COR logo

¡No al pago de la deuda externa! ¡Fuera el FMI!

Martes, 11 Febrero 2020 21:28

Vamos a volver … a pagar

El miércoles 12 llegará a la Argentina una delegación del FMI para monitorear la economía del país y seguir negociando cómo se pagará la deuda, no sólo con esta institución imperialista sino con los bonistas privados. Alberto ha demostrado su sumisión a lo más granado del imperialismo en su última gira por Europa, donde se juntó con sus principales referentes para jurar que honrará la deuda, y buscar aliados para poder negociar con quien tiene el verdadero poder de decisión, que es EEUU de la mano de Trump. El imperialismo norteamericano ya dijo que apoyaría una renegociación de la deuda, obviamente con varios requisitos que implican mayor dependencia a las políticas de amo yanqui en la región.
Antes de viajar al viejo mundo, el Congreso nacional votó una ley que garantiza la rendición lisa y llana, sumada a la autorización del ingreso de tropas norteamericanas para realizar maniobras militares en nuestro suelo. Sólo hubo dos votos en contra en dicha votación, por parte de los representantes del FIT-U.
Es evidente que se ha abierto en el gobierno nacional una crisis importante de la deuda y lo demuestra el revés de Kicillof, quien quiso plantarse ante los fondos de inversión y tuvo que retroceder y pagar, con el agravante de que garantizó ese pago sacándole a los docentes parte de su salario y difiriendo su pago. La caída de la licitación de bonos lanzados por el gobierno nacional para pagar un vencimiento cercano es demostración de que los grandes fondos no están dispuestos a negociar en los términos que plantea el gobierno de Alberto, sino de forma más agresiva.
En medio de esta situación, la economía argentina está en un virtual impasse, esperando el desarrollo y desenlace de esta negociación. En una tregua entre las distintas fracciones burguesa y pequeño burguesas, pero no exentas de intentos por imponer políticas de ajuste para un futuro escenario de pago de la deuda. La demostración es el ajuste a los jubilados y al conjunto de los trabajadores con la línea de sumas fijas y no permitir que se recupere lo perdido en el periodo anterior.
Es un ataque importante al conjunto de la clase y una línea anticipatoria de la política del conjunto de la sub burguesía de una semicolonia para que la crisis la paguen los trabajadores y el pueblo. El ataque no puede ser al estilo del macrismo, no porque no quieran, ni porque que haya fracasado, sino por el escenario más general de la región, bastante convulsionada.
Ante este escenario debemos ser claros, la deuda externa no se debe pagar, no porque sea ilegítima o ilegal, sino porque es una deuda contraída por una clase parásita, que es en este caso una sub burguesía, que está impedida de manejarse de forma independiente y debe recurrir al imperialismo para su subsistencia. Es decir, no pagar la deuda es una lucha antimperialista y contra sus aliados nacionales, en la necesidad de cortar de forma revolucionaria la relación capitalista de una semicolonia. Por eso se torna central que los trabajadores intervengan de forma independiente en esta crisis de deuda, ya que está en juego nuestra relación con esta sub burguesía, su semi Estado y el imperialismo, que timbean con todo el trabajo excedente que nos han expropiado en tantos años para garantizar su parasitismo. Por eso es muy peligroso engañar a los trabajadores con la idea de que si no pagamos la deuda esa plata la podemos utilizar para mejorar nuestras condiciones de vida. Esa idea es la que quiere imponer la burocracia sindical, para ir detrás de la variante burguesa que más le garantiza –aunque hay que ver hasta qué punto- su posición privilegiada a costa de la clase obrera. Debemos enfrentar la mentira de la redistribución y la conciliación de clases, que de todas maneras nos llevan a pagar la crisis. Esa idea, también tan arraigada en la izquierda, de que se puede separar el capital de los capitalistas es reformismo puro. Si de verdad no queremos pagar la deuda debemos hablar de preparar a los trabajadores para una pelea por el poder y enfrentar a los capitalistas en su base de sustentación, que es en la producción, y expropiar a los expropiadores. Todo lo demás lleva un propagandismo abstracto de lo posible. Y a alianzas en defensa del gobierno en contra del FMI, como convoca la burocracia sindical de las CGT y CTA y otras tendencias, como el PCR, con una marcha para el 12 de febrero.

