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Nueva ofensiva colonialista del sionismo

Jueves, 13 Mayo 2021 10:14

Todo el apoyo a la lucha palestina

Los bombardeos sionistas sobre la Franja de Gaza lanzados por Netanyahu y las IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes) el martes 11 y miércoles 12 de mayo son el más reciente acto de una escalada en la ofensiva sionista por despojar definitivamente a los palestinos de su derecho a autodeterminación nacional. Para el imperialismo e Israel, lo sorprendente fue la capacidad de Hamas de responder a las provocaciones con sendos ataques sobre Jerusalem y Tel Aviv, cosa que hace años no sucedía. El lanzamiento de cohetes cuya capacidad ofensiva es ínfima comparada con el poder de fuego de la fuerza aérea israelí, lejos de lo que pinta la propaganda sionista, es simplemente una respuesta a la nueva ofensiva colonialista del sionismo.

Causas inmediatas

Los elementos de la coyuntura que encendieron los enfrentamientos están relacionados a una serie de provocaciones montadas por la entidad israelí y por movimientos de la ultraderecha sionista. El día lunes 10/5, la corte suprema de Israel debía fallar en un juicio de desalojo de habitantes palestinos de los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan, en Jerusalén Oriental. Finalmente la corte no emitió su fallo ese día, pero ese hecho hizo girar en torno a sí la metáfora del despojo de un pueblo de su territorio, sorpredentemente incitando a movilizaciones de festejo ya que todos los 10 de mayo el sionismo “celebra” su ocupación de Jerusalén Oriental en la llamada guerra de los 6 días de 1967. Este año, la movilización fue organizada por la ultraderecha, y pretendía pasar de forma intimidatoria no sólo por los barrios palestinos de la ciudad, sino también ultrajar los templos religiosos musulmanes. Las fuerzas de seguridad del sionismo, por su parte, ejercían presión sobre la población palestina restringiendo la posibilidad de reunión en torno a los templos, especialmente la Mezquita de Al-Aqsa, con el argumento de las medidas sanitarias anti-COVID. Por supuesto, mientras declaman que la población israelí ya alcanzó la inmunidad de rebaño gracias a la vacunación masiva sostenida por los sionistas y el imperialismo, podemos preguntarnos… ¿cuántos palestinos habrán recibido la vacuna? Otra metáfora más de este sistema podrido. Sin embargo, las provocaciones no quedaron sin respuesta: los palestinos enfrentaron a las fuerzas de seguridad en la ciudad vieja de Jerusalén, la marcha ultraderechista tuvo que ser desviada por las autoridades, y frente a la represión de las manifestaciones palestinas, los grupos armados Hamas y Yihad Islámica iniciaron el ataque con cohetes sobre Jerusalén, el que continuó al día siguiente sobre la capital económica, la “inexpugnable” Tel Aviv, poniendo a prueba el escudo anti-proyectiles “cúpula de hierro” israelí.
A partir del lanzamiento de los cohetes, las IDF avanzaron y recrudecieron sus bombardeos sobre la Franja de Gaza, registrándose también enfrentamientos en Cisjordania (margen occidental del río Jordán) y, otra novedad, choques dentro de la propia Israel en ciudades con población árabe numerosa como Lod. Con el correr del tiempo, las manifestaciones en apoyo a los palestinos se han expandido a otras ciudades del mundo árabe, como Amman (Jordania) y Beirut (Líbano), e incluso a Londres, Chicago y otras ciudades europeas y de EEUU. Al momento de escribir esta nota, continúan los bombardeos israelíes y el lanzamiento de cohetes por el lado palestino, con un saldo de al menos 65 palestinos, entre ellos 14 niños, y 7 israelíes muertos (El País, 12/5) y cientos de heridos.
Para completar el cuadro, también hay que tener en cuenta sendas crisis políticas que atraviesan tanto a Israel como a la AP. Israel viene de 4 elecciones fallidas, que no han logrado hasta el momento el establecimiento de una mayoría de gobierno en su sistema parlamentario, aunque han registrado el corrimiento hacia la derecha y extrema derecha de las posibles coaliciones, presionando al gobierno a una línea dura, cada vez más propensa a completar la limpieza étnica. En tanto, Abás del movimiento Fatá, actual presidente “virtual” de una AP sin control territorial, decidió posponer las elecciones de la AP, lo que desató una crisis con Hamas, que controla la Franja de Gaza y según los cálculos estaría en posición ganar esas elecciones.

