La situación argentina sigue el curso de aceleración de la crisis social, política y económica. El gobierno de Milei y sus aliados fracasaron con sus recetas económicas y sólo apuestan a que EE.UU. los salve, como lo hizo el año pasado, a cambio de una mayor subordinación. Mientras tanto la oposición burguesa, en especial el PJ y la burocracia sindical, intentan ubicarse como garantes del régimen, buscando instalar por anticipado el escenario electoral. Otros sectores del empresariado pretenden encontrar una salida con una suerte de “mileísmo sin Milei”, es decir, salvaguardar los avances contra nuestra clase que este gobierno impuso en estos últimos años, pero con otro elenco de funcionarios menos impresentables. La visita del Papa es una asistencia desde la iglesia para contener el descontento social, cumpliendo su histórico rol contrarrevolucionario ante escenarios complejos.
Los trabajadores tenemos que intervenir de forma independiente, echar a Milei e imponer una salida a esta crisis confiando en nuestras propias fuerzas, con nuestros métodos y nuestro programa.
El propio gobierno está anticipando “un escenario indeseable”, lo que se traduce indefectiblemente en más sufrimiento para nuestra clase. Como siempre, pretenden que seamos nosotros los que paguemos la crisis, ya sea por los efectos de una devaluación en los precios y salarios, ya sea porque haya más despidos o porque se imponga una mayor pauperización de nuestras condiciones de vida. Tenemos que prepararnos para enfrentarla y derrotar esa política, con la cual todo el arco político burgués está de acuerdo.
Enfrentar la crisis significa reorganizarnos ante el proceso de desorganización al que nos llevó la reforma laboral con el inestimable apoyo de la burocracia sindical. En esta reorganización, los delegados combativos y antiburocráticos deben cumplir un rol central, ya que su relación con la base obrera permite abrir un debate al interior de nuestra clase sobre cómo nos organizamos, cómo desarrollamos un programa de transición y preparamos la condiciones para imponer un paro general en la perspectiva de una huelga general, de recuperar los sindicatos echando a la burocracia y de la lucha por el poder.
Llamamos a votar delegados en asambleas, echar a los delegados vendidos y mocionar plenarios de delegados por rama, por zona o distrito para un gran Congreso de delegados de base con mandato a nivel nacional. Esta instancia es fundamental para frenar la implementación de la reforma laboral, que las patronales están acelerando ante la debilidad del gobierno y la fragilidad de la situación, mientras las burocracias de todo pelaje mandan a sus abogados a decirle a los compañeros que hay que resignarse y aceptarla. Tenemos que romper con esa legalidad burguesa que nos ata a un Estado que no es el nuestro.
En esta situación las organizaciones recuperadas de manos de la burocracia cumplen un rol importante para reagrupar y colocarse como dirección del movimiento obrero. Es imperioso que desde éstas se vayan ampliando las funciones de los sindicatos para articular una respuesta obrera a la catástrofe a la que nos están llevando. Los SUTEBAs recuperados deben llamar a plenarios de delegados de las zonas, no sólo de los docentes, sino de estatales y privados, ocupados y desocupados para ser referencia de organización. Lo mismo puede hacer la UEPC Capital en Córdoba. La Union Ferroviaria de Haedo puede llamar a un plenario de delegados y activistas de la rama. Estos serían ejemplos de cómo podemos preparar la irrupción de una vanguardia obrera organizada detrás de reivindicaciones inmediatas como: “¡abajo el desalojo de Fate!”, “por el triunfo de todas las luchas en curso”, “basta de despidos”, “aumento salarial ya”. Otra tarea planteada es marchar con los universitarios en la marcha federal del 15 de octubre en solidaridad con su lucha y planteando una salida obrera independiente a la crisis de la educación. Estas tareas inmediatas tienen que estar acompañadas de un programa obrero de salida a la crisis, que debe partir en atacar a la burguesía en la producción. Es allí donde el proletariado industrial concentrado en las ramas petroleras, de la minería, y aceiteras cumplen un rol central, no sólo para derrotar a la burguesía, sino también para enfrentar al imperialismo, que en su fase guerrerista ha colocado a este sector de trabajadores ante tareas más importantes. Por eso el control obrero de las ramas y la escala móvil de horas de trabajo y salarios, entre otras consignas, deben poner al proletariado como caudillo de la nación oprimida.
Tenemos que poner a la ofensiva a nuestra clase y precisar las tareas para no caer en un movimientismo estéril, que no organiza detrás de un programa, sino de sentimientos. Nuestra tarea es crear las condiciones de la construcción de un partido revolucionario como sección de la Cuarta Internacional reconstruida.