viernes 4 septiembre , 2026 | 02:31

Despedida a Zulema

2 septiembre, 2026

Pronto se cumplirá un año que tuve que llevar a cabo la tarea más difícil de mi vida, que fue despedir a quien fuera mi compañera por más de 50 años.

El 10 de septiembre se cumple un año de su partida, recordar a la compañera Zulema no es un ejercicio de luto pasivo ni de resignación. En la política burguesa o en la tradición religiosa, la muerte se aborda desde el luto, la resignación o el descanso eterno ("Q.E.P.D.").

En la tradición de la clase trabajadora, en la tradición socialista y trotskista, por el contrario, la muerte de una luchadora no representa un final, sino una siembra. Decir que a un año de su partida se recuerda su "siembra revolucionaria" significa que la semilla de la revolución socialista que ella cuidó toda su vida, no se pierde con su partida física, todo lo contrario, significa que la entrega de una vida entera cuyos principios, luchas y enseñanzas quedan depositados como semilla en la tierra fértil de la clase obrera y en las nuevas generaciones para germinar en el futuro.

Todo lo que Zulema hizo desde sus comienzos como militante, su participación en tomas de fábrica hasta la formación teórica y política, florecerán en cada persona que retoma la tarea de transformar la sociedad.

Zulema como una militante revolucionaria no luchó para cosechar un éxito inmediato personal, ni para figurar en la historia individualmente. Luchó para abonar el terreno histórico donde las futuras generaciones de trabajadores logren liberarse de la opresión.
Zulema no solo fue mi compañera, madre, abuela, hermana y amiga; fue, sobre todas las cosas, una trabajadora, una militante revolucionaria e internacionalista. Formada en el seno de una familia obrera (hija de un padre ferroviario, honesto y gran lector, y de una madre profundamente solidaria con propios y ajenos), Zulema abrazó desde muy joven una sensibilidad colectiva que orientó toda su vida.

En la escuela secundaria, ligada inicialmente a los curas tercermundistas y activa en las luchas estudiantiles de su colegio, fue atraída por el programa del PST tras comprender que la clase obrera debía gobernar. En ese entonces era disputada por la Juventud del PRT y del PST.

En los primeros días de agosto de 1973, la Juventud del PST participa en un Plenario Obrero y Zulema, que ya había dejado de ser simpatizante, estaba ahí. Al Plenario estaban invitados delegados de la fábrica Tampieri (alimentación) de la Ciudad de San Francisco y que venían de realizar lo que se conoció como “El Tampierazo”, una pueblada donde hubo detenidos, heridos y muertos. Finalizado el Plenario, y junto a los delegados de Tampieri, marchamos por el centro de Córdoba hasta la sede del diario La Voz del Interior, donde fuimos recibidos a los tiros por matones del Sindicato de la Alimentación.

Así comenzó, ésta hija del Cordobazo, su vida como militante revolucionaria. Así fue su bautismo de fuego:  una escuela de formación acelerada en el combate contra el capital y sus agentes dentro de la clase obrera.

Zulema estudiaba, trabajaba y militaba. Responsable, seria, solidaria y sumamente sensible, sentía y asumía como propios los golpes y penurias que sufría la clase trabajadora. Así, tempranamente entendió que vivía en una sociedad que, más allá de las formas de dominio que adquiriera, no era otra cosa que la dictadura del capital. Consciente de esto tomaba siempre sus recaudos, cuidándose y cuidando a sus compañeros de trabajo o cuando iba a militar sobre alguna fábrica.

Participaba entusiasta, activa y orgullosa de las luchas obreras. Fue así como siempre recordaba cuando en las calles de la ciudad se tomaban colectivos y los obligaban a desviarse para ir a apoyar a los obreros del SITRAC-SITRAM que habían tomado la Fiat mientras la policía y el ejército rodeaban la fábrica amenazando con la represión y el desalojo.

Por entonces fue elegida para participar, en Bs. As., en una escuela de cuadros del Partido. Zulema luchaba por formarse y construir en nuestro país un partido revolucionario que fuera sección de la IV Internacional y ser un cuadro al servicio de esa estrategia.
Así, mientras militaba, su proceso formativo también atravesó la lucha teórica, política y programática contra el lambertismo y el SU. Fue también un tiempo de mucho estudio.

