the tendential laws of the world economy, a capitalist chaos. In this case, it extends to the periphery of the former USSR, where sectors coming from the state bureaucracy and the petty bourgeoisie of these countries are pushing for territorial control under the guise of arguments of international law and nationalist ideologies in an attempt to establish new, undoubtedly semi-colonial states, seeking a balance between the different surrounding international forces (both Armenia and Azerbaijan belong to countless post-war international coalitions) in a period of capitalist decline and, therefore, of the decline of the state form of bourgeois domination, the nation state.

 

The truncated experience of the USSR

 

In the face of the current war, which already counts dozens of deaths, hundreds of refugees and the bombing of major cities in Nagorno-Karabakh and Azerbaijan, some groups and intellectuals are proposing a return to the "cosmopolitan and internationalist values" of the Soviet state as a solution for achieving peace between peoples. The Marxist basis of the revolutionary program, which led the Bolsheviks to seize power and develop the experience of the USSR as a state form of the dictatorship of the proletariat, denies that a program is based on ideologies. Because it is the social being that determines the consciousness and not the other way around. The problem of the national minorities who were trapped in the then called "prison of the peoples", the Tsarist empire, was taken very seriously by Lenin. These oppressed nations were living under conditions of backward economic and social development. The appeal of the communists, materialized in the Congresses of the Third International, was to integrate into a Federation of Socialist Republics in a revolutionary alliance with the Russian proletariat in order to overcome this backwardness through socialist forms of economic and social organization, by compressing the historical stages. The transition from capitalism to socialism under the leadership of the proletariat through its dictatorship, these were the material bases that would allow the democratic reorganization of the peoples within the federation. A socialist future would pose new problems, but it would undoubtedly make it possible to liquidate the fratricidal struggles sown by backwardness and the subsequent needs for territorialization of profit typical of capitalism.

 

In fact, the experience of the USSR enabled the Caucasian nations to live together and achieve relative industrial development. However, the experience was truncated by the bureaucratic counter-revolution led by Stalin, who established the rule of this caste over the proletariat and national minorities in the USSR, strengthening the state apparatus instead of laying the social foundations for its extinction. The passage of the bureaucracy into the ranks of the open capitalist restoration in the early 1990s liberated all the centrifugal tendencies of capital, leading to wars like the one in the Balkans, and this process will continue to develop for a certain period of time, the duration of which we cannot define a priori, as we cannot find a stable capitalist way out given imperialist decomposition. And neither a progressive way out, given the crisis of revolutionary leadership. This conditionality will be determined, in turn, not by "values and ideals" to the taste of the nostalgic, but by class struggle, by the clash between the proletarian forces of the world revolution and the bourgeois counter-revolution. "To define the Soviet regime as transitional, or intermediate, means to abandon such finished social categories as capitalism (and therewith "state capitalism") and also socialism. But besides being completely inadequate in itself, such a definition is capable of producing the mistaken idea that from the present Soviet regime only a transition to socialism is possible. In reality a backslide to capitalism is wholly possible. [...] Doctrinaires will doubtless not be satisfied with this hypothetical definition. They would like categorical formulae; yes-yes, and no-no. In our analysis, we have above all avoided doing violence to dynamic social formations which have no precedent and have no analogies. The scientific task, as well as the political, is not to give a finished definition to an unfinished process, but to follow all its stages, separate its progressive from its reactionary tendencies, expose their mutual relations, foresee possible variants of development, and find in this foresight a basis for action.". (L. Trotsky, The Revolution Betrayed)

 

We revolutionaries are opposed to the fratricidal war between Armenians and Azeris, which is led by the sectors that want to create small vassal states of imperialism in the region. It is part of the general militarism to which the Bonapartist tendencies around the world in the face of bourgeois decay are leading. We are fighting for a workers' solution, based on a program of expropriation of the expropriators, the defeat of the proto-bourgeoisies that run the republics of the former Soviet Union and for a Socialist Federation of the Caucasus. The Russian working class is called upon to support the Azeri, Armenian and Georgian workers in this task, starting with the paralysis of the arms and military equipment factories and their transport, intended to arm both sides for the benefit of Putin and his acolytes. We also call on the workers of Turkey, the European countries and the USA to labor actions against the intervention of their bourgeois states in the region, which as it was shown in Kosovo, only serves to increase the massacres and hardships of the workers and poor people. Once again, and in an increasingly urgent manner, we call on all the revolutionary currents that defend the historical necessity of the dictatorship of the proletariat and fight for the reconstruction of the Fourth International to promote an International Conference.

  La disputa por el territorio de Nagorno Karabaj, o Alto Karabaj, entre Azerbaiyán y los independentistas armenios que controlan la zona ha desatado un enfrentamiento bélico que se ha llevado puestas 2 treguas desde su inicio el 27 de septiembre.
  Los actuales territorios de Armenia, Azerbaiyán y Georgia, en el Cáucaso meridional, eran parte del imperio zarista y tras la revolución de Octubre fueron incorporados a la URSS. El territorio de Nagorno Karabaj mantuvo un estatus especial dentro de la federación soviética, como territorio autónomo de mayoría armenia integrado al territorio de la República Soviética de Azerbaiyán. La descomposición de la URSS llevó a que se desatara un enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán a partir de 1988, y tras la caída de la misma, comenzó una sangrienta guerra que, a partir de la intervención de Rusia y el imperialismo, llegaría a un alto el fuego precario en 1994. Azerbaiyán es una potencia petrolera y de la extracción del gas, ligada a Turquía por el idioma y la historia. Armenia es un pequeño país montañoso de un poco más de 3 millones de habitantes, cuya industrialización avanzó con su integración a la URSS y luego retrocedió abruptamente con su caída, y recibe cuantiosas remesas de la llamada diáspora, unos 10 millones de armenios que viven fuera de esta república, luego de ser expulsados de Anatolia oriental por el imperio Otomano durante la 1º Guerra Mundial, a través del genocidio de más de un millón de personas.