Guerra en territorio palestino

Es necesario recordar que antes de la ocupación sionista, comenzada antes de la creación de Israel, el territorio donde hoy se asienta el enclave sionista y los territorios palestinos semi-ocupados era la Palestina histórica. Luego de la partición, como literalmente fue denominada por la ONU, Israel no sólo desalojó a los habitantes palestinos que poblaban su “mitad”, sino que se ha dedicado a anexionar el resto del territorio. En la guerra de 1967, invadió Jerusalén Oriental, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con los Altos del Golán (Siria) y el Sinaí (Egipto). Luego de los diferentes acuerdos de paz, de Camp David a Oslo, el proyecto del imperialismo yanqui fue intentar negociar un statu quo creando una fantasmagórica Autoridad Palestina (AP) para regir, bajo tutela de Israel, lo que sería un futuro Estado Palestino en los primeros 3 territorios. Hay que notar que la Franja de Gaza, por una lado, y Cisjordania y Jerusalén Oriental, por el otro, no tienen continuidad territorial alguna: el territorio Israelí los separa. Este fraude de plan, que adquirió más tarde el nombre de hoja de ruta, ni siquiera se llevó adelante, con el ala dura del sionismo avanzando en la colonización de Cisjordania y Jerusalén Oriental a través del movimiento de los colonos y el establecimiento de puestos de control. Hoy, 220.000 colonos sionistas han establecido residencia en la “parte palestina” de Jerusalén, reclamando el derecho a “retornar” a las tierras previas a la partición, derecho que niegan a los palestinos no sólo de los territorios semi-ocupados, sino de los campos de refugiados de los países árabes y que emigraron al resto del mundo.
Bajo el gobierno de Donald Trump, Netanyahu e Israel lograron un avance importante que fue el reconocimiento de Jerusalén como capital indivisible, estableciendo EEUU su embajada en la ciudad. Esto cambió el estatus y mostró un vuelco aún más abierto del imperialismo a favor del sionismo y bloqueó cualquier intento de negociar algún tipo de acuerdo de una paz. Esta línea fue seguida por varios países árabes, como Marruecos y varios estados del Golfo Pérsico, y también tuvo un apoyo importante en la dictadura del general Al-Sisi en Egipto, que selló la frontera occidental a la Franja de Gaza, único territorio palestino donde las fuerzas de seguridad israelíes no tienen control, aunque se trata de una verdadera cárcel a cielo abierto asediada por los aviones sionistas, que hoy descargan sus bombas sobre la población.
Hoy, existe una gran incógnita en relación al plan de Joe Biden para la región. Si bien discursivamente se ha mostrado proclive a un mayor balance para intentar retomar las negociaciones, el actual conflicto es una prueba de fuego para probar su capacidad de disciplinar al ala extrema sionista y a la vez intentar liquidar a través de negociaciones las aspiraciones de liberación nacional palestinas bajo la tutela imperialista permanente de la AP o cualquier otro artefacto que sirva a esos fines. El resquebrajamiento de las instituciones de posguerra, que de hecho crearon a Israel (ONU), es el problema estructural que enfrenta para dar cualquier salida al problema.

