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Viernes, 17 Septiembre 2021 18:45

La colisión de la coalición

La histórica derrota en las PASO de la coalición que gobierna el país generó una crisis interna en el Frente de Todos, entre la vice presidenta y el presidente de la nación, para dirimir quién es dueño de la derrota y cómo se debe seguir dirigiendo los destinos del Estado.

Esta crisis política en el seno del poder estatal desnudó la descomposición de las direcciones burguesas y pequeño burguesas en la administración de los negocios del gran capital extranjero y el capital nacional. Es una crisis histórica de los frentes populares en forma de partido, como fue el peronismo en sus orígenes, que, en el devenir de los procesos mundiales y la penetración imperialista en la región, fueron descomponiéndose de partido a coaliciones electorales, perdiendo base social.

Por eso esta coalición electoral, que en este momento entra en un impasse peligroso, contiene en su interior, no al pueblo o a la juventud maravillosa de los ’70, como pretenden hacer creer en sus visiones mesiánicas de reencarnación de Perón, sino a sectores que expresan los intereses capitalistas de distintas ramas. El albertismo es defensor de los intereses de los grandes laboratorios extranjeros, nacionales y la industria farmacéutica; Cristina expresa a sectores de la burguesía nacional y los pequeños productores y busca alianza con el capital chino y ruso y Massa es un alfil de los grandes capitales extranjeros, centralmente del imperialismo norteamericano. 

Debe quedar claro para el conjunto de los trabajadores que ninguna de estas fracciones defiende los intereses de nuestra clase. En medio de las peleas, cartas, operaciones de prensa enviaron al Congreso el presupuesto 2022, donde continúan el ajuste y dan por descontado el acuerdo con el FMI, y ahí no hubo diferencias. Es de un cinismo brutal la pelea que están dando las distintas fracciones de la coalición. No es nuestra pelea, es una dirección contrarrevolucionaria que está defendiendo los intereses de sus verdaderos amos, los capitalistas.

En la crisis política en desarrollo confesaron que estaban haciendo un ajuste, que le robaron a los jubilados, que hicieron caer el salario real, que en plena pandemia tomaron decisiones políticas que causaron muchas muertes evitables, que sabían que venía la segunda ola de la pandemia y quitaron los subsidios. Esta es la verdadera foto para ver para quienes gobiernan.

Mientras, la oposición burguesa se prepara para aprovechar la debacle del Frente de Todos y mostrarse como la cara ordenada de las reformas y ajuste que exige el FMI. En eso no tienen diferencias con los caídos en desgracia del gobierno.

En tanto se desarrolla esta situación el FITU plantea que la solución es votarlos a ellos el 14 de noviembre. El régimen en su conjunto le debe estar agradeciendo semejante demostración de adaptación.

Ante esta situación debemos abrir un debate al interior de nuestra clase, siendo claros sobre que cualquiera sea la solución que se le dé a la crisis abierta en la coalición de gobierno, no traerá nada bueno para nosotros. La conducción de la CGT también está dividida por las internas burguesas. El ala de Moyano, Palazzo, Sassia y cía. tienen incluso la caradurez de intentar lavarse la cara planteando que a ellos también les cabe “autocrítica” por la crisis social y la miseria en la que han sometido a la clase obrera. Todo es demagogia para intentar seducir a sectores obreros para el FdT. Solo podemos confiar en nuestros métodos y en nuestras propias fuerzas. Debemos organizarnos para enfrentar el acuerdo con el FMI, el ajuste y las reformas que planean, como la laboral y previsional entre otras. Debemos formar oposiciones sindicales revolucionarias en las próximas elecciones sindicales para derrotar a la burocracia sindical cómplice del ajuste y de la gestión estatal de la pandemia. Tenemos que echar a la burocracia sindical de nuestras organizaciones. Debemos impulsar un Congreso de delegados de base con mandato para imponer un paro nacional y un programa obrero de salida a la crisis. Debemos reagrupar a los sectores de vanguardia del movimiento obrero industrial, a los sindicatos combativos, a las comisiones y juntas internas combativas y las organizaciones del movimiento de desocupados independientes en plenarios regionales o por zona para preparar la lucha contra los ataques que se vienen. Buscando la unidad en el enfrentamiento al imperialismo con las organizaciones obreras de los países de la región.

En esta crisis los trabajadores debemos intervenir de forma independiente y organizarnos para construir una dirección revolucionaria, que no es otra cosa que un partido para mostrar la potencialidad de nuestra clase convertida en vanguardia.

 

  

Martes, 14 Septiembre 2021 18:51

A 45 años de la Noche de los Lápices

Reivindiquemos a nuestros caídos en la lucha

Hace 45 años, en La Plata, 10 estudiantes secundarios eran secuestrados, torturados y finalmente asesinados a manos del contrarrevolucionario golpe de estado del ’76. La juventud venía de las experiencias de los años previos, con importantes procesos de organización, marchas por el boleto educativo, discusiones en torno a qué educación querían, y había participado junto al movimiento obrero de las enormes experiencias del Cordobazo, el Vivorazo, las coordinadoras fabriles, etc. Fue contra estas experiencias que tanto los partidos patronales (PJ, UCR, etc.), la iglesia, los empresarios imperialistas y locales, y la burocracia sindical se unieron en la necesidad de derrotar a quienes comenzaban a poner en cuestionamiento su dominio, entregando momentáneamente el poder al brazo armado del estado para llevar adelante esta tarea.
Hoy, 45 años después, la dictadura del capital bajo su ropaje democrático mantiene intacto su aparato represivo. La política de la Cuarentena dio cuenta de esto, Facundo Castro, Luis Espinoza, Joaquín Paredes, Isaías Luna, Blas Correa, son algunos de los crudos ejemplos de cómo la policía, envalentonada por el respaldo estatal, asesinó, torturó y amedrentó a cientos de jóvenes y trabajadores en todo el país. La cuarentena demostró no ser ninguna medida para salvar nuestras vidas, como demuestran los más de 120 mil muertos y los más de cinco millones de contagiados, sino todo un ensayo general reaccionario para hacernos pagar su crisis
En las escuelas, los cambios caóticos y sin condiciones entre virtualidad, bimodalidad y, ahora, una presencialidad completa, han hecho estragos. El resultado de estas políticas han sido una enorme deserción estudiantil por falta de recursos, sobretrabajo docente, precarización laboral acompañada de salarios de hambre, desempleo por suplencias no cubiertas, compañeros que murieron por Covid y otros cientos de contagiados, cierres completos de cursos, y una larga lista de etc. Este ataque fue posible gracias a que tanto las burocracias sindicales, como las conducciones de los centros de estudiantes se mantuvieron guardadas mientras dejaban correr el ajuste, y ahora convalidan medidas arbitrarias, bajo la figura de protocolos, que sólo restringen la organización y militancia estudiantil y sindical en escuelas y facultades.