Las bases sociales del desorden

  Lo que caracteriza el actual período histórico es, por un lado, un tortuoso proceso de asimilación de los ex-Estados obreros al sistema capitalista y, por el otro, el avance de la descomposición imperialista que a la vez determina las dificultades para completar esa asimilación. En la coyuntura, esto se ve exacerbado por la desorientación del imperialismo yanqui, que no ha tenido ninguna política coherente en la región y está más bien sumido en su propia crisis económica y social interna y en la disputa electoral. Por su parte, la UE, que era la estructura supra estatal que supuestamente estaba destinada a organizar la asimilación de los ex Estados obreros de Europa oriental, está, en cambio, sumida en la negociación de la salida de uno de sus principales socios con el Brexit. Y ha quedado paralizada en su política para su frontera sur-oriental, por posturas divididas en cuanto a su relación con Turquía, cuya burguesía definió dejar de pelear por el ingreso al bloque europeo (lo que llevó a un intento de golpe de Estado en 2016). Esta división queda expuesta por las diversas posiciones en relación al avance turco en las prospecciones hidrocarburíferas en el Mediterráneo oriental, su política en Chipre, sus intervenciones en Libia y Siria y finalmente su posición de abierto apoyo al gobierno Azerí en la actual guerra en Alto Karabaj. Mientras el francés Macron pretende encabezar una política de mayor enfrentamiento al gobierno turco de Erdogán, con el apoyo del gobierno derechista griego, Merkel y el gobierno alemán prefieren una política de apaciguamiento. Sin embargo, es necesario decir que los obstáculos para la asimilación de los ex Estados soviéticos no están dados por una falencia en la política exterior, sino por el desgarramiento del proyecto imperialista europeo en sus bases materiales capitalistas, sobre todo a partir del estallido de la crisis de 2008. Actualmente, podemos hablar de una nueva crisis que es continuidad de aquella, pero no lineal, exacerbada por la pandemia y por las funestas consecuencias de la destrucción de conquistas obreras de las décadas anteriores, que utilizó la burguesía imperialista europea bajo la bandera de la austeridad para intentar dar una salida burguesa.
  Frente a esta descomposición imperialista y a la errática política exterior de los Estados metropolitanos, la burguesía turca intenta diseñar su propia hoja de ruta como potencia regional, lo que podría llamarse un “imperio de opereta” con bases totalmente semicoloniales, no por ello menos brutal y asesino. A su turno, el bonapartismo de la protoburguesía rusa encabezado por Putín debe enfrentarse a las contradicciones que explotan en la periferia de su dominio estatal, como es el caso de la crisis en Bielorrusia, de la semiinsurrección en Kirguistán y de la guerra a que nos referimos en esta nota. Acá, nos parece interesante tomar la hipótesis de León Trotsky en relación a la restauración capitalista, que planteaba que la dirección contrarrevolucionaria que dirigiera los procesos de restauración, en su contradicción de no poder conformarse en clase, generaría, en su relación con las leyes tendenciales de la economía mundial, un caos capitalista. En este caso, se extiende a la periferia de la ex- URSS, donde los sectores provenientes de la burocracia estatal y la pequeña burguesía de estos países pujan por el control territorial bajo el ropaje de argumentos de derecho internacional e ideologías nacionalistas para intentar establecer nuevos Estados, sin duda semicoloniales, buscando un equilibrio entre las diferentes fuerzas internacionales circundantes (tanto Armenia como Azerbaiyán pertenecen a un sinnúmero de coaliciones internacionales de posguerra) en un período de decadencia capitalista y, por lo tanto, de decadencia de la forma estatal de dominación burguesa, el Estado-nación.

La experiencia trunca de la URSS

  Frente a la guerra actual, que ya cuenta decenas de muertos, cientos de refugiados y el bombardeo de importantes ciudades de Alto Karabaj y Azerbaiyán, algunos grupos e intelectuales proponen volver a los “valores cosmopolitas e internacionalistas” del Estado soviético como solución para conquistar la paz entre los pueblos. Las bases marxistas del programa revolucionario, que guió a los bolcheviques a tomar el poder y desarrollar la experiencia de la URSS como forma estatal de la dictadura del proletariado, niega que un programa se base en ideologías. Porque es el ser social el que determina la conciencia y no al revés. El problema de las minorías nacionales que estaban atrapadas en la entonces llamada “cárcel de los pueblos”, el imperio Zarista, fue tomado con mucha seriedad por Lenin. Estas naciones oprimidas vivían bajo condiciones de atraso en su desarrollo económico y social. El llamado de los comunistas, materializado en los Congresos de la III Internacional, era a integrarse a una Federación de Repúblicas Socialistas en una alianza revolucionaria con el proletariado ruso para superar ese atraso a través de formas socialistas de organización económica y social, comprimiendo las etapas históricas. La transición del capitalismo al socialismo bajo la dirección del proletariado a través de su dictadura, esas fueron las bases materiales que permitirían la reorganización democrática de los pueblos en el seno de la federación. Un futuro socialista plantearía nuevos problemas, pero sin dudas permitiría liquidar las luchas fratricidas sembradas por el atraso y las necesidades posteriores de territorialización de la ganancia propias del capitalismo.
  De hecho, la experiencia de la URSS permitió una convivencia entre las naciones del Cáucaso y un relativo desarrollo industrial. Sin embargo, la experiencia fue truncada por la contrarrevolución burocrática dirigida por Stalin, que estableció el dominio de esta casta sobre el proletariado y sobre las minorías nacionales de la URSS, fortaleciendo el aparato estatal en lugar de sentar las bases sociales para su extinción. El pasaje de la burocracia a las filas de la restauración capitalista abierta a principios de los noventa liberó todas las tendencias centrífugas del capital, llevando a guerras como la de los Balcanes y este proceso continuará desarrollándose por un período determinado de tiempo, cuya duración no podemos definir a priori,  al no poder encontrar una salida capitalista estable dada la descomposición imperialista. Y tampoco una salida progresiva, dada la crisis de dirección revolucionaria. Esta condicionalidad estará determinada, a su vez, no por “valores e ideales” al gusto de los nostálgicos, sino por la lucha de clases, por el choque entre las fuerzas proletarias de la revolución mundial y de la contrarrevolución burguesa. “Definir al régimen soviético como transicional o intermedio es descartar las categorías sociales acabadas como capitalismo (incluyendo al "capitalismo de Estado"), y socialismo. Pero esta definición es en sí misma insuficiente y susceptible de sugerir la idea errónea de que desde el régimen soviético actual solo es posible una transición al socialismo. En realidad, un retroceso hacia el capitalismo es totalmente posible. [...] Naturalmente, los doctrinarios no quedarán satisfechos con una definición tan hipotética. Quisieran fórmulas categóricas: sí y sí, no y no. Los fenómenos sociológicos serían mucho más simples si los fenómenos sociales tuviesen siempre contornos precisos. Pero nada es más peligroso que desechar, en nombre de la integridad lógica, los elementos de la realidad que hoy contrarían nuestros esquemas, y que mañana pueden refutarlos por completo. En nuestro análisis hemos evitado, ante todo, violentar las formaciones sociales dinámicas que no han tenido precedentes y que no tienen analogías. La tarea científica, tanto como la política, no es dar una definición acabada de un proceso inacabado, sino seguir todas sus fases, desprender sus tendencias progresivas de las reaccionarias, exponer sus relaciones recíprocas, prever posibles variantes del desarrollo ulterior, y encontrar en esta previsión un punto de apoyo para la acción.” (L. Trotsky, La Revolución Traicionada)
  Los revolucionarios nos oponemos a la guerra fratricida entre armenios y azeríes, dirigida por los sectores que pretenden la creación de pequeños Estados vasallos del imperialismo en la región. Es parte del militarismo general al que llevan las tendencias bonapartistas que recorren el mundo ante la decadencia burguesa. Peleamos por una salida obrera, a partir de un programa de expropiación de los expropiadores, la derrota de las protoburguesías que dirigen las repúblicas de la Ex Unión Soviética y por una Federación Socialista del Cáucaso. La clase obrera rusa está llamada a apoyar a los trabajadores azeríes, armenios y georgianos en esta tarea, comenzando por la paralización de las fábricas de armas y pertrechos militares y del transporte de los mismos, destinados a armar a ambos bandos para beneficio de Putín y sus acólitos. Así como llamamos a los trabajadores de Turquía, los países europeos y Estados Unidos a acciones obreras contra la intervención de sus Estados burgueses en la región, que como quedó demostrado en Kosovo, sólo sirve para aumentar las masacres y las penurias de los trabajadores y el pueblo pobre. Nuevamente, y de manera cada vez más urgente, llamamos a impulsar una Conferencia Internacional a todas las corrientes revolucionarias que defienden la necesidad histórica de la dictadura del proletariado y luchan por la reconstrucción de la IV Internacional.