Esa entrega se puso a prueba en los momentos más oscuros: En octubre de 1974: Es detenida y violentada por la policía y civiles armados durante el allanamiento al local partidario de Córdoba. Allí fue brutalmente golpeada y pisoteada, al igual que otros quince compañeros que allí se encontraban, a los que les saltaban encima y mientras otras compañeras fueron vejadas.

Comenzaba el pase del partido a la semiclandestinidad con organismos y cuadros tabicados. Por entonces, las bandas de civiles armados (AAA) dirigidas por el peronismo, ya habían matado a varios compañeros del Partido. Con seriedad y responsabilidad, garantiza casas de seguridad y el reparto de materiales tabicados para cuidar al Partido y a sus compañeros.

Febrero de 1975: Mudándonos de domicilio cada seis meses, el 20 de febrero de 1975 un grupo de civiles armados ingresan a la casa que habíamos alquilado un mes atrás y donde teníamos guardado parte del archivo del Partido. Nos pusieron en habitaciones separadas, mientras a mí me hacían preguntas que no respondía, a Zulema le hacían simulacros de fusilamiento y no cedía ante los interrogatorios. Solo decíamos que éramos suscriptores al periódico del Partido y que César Robles (asesinado 3 meses atrás) nos había pedido por favor guardar esas cajas.

Nuevamente nos pusimos de pie, sabiendo que (presos con antecedentes en el ‘74 y la “visita” de los fachos en el ’75) cada vez teníamos menos márgenes de maniobra. Esta nueva situación nos obliga a estrechar las medidas de seguridad.

Marzo de 1976: El golpe del ´76 nos encuentra preparándonos para ir a piquetear el periódico y volantear a la planta de la fábrica Renault, llamando a la movilización para frenar el golpe.

Así, en solo tres años, Zulema se convirtió en una abnegada, valiente y responsable luchadora contra el estado burgués y por la construcción de un partido revolucionario internacionalista. Era muy querida por los viejos camaradas y también por los nuevos que se habían acercado, muchos gracias a ella.

Durante el golpe cívico militar y debido a la causa abierta por la detención en el allanamiento del local partidario de 1974, empezamos a ser buscados, hasta que nos encontraron y se apostaron con un auto frente a casa. Es cuando decidimos exiliarnos: primeramente, en Brasil y luego en Noruega, país que nos aceptó como exiliados.

El exilio en Brasil, Noruega fue escenario de una intensa actividad militante. Ya en Noruega, nos encontramos con los compañeros bolivianos de la OST (Organización Socialista de los Trabajadores), partido hermano del PST argentino, quienes estaban también exiliados y nos contactan con el grupo sueco, donde Zulema fue invitada permanente a las reuniones de su Comité Central. Luego volvía a Noruega y en las plazas vendía los periódicos en sueco. En el exilio organizó un Grupo de Solidaridad por Latinoamérica y participó de las acciones del Grupo de Solidaridad por Palestina. Zulema trató, con toda abnegación y diccionario en mano, de construir una organización revolucionaria en Noruega.

De regreso a la Argentina en 1985, mientras trabajaba como obrera del calzado comienza a militar en un barrio obrero, no haciendo trabajo barrial, sino sobre las fábricas de la zona. Supo combatir hacia el interior del partido, la orientación que buscaba llevar a los cuadros y militantes a priorizar el trabajo barrial (para engrosar la base electoral del partido) en detrimento del trabajo en las estructuras obreras. Por esta razón se vuelca a las fábricas del calzado de la zona donde militaba, lo que la lleva a enfrentarse con la dirección del partido. Sostuvo una firme lucha teórica y política hacia el interior del partido para dar prioridad al trabajo en las estructuras obreras por sobre el atajo electoralista y barrial. Y así fue como durante un conflicto con toma de fábrica, se ganó tal nivel de respeto y confianza que fue la única persona ajena a la fábrica que las obreras y obreros dejaron entrar y participar de la toma. Luego ingresó como empleada pública al Hospital de Niños, donde a los dos años, ya era una de las delegadas.