Por la derrota de Israel

El proletariado  de todo el mundo y su vanguardia debe tener claro que no se trata de un enfrentamiento “de siglos” (el sionismo comenzó a colonizar Palestina a principios del Siglo XX e Israel fue creado en 1948) entre dos pueblos sino de una lucha entre una nación oprimida y el establecimiento de un enclave imperialista en el corazón de Medio Oriente para controlar sus intereses estratégicos y el petroleo. El sionismo es una ideología y un movimiento reaccionarios, que postularon una salida para el pueblo judío, perseguido durante siglos, basada en la colonización de un territorio habitado por otro pueblo y para defender los intereses del imperialismo. Por eso, decimos que Israel ni siquiera es un Estado burgués propiamente dicho, sino un engendro imperialista creado en el momento de su mayor descomposición. Los revolucionarios y la vanguardia de la clase obrera debemos intervenir en este conflicto del lado de los palestinos, con acciones que afecten al imperialismo y su maquinaria militar en la producción, como el paro en las industrias imperialistas y el bloqueo de los transportes destinados o provenientes de Israel. Debemos sostener todas las movilizaciones por el fin de los bombardeos israelíes, por el fin del bloqueo de Gaza y por la retirada de los controles y colonias de Jerusalén y Cisjordania. Los trabajadores de los países de la región, en primer lugar sus batallones centrales de la rama petrolera, tienen la llave para avanzar en la expulsión del imperialismo de Siria, Irak, Libia y, por supuesto, Palestina, luchando contra los gobiernos burgueses árabes que son cómplices y socios del imperialismo. Tienen un gran aliado en, y deben buscar el apoyo de, el movimiento obrero de Europa y EEUU, que sufren los ataques del imperialismo para descargar su crisis y los costos de la pandemia.

¡Por la destrucción del Estado de Israel!

¡Por una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente y el Magreb!

Artículos Relacionados en Palestina Israel Medio Oriente Lucha antiimperialista

  • El riesgo Trump

     

    Después del discurso de Milei en la apertura de las sesiones del Congreso quedó muy claro que el destino de su gobierno está atado al de su amo yanqui. En este escenario está claro cuáles son las tareas de los revolucionarios: preparar las condiciones para derrotar a este gobierno que nos está llevando a ser furgón de cola de una guerra que no es nuestra. Para que no seamos nosotros los que paguemos la crisis de un sistema capitalista que se cae a pedazos debemos destruir al semi Estado burgués.

    Esta ofensiva del imperialismo, con su política guerrerista, desnudó aun más la debacle histórica de los nacionalismos burgueses latinoamericanos. Son los Delcy Rodríguez de la vida que se subordinan al imperialismo para no desaparecer del proceso histórico. En Argentina, el peronismo en decadencia no mueve un dedo en contra del imperialismo porque todavía tiene aspiraciones de proponerse como recambio burgués ante el fracaso de Milei, es decir, como nuevo garante de la explotación de los trabajadores y la explotación de recursos. Por eso es central recuperar las tareas antimperialistas y enfrentar no solo a los capitales extranjeros sino también a los capitalistas nacionales, que por miles de vasos comunicantes están aliados a los grandes capitales.

    Tenemos que enfrentar al imperialismo y sus aliados como Milei, confiando en nuestras propias fuerzas y desarrollando un programa y métodos de nuestra clase.

    Las condiciones para derrotar a este gobierno se siguen desarrollando de forma embrionaria en las luchas en las calles, en los lugares de trabajo, en la ocupación de FATE, en el parazo general contra la reforma laboral, en los paros de los docentes y en tantas peleas que tenemos que unificar en un Congreso de delegados con mandato de base para votar un plan de lucha y sobrepasar a la burocracia sindical, que despertó de la lucha y nos quiere llevar a confiar en la justicia y en un lejano 2027.

    Tenemos que mocionar imponer un paro general activo para el 9 de marzo contra la guerra imperialista, en honor al día internacional de la mujer trabajadora, por el triunfo de Fate, contra la reforma laboral.

    Al “riesgo Trump” lo enfrentamos derrotando a Milei y uniendo nuestra lucha con las que se están dando en EE. UU. contra las políticas reaccionarias del gobierno trumpista.