Elecciones en Bolivia

Votar en blanco o nulo y organizar las fuerzas

El 18 de octubre se vota en Bolivia a un nuevo presidente. Esto ocurre casi un año después de la renuncia de Evo Morales, en medio de procesos de lucha de clases agudos, en el que una fracción pequeño burguesa aliada al ejército y a la policía pudo, mediante la represión, modificar la relación de fuerza que se había establecido con las masas luego de varios años de gobierno del MAS.

Estas elecciones son la culminación de una transición pactada a sangre y fuego, como dijimos en su momento en medio de los acontecimientos de la renuncia de Evo, ya que fueron los mecanismos de un semi Estado burgués los que se pusieron en marcha para forzar la renuncia a la presidencia y después, vía un acuerdo parlamentario con los destituidos, llamar a nuevas elecciones. Por eso los que se apresuraron a llamar a la renuncia de Evo como un golpe, como hizo gran parte de la izquierda, no pudieron sostener su caracterización seriamente, ya que no fueron los militares quienes tomaron el poder, no se cerró el Congreso, ni se anuló la constitución, medidas centrales de un golpe.

Los acontecimientos mostraron el nivel de descomposición de un semi Estado y de las fracciones de clase que defienden ese Estado, las que se enfrentaron para dirimir sus diferencias para ver cuál era la fracción mas pro imperialista y quién podía garantizar la mejor forma de dominación para los intereses de su clase y el imperialismo.

Es en este marco histórico donde se da la crisis política y social en Bolivia. Y las masas mostraron gran predisposición a la lucha para no perder posiciones ante el avance de una fracción más pro imperialista con los bloqueos de ruta, las tomas de fábricas y depósitos. Protagonizaron el enfrentamiento contra la policía y el ejército, a pesar de que las direcciones del movimiento obrero como la COB aceptaban una salida dentro del régimen. Estas acciones son la demostración de que los procesos en Bolivia son parte de las grandes luchas que se vienen dando en gran parte de América Latina. La transición pactada y la pandemia hicieron que los fenómenos de lucha de clase más agudos fueran desviados, pero no derrotados.

En estas elecciones los candidatos con más chance de ganar son Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana, Arce Catacora del MAS y Camacho de “Creemos”, después de que la actual presidenta Añez y otros candidatos se bajaran para tratar de que la fórmula del MAS no gane en primera vuelta y forzar una segunda.

Algunas corrientes de izquierda llaman a votar al MAS (como el PO de Argentina en el FITU), otros llaman a organizar a la vanguardia, pero sin un pronunciamiento concreto ni campaña (como la LOR-CI, en la FT). Es una demostración de que se puede escribir y hacer eventos como la Conferencia latinoamericana, pero la adaptación a la democracia burguesa y a los nacionalismos burgueses no se puede omitir en la realidad. Ya mostraron la misma táctica cuando llamaron a votar a Haddad del PT en Brasil.  

Llamamos a votar en blanco o nulo y organizar las fuerzas para prepararnos para el escenario post electoral, ya que gane quien gane deberán pactar para atacar aun más a nuestra clase e intentar recomponer el semi Estado. El voto en blanco puede expresar la independencia de clases y la necesidad de organizarnos y desarrollar una vanguardia, para luchar contra esa transición pactada, levantando un programa que prepare los pre requisitos para la destrucción del semi Estado. Hay que recuperar nuestras organizaciones como la COB y acaudillar a los sectores campesinos e indígenas en esta tarea. Por el control obrero de los hidrocarburos y el litio. Por una revolución agraria. Por la construcción de un partido revolucionario como sección de la IV Internacional reconstruida. Por la unidad revolucionaria del proletariado latinoamericano. Por una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina, forma estatal de la dictadura del proletariado.