Retomemos la iniciativa

Este 16/09 el mejor homenaje que podemos hacer a nuestros compañeros caídos es retomar lo más avanzado de su experiencia y continuar la pelea. Los procesos agudos de lucha de clases que recorren al mundo han tenido a la juventud como protagonistas, las acciones en Chile, Colombia, EEUU, solo por mencionar algunos, deja en claro que la juventud no ha sido derrotada y dará pelea contra un sistema que no le ofrece otro futuro más que explotación, miseria y represión.
Ya hemos escuchado tanto al gobierno como a la oposición hablar de una nueva normalidad y la post-pandemia, lo que significa que se aprestan a consolidar el brutal ajuste para honrar los acuerdos con el FMI, preparando las condiciones para aplicar las reformas laboral, educativa, previsional que exige el organismo. Debemos enfrentar este avance y para ello se hace urgente recuperar nuestras organizaciones para convertirlas en verdaderas herramientas de lucha.
La juventud tenemos en el movimiento obrero a un poderoso aliado, debemos preparar junto a ellos la respuesta. En las escuelas podemos comenzar convocando a plenarios de delegados de base tanto de estudiantes como de los trabajadores de la educación, donde podamos discutir: las condiciones para la vuelta a la presencialidad, la reapertura de paritarias y las condiciones laborales, el boleto obrero-estudiantil y todas las demás reivindicaciones, como así también las acciones para imponerlas, como son nuestros históricos métodos de paro, toma de colegios, marchas, etc. La sentada en los colegios de la UNCuyo es un llamado a la acción que debemos extender y profundizar.
También debemos poner todos nuestros esfuerzos en impedir la criminalización de nuestra lucha, se hace urgente tirar abajo el reaccionario juicio que pesa sobre los compañeros y compañeras de la UNC y la UNRN y que intenta ponerse como castigo ejemplar para disciplinarnos.
A 45 años de la noche de los lápices, la lucha sigue vigente por eso decimos con toda nuestra fuerza que no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos.

Lunes, 13 Septiembre 2021 18:46

De frente y con todo

Después de la PASO

El Frente de Todos recibió en las elecciones PASO del 12 de setiembre una de las peores derrotas del peronismo unido de los últimos años, perdiendo en 17 de las 24 provincias y, principalmente, siendo derrotado en la provincia de Buenos Aires por Juntos (nuevo nombre de Juntos por el Cambio, alianza del PRO y radicales).

Si bien las elecciones PASO son internas abiertas, que no definen cargos electivos, delinean la situación de los partidos políticos. Ante la debilidad de éstos para organizar a sus afiliados, es la intervención del Estado la que permite dirimir las diferencias y proscribir a las minorías con un piso del 1,5% para participar de las elecciones, que este año se van a realizar el 14 de noviembre. Esta instancia se toma como un plebiscito de la gestión del gobierno de turno y sirve para conocer el humor social. Teniendo en cuenta esta característica, los resultados mostraron un fuerte castigo al gobierno de los Fernández, que se expresó en el voto a la oposición burguesa, en este caso los ex Cambiemos; a expresiones liberales, a la izquierda parlamentaria y también en el voto en blanco y en el 67% de participación, un numero bajo si se toman otras elecciones.

Debemos decir que estas elecciones se dieron en medio de una pandemia y una crisis social, sanitaria y económica nunca vista, donde tanto el gobierno como la oposición burguesa tratan de mostrar un escenario post pandemia en medio de una posible tercera ola con la variante delta. La derrota del gobierno es la expresión distorsionada del balance de un sector de masas a la dirección política de la pandemia y sus consecuencias, con más de 120 mil muertos, un desmanejo del plan de vacunación, el “Olivos gate” y la imposición de un ajuste brutal a las condiciones de vida de la gran mayoría. Y otro sector votó en contra del gobierno porque no expresa a las fracciones de clase que ellos defienden, más aliados al capital extranjero y los grandes capitales del campo y la industria.

Insistimos con la idea de que se trata de una “expresión distorsionada” porque, como marxistas, sostenemos que las derrotas a los gobiernos se dan en los procesos de la lucha de clases y no en los mecanismos burgueses como son las elecciones. Es decir, se expresó de forma pasiva un descontento social, que coyunturalmente puede capitalizar la oposición burguesa, pero el desarrollo de los elementos más estructurales de la crisis aún subsiste y pueden expresarse de forma convulsiva si la situación se sigue agravando.

En este contexto, el FITU capitalizó parte de este descontento, suplantando la propaganda socialista por el marketing político. Quizás hemos presenciado una de las peores campañas desde que se fundó el FIT, allá por el 2011, pero que le dio frutos electorales como para que no se cuestionen nada de lo hecho.

El gobierno ha quedado muy debilitado e intentará que la derrota sea más decorosa en noviembre, pero no tiene nada para mostrar ni dar. Debe acordar con el FMI y la oposición burguesa, continuar el ajuste y llevar al Congreso las reformas que exige este organismo imperialista, como la laboral y la previsional. En este aspecto no hay diferencias con la oposición. El problema es que debe hacerlo en su momento de mayor debilidad. Tendrá que apelar a la burocracia sindical, que sigue avanzando en su desprestigio en las filas obreras después de su actuación en la pandemia y su apoyo al ajuste a los salarios de los trabajadores activos y pasivos.