     

     

  • ¡Abajo la agresión imperialista a Irán! Derrotemos al imperialismo

    Publicado en TRCI

    ¡Abajo la agresión imperialista a Irán! Derrotemos al imperialismo

    Por una federación socialista de Medio Oriente y el Magreb

    El sábado 28/2 por la mañana, EE. UU. en alianza con Israel desplegaron un ataque militar a Irán, en el que lograron asesinar al Ayatola Khamenei y a gran parte de los máximos funcionarios del régimen teocrático iraní. Este ataque se dio en medio de negociaciones con Irán para buscar una mayor sumisión a las políticas imperialistas para la región. Esta incursión militar se inscribe dentro de una política guerrerista del imperialismo, que busca recuperarse ante su crisis de hegemonía y el ascenso de China. Podríamos nombrar la agresión militar a Venezuela y la detención de Maduro, el inminente ataque a Cuba, la continuidad del genocidio en Gaza para demostrar que estamos ante una política militar imperialista que intenta recrear un nuevo equilibrio mundial ante la ruptura del equilibrio inestable de posguerra.

    EE. UU. está instando a la población iraní a que tome el control del gobierno, después de que las revueltas recientes fueron derrotadas a sangre y fuego por el gobierno iraní, buscando que esos levantamientos que se produjeron por una crisis social y económica encuentren un aliado en el imperialismo para que no avancen a procesos más agudos de lucha de clases. El gobierno iraní ha formado una Junta provisional, ante el asesinato de Khamenei, en una extrema debilidad y sólo reaccionando a la agresión con ataques parciales a Israel y bases militares de EE. UU. en la región. Nosotros no damos ningún apoyo al gobierno iraní, pero enfrentamos la agresión imperialista, ya que nada bueno puede venir de la mano de EE. UU. y su aliado Israel. Como dice la máxima de Lenin: el imperialismo es reacción en toda línea.

    En el trasfondo de este ataque del imperialismo no sólo está la intención de reconfigurar la relación de fuerzas en la región, sino también de seguir con el asedio a China, que es uno de los máximos compradores de petróleo a Irán. Pero en esta política se puede apreciar la debilidad del imperialismo, que debe apelar a su poderío militar ante el nivel de crisis y decadencia en el que se encuentra.

    En medio de la ruptura del equilibrio inestable, estamos asistiendo a una decadencia de la fase imperialista, con la descomposición de sus instituciones y sus formas de dominación. Es una tarea central del proletariado mundial, organizarnos para derrotar al imperialismo con los métodos y el programa de nuestra clase. El proletariado estadounidense y europeo, en particular, están llamados a cumplir un rol principal. Incipientes acciones de masas, como las huelgas generales en Italia y las huelgas y bloqueos portuarios del Mediterráneo contra la agresión sionista y su maquinaria de guerra contra el pueblo palestino, marcan el camino. Debemos frenar las masacres a la que está sometiendo a los pueblos en todo el planeta, buscar revertir los procesos de asimilación en los ex Estados obreros y avanzar en desarrollar procesos revolucionarios en todos los países. Como decimos los revolucionarios, el motor de la historia es la lucha de clases y las leyes de la historia siguen siendo más fuertes que las leyes de los aparatos contrarrevolucionarios.

    ¡Abajo la agresión imperialista a Irán!

    Fuera Yanquis de Medio Oriente y América Latina

    Destrucción del enclave de Israel

    Por una federación de repúblicas socialistas de Medio Oriente y el Magreb

     

     

  • ¡Liberación inmediata de los activistas del Global Sumud Flotilla capturados por el enclave imperialista de Israel!

    Hagamos una gran campaña con acciones y movilizaciones, como se están haciendo en todo el mundo, para la liberación de los detenidos y para derrotar al imperialismo y su enclave en Medio Oriente.

    Detengamos el genocidio con las fuerzas de nuestra clase

    El 2 de octubre la flotilla que viajaba con ayuda humanitaria para Gaza fue interceptada por el ejército israelí y fueron detenidos todos los tripulantes, activistas y dirigentes políticos de distintos puntos de planeta que eran parte de la solidaridad internacional de un movimiento de masas que pelea en contra del genocidio de los palestinos.