 

Viernes, 16 Octubre 2020 14:23

A 10 años del asesinato de Mariano Ferreyra

 

El próximo 20 de octubre se cumplen 10 años del asesinato del compañero Mariano Ferreyra. Vamos a conmemorar su lucha y su memoria, que siguen plenamente vigentes.

Mariano militaba en las filas del PO. Aquel día confluimos en la pelea que se venía dando en el Ferrocarril Roca contra los despidos y la tercerización laboral, que luego se esparció hacia todos los ramales ferroviarios metropolitanos.

En el entramado de responsables de su muerte se devela con toda claridad la trilogía siniestra que integran el Estado, los empresarios y la burocracia sindical, que apeló al recambio gatopardista de algunos dirigentes para que la UF, en esencia, defienda el mismo programa en favor de las patronales y no de los trabajadores.

“Informan del otro lado que son VERDES”

Por supuesto, Pedraza, el gallego Fernández, Pablo Díaz y la comandancia de la Verde junto a un grupo de choque son quienes planificaron y ejecutaron este crimen político. Pero la frase del subtítulo no hace alusión al color de la lista que identifica a estos asesinos, sino al color de la moneda que Pedraza negociaba con un ex agente de la SIDE de apellido Riquelme, para comprar a los jueces de la causa y quedar absuelto. La cifra negociada fue de 85 mil verdes (dólares) que salieron de las arcas del Belgrano Cargas. Las escuchas forman parte de la causa. Finalmente, Pedraza fue condenado a 15 años de prisión, pero gozó de arresto domiciliario en su lujosa mansión, donde las expensas son más altas que nuestro salario mensual. Responsables políticos, como los empresarios de la UGOFE, y del Gobierno, quedaron todos impunes. “La Justicia” como institución, es la justicia de los ricos. Los trabajadores nunca debemos depositar allí nuestra confianza, sino en nuestros propios métodos.

“No hay mejor defensa que un buen ataque”

Además de la ayuda de la justicia, Pedraza recibió el asesoramiento del gobierno nacional de Néstor y Cristina K, sobre todo a través de la relación que siempre tuvo con el entonces Ministro de Trabajo, Carlos Tomada, quien le daba la citada recomendación para recuperar su, a esas alturas, corroído poder.

Formar cuadros y manipular al personal tercerizado era la tarea impuesta, sobre todo en el Belgrano Norte, para que la burocracia recuperara un cuerpo de delegados opositor, que el día del asesinato de Mariano encabezó un paro total, cortó las vías y se movilizó posteriormente a Plaza de Mayo confluyendo con miles de luchadores.

Algunos dirigentes que hasta aquel momento eran de la Bordó, se vendieron y se integraron al aparato de la Verde. Muchos compañeros fueron engañados con que su pase a planta se debió a un inexistente decreto presidencial. La verdadera razón de esa conquista hay que encontrarla en las decenas de movilizaciones, actos, cortes de boletería y de vías que realizamos.

Homenajear a Mariano, recuperar la UF y enfrentar el protocolo FMI de Fernández.

La tercerización y flexibilización, la reforma laboral en curso vía convenios colectivos, es parte de la receta del FMI que aplica Alberto Fernández para que seamos los trabajadores los que paguemos los costos de una crisis que la pandemia vino a acelerar. Pero la tendencia a una mayor tasa de explotación es una de las formas con las que el capitalismo en total descomposición intenta darse sobrevida.

Honrar la vida y la lucha de Mariano Ferreyra implica pelear denodadamente contra la burocracia sindical enquistada en nuestras organizaciones. Defendiendo los mismos intereses con los que llevaron adelante este crimen y, mientras millones de trabajadores nos expusimos ante el virus, la burocracia se quedó en casa durante la pandemia. Dejaron pasar miles de despidos, suspensiones y una rebaja salarial con pocos precedentes, lo cual se acentúa con el ciclo de “micro” devaluaciones anunciadas por el gobierno. Las agrupaciones opositoras a la Verde en el ferrocarril tenemos que hacer una conmemoración común, como parte de la experiencia que venimos haciendo, para poner un pie una Oposición Sindical Revolucionaria, que recupere la UF y los sindicatos para los trabajadores, para que sean verdaderas instituciones contra un sistema de explotación, opresión y violencia. La sangre de Mariano aún clama venganza.

Viernes, 09 Octubre 2020 16:52

Protocolo FMI

La situación argentina es cada vez es más catastrófica. Los números de la pandemia están demostrando el verdadero carácter de la cuarentena, que era ganar tiempo en la desorientación general por el virus y atacar las condiciones de vida de los trabajadores para defender los intereses de las distintas fracciones burguesa ante el nivel de crisis.

En este punto, el gobierno de Alberto se puede dar por triunfador: logró desorganizar a los trabajadores, pasó el ajuste, subsidió a la burguesía y garantizó el acuerdo con los fondos privados por la deuda externa. Respondió de forma favorable a su clase a costa de una mayor pauperización de grandes sectores de trabajadores. Pero los trabajadores activos y pasivos, que son los grandes perdedores de esta cuarentena, están empezando a sacar balance de la coyuntura. No se condice el esfuerzo que el Estado les exigió mediante la consigna “quédate en casa” con la situación de las grandes empresas nacionales e internacionales que siguieron ganando en este escenario.

El gobierno de Alberto debe lidiar con una crisis social, política y económica en la que ya se perdió el miedo al covid, sin unidad burguesa (aunque intenta reflotar un pacto social), con una situación económica en la que prima una crisis cambiaria, un proceso inflacionario y en medio de una negociación con el FMI.

En este escenario, Alberto toma el “protocolo del FMI”, es decir, avanzar con el ajuste y con las reformas previsional, laboral y judicial. El ajuste se está llevando a cabo mediante las mini devaluaciones del tipo de cambio, lo que licúa el salario de los trabajadores, y no descartamos una mega devaluación si fracasan las medidas que benefician a los sectores de la agroindustria, a las mineras y a las cerealeras, a quienes -como toda fracción burguesa- todo les resulta insuficiente y deben ganar más y más. Sabiendo que la salida es una mega devaluación, ya crearon los mecanismos para que los que poseen capital se refugien en bonos atados al dólar, mientras que a “los mortales” les toca sufrir los efectos de la depreciación del peso.