Desde la oposición le sugieren que Massa sea el jefe de gabinete. Sueñan con una suerte de primer ministro a la europea y que el presidente sea un sello. Un sueño de los republicanos de una semicolonia, que olvidan que son una burguesía débil y que está sostenida por el imperialismo.

La clase obrera debe tener en claro que nada bueno vendrá de nuestros verdugos, que cada dos años prometen solucionar todas nuestras demandas. Debemos abrir una deliberación al interior de nuestra clase en las fábricas, en los lugares de trabajo y de estudio, y en las organizaciones combativas de desocupados, sobre la necesidad de discutir un programa de salida a la crisis y un balance de la política del gobierno ante la pandemia. Organizarnos desde los delegados, comisiones internas, juntas internas y sindicatos recuperados en plenarios regionales que confluyan en un gran congreso de delegados de base con mandato, que prepare los requisitos para luchar contra la burocracia sindical e impulse un paro nacional para imponer, mediante nuestros métodos, la dirección de la pandemia y saldar la crisis económica sanitaria y social a la que nos han llevado. Unirnos a la lucha de los trabajadores y el pueblo pobre de América Latina que ha salido a enfrentar a sus gobiernos es otra de nuestras tareas inmediatas.

A 83 años de la fundación del IV internacional

El 3 de septiembre de 1938, en París, se realizó la conferencia de fundación de la IV Internacional, donde veintiséis delegados representaron a 11 secciones sobre 29 afiliadas (según el informe del Secretariado Internacional). Trotsky no pudo concurrir ya que estaba en el exilio en México. Varias delegaciones no pudieron viajar por diversos inconvenientes, como persecuciones o problemas económicos. Recordemos que el estalinismo buscaba impedir la formación de la Internacional. Uno de los organizadores, Klement, fue asesinado por sus agentes antes de la conferencia y se perdieron muchos documentos importantes. Erwin Wolf y León Sedov, el hijo de Trotsky, también fueron asesinados por la GPU poco antes de la realización de la misma.

Trotsky sostenía la necesidad de la formación de la Cuarta Internacional, con el objetivo de regenerar una dirección revolucionaria ante la debacle de la Tercera.  Se planteó recuperar el internacionalismo ante la reacción que significó la teoría del socialismo en un solo país sostenida por el estalinismo. Él planteaba: “el internacionalismo no es un principio abstracto, es la expresión de un hecho económico”. Quería demostrar que el programa que levantaban los revolucionarios era para luchar contra un sistema mundial y no por particularismos. “La revolución proletaria se levanta tanto contra la propiedad privada de los medios de producción como contra la fragmentación nacional de la economía mundial”, sentenciaba.

La creación de la nueva Internacional se daba en un escenario mundial que se encaminaba a la segunda guerra mundial, después de varias derrotas en procesos revolucionarios, como el español o el alemán, donde el estalinismo mostró ser una dirección contrarrevolucionaria. La tarea era recobrar una continuidad teórica y política del marxismo revolucionario, tan vapuleado en esa época.

La IV Internacional intentó formar una nueva dirección revolucionaria, con un programa de transición, que fue la expresión de las conclusiones de la revolución rusa generalizada para todo un proceso. Planteó las tareas históricas del proletariado para destruir al sistema capitalista.

A 83 años de su formación, las tareas históricas siguen vigentes, pero aún persiste la crisis de dirección revolucionaria que retrasa la revolución mundial y le da una sobrevida a este sistema capitalista putrefacto. Sacar las lecciones programáticas de las distintas tendencias centristas que dirigieron la IV Internacional hasta su virtual desaparición es una tarea necesaria para recuperar el programa de transición de la influencia estatista, sindicalista y reformistas que llevaron a que muchas corrientes degeneraran y se adaptaran al sistema capitalista.

Reconstruir la IV Internacional es intentar saldar la crisis de dirección revolucionaria y preparar la lucha por el poder, recuperar el programa de transición y desplegar la acción revolucionaria ante una crisis mundial que sigue su curso.  Desde la TRCI seguimos sosteniendo la necesidad de una Conferencia Internacional con las corrientes que aun levanten la dictadura del proletariado para avanzar en la tarea de dotar de una dirección revolucionaria a los procesos de lucha de clases que se están produciendo.

Los revolucionarios nos encontramos ante acontecimientos históricos inéditos, como los que estamos viviendo en medio de una pandemia que aceleró los procesos de crisis mundial que veníamos padeciendo: descomposición del imperialismo y de asimilación de los ex Estados obreros. Tenemos herramientas teóricas y políticas legadas del marxismo. La teoría de Marx y Engels, la teoría de la Revolución Permanente, la teoría del imperialismo, la teoría del partido revolucionario, el programa de las Internacionales en sus fases revolucionarias, el Programa de Transición y tantas lecciones programáticas de procesos vivos de lucha de clase.

A 83 años de la formación de la IV Internacional, hacemos nuestra la definición programática de la Cuarta que planteaba Trotsky: La Cuarta internacional se puede definir en tres palabras ¡Por la dictadura del proletariado!

 

COR Chile - LOI Brasil - COR Argentina

publicado en TRCI-web

"The Taliban overrunning everything and owning the whole country is highly unlikely", Joe Biden declared solemnly on July 8th, 2021 in the East Room of the White House. Barely a month and a few days later, the Taliban entered the Afghan capital Kabul, after the withdrawal of the bulk of the imperialist troops and the fleeing of the puppet president, Ashraf Ghani. Biden bet that the 300,000-strong Afghan army supplied by imperialism would control the situation, but it collapsed within weeks; leaving his government exposed to a never-before-seen evacuation operation, "the largest airlift in history" according to Biden himself, which has become the most humiliating withdrawal ever seen. A new delusional statement by the US president, who said that the US had gone to Afghanistan not to build a democratic nation (nation Building) but to defuse the terrorist threat, was answered by a branch of ISIS with an attack at Kabul airport itself with the toll of more than 170 dead, including 13 US troops. The attack on Thursday 26th August pushed the NATO allies with troops on the ground to end the evacuation operations, leaving only the nation "leader of the free world" that had managed to organize a coalition of 42 countries around the occupation. The Yankees have until August 31th to finish the evacuation, a period in which they can only expect new attacks and desperate images of refugees trying to flee from the chaos left behind after 20 years of military occupation.