    Esta acción de llevar ayuda humanitaria se suma a las manifestaciones en las principales ciudades del mundo contra el genocidio, donde se han intensificado las acciones contra las empresas de armamentos y el envío de cargamentos militares. Un rol destacado lo vienen jugando los portuarios. Durante el último mes los portuarios del mediterráneo han bloqueado el transporte de armamentos en Fos-sur-Mer (Francia), en Génova (Italia) y en El Pireo (Grecia), que se suman a otras acciones de portuarios en Alemania, Suecia, Chile, Sudáfrica, etc. Estas luchas coinciden con peleas reivindicativas y procesos de organización sindical y accionan contra la voluntad de las burocracias sindicales. En los últimos días ha irrumpido el proletariado italiano con dos huelgas generales que paralizaron en país en defensa del pueblo palestino.

    Una pequeña muestra de que la clase obrera internacional es la fuerza capaz detener el genocidio. Se vuelve urgente la construcción de una dirección revolucionaria internacional, que oriente nuestras fuerzas hacia la destrucción del enclave israelí, el enfrentamiento con las burguesías regionales y la lucha por una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente y el Magreb.

    En Argentina tenemos que imponer una huelga general para derrotar a Milei, aliado de Trump y Netanyahu, sumándonos al proletariado mundial que comienza a cuestionar la política guerrerista del imperialismo y a enfrentar a sus gobiernos de turno que nos están llevando a una nueva guerra.

  • Trump y el delirio imperialista

    El 2 de abril el gobierno de Estados Unidos, con Trump a la cabeza, lanzó una guerra arancelaria que de seguro se convertirá en una guerra comercial a nivel mundial. La gran mayoría de los analistas anuncian que esto traerá más inflación y recesión a la economía mundial, que no logra salir de la crisis abierta desde el 2008.

    Esta guerra arancelaria es la respuesta decadente de un imperialismo en crisis, que no logró estabilizar su hegemonía con las instituciones creadas en la posguerra, ni pudo asimilar a los ex Estados obreros al sistema de Estados capitalistas. Esto llevó a que todas las contradicciones del sistema capitalista en crisis hicieran eclosión en el corazón mismo de los EE.UU. Podemos decir que estamos en presencia de una política muy aventurera y delirante de ruptura del equilibrio inestable de posguerra. Es decir, que estamos presenciando una transición a una nueva reconfiguración de los equilibrios en un momento agudo de la crisis capitalista

    EE.UU. expresa de forma visible la descomposición más general del sistema capitalista y sus formas de dominación, que entraron en crisis en el 2008 y se agudizaron con la pandemia. El imperialismo yanki no puede resolver su pérdida de liderazgo mundial con su política guerrerista y ahora comercial. Debe recurrir a un nacionalismo económico reaccionario para intentar recrear un crecimiento industrial que le permita eliminar competidores, centralmente europeos, para concentrarse en frenar el avance de China. Para eso debe no sólo rediscutir la exportación de capitales, sino la reindustrialización de su propio país y recuperar una base de aristocracia obrera garante de sus planes imperialistas. Este proyecto de Trump implica también conflictos domésticos, ya que este “barajar y dar de nuevo” también implicará luchas intestinas entre fracciones burguesas (industriales, tecnológicas) y procesos de lucha de clases. En la cabeza de Trump y sus asesores el plan es perfecto, en la realidad es delirante. Los procesos históricos y la lucha de clases no pasaron en vano y esta idea, que se quiso implementar en los orígenes de la creación del imperialismo norteamericano, fracasó y, hoy, en su decadencia es más complicado que triunfe.

    Lo que debemos tener en cuenta es que el imperialismo es reacción en toda la línea y es necesario enfrentar este ataque, porque va a significar un rediseño de la relación capital-trabajo. Eso se traduce en mayor explotación de la fuerza de trabajo y caída en las condiciones de vida, con la intención de llevarnos a una guerra y establecer una nueva relación de fuerzas entre las clases a nivel mundial.

    Por eso es central recuperar el internacionalismo proletario y no caer en las políticas de los Estados y sus burguesías, que con el verso de que debemos enfrentar al imperialismo norteamericano y su política de aranceles, intentarán bajar aún más nuestras condiciones de vida para, supuestamente, poder competir.