Votar en contra de Venezuela y alinearse en política exterior con el ala de Trump; buscar por todos los medios posibles algunos dólares para sanear las reservas e inclusive llegar hasta un acuerdo con China por los swaps muestran el nivel de crisis y cómo quiere solucionarla el gobierno.

Para el gobierno anterior de Macri, la frase era “pasaron cosas”, ahora la frase es “podríamos estar peor”. Esto es la demostración de la desorientación de una burguesía cipaya ante un escenario mundial de crisis aguda. 

Es obvio que nada bueno puede venir de este plan que ejecuta el gobierno dictado por el FMI. La crisis mundial, que la pandemia aceleró, ha hecho que los gobiernos de turno deban lidiar con procesos de masas ante la evidencia de las deplorables condiciones de vida en el sistema capitalista. Es por eso que la política de estímulos para expandir el gasto público es una línea a nivel mundial que han desarrollado los distintos países imperialistas, algunos, en clave electoral como Trump ante las elecciones del 3 de noviembre, otros, vía instituciones como el FMI y los famosos préstamos por la pandemia, que ya han generado levantamientos en contra como el ocurrido en Costa Rica, contra los requisitos para dicho préstamo. 

No está descartado que, en medio de las negociaciones con el FMI, le den un préstamo pandemia a la Argentina para estirar un poco más la agonía.

En este escenario debemos prepararnos para enfrentar a este gobierno, la oposición burguesa, las distintas fracciones burguesas, pequeño burguesas y la burocracia sindical, que van a defender a su Estado y sus intereses con todas las fuerzas a su alcance. En estos días la burocracia de la CGT prepara un acto virtual por el 17 de octubre, “día de la lealtad peronista”, con el que intenta ubicarse como garante del gobierno y lugartenientes del FMI. Intentan rescatar en la web a un peronismo que se descompone en la realidad.

En eso tienen una unidad férrea, cuando se trata de defender la naturaleza de clase de su Estado, burgués; de defender la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra, como en Guernica; de defender el derecho a explotarnos por míseros salarios, condenarnos a una jubilación de hambre y de asesinarnos, como a Facundo Castro y tantos otros en este periodo. Podrán diferir en algunos matices y en cómo se debe actuar, en sus formas de dominación, pero defienden la dictadura del capital.

Tenemos que recuperar lo perdido en la pandemia; aprender que el control estatal burgués no salva vidas, que los trabajadores debemos cuidarnos con nuestros propios métodos. Debemos luchar por recuperar lo que perdimos en el salario; pelear por la apertura o reapertura (dependiendo las ramas) de las paritarias, votando delegados paritarios en asamblea para que no sea la burocracia la que decida; reincorporar a los despedidos, pase a planta de los tercerizados. Ante la desorganización de la economía, por el control obrero de las principales ramas. Tenemos que volver a organizarnos para preparar las condiciones de un paro general que levante un programa de salida a la crisis.

Debemos abrir una gran deliberación al interior de nuestra clase y el activismo que se desarrolló en este escenario excepcional de pandemia. Entre ellos, los trabajadores de la salud; los trabajadores de la industria, servicios y estatales que lucharon por protocolos y condiciones laborales, contra los cierres, contra los despidos; la juventud que sufrió la represión de la policía y se enfrentó. Es necesario que saquemos conclusiones sobre la cuarentena y el control estatal, porque debemos enfrentar al Estado con nuestros métodos y organizarnos de forma independiente. Es una tarea de primer orden la lucha por el poder, preparar el terreno para que se desarrolle una vanguardia que saque lecciones revolucionarias del proceso mundial y sus particularidades en Argentina.

Quienes nos reivindicamos revolucionarios en la izquierda debemos avanzar en la tarea de formar una dirección, que no es otra cosa que un partido revolucionario como sección de la reconstrucción de la IV Internacional. En esa tarea, creemos que debemos comenzar a formar oposiciones sindicales en los sindicatos, con libertad de tendencia, independencia de clase y democracia obrera; que luche por sindicatos únicos por rama, no paralelos, sino siendo minorías organizadas en los sindicatos donde actuamos y por una Central Única de Trabajadores. Para esto debemos echar a la burocracia de nuestros sindicatos y mostrar cómo debería funcionar como herramientas de lucha. Ya el gobierno “de los CEOs” fracasó y el gobierno “de los científicos” va en ese camino. En política el tiempo es todo, es urgente que ataquemos a la burguesía en su base, que es la producción, o seguirá con su sobrevida y haciendo cada vez más daño.

La conducción verde de ATE en Córdoba viene mostrando disidencias con Cachorro Godoy. En julio se realizó una caravana a la fábrica militar de aviones, FADEA, mientras el CDN mantenía la tregua estricta con Alberto. Luego, el 29 de septiembre, al igual que varias Juntas Internas en Bs. As., se marchó desde puente Centenario a Colón y General Paz para reclamar por la paritaria. El 6 de octubre, en el marco de la jornada nacional de lucha (ver: Paritaria a medida de las exigencias del FMI) se realizó una caravana por el centro, pasando por el ministerio de desarrollo social, PAMI y el ministerio de trabajo de la nación, con un acto final en la plaza Agustín Tosco.
La postura del Sec. Gral, del CDP, Giuliani, es de crítica a Cachorro por tibio y al gobierno de Alberto por sus medidas, aunque reconoce el apoyo dado al FdT en las elecciones de 2019. La postura es la conocida “autonomía” de los sindicatos en relación a los gobiernos, una vieja discusión que tuvieron los primeros dirigentes sindicales con Perón en los ‘40 y que en ATE se expresa en la consigna “ATE es de los trabajadores, gobierne quién gobierne”. El problema es que esta autonomía se combina con un programa profundamente estatista, basado en “fortalecer el Estado para liberar a la Nación”, que lleva a la conducción del sindicato, a lo sumo, a la presión sobre los gobiernos de turno, y no a enfrentarlos como gobiernos capitalistas, la única posición realmente independiente desde un punto de vista de clase. En la actual situación de crisis mundial, el viejo programa reformista de la CTA de los orígenes y de ATE quedan expuestos a esta contradicción, que queda más a la luz que nunca con un gobierno peronista, con discurso progre, que se apresta a aplicar el plan del FMI para hacernos pagar a los trabajadores la crisis, acelerada por la pandemia. Lo de la verde en Córdoba es una simple pose, porque sabemos que en Rio Cuarto sus cuadros forman parte de las listas electorales del intendente peronista Llamosas, que se juega la reelección con el apoyo de Schiaretti y de Alberto.
ATE debe votar si continúa o no con su apoyo al gobierno del ajuste fondomonetarista, porque no hay medidas buenas y medidas malas, sino un plan de ataque sistemático a la clase obrera, el que se puede enfrentar o al que se puede dar tregua, no queda opción intermedia. Los delegados independientes de ATE Córdoba y las agrupaciones opositoras deben sumarse a las iniciativas de reagrupamiento de la oposición que debemos desarrollar a nivel nacional. Y pelear por recuperar ATE y transformarlo en una herramienta de la lucha revolucionaria de la clase obrera.