 

Imperialism and its shadow

The withdrawal from Afghanistan is an example of the complicated situation in which US imperialism finds itself in the historical deepening of its decomposition and in the ever-greater difficulties it has in trying to resolve world’s capitalist crisis. It’s part of the difficulties to give an idea of a way out of the pandemic, with the discussion of the post-pandemic and a supposed and longed-for boom of the world economy, that clashes with a perspective of small rebounds and new falls that configure rather a tendency towards depression and the worsening of the imbalances at all levels. Imperialists even reach such delirious discussions as that "thanks" to the Delta variant, inflationary tendencies are being contained (!!!). Biden’s administration and his coalition government, which appeared as a replacement in the face of the failure of the change of imperialist orientation that the Trump’s administration meant, in a very short time has collided with all the contradictions that undermine the US world hegemony. And it is forced to make decisions at the level of the least costly withdrawal, for a supposed reordering of forces that nobody believes. Especially the strategic rivals like China and Russia, who are taking a stand. The agreements between China and the Taliban to consolidate the territorial domain of both states and at the same time to integrate the new Afghan "government" into the framework of the Chinese belt and road initiative (BRI) is an example. The US being forced to negotiate with Russia for an anti-terrorist network in the country is another. But the main weakness of US imperialism is not the challenge of rivals but the structural decomposition, the economic and social destruction, that its own actions sow at every step. It is fighting against its shadow, and it is losing. The problem is that this advance of decomposition destroys the living conditions of our class and of the oppressed peoples of the world.

 

"Nation building”, detonation of nations

Perhaps Biden's statement that the real objective of the US in Afghanistan and, let us add, in Iraq, was not "to build a nation" or, rather, to build from the outside a semi-colonial, modern and democratic bourgeois state in its own image and likeness, is true. Perhaps that was just an excuse, and they have rather followed the military doctrine elaborated after the US victory in the Cold War of "Shock and Awe" that the military commanders of Bush Jr. boasted about when those invasions were carried out in 2001 and 2003, with the dreadful Donald Rumsfeld in the lead. Basically, it was a tactic of imperialist terrorism, which crumbled in the face of the resistance of armed groups and of the Iraqi and Afghan masses soon after the US arrival, marking the defeat of the invasions very early on, although the troops remained in what they called a "quagmire". The thesis of the Empire exercising state terrorism on a global scale, just like its “progressive” counterpart, the Empire vs. the multitude of autonomists like Negri and Holloway, collapsed with the national resistance of the oppressed peoples, which developed in the Middle East and beyond, and continues to develop to this day. Could it be this fallacy that Biden wants to sell us again?

The contradiction between the state form of bourgeois domination and the internationalization of the productive forces, between the socialization of production and the private accumulation of capital, cannot be resolved in a bourgeois supra-state. This is becoming clearer with the decline of US hegemony. But the idea of the creation of new modern bourgeois states in the epoch of crises, wars and revolutions is no less utopian. And the attempts to carry it forward have clashed time and again with the contradictions of the material bases engendered (decomposed) by capitalism. This discussion not only explains the imperialist utopias, but brings us into the debate within the proletarian forces themselves. The defeat of imperialism in Afghanistan tastes like death, because the Taliban takes power. This can only be explained by the crisis of revolutionary leadership of our class.

 

The IV International

Thus, we see how many currents of centrist Trotskyism start the classic game of finding the lesser evil, some celebrating the seizure of Kabul by the Taliban, others campaigning for democracy in Afghanistan against the persecution of women. We must be clear: this moment of defeat of imperialism cannot be capitalized without the determined intervention of the world proletariat on the side of the oppressed peoples of the Middle East. We must deploy a campaign in the trade unions for the withdrawal of all imperialist bases from the Middle East and from all oppressed countries. It’s also necessary that in the imperialist countries the trade unions fight for the unrestricted entry of refugees, for equal labor rights and for their integration into the ranks of our trade unions according to industries. Trade unions in all countries must resort to all necessary means to help strengthen and eventually rebuild the workers' organizations in Afghanistan, sending funds, supplies and defending them from the attacks of the Taliban and the warlords. It’s in this struggle, where the best and most determined anti-imperialist fighters of our class will be able to act together and discuss the program to confront the imperialist states and their lieutenants in our ranks, the trade union bureaucracy, to lay the basis for the reconstruction of the revolutionary leadership of the working class, the Fourth International and its national sections. In this way, we will be able to collaborate in strengthening the workers' vanguard in Afghanistan and the Middle East, to fight for a Federation of Socialist Republics in the region over the destruction of Israel, as a political form of the dictatorship of the proletariat. There can be no other way out for Afghanistan, because any idea of a national democratic state (the statist utopia always pursued by centrism) lacks material basis due to the very dynamics of the decomposition of capitalism.

The catastrophe of the withdrawal from Kabul is a warning also for the revolutionary ranks: never has the achievement of a progressive slogan such as the withdrawal of US troops from Afghanistan been so far from advancing the positions of the world proletariat. We must act seriously, quickly and decisively. Class struggle has no mercy for the indecisive and the confused. We propose to the Trotskyist currents that defend the program of the dictatorship of the proletariat to hold an International Conference to prepare the prerequisites for the reconstruction of the Fourth International.

