El 2 de abril el gobierno de Estados Unidos, con Trump a la cabeza, lanzó una guerra arancelaria que de seguro se convertirá en una guerra comercial a nivel mundial. La gran mayoría de los analistas anuncian que esto traerá más inflación y recesión a la economía mundial, que no logra salir de la crisis abierta desde el 2008.
Esta guerra arancelaria es la respuesta decadente de un imperialismo en crisis, que no logró estabilizar su hegemonía con las instituciones creadas en la posguerra, ni pudo asimilar a los ex Estados obreros al sistema de Estados capitalistas. Esto llevó a que todas las contradicciones del sistema capitalista en crisis hicieran eclosión en el corazón mismo de los EE.UU. Podemos decir que estamos en presencia de una política muy aventurera y delirante de ruptura del equilibrio inestable de posguerra. Es decir, que estamos presenciando una transición a una nueva reconfiguración de los equilibrios en un momento agudo de la crisis capitalista
EE.UU. expresa de forma visible la descomposición más general del sistema capitalista y sus formas de dominación, que entraron en crisis en el 2008 y se agudizaron con la pandemia. El imperialismo yanki no puede resolver su pérdida de liderazgo mundial con su política guerrerista y ahora comercial. Debe recurrir a un nacionalismo económico reaccionario para intentar recrear un crecimiento industrial que le permita eliminar competidores, centralmente europeos, para concentrarse en frenar el avance de China. Para eso debe no sólo rediscutir la exportación de capitales, sino la reindustrialización de su propio país y recuperar una base de aristocracia obrera garante de sus planes imperialistas. Este proyecto de Trump implica también conflictos domésticos, ya que este “barajar y dar de nuevo” también implicará luchas intestinas entre fracciones burguesas (industriales, tecnológicas) y procesos de lucha de clases. En la cabeza de Trump y sus asesores el plan es perfecto, en la realidad es delirante. Los procesos históricos y la lucha de clases no pasaron en vano y esta idea, que se quiso implementar en los orígenes de la creación del imperialismo norteamericano, fracasó y, hoy, en su decadencia es más complicado que triunfe.
Lo que debemos tener en cuenta es que el imperialismo es reacción en toda la línea y es necesario enfrentar este ataque, porque va a significar un rediseño de la relación capital-trabajo. Eso se traduce en mayor explotación de la fuerza de trabajo y caída en las condiciones de vida, con la intención de llevarnos a una guerra y establecer una nueva relación de fuerzas entre las clases a nivel mundial.
Por eso es central recuperar el internacionalismo proletario y no caer en las políticas de los Estados y sus burguesías, que con el verso de que debemos enfrentar al imperialismo norteamericano y su política de aranceles, intentarán bajar aún más nuestras condiciones de vida para, supuestamente, poder competir.
En este contexto internacional, los trabajadores de EE.UU. tienen la palabra. Deben enfrentar al verdugo que está en la Casa Blanca, recuperar los sindicatos de manos de la burocracia sindical y la aristocracia obrera históricamente ligada al Partido Demócrata y ganar sectores del proletariado para una política internacionalista y de unidad de ramas productivas en los distintos países donde ha penetrado el capital imperialista.
Ante la debacle del Reino Unido, la Unión Europea y el Estado de bienestar, los gobiernos de esos Estados están queriendo llevar a los trabajadores a otra guerra. La respuesta obrera debe ser abrir procesos revolucionarios que enfrenten a los gobiernos imperialistas que nos pusieron en esta situación.
Tenemos que frenar las políticas guerreristas del imperialismo en todo el mundo: para que en Medio Oriente triunfe la resistencia palestina y destruya al enclave israelí y todas las direcciones contrarrevolucionarias; para que el proletariado ucraniano y ruso enfrenten a sus gobiernos y desarrollen una guerra revolucionaria para derrotar el proceso de asimilación en curso; para que el proletariado chino sea parte de las luchas del proletariado mundial y enfrente el proceso de asimilación del ex Estado obrero en la perspectiva de ser parte de la vanguardia obrera que prepare los requisitos para la reconstrucción de la IV Internacional y sus secciones nacionales.
Para los trabajadores argentinos, la tarea es tirar de forma revolucionaria a Milei, por eso tenemos que impulsar con todo la movilización con los jubilados el 9/4 y el paro general del 10/4, que la propia burocracia que lo convocó está ahora tratando de boicotear, e impulsar un plan de lucha para, de esa forma, romper el pacto con el FMI y el imperialismo norteamericano. Y que esto aporte para comenzar un proceso antimperialista en América Latina que barra con los gobiernos bonapartistas sui generis y abra camino, mediante la revolución obrera y socialista, a la Federación de Repúblicas Socialistas de América.