Regional Córdoba

La paritaria de los estatales nacionales por el período julio 2020 – junio 2021 se firmó el 29 de septiembre. UPCN aceptó un aumento de 7% por 6 meses, que se pagará en octubre sin retroactivo. Y una “revisión” para diciembre, que no es ninguna garantía como ya ha demostrado este gobierno, con la revisión de la paritaria 2019-2020, que nunca se concretó o fue recortada en un 5% en convenios sectoriales como el caso de los nodocentes universitarios. Según la propia burocracia verde de ATE, este acuerdo significa un recorte de entre un 12% y un 15% del salario real. Pero tenemos que sumar la pérdida salarial que se acumula desde los 4 años del gobierno anterior, de entre 35% y 40%. Tampoco se avanzó en la reincorporación de los despedidos, y el esquema de pase a planta permanente de los precarizados propuesto por el gobierno es muy limitado.
Andrés Rodríguez y UPCN pueden anotarse el triste récord de aceptar un aumento menor del que rechazó antes. La semana anterior habían dicho que el 15% (en 4 cuotas por 12 meses) ofrecido por el gobierno era insuficiente. Todo para terminar aceptando un 7% más la incierta cláusula de revisión. No podemos esperar menos de un grupo de burócratas-funcionarios que prácticamente diseñó la reforma del Estado de Menem-Dromi y fue puntal del ataque a los estatales en todos los gobiernos sucesivos.
Sincrónicamente, Alberto recibe a los funcionarios del FMI y les ofrece hechos, no palabras: el recorte del presupuesto se hace carne en el guadañazo salarial a los estatales, junto con otras delicias como el recorte de planes sociales (IFE 4), mientras rebaja retenciones al campo y a la minería, propone el aumento de tasas de interés y esquemas “dolar linked” para intentar mantener ordenada la devaluación que el banco central viene llevando adelante desde su asunción. El gobierno ya eligió a los bancos y no a los jubilados, a las fuerzas represivas y no a la familia de Facundo Astudillo Castro, a los bonistas y al FMI y no a los trabajadores estatales, ya se sabe, “mejor que decir es hacer”.

Ladra pero no muerde

La conducción de ATE de la lista verde, por un lado, viene golpeada por su impotencia frente a los ataques del gobierno de Macri, y por el otro, debe sostener su incorporación política a las listas del Frente de Todos y sus relaciones carnales con Alberto, ante un ajuste que afecta de lleno a sus bases.  
Luego de garantizar el silencio y la inacción en la apertura de la paritaria, definieron no firmar el acuerdo paritario y, para reubicarse ante la base, lanzó el 6 de octubre junto a sus aliados Tiscornia y Baigorria de CONADUH y un sector de FesproSa, una de sus folclóricas “jornadas de lucha” sin garantizar el paro como en los años de Macri, pero esta vez aggiornándolo a la “nueva normalidad” con “apagones virtuales, hashtags y caravanas”. Como frutilla del postre, la caravana terminó en el congreso, y no en plaza de mayo para denunciar al Poder Ejecutivo y su política, sino para apoyar el desteñido proyecto del oficialismo de “contribución de las grandes riquezas” contra el fantasma de la “derecha neoliberal”. En las provincias se desarrollar acciones similares (ver: La jornada de ATE del 6/10 en Córdoba).
Como han hecho en las paritarias de Macri, endilgan la responsabilidad del acuerdo de miseria a UPCN, sin nunca hacer mención de sus propias responsabilidades al dejar desorganizados e impotentes a sus afiliados, luego de medio año de tener la paritaria congelada. Bajo la consigna del “quédate en casa”, se excusaron en el ASPO y la pandemia para sostener su  tregua con el Gobierno. Como parte de su acuerdo político, el Cachorro Godoy se comportó como consejero del gobierno, apoyando políticas como el subsidio a las patronales a través de los ATP y la precarización que significaron los “voluntariados coronavirus” organizados por el propio sindicato. Festejaron la resolución de la SRT para que las ART cubran sólo parcialmente al COVID-19 como enfermedad laboral (que les permite todo tipo de chicanas para deslindar responsabilidades). Llamaron a los trabajadores de salud a conformarse con el bono miserable de $5.000 y sobre todo no enfrentaron la política estatal de control sobre el movimiento obrero que es la cuarentena y el supuesto “fortalecimiento del sistema de salud” que ahora todos sabemos fue una gran mentira.
Sus archienemigos de la Verde y Blanca han logrado hacer un papel aún más lamentable que la Verde.  Luego de boicotear cualquier acción en contra de la paritaria de hambre en nombre de la responsabilidad sanitaria, pusieron todas sus energías en hacer actitos de bronca en el ministerio, enojados porque el Cachorro no los dejó sentarse en el sillón de paritario. Ahora rechazan el aumento de 7% con firmeza… juntando firmas, y llamando a no hacer nada para no hacerle el juego a la derecha.

