
Ayer el gobierno de Milei logró media sanción en el Senado de la “ley de inviolabilidad de la propiedad privada”. Antes de la sesión, se había visto obligado a modificar el proyecto eliminando el artículo 3, sobre la venta de tierras a extranjeros, y durante el debate tuvo que bajar el articulado de la “ley de manejo de fuego”. De esta manera, si bien se consiguió la media sanción, el proyecto original quedó mutilado y dejó un olor a derrota.
En las inmediaciones del Congreso y en varios lugares del país hubo concentraciones masivas, en contra de esta ley. En la capital federal el gobierno lanzó una gran represión para liberar la plaza antes que llegara la noche y se encontró con horas de resistencia.
La persistente resistencia en la calle durante los años de gobierno de Milei demuestra la disposición de las masas a la lucha y la tendencia a la radicalidad. Ésta se denota no solo en las acciones, sino en las lecciones que se van procesando de cada lucha, que condensa una experiencia de años con la democracia burguesa decadente y, en este caso, lumpen.
Pero la calle siempre tiene un límite, porque las relaciones de fuerza se miden en las estructuras productivas, donde la burguesía ejerce la dictadura del capital. Las formas democráticas expresadas en las instituciones que conforman el semi Estado burgués son su instrumento de dominación.
Por eso, es central que este proceso de enfrentamiento a la política del imperialismo, el gobierno y los cómplices que sostienen al régimen (como el peronismo y burocracia sindical) se exprese en los lugares de trabajo, en las fábricas, en las grandes concentraciones obreras, en las escuelas, etc. para mostrar el poder de nuestra clase.
No podemos permitir que el peronismo se reconstruya, cuando fue éste el que entregó las tierras a capitales nacionales y extranjeros, el que firmó acuerdos de venta hidrocarburos con Chevron, o acuerdos en la agroindustria con Monsanto, acentuando aún más nuestra condición de semicolonia. Hoy pretenden desviar la lucha a las elecciones del 2027 y gritan junto a la burocracia sindical, que entregó la lucha contra la reforma laboral, contra la baja en los salarios y los despidos que “la patria no se vende”.
En este momento de debilidad del gobierno, que pretende no solo pauperizar nuestras condiciones de vida y explotación, sino alinearnos en la política guerrerista de Trump y su socio del enclave de Israel, tenemos que abrir una tendencia revolucionaria que reorganice al movimiento obrero sobre nuevas bases. Debemos recuperar los sindicatos, echar a los delegados vendidos y votar nuevos, romper todo lazo de nuestras organizaciones con el Estado burgués y desarrollar la democracia obrera para discutir los pasos a seguir en la lucha por el poder. En este camino debemos propagandizar un programa transicional que parta por la necesidad del control obrero de las ramas de la economía ante el desorden burgués, escala móvil de horas y salarios para organizar las fuerzas de trabajo, confiando en nuestras propias fuerzas. Tenemos que cuestionar con todas nuestras fuerzas la propiedad privada de los medios de producción.
Los paros contundentes de los docentes a principio de agosto, el conflicto que paralizó los puertos, la lucha en contra de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, deben ser parte del desarrollo de un proceso más extendido en la perspectiva de preparar un paro general activo, que haga realidad la idea de la huelga general.
¡Abajo Milei!
Por un congreso de delegados de base con mandato.
Paro activo cuando se vote la ley en diputados.
Por un gobierno obrero. Por la revolución obrera y socialista.