El Talibán infestando todo y adueñándose de todo el país es algo altamente improbable” declaró solemne Joe Biden el 8 de julio de 2021 en la East Room de la Casa Blanca. Apenas un mes y escasos días después, el Talibán entraba en la capital afgana Kabul, tras la retirada del grueso de las tropas imperialistas y de la huida del presidente-títere, Ashraf Ghani. Biden apostaba a que el ejército afgano de 300.000 hombres pertrechado por el imperialismo controlara la situación, pero se desmoronó en semanas. Y dejó expuesto a su gobierno a una operación de evacuación nunca antes vista, “el puente aéreo más grande de la historia” según el propio Biden, que se ha convertido en la más humillante retirada jamás vista. Una nueva declaración alucinada del presidente yanqui, que dijo que EEUU había ido a Afganistán no a construir una nación democrática (nation Building) sino a desactivar la amenaza terrorista, fue respondida por una rama del ISIS con un atentado en el propio aeropuerto de Kabul con el saldo de más de 170 muertos, entre los que se cuentan 13 soldados de EEUU. El atentado del jueves 26 de agosto empujó a los aliados de la OTAN con tropas en el terreno a dar por finalizadas las operaciones de evacuación, dejando sola a aquella nación “líder del mundo libre” que había logrado organizar en torno a la ocupación a una coalición de 42 países. Los yanquis tienen plazo hasta el 31 de agosto para terminar la evacuación, plazo en el que solo esperan nuevos atentados e imágenes desesperadas de refugiados tratando de huir del caos que dejan tras de sí después de 20 años de ocupación militar.

El imperialismo y su sombra

La retirada de Afganistán es un botón de muestra de la situación complicada en que se encuentra el imperialismo norteamericano en la profundización histórica de su descomposición y en las dificultades cada vez más grandes que tiene para intentar saldar la crisis capitalista mundial. No solo es parte de las dificultades para dar una idea de salida a la pandemia, con la discusión de la pospandemia y un supuesto y anhelado auge de la economía mundial, que se choca con una perspectiva de pequeños rebotes y nuevas caídas que configuran más bien una tendencia a la depresión y a la agudización de los desequilibrios en todos los planos. Llegan a discusiones tan delirantes como que “gracias” a la variante Delta se están conteniendo las tendencias inflacionarias (!!). El gobierno de Biden y su coalición de gobierno, que apareció como un recambio frente al fracaso del cambio de orientación imperialista que significó la administración Trump, en muy poco tiempo ha chocado con todas las contradicciones que minan la hegemonía mundial de EEUU. Y se ve obligado a tomar decisiones en el plano de la retirada menos costosa, para un supuesto reordenamiento de fuerzas que nadie cree. Sobre todo los rivales estratégicos como China y Rusia, que toman posición. Los acuerdos entre China y el Talibán para consolidar el dominio territorial de ambos Estados y al mismo tiempo integrar al nuevo “gobierno” afgano en el cuadro del cinturón y ruta de la seda chinos es un ejemplo. La necesidad de EEUU de negociar con Rusia una red antiterrorista en el país es otro. Pero la principal debilidad del imperialismo norteamericano no es el desafío de los rivales sino la descomposición estructural, la destrucción económica y social, que su propio accionar siembra a cada paso. Guantea con su sombra, y está perdiendo. El problema es que ese avance de la descomposición destruye las condiciones de vida de nuestra clase y de los pueblos oprimidos del mundo.

“Nation building”, detonación de naciones

Quizás sea verdad la declaración de Biden en cuanto a que el verdadero objetivo de EEUU en Afganistán y, agreguemos, en Irak, no fue “construir una nación” o, mejor dicho, construir desde afuera un Estado burgués semicolonial, moderno y democrático, a su imagen y semejanza. Quizás eso haya sido solo una excusa, y hayan seguido más bien la doctrina militar elaborada luego de la victoria yanqui en la guerra fría del “Shock and Awe” (Shock y pavor) que vociferaban los comandantes militares de Bush hijo cuando se llevaron adelante aquellas invasiones en 2001 y 2003, con el nefasto Donald Rumsfeld a la cabeza. Básicamente, se trataba de una táctica de terrorismo imperialista, que se desmoronó frente a la resistencia de grupos armados y de las masas iraquíes y afganas al poco tiempo de la llegada norteamericana, marcando muy tempranamente la derrota de las invasiones, aunque las tropas se quedaron en lo que llamaron un “empantanamiento”. La tesis del Imperio ejerciendo ese terrorismo de estado a escala global, igual que su contracara progre, el Imperio vs. la multitud de los autonomistas como Negri y Holloway, se vinieron abajo con la resistencia nacional de los pueblos oprimidos, que se desarrolló en Medio Oriente y más allá, y se sigue desarrollando a la fecha. ¿Será esta falacia la que nos quiere volver a vender Biden?
La contradicción entre la forma estatal de la dominación burguesa y la internacionalización de las fuerzas productivas, entre la socialización de la producción y la acumulación privada del capital, no puede resolverse en un supraestado burgués. Esto está quedando más claro con la decadencia de la hegemonía norteamericana. Pero no es menos utópica la idea de la creación de nuevos estados burgueses modernos en la época de las crisis, guerras y revoluciones. Y los intentos por llevarlo adelante han chocado una y otra vez con las contradicciones de las bases materiales engendradas (descompuestas) por el capitalismo. Esta discusión no sólo explica las utopías imperialistas, sino que nos mete en el debate de las propias fuerzas proletarias. La derrota del imperialismo en Afganistán tiene sabor a muerte, porque el talibán toma el poder. Esto solo puede explicarse por la crisis de dirección revolucionaria de nuestra clase.