Fuera el FMI, como expresión de una institución imperialista que garantiza las ganancias de las grandes potencias a costa de los trabajadores y el pueblo pobre.

Los trabajadores debemos levantarnos contra el gobierno de Alberto y el imperialismo que lo apoya.

 

 

Artículos Relacionados en FMI Deuda Externa Lucha antiimperialista

  • Nueva ofensiva colonialista del sionismo

    Todo el apoyo a la lucha palestina

    Los bombardeos sionistas sobre la Franja de Gaza lanzados por Netanyahu y las IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes) el martes 11 y miércoles 12 de mayo son el más reciente acto de una escalada en la ofensiva sionista por despojar definitivamente a los palestinos de su derecho a autodeterminación nacional. Para el imperialismo e Israel, lo sorprendente fue la capacidad de Hamas de responder a las provocaciones con sendos ataques sobre Jerusalem y Tel Aviv, cosa que hace años no sucedía. El lanzamiento de cohetes cuya capacidad ofensiva es ínfima comparada con el poder de fuego de la fuerza aérea israelí, lejos de lo que pinta la propaganda sionista, es simplemente una respuesta a la nueva ofensiva colonialista del sionismo.

    Causas inmediatas

    Los elementos de la coyuntura que encendieron los enfrentamientos están relacionados a una serie de provocaciones montadas por la entidad israelí y por movimientos de la ultraderecha sionista. El día lunes 10/5, la corte suprema de Israel debía fallar en un juicio de desalojo de habitantes palestinos de los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan, en Jerusalén Oriental. Finalmente la corte no emitió su fallo ese día, pero ese hecho hizo girar en torno a sí la metáfora del despojo de un pueblo de su territorio, sorpredentemente incitando a movilizaciones de festejo ya que todos los 10 de mayo el sionismo “celebra” su ocupación de Jerusalén Oriental en la llamada guerra de los 6 días de 1967. Este año, la movilización fue organizada por la ultraderecha, y pretendía pasar de forma intimidatoria no sólo por los barrios palestinos de la ciudad, sino también ultrajar los templos religiosos musulmanes. Las fuerzas de seguridad del sionismo, por su parte, ejercían presión sobre la población palestina restringiendo la posibilidad de reunión en torno a los templos, especialmente la Mezquita de Al-Aqsa, con el argumento de las medidas sanitarias anti-COVID. Por supuesto, mientras declaman que la población israelí ya alcanzó la inmunidad de rebaño gracias a la vacunación masiva sostenida por los sionistas y el imperialismo, podemos preguntarnos… ¿cuántos palestinos habrán recibido la vacuna? Otra metáfora más de este sistema podrido. Sin embargo, las provocaciones no quedaron sin respuesta: los palestinos enfrentaron a las fuerzas de seguridad en la ciudad vieja de Jerusalén, la marcha ultraderechista tuvo que ser desviada por las autoridades, y frente a la represión de las manifestaciones palestinas, los grupos armados Hamas y Yihad Islámica iniciaron el ataque con cohetes sobre Jerusalén, el que continuó al día siguiente sobre la capital económica, la “inexpugnable” Tel Aviv, poniendo a prueba el escudo anti-proyectiles “cúpula de hierro” israelí.
    A partir del lanzamiento de los cohetes, las IDF avanzaron y recrudecieron sus bombardeos sobre la Franja de Gaza, registrándose también enfrentamientos en Cisjordania (margen occidental del río Jordán) y, otra novedad, choques dentro de la propia Israel en ciudades con población árabe numerosa como Lod. Con el correr del tiempo, las manifestaciones en apoyo a los palestinos se han expandido a otras ciudades del mundo árabe, como Amman (Jordania) y Beirut (Líbano), e incluso a Londres, Chicago y otras ciudades europeas y de EEUU. Al momento de escribir esta nota, continúan los bombardeos israelíes y el lanzamiento de cohetes por el lado palestino, con un saldo de al menos 65 palestinos, entre ellos 14 niños, y 7 israelíes muertos (El País, 12/5) y cientos de heridos.
    Para completar el cuadro, también hay que tener en cuenta sendas crisis políticas que atraviesan tanto a Israel como a la AP. Israel viene de 4 elecciones fallidas, que no han logrado hasta el momento el establecimiento de una mayoría de gobierno en su sistema parlamentario, aunque han registrado el corrimiento hacia la derecha y extrema derecha de las posibles coaliciones, presionando al gobierno a una línea dura, cada vez más propensa a completar la limpieza étnica. En tanto, Abás del movimiento Fatá, actual presidente “virtual” de una AP sin control territorial, decidió posponer las elecciones de la AP, lo que desató una crisis con Hamas, que controla la Franja de Gaza y según los cálculos estaría en posición ganar esas elecciones.