    En este contexto internacional, los trabajadores de EE.UU. tienen la palabra. Deben enfrentar al verdugo que está en la Casa Blanca, recuperar los sindicatos de manos de la burocracia sindical y la aristocracia obrera históricamente ligada al Partido Demócrata y ganar sectores del proletariado para una política internacionalista y de unidad de ramas productivas en los distintos países donde ha penetrado el capital imperialista.

    Ante la debacle del Reino Unido, la Unión Europea y el Estado de bienestar, los gobiernos de esos Estados están queriendo llevar a los trabajadores a otra guerra. La respuesta obrera debe ser abrir procesos revolucionarios que enfrenten a los gobiernos imperialistas que nos pusieron en esta situación.

    Tenemos que frenar las políticas guerreristas del imperialismo en todo el mundo: para que en Medio Oriente triunfe la resistencia palestina y destruya al enclave israelí y todas las direcciones contrarrevolucionarias; para que el proletariado ucraniano y ruso enfrenten a sus gobiernos y desarrollen una guerra revolucionaria para derrotar el proceso de asimilación en curso; para que el proletariado chino sea parte de las luchas del proletariado mundial y enfrente el proceso de asimilación del ex Estado obrero en la perspectiva de ser parte de la vanguardia obrera que prepare los requisitos para la reconstrucción de la IV Internacional y sus secciones nacionales.

    Para los trabajadores argentinos, la tarea es tirar de forma revolucionaria a Milei, por eso tenemos que impulsar con todo la movilización con los jubilados el 9/4 y el paro general del 10/4, que la propia burocracia que lo convocó está ahora tratando de boicotear, e impulsar un plan de lucha para, de esa forma, romper el pacto con el FMI y el imperialismo norteamericano. Y que esto aporte para comenzar un proceso antimperialista en América Latina que barra con los gobiernos bonapartistas sui generis y abra camino, mediante la revolución obrera y socialista, a la Federación de Repúblicas Socialistas de América.

     

     

     

     