La IV Internacional

Así, vemos como muchas corrientes del trotskismo centrista empiezan el clásico juego de encontrar el mal menor, algunas festejando la toma de Kabul por el Talibán, otras haciendo campaña por la democracia en Afganistán contra la persecución de las mujeres. Debemos ser claros: este momento de derrota del imperialismo no podrá ser capitalizado sin la intervención decidida del proletariado mundial del lado de los pueblos oprimidos de Medio Oriente. Debemos desplegar una campaña en los sindicatos por el retiro de todas las bases imperialistas de Medio Oriente y de todos los países oprimidos. Asimismo, es necesario que en los países imperialistas los sindicatos luchen por el ingreso sin restricciones de los refugiados, por igualdad de derechos laborales y por su integración a las filas de nuestros sindicatos según la rama. Los sindicatos de todos los países deben recurrir a todos los medios necesarios para ayudar a fortalecer y eventualmente reconstruir las organizaciones obreras en Afganistán, enviando fondos, víveres y defendiéndolas de los ataques del Talibán y los señores de la guerra. Es en esta pelea, donde los mejores y más decididos combatientes antiimperialistas de nuestra clase podrán actuar en conjunto y debatir el programa para enfrentar a los Estados imperialistas y sus lugartenientes en nuestras filas, la burocracia sindical, para sentar las bases de la reconstrucción de la dirección revolucionaria de la clase obrera, la IV Internacional y sus secciones nacionales. De ese modo, podremos colaborar en fortalecer a la vanguardia obrera en Afganistán y Medio Oriente, para dar la pelea por una Federación de Repúblicas Socialistas en la región sobre la destrucción de Israel, como forma política de la dictadura del proletariado. No puede existir ninguna otra salida para Afganistán, porque cualquier idea de Estado democrático nacional (la utopía estatista que siempre persigue el centrismo) carece de bases materiales por la dinámica misma de la descomposición del capitalismo.
La catástrofe de la retirada de Kabul es una advertencia también para las filas revolucionarias: nunca se estuvo tan cerca de que la consecución de una consigna progresiva como la retirada de las tropas yanquis de Afganistán esté tan lejos de hacer avanzar las posiciones del proletariado mundial. Debemos actuar con seriedad, rapidez y decisión. La lucha de clases no tiene piedad con los indecisos y los confundidos. Proponemos a las corrientes trotskistas que defienden el programa de la dictadura del proletariado realizar una Conferencia Internacional que prepare los pre requisitos para la reconstrucción de la IV internacional.

Este 27/8 se realizará una nueva Marcha Nacional contra el gatillo fácil. A un año y medio del comienzo de las medidas restrictivas de la cuarentena impuesta por el Gobierno Nacional, tenemos como resultado un centenar de muertos por las fuerzas de seguridad. Con la difusión de la festichola clande en Olivos, toda la oposición burguesa se despega, pero el año pasado unieron filas para garantizar el control territorial, sacando a la calle sus fuerzas represivas. Como resultado de esta política, la policía desapareció a Luis Espinoza y Facundo Castro, y tantos más fueron asesinados por las fuerzas de seguridad.

 

Fue por Facundo que hace un año salimos a las calles, desafiando las restricciones impuestas contra la protesta social, y denunciamos al gobierno nacional y provincial. Mientras los organismos de DDHH cooptados por el Estado y la militancia k, con guiño del centrismo, nos señalaban desde la virtualidad por movilizar y denunciar la responsabilidad del Estado en los casos de desapariciones y muertes en el marco de la pandemia.

 

Hoy en el escenario electoral tanto FdT como la oposición discuten cómo consolidar el brutal ajuste para pagar la deuda externa, y la desorganización que sembraron con las restricciones a las organizaciones de trabajadores y la juventud, y sobre esa base avanzar en aplicar las reformas laboral, educativa, previsional que exige el FMI. Complemento de ello es garantizar la impunidad de Berni y su bonaerense que desapareció a Facundo, de Massoni y la chubutense, de la gendarmería responsable de Maldonado, y la prefectura que mató a Rafael Nahuel. No hay grieta en la línea de fortalecer el aparato burocrático militar para afrontar los procesos de lucha que puedan darse.

 

Los trabajadores hemos enfrentado a las represiones, como en el frigorífico Penta, los trabajadores de la salud en puente Pueyrredón, los municipales en Mendoza, y más recientemente los trabajadores de la educación en Salta. Esta marcha del gatillo fácil tiene que permitirnos abrir en los lugares de trabajo y de estudio, un balance de la cuarentena como medida represiva para imponer el ajuste, porque los muertos y los desaparecidos los pone la clase trabajadora y la juventud empobrecida. Nos movilizamos este 27/8 convencidos de la necesidad de abrir entre los trabajadores y la juventud, una discusión que es internacional en nuestra clase, desde las inmensas acciones de masas contra la brutalidad policial hacia la población negra, la lucha de la juventud colombiana contra la represión del esmad y las batallas de la primera línea chilena contra los pacos genocidas. Las fuerzas represivas del Estado no pueden reformarse, ya que su rol es proteger los intereses de la burguesía. Es inadmisible la sindicalización de la policía porque no pertenecen a nuestra clase, no son trabajadores, son los garantes de la explotación y la ganancia de los capitalistas. Desde la COR pensamos que debemos fortalecer las instancias de organización de la juventud y los sindicatos con independencia de los partidos patronales, sostenemos que debemos luchar por la disolución de la policía y las fuerzas represivas.

 

Justicia por Magalí Morales, Facundo Castro, Santiago Maldonado y todos nuestros muertos y desaparecidos a mano de las fuerzas de seguridad. ¡Abajo la criminalización de la protesta y el procesamiento de los luchadores! Para lograrlo necesitamos retomar los métodos de nuestra clase. Los piquetes, la huelga y el paro son nuestras herramientas para enfrentar el avance en nuestras condiciones de vida, despidos, suspensiones, bajas de salarios, etc. En esta perspectiva la lucha contra el gatillo fácil es la lucha contra el Estado y sus verdugos.

Mientras los efectos de la pandemia siguen desarrollándose en el mundo, y cuando en Argentina estamos por entrar en la tercera ola con la variante delta, con solo 20% de la población con 2 dosis de la vacuna, el régimen burgués se prepara para elecciones de medio término. Estas elecciones continúan el mecanismo de las primarias (PASO), que la burguesía estableció en 2009 para tener una mayor injerencia estatal en los partidos y proscribir a minorías.

Los candidatos del FMI en sus distintas variantes

A dos años del comienzo de la pandemia, con la desastrosa política del gobierno de los Fernández para enfrentar al virus, coronada con el “Olivos gate”, el oficialismo en campaña nos pide el voto aduciendo que “estamos saliendo” y que pensemos en el futuro. La oposición de Cambiemos nos dice que ahora estamos peor que en el periodo de Macri y que ellos son la salvación, mientras los libertarios tipo Milei nos dicen que hay que enfrentar a la casta política para que venga otra casta política.

Más de 110 mil muertos por covid, 50 % de pobreza, 51% de inflación, pérdida del salario real del 25%, desocupación de más del 10%, miles de despidos y suspensiones y una caída de las condiciones de vida muestran no solo números de la coyuntura, sino un problema estructural del semi Estado argentino, que los distintos partidos burgueses, junto a la burocracia sindical y los empresarios, a través de los años, no solo no pudieron solucionar, sino que empeoraron, para favorecer a los grandes empresarios extranjeros y nacionales a costa de nuestra superexplotación.