    Guerra en territorio palestino

    Es necesario recordar que antes de la ocupación sionista, comenzada antes de la creación de Israel, el territorio donde hoy se asienta el enclave sionista y los territorios palestinos semi-ocupados era la Palestina histórica. Luego de la partición, como literalmente fue denominada por la ONU, Israel no sólo desalojó a los habitantes palestinos que poblaban su “mitad”, sino que se ha dedicado a anexionar el resto del territorio. En la guerra de 1967, invadió Jerusalén Oriental, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con los Altos del Golán (Siria) y el Sinaí (Egipto). Luego de los diferentes acuerdos de paz, de Camp David a Oslo, el proyecto del imperialismo yanqui fue intentar negociar un statu quo creando una fantasmagórica Autoridad Palestina (AP) para regir, bajo tutela de Israel, lo que sería un futuro Estado Palestino en los primeros 3 territorios. Hay que notar que la Franja de Gaza, por una lado, y Cisjordania y Jerusalén Oriental, por el otro, no tienen continuidad territorial alguna: el territorio Israelí los separa. Este fraude de plan, que adquirió más tarde el nombre de hoja de ruta, ni siquiera se llevó adelante, con el ala dura del sionismo avanzando en la colonización de Cisjordania y Jerusalén Oriental a través del movimiento de los colonos y el establecimiento de puestos de control. Hoy, 220.000 colonos sionistas han establecido residencia en la “parte palestina” de Jerusalén, reclamando el derecho a “retornar” a las tierras previas a la partición, derecho que niegan a los palestinos no sólo de los territorios semi-ocupados, sino de los campos de refugiados de los países árabes y que emigraron al resto del mundo.
    Bajo el gobierno de Donald Trump, Netanyahu e Israel lograron un avance importante que fue el reconocimiento de Jerusalén como capital indivisible, estableciendo EEUU su embajada en la ciudad. Esto cambió el estatus y mostró un vuelco aún más abierto del imperialismo a favor del sionismo y bloqueó cualquier intento de negociar algún tipo de acuerdo de una paz. Esta línea fue seguida por varios países árabes, como Marruecos y varios estados del Golfo Pérsico, y también tuvo un apoyo importante en la dictadura del general Al-Sisi en Egipto, que selló la frontera occidental a la Franja de Gaza, único territorio palestino donde las fuerzas de seguridad israelíes no tienen control, aunque se trata de una verdadera cárcel a cielo abierto asediada por los aviones sionistas, que hoy descargan sus bombas sobre la población.
    Hoy, existe una gran incógnita en relación al plan de Joe Biden para la región. Si bien discursivamente se ha mostrado proclive a un mayor balance para intentar retomar las negociaciones, el actual conflicto es una prueba de fuego para probar su capacidad de disciplinar al ala extrema sionista y a la vez intentar liquidar a través de negociaciones las aspiraciones de liberación nacional palestinas bajo la tutela imperialista permanente de la AP o cualquier otro artefacto que sirva a esos fines. El resquebrajamiento de las instituciones de posguerra, que de hecho crearon a Israel (ONU), es el problema estructural que enfrenta para dar cualquier salida al problema.

