viernes 21 agosto , 2026 | 07:34

Enfrentemos a los usureros

21 agosto, 2026

Sobre el sistema de créditos y el endeudamiento de los trabajadores

Desde fines del 2025 el nivel de morosidad de los tomadores de crédito del sistema financiero viene disparando las alarmas. Ya llevamos más de 2 años del “plan motosierra” de Milei, Caputo, Sturzenegger y compañía y las consecuencias han sido exactamente las previstas: empobrecimiento de los trabajadores y deterioro acelerado de las condiciones de vida de las masas en general. Desde el punto de vista de la burguesía, los banqueros lloraron todo el año pasado por la “desregulación” del mercado, que los obliga a competir en forma feroz con las Fintech y su respuesta fue apelar a la variable de ajuste más efectiva para ellos: despidos masivos (en algunos casos disfrazados de “retiros voluntarios”). Pero como la banca nunca pierde, este año se resguardaron de las pérdidas estableciendo exorbitantes tasas de interés. Mientas tanto, la situación de los trabajadores es cada vez peor: la tasa de morosidad a junio de 2026 tocó el 12,7%, según el BCRA, un porcentaje que quintuplica el de octubre de 2024. Lo más alarmante es que el endeudamiento es para pagar alimentos, medicamentos y servicios básicos. De los 20 millones de endeudados, 6 millones están a punto de entrar en categoría 4 del Veraz, lo que les impedirá tener acceso futuro al sistema financiero. Para el gobierno, que ha embargado los principales recursos naturales del territorio nacional a favor de acreedores imperialistas rapaces, el problema del endeudamiento familiar es un “tema entre privados”, o sea, el que se endeudó se jode. Mientras, el peronismo cínicamente descubre que los salarios no alcanzan para cubrir las necesidades básicas, pero han sido cómplices absolutos de esta situación, tanto desde los puestos ejecutivos y legislativos como en la conducción de los sindicatos. La oposición del régimen encontró que la solución es seguir pidiéndole al Estado que se haga cargo de la situación y, en ese sentido, se presentaron proyectos de ley en el Congreso.

Las deudas que la burocracia no va a pagar

El 20 de agosto la CGT, junto con UTEP y las dos CTA, convocaron a una marcha al Ministerio de Economía para denunciar el creciente endeudamiento de las familias argentinas y prometen seguir con “el plan de lucha”. Así, hacen gala de su receta: “hagamos algo para que no se note que no vamos a hacer nada”. Parece que la burocracia sindical cree que nadie les va a venir a cobrar las décadas que llevan aplastando a la clase obrera y desnaturalizando sus organizaciones de lucha. Desde el primer momento, se puso como objetivo contener la bronca social y garantizarle a la burguesía la cada vez más difícil “gobernabilidad”. Esto no es una novedad surgida cuando asumió Milei, es más bien lo que vienen haciendo desde hace décadas, siempre acomodándose para mantener su lugar de poder a costa de los trabajadores. Milei ladró mucho contra la “casta sindical” pero sus patrones saben que los necesitan para poner todos los obstáculos posibles a la clase obrera. Son conscientes de que el enemigo más potente es el proletariado organizado con independencia de clase, con un programa que le dispute el poder. La muestra de cinismo de la CGT y las CTAs ha llegado a un nivel astronómico: reclaman contra el endeudamiento de las familias luego de que dejaron pasar miles de despidos en todas las ramas, privadas y estatales, y de que entregaron el salario para que la mayoría de los laburantes estemos debajo de la línea de pobreza. Entre los gremios que marcharon el 20/8 se encontraba La Bancaria, conducida por Sergio Palazzo, que es una de las alas de la burocracia que apunta a acordar todo en las instituciones, mientras las patronales despiden, avanzan sobre las condiciones de trabajo y se enriquecen a costa del endeudamiento del conjunto de los trabajadores. La única forma de hacérselas pagar es echándolos de nuestras organizaciones obreras, para ponerlas en función de los intereses proletarios.

