Nos solidarizamos con todos los trabajadores y el pueblo en general que expresan bronca ante el gobierno de Milei y la pauperización de las condiciones de vida a las que nos someten este sistema capitalista y sus agentes como el PJ, la burocracia sindical, la iglesia, los empresarios nacionales e internacionales. Consideramos que la expresión de este sentimiento parte de un proceso espontáneo desarrollado por la crisis actual y la necesidad de actuar para frenar los ataques.
Ante este escenario lo que cuestionamos es a las direcciones del FITU, que son las impulsoras de esta marcha, ya que, en su intento de establecer “un diálogo con las masas” se asimilan a la opinión pública sin un programa, con un fin electoral y tras una idea falaz de que las relaciones de fuerza entre clases antagónicas se pueden modificar dentro del régimen burgués. Esto implica evitar que un descontento genuino sobrepase los límites de la legalidad burguesa.
Tanto se han adaptado a las encuestas de opinión que intentan marcar agenda por izquierda –como alguna vez lo intentó el MAS en los ‘90 con la “Plaza del NO”, o, más recientemente, el movimiento de indignados en España– para dirimir las relaciones de fuerza con los otros partidos en el régimen burgués antes de que se desarrolle el escenario electoral.
Mientras el PJ pacta en el Congreso con el gobierno de Milei en nombre de la supuesta “defensa de la soberanía, la justicia y de la patria” y le vota el nombramiento de jueces acólitos, la marcha de la bronca no se delimita del peronismo, ni de la burocracia sindical y levanta las consignas de un nacionalismo tardío (como “la patria no se vende” o “las Malvinas son argentinas y el resto del territorio también”) para dialogar.
Por eso debemos impulsar en los lugares de trabajo, en las fábricas y en todas las estructuras la moción de una gran marcha a la CGT para imponer una fecha para un paro general activo por aumento salarial, basta de despidos, por el triunfo de las luchas en curso como los docentes de Tierra del Fuego o FATE, para nombrar algunas. Esas tareas permitirán atacar a la burguesía en la producción y a sus agentes en nuestras filas, que es la burocracia sindical, y prepararnos para acciones independientes de nuestra clase en momentos en los que el imperialismo y el gobierno de Milei nos están llevando a una guerra.
Tenemos que demostrar la fuerza de nuestra clase y, para desarrollarla, debemos recuperar los sindicatos de la burocracia. Impulsar asambleas que voten marchar hacia los sindicatos y planteen echar a los delegados vendidos puede permitir organizar la resistencia para la lucha por el poder.
Nuestra corriente sostiene este planteo y es por eso que no llamamos a marchar el 19 de septiembre. Nos avocamos a la tarea de construir una izquierda revolucionaria, no una “izquierda social”.