Y ahora todas esas fracciones se preparan para garantizar el ajuste que hicieron en medio de la pandemia y llevarla a leyes que voten en el Congreso, para garantizar los requisitos que pide el FMI. El saqueo a los jubilados debe traducirse en una reforma previsional, los ataques a las condiciones laborales que sufrimos, en una reforma laboral, entre otras reformas que pide el FMI para renegociar la deuda externa.

Como marxistas no nos da lo mismo que los trabajadores voten en las elecciones a sus verdugos, por eso debemos abrir una deliberación al interior de nuestra clase en las fábricas, en los lugares de trabajo y en las organizaciones combativas de desocupados sobre la necesidad de discutir un programa de salida a la crisis y un balance de la política del gobierno ante la pandemia. Debemos organizarnos con delegados de base, comisiones internas, juntas internas y sindicatos recuperados en plenarios regionales que confluyan en un gran Congreso de delegados de base con mandato, que prepare los requisitos para luchar contra la burocracia sindical e impulse un paro nacional para imponer, mediante nuestros métodos, la dirección de la pandemia y saldar la crisis económica, sanitaria y social a la que nos han llevado. Es aquí donde se debe dar el Frente Único de la Izquierda, debemos poner en pie Oposiciones Sindicales Revolucionarias, con libertad de tendencia en su interior, para disputar la dirección del movimiento obrero a nuestros enemigos de clase en nuestras propias filas. También estamos llamados a unirnos a la lucha de los trabajadores y el pueblo pobre de América Latina, que ha salido a enfrentar a sus gobiernos.

La adaptación de la izquierda

Hay corrientes que se reivindican del trotskismo que se presentan a las PASO: el FITU, que presenta distintas listas internas entre los partidos que lo conforman, y el NMAS y Política Obrera. En primer lugar, es una política errada dirimir las diferencias entre organizaciones de izquierda a través de este mecanismo electoral en lugar de apelar a un Congreso Obrero para discutir de cara a la vanguardia. Además, consideramos que su política hacia las elecciones no expresa una condición mínima en el programa de los marxistas, que es la de la independencia de clase. En las filas del FITU conviven corrientes que apoyaron a las entidades del campo, fueron en alianzas electorales con políticos burgueses y en los sindicatos co dirigen, en algunos casos, con la burocracia sindical. Todas estas listas que se presentan tienen una característica en común, que es su estatismo, es decir, considerar que el Estado burgués, en esta época actual de descomposición, aún tiene posibilidades de cumplir un rol progresivo. Esto quedó bastante claro en la pandemia, cuando se le exigió al Estado (que, hemos de recordar, tiene una condición de clase, que es burgués) un sinfín de medidas estatales, como sistema único de salud, declarar de utilidad pública un laboratorio que produce vacunas, etc. Todos ellos naturalizaron la política reaccionaria de la cuarentena, que se impuso con los métodos del Estado y represión. No apelar a los métodos obreros para imponer nuestras demandas genera confusión en los sectores combativos, ya que no los llaman a confiar en sus propias fuerzas, sino en depositar ilusiones en instituciones que no son las nuestras.

En el plano internacional, sus organizaciones hermanas han llamado a votar a Haddad del PT en Brasil, a Arce en Bolivia, o a Pedro Castillo en Perú, es decir, a nuestros verdugos, en nombre de que no gane la derecha, definición que expresa su adaptación a la opinión pública y no una política revolucionaria.

Para nosotros la participación en las elecciones es una cuestión secundaria y subordinada a la necesidad de intervenir en ese escenario para dar una lucha política y que no sea la burguesía la que influencie a los trabajadores y los lleve a la conciliación de clase. No vemos en las listas de izquierda que se presentan un combate consecuente con esta orientación. “Ser tercera fuerza”, “renovar a la izquierda”, “revolucionar a la izquierda” y demás consignas por el estilo son eslóganes electorales que nada tienen que ver con nuestro objetivo revolucionario. Organicémonos contra el ajuste, votemos en blanco.

 

Sábado, 21 Agosto 2021 15:13

La jornada laboral y la burocracia sindical

El pasado 17 de agosto vimos al secretario general de La Bancaria, Sergio Palazzo, compartir tribuna con una cámara patronal de empresarios PyME en el marco de la celebración del día del “empresario y la empresaria nacional” y de su campaña por ser electo diputado nacional por el Frente de Todos. El eje central de su discurso de postulación gira en torno a la consigna de reducción de la jornada laboral para generar un “shock de empleo”, sin reducir el salario, y contaría con el apoyo de cámaras de pequeñas y medianas patronales. El proyecto de ley, impulsado por la conducción del sindicato bancario, plantea reducir la semana laboral a 36hs y apunta a su implementación en las grandes empresas y bancos. También hay otro proyecto de 40 horas semanales presentado por la CTA.

Demagogia

Esta “iniciativa” se da en un marco de una emergencia sanitaria por el Covid-19, en la que el gobierno del FdT, con la inestimable ayuda de la burocracia, ha descargado los costos de “administrar la pandemia” en las espaldas de los trabajadores. No sólo enviaron a los “esenciales” a contagiarse por un sueldo de miseria, sino que ahora, ante la presión electoral y desestimando la inminencia de una “tercera ola”, pretenden que vuelvan todos a sus ritmos de trabajo lo antes posible, sin contar con las mínimas condiciones sanitarias en los establecimientos. Mientras tanto, impusieron flexibilización laboral de hecho con el teletrabajo y otras “innovaciones”.  