    Por la derrota de Israel

    El proletariado  de todo el mundo y su vanguardia debe tener claro que no se trata de un enfrentamiento “de siglos” (el sionismo comenzó a colonizar Palestina a principios del Siglo XX e Israel fue creado en 1948) entre dos pueblos sino de una lucha entre una nación oprimida y el establecimiento de un enclave imperialista en el corazón de Medio Oriente para controlar sus intereses estratégicos y el petroleo. El sionismo es una ideología y un movimiento reaccionarios, que postularon una salida para el pueblo judío, perseguido durante siglos, basada en la colonización de un territorio habitado por otro pueblo y para defender los intereses del imperialismo. Por eso, decimos que Israel ni siquiera es un Estado burgués propiamente dicho, sino un engendro imperialista creado en el momento de su mayor descomposición. Los revolucionarios y la vanguardia de la clase obrera debemos intervenir en este conflicto del lado de los palestinos, con acciones que afecten al imperialismo y su maquinaria militar en la producción, como el paro en las industrias imperialistas y el bloqueo de los transportes destinados o provenientes de Israel. Debemos sostener todas las movilizaciones por el fin de los bombardeos israelíes, por el fin del bloqueo de Gaza y por la retirada de los controles y colonias de Jerusalén y Cisjordania. Los trabajadores de los países de la región, en primer lugar sus batallones centrales de la rama petrolera, tienen la llave para avanzar en la expulsión del imperialismo de Siria, Irak, Libia y, por supuesto, Palestina, luchando contra los gobiernos burgueses árabes que son cómplices y socios del imperialismo. Tienen un gran aliado en, y deben buscar el apoyo de, el movimiento obrero de Europa y EEUU, que sufren los ataques del imperialismo para descargar su crisis y los costos de la pandemia.

    ¡Por la destrucción del Estado de Israel!

    ¡Por una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente y el Magreb!

  • “Calibrar” el ajuste

    Otra palabra más para el diccionario político de cómo decir ajuste, que se suma a “sintonía fina”, “sinceramiento”, “reforma permanente”, “reperfilar” y tantos otros. Ahora, “calibrar” significa: acomodar los engranajes de la economía y la política al protocolo del FMI de mayor ajuste y sumisión al capital extranjero.

    Para eso reflotan viejas recetas, como un pacto social con los grandes empresarios y la burocracia sindical, para buscar contener los procesos de lucha de clase ante el ataque. Pero son pactos débiles ante el nivel de crisis, ya que es imposible unificar en el sistema capitalista, donde lo que prima es la competencia de capitales y alguno debe perder o ceder. Es un buen ejemplo la reciente ley votada de impuesto a las riquezas, donde se recauda para darle a YPF, de capital mixto, es decir, se redistribuyen las ganancias entre las fracciones capitalistas. Siempre es importante resaltar que los marxistas no luchamos por imponer impuestos, es un mecanismo de la economía burguesa para sostener a sus Estados. Nosotros combatimos el estatismo.

    “Calibrar” apunta a la devaluación que se está produciendo, para que no ocurra de manera desordenada. Planean devaluar entre el 10 o 15%, como les pide el FMI. Ya están avisadas las grandes patronales, que después de especular con el dólar, porque son las que los tienen, se sentaron a negociar con el gobierno el rumbo económico. El poder es de los grandes empresarios y el capital financiero, el gobierno es el que administra sus intereses.

    “Calibrar” es aumento de tarifas, eliminación del IFE y el ATP a las empresas, reducción de presupuesto a obras públicas, la baja los salarios de los jubilados con una nueva ley de movilidad jubilatoria, salarios de miseria para los trabajadores estatales, cuando la inflación está por arriba del 35%. Todas medidas que el macrismo festejaría de pie. Para los capitalistas, el ajuste es para que no pierdan, un festival de bonos a los grandes especuladores para dolarizar la deuda en pesos y de esta forma aumentar la deuda externa, para contener el tipo de cambio.

    Todo milimétricamente pensado para convencer al FMI de que el gobierno de los Fernández es mejor garante que el anterior macrista. Por eso, tantas cartas de amor han aparecido en estos días, donde se dicen “no sos vos, soy yo”, “no, ambos tenemos la culpa” y tantas otras estupideces ante el fracaso de todas las fracciones burguesas que dirigieron el país durante años, lo que se expresa de forma más decadente ante la debacle por la crisis mundial y la aceleración de esta situación por la pandemia.