Nosotros luchamos, ellos negocian

La entregada de UPCN no puede ponderarse fuera del acuerdo que impulsa Alberto con la CGT y las cámaras patronales para imponer el ajuste que reclama el imperialismo y el FMI.
El CDN de ATE pide la compulsa de afiliados para ver si efectivamente tiene mayoría entre los estatales nacionales, y de esa forma desbancar a UPCN. Como saben que en realidad eso es decisión de la patronal, hacen lo imposible por parecer más serviles a ver si Alberto los designa con el dedo como los verdaderos representantes de los estatales.
Sin embargo, debemos ser los trabajadores los que decidamos quiénes nos representan, y no los jueces o los ministros. Debemos impulsar en todas las reparticiones, organismos, fábricas y hospitales del Estado nacional asambleas conjuntas, sin distinción de afiliación, para votar delegados paritarios e imponerlos con la lucha.  Es una forma de avanzar también en la unidad desde la base hacia un sindicato único de rama, barriendo a la burocracia sindical y sus internas que nos dividen y debilitan. Por sindicatos independientes del Estado. Abajo la Ley de Asociaciones Profesionales y toda regulación diseñada para estrangular nuestra lucha, que debe ser en unidad con el conjunto de la clase obrera, con el proletariado industrial a la cabeza.

No podemos esperar a diciembre

El rechazo generalizado al 7% debe convertirse en una lucha por la reapertura de la paritaria, y no una mera presión para que nos tiren un mango más en diciembre.
Las juntas internas opositoras, como Trabajo, Mecon, INTI, INTA, Garrahan, INDEC, INCAA, Autoconvocados y agrupaciones de CONICET, etc, tuvieron el reflejo de convocar a una acción independiente el día el martes 29/9 lo cual fue muy importante para quebrar el silencio en el que nos querían mantener Godoy y Catalano. También se realizó una columna independiente el martes 6, junto a los docentes universitarios de AGD.
Sin embargo, hemos venido fallando en poder acordar una línea unificada para enfrentarnos a las conducciones. Ni siquiera se ha podido acordar un documento común o un plenario a pesar de los esfuerzos de algunas Juntas Internas y delegados combativos. La clave para esto es superar la idea de acuerdos de aparatos de épocas electorales y forjar una Oposición Sindical con un programa y métodos capaces de enfrentar a los burócratas y pelear por la dirección.
Para esto hace falta una serie de pasos, empezando por plenarios comunes y un proceso de deliberación para discutir un programa y un conjunto de acciones que permitan agrupar a los que quieren enfrentar el ajuste de Alberto. También se puede avanzar en una Mesa de Juntas Internas, delegados y agrupaciones que funcione con mandatos, mayoría y minoría, y que pueda organizar a los trabajadores combativos en todo el territorio nacional.
En esta coyuntura, la pelea a desplegar está clara:

  • Reapertura de la paritaria
  • Plan de lucha con paros progresivos, ocupaciones de edificios y cortes de ruta
  • Delegados paritarios elegidos en asamblea
  • Salario inicial igual a la canasta básica que ATE INDEC calcula en $72.000
  • Reincorporación de los despedidos y pase a planta permanente de los precarizados
  • Comisiones de seguridad e higiene elegidas en asamblea para garantizar las condiciones de salubridad para el trabajo presencial
  • Cobertura de los costos de conexión, herramientas y servicios en el teletrabajo
  • Sindicatos independientes del Estado y de todo gobierno

Estatales de la COR

3 de octubre, aniversario de la “reunificación” de Alemania

30 años de un proceso que todavía no se cierra

 

El pasado 3 de octubre se conmemoró el trigésimo aniversario de la “reunificación” entre las Repúblicas Democrática Alemana y la República Federativa de Alemania, creadas en 1949 a la salida de la Segunda Guerra Mundial. Con la “reunificación” se dio por cerrada esta etapa.

El surgimiento de la RDA fue un proceso contradictorio, en el que la burocracia estalinista acordó con los Aliados, a través de los pactos de Potsdam y Yalta, el reparto del mundo. La división de Alemania es parte de ese acuerdo, en que la burocracia de la URSS llevó el modelo de la propiedad estatal a la RDA, con una planificación burocrática de la economía, degenerando cualquier proceso de transición hacia la extinción del Estado y reforzando las ideas del socialismo en un solo país. La construcción del muro de Berlín ha resonado como una de las mayores aberraciones de la posguerra. De hecho, su caída, el 9 de noviembre de 1989, marcó el fin de la guerra fría y el capitalismo imperialista se apuró a declararse ganador, decretando el “fin de la historia”.

La “reunificación” viene a sellar ese acontecimiento y a dar comienzo al proceso de asimilación de los ex Estados obreros. Sin embargo, la historia no se terminó ahí, ni mucho menos dio vuelta la página. El proceso de asimilación trajo consigo infinidad de contradicciones que el imperialismo mundial aun no puede saldar. Si bien de la RDA ya no queda nada, se puede decir que esta asimilación en particular ha tenido un triunfo coyuntural, pero no histórico. 30 años más tarde, la propia debilidad imperialista hace que sea muy difícil terminar de desmantelar a los ex Estados obreros, privatizar todos sus activos, transformar a la burocracia en una sub burguesía subordinada. Demás está decir que, como planteó Trotsky, “el paso del poder a la burguesía en ninguna circunstancia se limitaría sólo a un proceso de degeneración; asumiría inevitablemente la forma de un derrocamiento abierto y violento”.

 

Los mitos de la Alemania unida

Podemos decir que el desmantelamiento de la RDA fue el primer laboratorio del imperialismo para avanzar sobre el ex bloque soviético. Aun siendo el proceso más avanzado, lejos está Alemania de haber cerrado la etapa de asimilación. La unidad alemana se mantiene sobre endebles bases sociales, que el Estado intenta reforzar a través de mitos que se han intentado instalar con la diplomacia.

Primero, que se dio un proceso pacífico. De hecho, al proceso del ’89 se le dio el nombre de “revolución pacífica”, llevada adelante por manifestantes en la RDA. El territorio alemán fue uno de los más destruidos durante la guerra. Se debieron reconstruir ciudades enteras. Para esto, los occidentales contaron con los EEUU, y los orientales, con la URSS. En este lapso de tiempo, ese territorio fue uno de los epicentros de la guerra fría, totalmente militarizado y sometido a la fuerza de las armas. Aun así, no dejaron de haber importantes enfrentamientos de clases, a ambos lados del muro. Algunos progresistas alemanes consideran que la agresiva política occidental de privatizaciones conocida como la “Treuhandanstalt” fue la continuación de la guerra fría por otros medios. Luego del ’89, el lado occidental se consideró ganador absoluto y, lejos de llevar adelante un “acuerdo de partes”, llevó adelante una suerte colonización del territorio oriental. Las posiciones de poder, que supuestamente serían compartidas, fueron tomadas por los occidentales, quienes dirigieron la venta, privatización y desmantelamiento de las importantes instalaciones industriales de la RDA. Los trabajadores orientales sufrieron el azote del desempleo y la carestía de la vida. Las protestas masivas de los mineros de localidades como Bischofferode son un ejemplo. A pesar de esto, la clase obrera alemana se vio despojada de un horizonte político independiente, sin una dirección capaz de mostrar una salida de clase.