Esta burocracia, que ahora quiere cosechar votos para la fuerza en el gobierno con demagogia hacia los trabajadores, es la misma que durante los últimos 2 años del gobierno de Macri, en los que los embates de las condiciones de vida de los trabajadores fueron fuertísimos, fueron garantes de la institucionalidad apuntando a la salida electoral con la famosa consigna “hay 2019”. A cambio, transaron con el gobierno entrante de Alberto Fernández cajas previsionales y espacios en las listas legislativas. No hace falta comentar el enorme servicio que prestaron al orden capitalista durante la pandemia, apoyando las medidas gubernamentales de cuarentenas garantizadas por la represión estatal y conteniendo la bronca de los trabajadores para garantizar las condiciones impuestas por el FMI. Fueron los primeros en cerrar los sindicatos con la excusa del covid y evitar que los trabajadores se organizaran para enfrentar las imposiciones degradantes de las patronales. No podemos dejar de notar que fue la propia burocracia sindical la que ha dejado correr los despidos y desactivado las luchas obreras contra esto, un ejemplo patente es la burocracia de STIA, pasteleros y panaderos ante los despidos en BIMBO. Pero también en el propio gremio bancaria se ha dado una plétora de despidos encubiertos con los “retiros voluntarios”, se avanza en los cierres de sucursales y se intenta imponer la flexibilización laboral que borra de un plumazo conquistas históricas del sindicato.

La reducción de la jornada laboral de esta manera planteada se apoya en el argumento de que, debido a que la aplicación de nuevas tecnologías, se ha hecho más productivo el trabajo. El trabajador puede trabajar menos horas diarias, siendo igualmente productivo. Es decir, no se trata de cuestionar quién se apropia del producto del trabajo, sino simplemente de pedir que nos sigan explotando en menos tiempo, pero más intensamente. En la puja por mantener las condiciones salariales, sigue ganando la empresa con el salario relativo.

Ni siquiera los ministros del gobierno que ellos defienden están contentos con la propuesta, ya que esto implicaría, en términos relativos, aumentar un 33% el salario. Y he aquí el quid de la estrategia capitalista: que el trabajador sea más productivo y a la vez más barato.

 

La burocracia busca solucionarle al sistema, en términos de tiempo, una contradicción que hay entre capital y trabajo. Quiere conciliar cosas irreconciliables. Este planteo es sobre una base menor de trabajadores, cuando ya pasaron los despidos masivos. Y, convengamos, esta discusión sólo atañe al porcentaje cada vez más minoritario de trabajadores en blanco, mientras la mano de obra en negro o contratada de forma fraudulenta (monotributo, por ejemplo) sigue creciendo aceleradamente.

Por eso quieren ir a discutir esto en el Congreso, para llevar a los trabajadores a las trampas institucionales de la clase que nos explota, subordinando, además, la institución obrera del sindicato al Estado burgués.

Programa de transición

Aquí resulta necesario recordar la discusión sobre la escala móvil de horas de trabajo y de salarios planteada en el Programa de Transición de la IV Internacional.

En primer lugar, hay que recordar que el Programa de Transición es un sistema de reivindicaciones transitorias que busca tender un puente entre las reivindicaciones inmediatas de las masas trabajadoras y la lucha por el poder obrero con el establecimiento de la dictadura del proletariado. Está claro que, en una situación de crisis galopante y condiciones de vida y de trabajo cada vez peores, las masas obreras están urgidas por poner un límite a la degradación de sus condiciones de vida. El derecho a la explotación se convierte en una lucha por la supervivencia.

Ahora bien, la escala móvil no es idéntica al planteo de reparto de horas, aunque incluso nos cansamos de escucharlo en boca de candidatos de izquierda. ¿Cuál es la diferencia? En el capitalismo nuestra fuerza de trabajo es una mercancía más, que se vende en el mercado por un precio, determinado en última instancia por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir determinada mercancía. Este tiempo es distinto según la rama de producción y el sector de la economía, tanto de la nacional como a nivel internacional. Por eso, hay distintos “precios” para distintos tipos de trabajos.

El reparto de las horas como plantea la burocracia implica una redistribución de la fuerza de trabajo disponible, en la rama de producción que sea, en el tiempo que sea. Si lo llevamos a lo concreto, podría ser probablemente una presión a la baja salarial.

La escala móvil de horas de trabajo, en cambio, tiene en cuenta esta desigualdad impuesta por el sistema de producción capitalista y apunta a que las organizaciones obreras tengan control sobre el proceso de trabajo, de manera de organizar el tiempo en las distintas ramas de acuerdo a la fuerza de trabajo y las necesidades obreras. La escala móvil de salario entiende que hay distintos tipos de trabajo y establece una escala, basada en la necesidad de combatir la desocupación, la carestía de la vida y la miseria de los trabajadores de conjunto, partiendo del valor que se produce en el proceso económico. El trabajo existente es repartido entre todas las manos obreras existentes y es así como se determina la duración de la semana de trabajo. El salario, con un mínimo estrictamente asegurado sigue el movimiento de los precios. No es posible aceptar ningún otro programa para el actual período de transición.

Esta medida orienta a la clase trabajadora hacia la raíz de los problemas de la producción y distribución del capital, mientras que reparto es sólo una medida anticíclica (en el mejor de los casos). Y debe ser planteada siempre dentro de un sistema de reivindicaciones transitorias. La “posibilidad” o la “imposibilidad” de realizar las reivindicaciones es, en el caso presente, una cuestión de relación de fuerzas que sólo puede ser resuelta por la lucha.

Lo más importante de esta reivindicación no es la consigna en sí misma, sino apostar al desarrollo de las fuerzas del proletariado para cuestionar el mando capitalista en la producción. Sobre la base de esta lucha, cualesquiera que sean los éxitos prácticos inmediatos, los obreros comprenderán, en la mejor forma, la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista. Apunta a preparar el sistema de trabajo de la futura sociedad socialista. Es por esto que no puede tomarse seriamente sin pensar en el control obrero de la producción, por ejemplo. Pero, sobre todo, no se puede concebir sin una fuerte organización obrera consciente de que su misión histórica es organizar otro modo de producción sobre bases socialistas. Por fuera de esta concepción, los trabajadores seguirán presos de la voluntad del capital y su sed de ganancias. Por eso, es tarea fundamental de los revolucionarios organizar Oposiciones Revolucionarias en los sindicatos, que peleen por este programa en las organizaciones obreras y regenerar una vanguardia obrera que luche por el comunista, organizada en un partido revolucionario.

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