    Por eso el desalojo en Guernica y en otras partes del país. Este 19 de noviembre hubo otro desalojo en el barrio estación Ferreyra de Córdoba con represión y detenidos. Todo esto para demostrar que defienden la propiedad privada, ante todo. El asesinato de Facundo Castro fue para mostrar el control e impunidad de las fuerzas represivas hacia la juventud. Es evidente el desprecio por las condiciones laborales de la gran mayoría de los trabajadores que tuvieron que salir a ganar el mango en medio de la pandemia.

    Tenemos que enfrentar este ajuste porque vienen para pauperizar aún más nuestras condiciones de vida, con despidos, suspensiones, salarios a la baja, mayor ataque a los activistas y delegados combativos.

    Debemos preparar las condiciones para un paro general, con asambleas de base, plenarios de delegados regionales, con mandato de base que se imponga a las burocracias sindicales, con los métodos de la clase, en la necesidad de enfrentar a este gobierno y el pacto con el FMI. Hay que paralizar el país, recuperar lo perdido en la pandemia, por la reapertura de las paritarias, y un programa obrero de salida a la crisis.

  • Charla-Debate: Protocolo FMI

    Charla-Debate:
    Protocolo FMI

    El plan del imperialismo para Argentina y la región
    y como nos preparamos para enfrentarlo

    Te esperamos el sábado 31/10 a las 17hs
    Lugar por MP a nuestro e-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

  • Protocolo FMI

    La situación argentina es cada vez es más catastrófica. Los números de la pandemia están demostrando el verdadero carácter de la cuarentena, que era ganar tiempo en la desorientación general por el virus y atacar las condiciones de vida de los trabajadores para defender los intereses de las distintas fracciones burguesa ante el nivel de crisis.

    En este punto, el gobierno de Alberto se puede dar por triunfador: logró desorganizar a los trabajadores, pasó el ajuste, subsidió a la burguesía y garantizó el acuerdo con los fondos privados por la deuda externa. Respondió de forma favorable a su clase a costa de una mayor pauperización de grandes sectores de trabajadores. Pero los trabajadores activos y pasivos, que son los grandes perdedores de esta cuarentena, están empezando a sacar balance de la coyuntura. No se condice el esfuerzo que el Estado les exigió mediante la consigna “quédate en casa” con la situación de las grandes empresas nacionales e internacionales que siguieron ganando en este escenario.

    El gobierno de Alberto debe lidiar con una crisis social, política y económica en la que ya se perdió el miedo al covid, sin unidad burguesa (aunque intenta reflotar un pacto social), con una situación económica en la que prima una crisis cambiaria, un proceso inflacionario y en medio de una negociación con el FMI.

    En este escenario, Alberto toma el “protocolo del FMI”, es decir, avanzar con el ajuste y con las reformas previsional, laboral y judicial. El ajuste se está llevando a cabo mediante las mini devaluaciones del tipo de cambio, lo que licúa el salario de los trabajadores, y no descartamos una mega devaluación si fracasan las medidas que benefician a los sectores de la agroindustria, a las mineras y a las cerealeras, a quienes -como toda fracción burguesa- todo les resulta insuficiente y deben ganar más y más. Sabiendo que la salida es una mega devaluación, ya crearon los mecanismos para que los que poseen capital se refugien en bonos atados al dólar, mientras que a “los mortales” les toca sufrir los efectos de la depreciación del peso.

    Votar en contra de Venezuela y alinearse en política exterior con el ala de Trump; buscar por todos los medios posibles algunos dólares para sanear las reservas e inclusive llegar hasta un acuerdo con China por los swaps muestran el nivel de crisis y cómo quiere solucionarla el gobierno.

    Para el gobierno anterior de Macri, la frase era “pasaron cosas”, ahora la frase es “podríamos estar peor”. Esto es la demostración de la desorientación de una burguesía cipaya ante un escenario mundial de crisis aguda. 

    Es obvio que nada bueno puede venir de este plan que ejecuta el gobierno dictado por el FMI. La crisis mundial, que la pandemia aceleró, ha hecho que los gobiernos de turno deban lidiar con procesos de masas ante la evidencia de las deplorables condiciones de vida en el sistema capitalista. Es por eso que la política de estímulos para expandir el gasto público es una línea a nivel mundial que han desarrollado los distintos países imperialistas, algunos, en clave electoral como Trump ante las elecciones del 3 de noviembre, otros, vía instituciones como el FMI y los famosos préstamos por la pandemia, que ya han generado levantamientos en contra como el ocurrido en Costa Rica, contra los requisitos para dicho préstamo. 