Segundo, que se construyó un país democrático y libre. Uno de los principales caballitos de batalla ideológicos del occidente contra el oriente era la máxima de libertad, entendida en el sentido liberal burgués. Fue una propaganda que, apoyada en las dificultades económicas que se profundizaron en el Este y la decadencia de la URSS, hizo mella en importantes sectores, incluso dentro de la RDA. Las movilizaciones contra el régimen del Partido Socialista Unificado de Alemania estaban en gran medida alimentadas por el asfixiante control burocrático del Estado sobre la vida cotidiana de la población. Pero también resultó en una decepción para gran parte de los protagonistas de la revolución pacífica, que levantaban la esperanza genuina de una sociedad más democrática e incluso muchos enarbolaban la consigna de “democracia socialista”. El capitalismo demostró que la democracia burguesa se basa en la explotación de clase y que no hay lugar para reformas “socialistas” dentro de su dominio. Ni siquiera la libertad de vender la propia fuerza de trabajo se podía garantizar. Hasta el día de hoy, los alemanes del Este sufren las enormes diferencias en cuanto a acceso al trabajo, salarios y viviendas que hay con los occidentales.

Tercero, que hay convivencia pacífica y tolerancia. Otro mito que se quiso reflotar a principios del milenio, de la mano de la política “multicultural” de la democracia cristiana y la socialdemocracia. Para 2015, con el estallido de la crisis de la inmigración, se dejó ver claramente que esto nunca fue así. A comienzos de la década del ’90 surgieron los pogromos en la ex RDA contra los inmigrantes. Muchos intentan explicar este odio irracional a partir de la frustración de una juventud sin trabajo, ni perspectivas, que era tratada como extranjera en su propio país. Los ataques a albergues de inmigrantes se volvieron a ver hace pocos años. El crecimiento de las fuerzas neonazis en ciudades como Chemnitz, así como la consolidación de un partido ultra nacionalista como AfD muestran que el capitalismo no es capaz de cerrar las contradicciones del pasado. Esto es así porque se asienta sobre la explotación de clase y los privilegios de la burguesía; no puede llevar hasta el final ninguna idea de libertad y democracia sobre esta base, mucho menos en este momento de crisis abierta.

 

Alemania en el espejo del ex bloque soviético

En 2020 la dirección imperialista alemana se encuentra en la encrucijada de una crisis sin precedentes. A la crisis económica que, con altibajos, lleva más de 10 años se le sumaron la decadencia total del proyecto de la UE, de la cual es el corazón, y el Brexit; la crisis de los inmigrantes y, además, qué rol jugará en las nuevas crisis que estallan en los ex Estados obreros, como vimos en Ucrania y Bielorrusia.

En una reciente entrevista a un personaje clave de la “reunificación”, el político de la CDU Wolfgang Schäuble compara al proceso de asimilación de Alemania con el de China, a la que considera “de gran atractivo”, y destaca su éxito, a pesar de que éste se da al precio de mantener un control total de la economía, cuestión que los alemanes, según él, no aceptarían. Y, además, propone para Alemania una mayor cooperación con Rusia, ante la política norteamericana de patear el tablero del orden mundial de posguerra. Sin duda, la rivalidad con Rusia se verá agudizada a la hora de intervenir en enfrentamientos políticos como los que se vieron en Ucrania, pero estos competidores a la vez se tornan necesarios para el imperialismo alemán, que se encuentra al frente del barco sin timón de la UE. Claro que nada bueno para el proletariado internacional se puede esperar, ni del imperialismo occidental, ni de las burocracias, que persiguen su propio interés de sobrevivir con sus privilegios, a costa del Estado, pero a la vez, bloqueando el libre juego del capital.

 

Tareas históricas

A 30 años de la declaración de victoria del capitalismo sobre el “socialismo real”, el imperialismo está en problemas. Uno a uno, han ido cayendo sus mitos. Luego de las tortuosas experiencias de los Estados de transición del siglo 20, que surgieron de procesos revolucionarios inaugurados por la Revolución Rusa, el proletariado del siglo 21 no parte de cero. Contamos con la rica experiencia de las anteriores generaciones y podemos sacar balance de sus errores. Así y todo, la tarea que esas generaciones tomaron en sus manos, la de la construcción del socialismo, aún sigue siendo una tarea a completar. Este año hemos visto a importantes sectores de la juventud salir a luchar contra sus patrones y sus Estados. El ejemplo que se destaca es en EEUU, donde no sólo se han enfrentado a las instituciones represivas tras los asesinatos violentos a jóvenes negros, sino también empiezan a mostrar simpatías con las ideas del comunismo; cuestión que ha despertado las alarmas de la burguesía imperialista.

La principal debilidad de nuestra clase hoy es la falta de una dirección revolucionaria capaz de sistematizar esa experiencia y de poner en marcha el programa comunista a la luz de los desafíos actuales. Está a la orden del día la reconstrucción de la IV Internacional, partido mundial de la revolución, que sistematizó no sólo lo mejor de la experiencia de la Revolución Rusa, sino la mecánica de la transición de la revolución proletaria a la revolución mundial.

La experiencia del proletariado alemán, en particular, tiene una gran riqueza que aportar al proletariado mundial. Hoy más que nunca, debemos levantar bien alto las banderas del socialismo y emprender la lucha por derribar las fronteras que impone la burguesía construyendo la Federación de Estados Unidos Socialistas de Europa, como forma estatal de la dictadura del proletariado internacional. Para desarrollar la meta histórica de sentar las bases para un mundo sin explotadores, ni explotados.

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