Los trabajadores tenemos que saldar cuentas con los usureros

La clase obrera tiene que intervenir en esta crisis con su propio programa. Los trabajadores de todas las ramas tenemos que tomar la resolución de esta crisis en nuestras propias manos. Los trabajadores de la rama financiera tenemos en nuestras manos la posibilidad de enfrentar a las patronales usureras planteando la apertura de los libros contables y proponiendo acciones para ayudar a los trabajadores endeudados. Como primera medida debemos imponer un paro general para reclamar contra los despidos, por aumento salarial y de jubilaciones acorde a la canasta familiar, condonación de las deudas contraídas para cubrir gastos básicos de la vida como alimentos, vivienda, educación y salud. No podemos esperar que los Palazzo, los Moyano, los Yasky o los “cachorros” Godoy se pongan a la cabeza de estas tareas, tenemos que recuperar nuestras organizaciones sindicales conformando oposiciones sindicales revolucionarias para echar a la burocracia e imponer nuestras demandas con los métodos obreros.

La única salida progresiva a esta crisis, de dimensión internacional, es obrera y socialista. La clase obrera argentina tiene su aporte que hacer para frenar la masacre social del imperialismo decadente, que nos lleva a nuevas guerras y catástrofes de todo tipo. La recuperación de los sindicatos debe ser un paso para que nuestra clase comience a ser consciente de su fuerza y se prepare para construir su partido revolucionario que encabeza la marcha hacia una nueva sociedad sin explotadores sobre la ruina del capitalismo y sus instituciones.

Un debate programático

La preparación de esta salida conlleva a un debate programático fundamental. Varias corrientes de la izquierda que se reivindica trotskista, entre ellas el PTS y Política Obrera, han planteado salidas de presión al Estado. El PTS presentó un proyecto para que el Congreso vote la condonación del 100% de las deudas de quienes tienen ingresos inferiores a la Canasta Básica y del 50% para quienes perciben hasta $5 millones, mientras denuncian los subsidios a grandes capitalistas como Marcos Galperín. Una salida desde el Parlamento burgués, depositando una expectativa falsa en las posibilidades de que las instituciones de la democracia burguesa arbitren a favor de los trabajadores contra la clase capitalista. Por su parte, Política Obrera plantea que el Estado intervenga bancos, fondos y billeteras, investigando las cuentas y movimientos, eso no es un programa de transición, es estatismo. El Programa de Transición no es un programa anticrisis, es un programa de movilización revolucionaria de las masas para que la clase obrera comience a desarrollar la gimnasia de dirección de la futura sociedad, por eso Trotsky hablaba de la injerencia del Estado Obrero en la sociedad capitalista. El Programa de Transición es para destruir al Estado burgués, no para reclamarle que intervenga (como si la esencia del Estado burgués no fuera la de actuar como firma burguesa de los intereses capitalistas en general). La clase obrera tiene que tomar posición urgente ante esta crisis, con independencia de clase. Es urgente que levantemos un programa transicional ante esta crisis de deuda de los trabajadores, el desempleo y la carestía de la vida. Hay que plantear el control obrero de todas las ramas de la economía, la escala móvil de salario y de horas de trabajo, la eliminación del secreto bancario y la apertura de los libros contables de las empresas, entre ellas los bancos y las empresas financieras. La tarea de crear un sistema único de inversión y crédito, según un plan racional que unifique a todas las entidades de crédito en una institución única sólo puede estar dirigida por la clase trabajadora en el poder. Sólo la expropiación de los bancos privados y la concentración de todo el sistema de crédito en manos de un Estado obrero los medios necesarios para la planificación económica. Hay que preparar una salida revolucionaria, bajo la dirección de un partido revolucionario de la clase obrera, que expropie a los capitalistas, destruya al Estado burgués y siente las bases para una economía basada en la planificación socialista.

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