    No está descartado que, en medio de las negociaciones con el FMI, le den un préstamo pandemia a la Argentina para estirar un poco más la agonía.

    En este escenario debemos prepararnos para enfrentar a este gobierno, la oposición burguesa, las distintas fracciones burguesas, pequeño burguesas y la burocracia sindical, que van a defender a su Estado y sus intereses con todas las fuerzas a su alcance. En estos días la burocracia de la CGT prepara un acto virtual por el 17 de octubre, “día de la lealtad peronista”, con el que intenta ubicarse como garante del gobierno y lugartenientes del FMI. Intentan rescatar en la web a un peronismo que se descompone en la realidad.

    En eso tienen una unidad férrea, cuando se trata de defender la naturaleza de clase de su Estado, burgués; de defender la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra, como en Guernica; de defender el derecho a explotarnos por míseros salarios, condenarnos a una jubilación de hambre y de asesinarnos, como a Facundo Castro y tantos otros en este periodo. Podrán diferir en algunos matices y en cómo se debe actuar, en sus formas de dominación, pero defienden la dictadura del capital.

    Tenemos que recuperar lo perdido en la pandemia; aprender que el control estatal burgués no salva vidas, que los trabajadores debemos cuidarnos con nuestros propios métodos. Debemos luchar por recuperar lo que perdimos en el salario; pelear por la apertura o reapertura (dependiendo las ramas) de las paritarias, votando delegados paritarios en asamblea para que no sea la burocracia la que decida; reincorporar a los despedidos, pase a planta de los tercerizados. Ante la desorganización de la economía, por el control obrero de las principales ramas. Tenemos que volver a organizarnos para preparar las condiciones de un paro general que levante un programa de salida a la crisis.

    Debemos abrir una gran deliberación al interior de nuestra clase y el activismo que se desarrolló en este escenario excepcional de pandemia. Entre ellos, los trabajadores de la salud; los trabajadores de la industria, servicios y estatales que lucharon por protocolos y condiciones laborales, contra los cierres, contra los despidos; la juventud que sufrió la represión de la policía y se enfrentó. Es necesario que saquemos conclusiones sobre la cuarentena y el control estatal, porque debemos enfrentar al Estado con nuestros métodos y organizarnos de forma independiente. Es una tarea de primer orden la lucha por el poder, preparar el terreno para que se desarrolle una vanguardia que saque lecciones revolucionarias del proceso mundial y sus particularidades en Argentina.

    Quienes nos reivindicamos revolucionarios en la izquierda debemos avanzar en la tarea de formar una dirección, que no es otra cosa que un partido revolucionario como sección de la reconstrucción de la IV Internacional. En esa tarea, creemos que debemos comenzar a formar oposiciones sindicales en los sindicatos, con libertad de tendencia, independencia de clase y democracia obrera; que luche por sindicatos únicos por rama, no paralelos, sino siendo minorías organizadas en los sindicatos donde actuamos y por una Central Única de Trabajadores. Para esto debemos echar a la burocracia de nuestros sindicatos y mostrar cómo debería funcionar como herramientas de lucha. Ya el gobierno “de los CEOs” fracasó y el gobierno “de los científicos” va en ese camino. En política el tiempo es todo, es urgente que ataquemos a la burguesía en su base, que es la producción, o seguirá con su sobrevida y haciendo cada vez más daño.