  • Gaza para los palestinos, el imperialismo… al basurero de la historia

        Una ola de críticas sacude el mundo luego de las declaraciones de Donald Trump del 4/2, en las que propuso que EEUU se “haga cargo” de la Franja de Gaza. Esta “iniciativa” implicaría, lo dejó claro, la expulsión de ese territorio de los palestinos que vienen de enfrentar más de un año de bombardeos y asedio por parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes. El imperialismo propone la limpieza étnica definitiva como “solución final” a la guerra genocida de su enclave israelí contra los palestinos, hoy en pausa a partir de una tregua impuesta a los sionistas por la resistencia.
        No es casual que esta propuesta nefasta, una muestra más de la barbarie que el sistema capitalista en descomposición ofrece a la humanidad, fuera vertida en la 1º recepción internacional de Trump luego de asumir como presidente por segunda vez. El honrado era justamente Benjamín Netanyahu, el primer ministro del ente de ocupación. Trump sale así al rescate del gobierno sionista, que tambalea al no encontrar salida no sólo al actual conflicto, sino a una crisis de magnitud histórica dado que Israel es producto de una institucionalidad imperialista propia del equilibrio de posguerra, que hoy cruje por todos lados. Trump propone, retomando la línea de su 1º presidencia, arrasar con toda esa vieja institucionalidad, y su propuesta para la Franja de Gaza, aún con lo poco viable que la podamos considerar, viene a poner en primer lugar la defensa yanqui a Israel como una premisa fundamental del pretendido nuevo orden mundial.
        Los hipócritas imperialistas que dirigen los gobiernos europeos, así como los cipayos de todo color en Medio Oriente y el resto del globo, salen a defender el derecho internacional, se rasgan las vestiduras contra la afrenta a los derechos humanos que implican las declaraciones de Trump, gritan la necesidad de mantener las instituciones del sistema de las Naciones Unidas, que pintan como garantes de la paz pero son, por el contrario, las instituciones que han permitido la reciente masacre en Gaza, la continuidad de la guerra en Ucrania, las limpiezas étnicas en África y Asia y todas las tropelías de las potencias imperialistas en los últimos años. Gobiernos como el del laborista británico Christy Cooney o el príncipe heredero Mohammed bin Salman, así como la ONU y los gobiernos de la UE, son cómplices de la expulsión del pueblo palestino de su tierra que se dirige a cumplir 80 años, así como del genocidio en curso, hoy sólo en pausa. Los señores demócratas, liberales y conservadores, defensores de la institucionalidad capitalista no tienen nada que ofrecer al proletariado y los pueblos oprimidos, más que una versión (en apariencia) un poquito menos brutal de la barbarie que sirven hoy a la mesa Trump y su gobierno de multimillonarios. Una versión que no deja de encuadrarse en la preparación militarista de los dirigentes burgueses del capitalismo en descomposición, que anuncia la propia presidenta de la comisión europea von der Leyen al solicitar la relajación de las reglas fiscales y de endeudamiento de la UE para aumentar los presupuestos de defensa; ni deja de regirse por el único eje claro que tiene el imperialismo, que es la necesidad de modificar la relación capital-trabajo a su favor, atacando a nuestra clase, tal como vienen aplicando en Polonia, Ucrania y demás países.  
        Como planteamos oportunamente, Trump sigue la idea de recuperar el liderazgo perdido en los últimos años y, en base a una política agresiva a nivel económico y poderío militar, se pone como objetivo recuperar la influencia perdida, especialmente ante China, en distintas regiones para intentar imponer una nueva hoja de ruta –en su decadencia- para la situación mundial. Sus primeras medidas han mostrado los límites de la maquinaria productiva y financiera yanqui, amenazando con una guerra de aranceles contra México y Canadá que tuvo que meter 30 días en el freezer por la resistencia de la propia burguesía imperialista que teme que semejantes medidas terminen por agrietar aún más la ya de por sí alicaída salud de la economía norteamericana. Sin embargo, tanto el gobierno de Trudeau, en vías de salida, como el gobierno mexicano de Sheinbaum debieron subordinarse y ceder al pedido de militarizar las fronteras de sus países. Sheinbaum muestra que Trump cuenta no sólo con Milei, Bukele y otros presidentes lamebotas en América Latina; también se ofrecen los servicios de un progresismo decadente, dispuesto a desplegar 10 mil tropas contra su propio pueblo para satisfacer al amo imperialista.

    Unidad internacionalista contra el imperialismo

        Las reacciones de cólera y el enfrentamiento a la agresividad imperialista expresada por Trump ya se ha visto reflejada en las manifestaciones contras las deportaciones en el propio EEUU. Podemos esperar que la juventud retome allí, así como en Europa, la lucha en favor del pueblo palestino. Esas manifestaciones antiimperialistas son un toque de alarma para la clase obrera organizada y su vanguardia, que ha protagonizado acciones de solidaridad muy importantes, pero no ha logrado ponerse a la cabeza de estas expresiones de lucha. El proletariado tienen la capacidad de enfrentar al capitalismo en su base, imponiendo la paralización de la producción y su control para dejar en el aire a los burgueses y detonar las bases de sus Estados. Luchando contra la asimilación capitalista de los ex estados obreros y los gobiernos bonapartistas de Rusia y China que pretenden disputar la dirección del proceso de restauración al imperialismo, con toda la regresión social que eso implica. Peleando por la destrucción de Israel, ente de ocupación sionista en Medio Oriente, y contra todos los gobiernos burgueses de la región (árabes, túrquicos y el gobierno iraní) cómplices de la masacre contra el pueblo palestino, luchando por la Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente como forma política de la dictadura del proletariado. Para la consecución de todas esas enormes tareas que tenemos por delante, es necesario encarar la labor de saldar la crisis de dirección revolucionaria del proletariado, que muestra una vez más ser la crisis de la humanidad. A cada paso, la situación da nuevos elementos para impulsar de forma urgente el llamado a una Conferencia Internacional por la reconstrucción de la IV Internacional y sus secciones nacionales.

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