Zulema detestaba aquella visión, tan propia del stalinismo, que consideraba que los dirigentes eran infalibles, coherentemente no tenía dificultad en reconocer un error propio, en autocriticarse y corregirse, y por eso mismo sabía también reconocer sus puntos débiles. Se sabía tendiente a una desviación sindicalista, sin embargo, jamás dejó de combatir política, verbal y físicamente a la burocracia sindical y de combatir, en el terreno sindical las desviaciones oportunistas de su Partido. Así (aunque se disciplinó al Partido), se opuso a una alianza electoral con un sector del peronismo en el Sindicato de Empleados Públicos. La historia le dio la razón: tal alianza ayudó a encumbrar en el Sindicato, y luego en la conducción de la CGT local, a José Pihén, uno de los burócratas más traidores de nuestra clase.
La crisis del viejo MAS a finales de los ’90 fue un golpe inesperado. La pelea fraccional nos encontró ubicados en el ala derecha de aquel partido, (si es que podía hablarse de un ala izquierda), luego MST. Pero aquella fue una breve experiencia. Rápidamente fuimos expulsados de aquel partido por haber combatido su inmediato curso oportunista y electoralista. La historia nos dio la razón: de grupo centrista, el MST degeneró en poco tiempo hacia la actual organización reformista que hoy conforma y que forma parte del FITU. Cabe aclarar que antes de expulsarnos, y para acallar nuestras críticas, nos ofrecen ir a militar a Brasil, rentados. Cuestión que lógicamente rechazamos de plano.

Zulema no le temió al aislamiento, ni a quedarse sola, seguimos batallando por nuestras ideas, reuniéndonos en un pequeñísimo grupo, discutiendo, buscando construir un partido revolucionario, reconstruir la IV Internacional e intentando acompañar, con nuestras modestas fuerzas, a algún proceso que diera la lucha de clases.

En diciembre de 1993 estalla, en Santiago del Estero y La Banda, el llamado santiagueñazo, una semi insurrección obrera y popular que toma por dos días las calles de esas ciudades, y donde la población ingresa a la Casa de Gobierno, a la Legislatura, y al Poder Judicial, marcha a la casa de exgobernadores y las quema, se destruyen y queman edificios públicos, se producen saqueos a supermercados. Los trabajadores estatales intentan darle alguna organización al descontento generalizado y convocan a un Plenario abierto de delegados y activistas de todo el país, que se realizó en La Rioja. Hacia allá fuimos, Zulema asiste como delegada del Hospital de Niños de Córdoba. En tal ocasión nos contactamos con el PTS, con quien comenzamos a discutir. Nos interesó particularmente su delimitación teórica programática con el morenismo. Comienza así un nuevo proceso en el que conformamos el Grupo de Izquierda Trotskysta, con el cual avanzamos hacia un proceso de fusión con el PTS, corriente que construimos en Córdoba.

Por esos años se desarrolla un proceso de lucha que tiene a los trabajadores estatales a la vanguardia con paros, movilizaciones, plenarios de delegados y tomas de edificios y que culmina con un enfrentamiento por horas con la policía, la quema de la casa radical y la posterior renuncia del gobernador Angeloz. Zulema, como delegada estatal y militante revolucionaria tuvo un papel activo y destacado en ese proceso.

Aquella experiencia con el PTS fue parte del proceso de desarrollo político de Zulema, que rápidamente supo alertar el peligro oportunista al ver que aquel partido convocaba a un acto del Primero de Mayo desde una organización policlasista como el CEPRODH. Rompimos luego con el PTS, hoy convertido en un grupo amorfo, con eje en el intento de crear una publicación periodística que actúe como contrapeso a “la contaminación informativa del nuevo ecosistema mediático”, mientras acaba de humillarse ante Cristina Fernández. El PTS se fracciona y nos quedamos con un pequeño grupo con el cual rompimos rápidamente al constatar que se trataba de morenistas con 40 grados de fiebre.

Aun en sus últimos días, atravesando una grave enfermedad y apoyada por el afecto de la familia y compañeros, mantuvo intacta su indignación frente al genocidio contra el pueblo palestino y su confianza en la clase trabajadora. Siguió transmitiendo a nuestros nietos la enseñanza de León Trotsky: que la vida es hermosa y que las futuras generaciones deben librarla de toda opresión y violencia.

Querida Zulema, siempre te recordaremos en la suave cadencia del vuelo de las águilas y en la fuerza de los puños levantados.

¡Compañera Zulema, hasta el socialismo siempre!

Carlos Cabezón

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