  • Estallido en El Líbano

    Nitrato de amonio, abandonado en cantidad de 2.750 toneladas, desde hace 6 ó 7 años según la fuente, en el puerto y a corta distancia del centro de la ciudad más importante de un pequeño país del mediterráneo oriental. Fue la causa inmediata de la voladura de Beirut, el martes 4 de agosto, que tuvo como saldo al menos 220 muertos, 7.000 heridos y la destrucción de viviendas de unas 300.000 personas. Entre los muertos, muchos trabajadores y la destrucción total de la oficina del Sindicato de Marinos del Líbano; aunque no se trata solamente de una masacre laboral: es la expresión cruda de la descomposición de las estructuras de un semi-Estado burgués. El puerto, manejado conjuntamente por 2 organismos estatales, la Autoridad del Puerto de Beirut y la Autoridad Aduanera, albergaba los silos de trigo con que se alimenta gran parte de la ciudad, que fueron destruidos. Y era la principal vía de comunicación del país. La anarquía capitalista y un Estado descompuesto son la explicación de la deflagración.
    Luego de la conmoción inicial, las calles de Beirut volvieron a la efervescencia que viven desde septiembre del año pasado. Las movilizaciones, atizadas por la destrucción de la ciudad que endilgan correctamente al gobierno burgués y sus funcionarios, llevaron al enfrentamiento con las fuerzas represivas, a la toma de ministerios durante el fin de semana, hasta la caída del gobierno del primer ministro Hassan Diab el lunes 10/8. Aunque también se pide la cabeza del presidente Michel Aoun y del parlamento en pleno, lo que habilitaría el adelanto de las elecciones. Este “que se vayan todos”, que se identifica con el carácter espontaneo y con falta de claridad de objetivos de las movilizaciones con elementos semi-insurreccionales, no constituye un programa y deja abierto el debate sobre cómo debemos responder los revolucionarios y la vanguardia ante el problema del poder.

    Pandemia y procesos de masas

    En El Líbano, el proceso de lucha se viene dando desde septiembre del año pasado, llevando a la caída del anterior primer ministro, Saad al-Hariri, en noviembre. No se trata de dos procesos independientes: la crisis económica y social en el país detonó en simultáneo con las movilizaciones en Irak, y también en otras regiones del globo, donde se destacan los procesos en Ecuador, Chile y otros países de Latinoamérica y el Caribe. Estos procesos, impulsados por el inicio de una caída acelerada del crecimiento de la economía mundial y un endurecimiento del mercado crediticio, que llevó a la crisis de deuda en El Líbano y Ecuador, no fueron derrotados. La pandemia y el ensayo general reaccionario de las políticas de cuarentena de los diferentes Estados, a lo sumo marcaron un impasse pero para nada cerraron los procesos y mucho menos solucionaron los elementos estructurales que los determinaban. Por el contrario, la pandemia aceleró de manera explosiva la crisis del capitalismo mundial. En El Líbano, de hecho se produjeron las primeras movilizaciones en medio de la cuarentena. Todo esto, mucho antes de la masacre del puerto de Beirut, que es un elemento que inflama aún más el estado de ánimo de los sectores en lucha.

