miércoles 23 septiembre , 2026 | 08:05

“Próxima estación… Esperanza”

22 septiembre, 2026

Para seguir jugando con las letras de las canciones, pasada la “marcha de la bronca”, los organizadores podrían echar mano del título de Manu Chao (2001). Porque el pasado 19/9 convocaron a marchar con un programa lavado para que se acercaran sectores del peronismo desencantado, aunque faltaron a la cita. Si siguen en ese tren, ¿cuál sería la siguiente estación?

La “marcha de la bronca” expresó que los movimientos sociales opositores a Milei siguen manteniendo elementos de resistencia en las calles, pero por su relación indirecta con la producción no pueden modificar las relaciones de fuerza. Lo que debemos criticar es a las direcciones que se reclaman de la izquierda revolucionaria, que vaciaron de contenido y se adaptaron a un sentido común de los movimientos, actuando como simples herramientas para que se exprese la “bronca”, sin programa, sin organización y, por lo tanto, sin perspectiva de lucha.

Para el PTS —principal organizador de la marcha— la convocatoria sirvió para probar sus elaboraciones teóricas sobre la combinación de movimientos: que las voluntades individuales se unan en una voluntad colectiva para forjar una “comunidad política”, algo que ellos llaman un “partido de la nueva clase trabajadora”. Una teoría con un sujeto difuso, valiéndose de la cual podrán decir que la marcha fue un éxito. Menos sofisticado, el MST y su “unidad en la diversidad”, podrá sacar el mismo balance.

Pero en la marcha faltó la impronta del movimiento obrero organizado, que, si marchó, fue de forma diluida o encolumnado en las colaterales de cada partido del FIT-U. Por eso el llamado a la huelga general que se hizo desde el palco es un sinsentido de los organizadores, salvo que consideren que los movimientos sociales son los que deben reemplazar a la clase obrera industrial, de las ramas centrales de la economía, y sus métodos de lucha. Consideramos que los movimientos sociales pueden cumplir un rol muy importante en la lucha por el poder, pero como auxiliares en las luchas obreras. Sin duda serán importantes para establecer la “dictadura de la calle”, es decir, imponer cortes y bloqueos de accesos y enfrentarse con las fuerzas de represión.

Para preparar las condiciones para imponer una huelga general a la CGT y las CTAs tenemos que reforzar nuestra militancia en las estructuras, en las fábricas, en los lugares de trabajo, en la universidad y en las escuelas, en los barrios con los movimientos piqueteros, realizando asambleas y votando mociones en ese sentido. Es necesario votar delegados de base y echar a los vendidos, recuperar los sindicatos y expulsar a los interventores (como en la UOM y en las seccionales Rosario y Córdoba del SMATA). Hay que convocar a un Congreso de delegados de base con mandato que establezca un plan de acción para frenar la implementación de la reforma laboral, por aumento de salario, contra los despidos. En la preparación de estas instancias, es una tarea inmediata de las seccionales recuperadas, de las comisiones internas o cuerpos de delegados antiburocrático la organización de plenarios regionales de delegados y activistas que discutan cómo pasamos a la ofensiva.

La perspectiva tiene que ser poner bajo control obrero a las ramas vitales de la producción —las industrias petroleras, mineras y aceiteras— atacando a la burguesía en su base de sustentación como clase parásita y preparando a la clase obrera como próxima dirección de la economía, empezando por imponer la escala móvil de salario y horas de trabajo entre otras medidas de transición. Debemos dar una lucha política para impedir el rearme del peronismo, ya sea en su variante “esperanza”, en su variante Massa o en la de “el amor vence al odio”, luchando por una ruptura revolucionaria de los trabajadores con este partido contrarrevolucionario. Debemos desplegar un programa de transición para preparar las bases de una revolución obrera y socialista que tire a Milei y, con esa derrota, liquidar a un aliado del imperialismo y del sionismo que nos están llevando a una guerra generalizada.

Tenemos tareas concretas en el corto plazo: parar el desalojo de FATE. No sólo hay que rodear de solidaridad las inmediaciones de la fábrica, sino también preparar ocupaciones o paros en los lugares de trabajo donde tengamos influencia, marchado a los sindicatos o a la CGT para imponerles un paro general por FATE. En el mismo sentido debemos organizar ocupaciones de las universidades para ir a la marcha federal del 15 de octubre de forma independiente a los directivos de las universidades y de la burocracia sindical.

 

 

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