    Descomposición imperialista

    Para comprender las fuerzas elementales que se debaten en El Líbano, debemos dimensionar la situación de la región del llamado Medio Oriente en su conjunto. El estallido de la crisis de 2008, de la cual la actual es continuidad pero no de forma lineal, produjo un proceso de lucha de clases en la región por el quiebre de las viejas instituciones estatales, que llevaron a la caída de dictaduras de décadas (Mubarak en Egipto, Ben Alí en Túnez, Gadafi en Libia). Este proceso de luchas fue derrotado y desviado hacia enfrentamientos fratricidas encabezados por direcciones contrarrevolucionarias como el islamismo o el nacionalismo burgués, por un lado, y la intervención abierta del imperialismo y sus agentes, en particular del gendarme israelí, enclave impuesto por el imperialismo para mantener el orden en la región. La derrota de estos procesos no significó una solución de los viejos problemas, todo lo contrario. El imperialismo, en el avance del proceso de su putrefacción estructural, agudizó todas las contradicciones, deteriorando aún más las estructuras de los semi-Estados, que en Medio Oriente en particular son aberrantes construcciones impuestas en el período de entre guerras por componendas entre las viejas metrópolis coloniales: Francia e Inglaterra. La actual etapa de la crisis, agudizada por la pandemia, acelera las tendencias centrífugas que presionan a cada semi-Estado de la región. Y sobre esas tendencias es que podemos entender la influencia de Irán, Turquía y Arabia Saudita, y otros tantos semi-Estados que defienden intereses de sub burguesías que intentan acomodarse ante el tambalear del equilibrio del sistema de Estados y la anarquía económica y social determinada por la descomposición imperialista.
    En particular, la crisis abierta del semi-Estado libanés se tornó en fractura expuesta a partir de una aceleración de la fuga de capitales del sector financiero a mediados de 2019, que condujo a la devaluación de la libra y a una inflación del 60%, aumento del desempleo y del hambre, a partir del encarecimiento de los alimentos básicos como el trigo y el pan. Esta situación social se torna en un cuadro dantesco si le sumamos la cantidad de refugiados palestinos y, más recientemente, provenientes del éxodo sirio provocado por la guerra civil. Luego de la caída de Hariri, el gobierno de Diab decretó el default de la deuda, que alcanza la friolera del 170% del PBI del país. Las negociaciones con el FMI para habilitar uno de sus créditos de rescate, condicionados por las conocidas medidas de ajuste, cruza la situación, hasta la actualidad. Luego del estallido del puerto, Macron también aparece como supuesto benefactor, condicionando a su vez un rescate de donantes de la ONU a una comisión investigadora independiente, es decir, manejada por la ex metrópoli con sede en París, para la reconstrucción. Desde el aspecto militar, el asedio de las fuerzas de defensa israelíes en la frontera son una constante, más después de la guerra de 2006.
    La incapacidad para controlar el puerto y la banca, los dos pilares económicos del país, por parte de la sub-burguesía libanesa, demuestra su grado de parasitismo, y la descomposición absoluta del Estado que dirigen. Las fuerzas centrífugas determinadas por la anarquía capitalista y la descomposición imperialista lo carcomen desde los cimientos. El movimiento obrero debe oponer a esta tendencia a la barbarie el control obrero de las ramas, empezando por la necesaria reconstrucción de la infraestructura. Claramente, esto no es posible sin enfrentar hasta el final las fuerzas del aparato burocrático militar que siguen en pie.

    ¿Una salida “nacional”?

    Sectores de la izquierda, como el Nuevo Mas o el PTS, soslayan estos elementos estructurales que determinan la actual crisis en El Líbano. O sólo consideran las determinantes internacionales desde un punto de vista geopolítico, típicamente el PO. Es innegable que El Líbano está atravesado desde su constitución como Estado burgués por un mosaico de comunidades étnico-religiosas que han llevado a un engendro de régimen político en su cima. El régimen libanés es un acuerdo entre facciones político-religiosas que pretende asegurar un “equilibrio” entre las diferentes direcciones burguesas y pequeño-burguesas: el presidente debe ser cristiano maronita, el primer ministro suní y el presidente de la Asamblea Legislativa un chiíta. Es una ilusión resolver este problema a través de una reforma de tipo constitucional (Asamblea Constituyente), democratizando el régimen a partir de un sistema de voto proporcional “a la francesa”. Aunque parezca contradictoria, fue la Francia de la revolución burguesa y su igualdad ante la ley (igualdad abstracta) la que determinó que el régimen burgués en su ex colonia tuviera esa forma determinada, pero no lo es: la semicolonia no se desarrolló a imagen y semejanza de la metrópoli, sus deformaciones bajo la ley del desarrollo desigual y combinado están determinadas por el desarrollo (descomposición) del sistema imperialista. Y esto sucede con el conjunto de la región. No hay que olvidar que la creación de estos semi-Estados “independientes” y separados en Medio Oriente es un aborto imperialista, coronado en 1948 por la creación de Israel.
    Para acabar con la dominación imperialista en la región, con los mandatos de Francia y demás potencias europeas, de EEUU y el FMI, que negocian sus términos de dominación sobre terreno literalmente arrasado, el programa es el de la destrucción de Israel y la lucha por una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente, como forma estatal de la dictadura del proletariado. Es necesario preparar una dirección obrera a la altura de los procesos que seguramente se profundizarán. Es lo que fundamenta el llamado que desde la COR Argentina y la TRCI venimos haciendo a una Conferencia Internacional de aquellas corrientes que defiendan la dictadura del proletariado, que intente abordar la crisis de dirección revolucionaria al calor de la situación mundial convulsiva.

Please publish modules in offcanvas position.