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La colisión de la coalición

Viernes, 17 Septiembre 2021 18:45

La histórica derrota en las PASO de la coalición que gobierna el país generó una crisis interna en el Frente de Todos, entre la vice presidenta y el presidente de la nación, para dirimir quién es dueño de la derrota y cómo se debe seguir dirigiendo los destinos del Estado.

Esta crisis política en el seno del poder estatal desnudó la descomposición de las direcciones burguesas y pequeño burguesas en la administración de los negocios del gran capital extranjero y el capital nacional. Es una crisis histórica de los frentes populares en forma de partido, como fue el peronismo en sus orígenes, que, en el devenir de los procesos mundiales y la penetración imperialista en la región, fueron descomponiéndose de partido a coaliciones electorales, perdiendo base social.

Por eso esta coalición electoral, que en este momento entra en un impasse peligroso, contiene en su interior, no al pueblo o a la juventud maravillosa de los ’70, como pretenden hacer creer en sus visiones mesiánicas de reencarnación de Perón, sino a sectores que expresan los intereses capitalistas de distintas ramas. El albertismo es defensor de los intereses de los grandes laboratorios extranjeros, nacionales y la industria farmacéutica; Cristina expresa a sectores de la burguesía nacional y los pequeños productores y busca alianza con el capital chino y ruso y Massa es un alfil de los grandes capitales extranjeros, centralmente del imperialismo norteamericano. 

Debe quedar claro para el conjunto de los trabajadores que ninguna de estas fracciones defiende los intereses de nuestra clase. En medio de las peleas, cartas, operaciones de prensa enviaron al Congreso el presupuesto 2022, donde continúan el ajuste y dan por descontado el acuerdo con el FMI, y ahí no hubo diferencias. Es de un cinismo brutal la pelea que están dando las distintas fracciones de la coalición. No es nuestra pelea, es una dirección contrarrevolucionaria que está defendiendo los intereses de sus verdaderos amos, los capitalistas.

En la crisis política en desarrollo confesaron que estaban haciendo un ajuste, que le robaron a los jubilados, que hicieron caer el salario real, que en plena pandemia tomaron decisiones políticas que causaron muchas muertes evitables, que sabían que venía la segunda ola de la pandemia y quitaron los subsidios. Esta es la verdadera foto para ver para quienes gobiernan.

Mientras, la oposición burguesa se prepara para aprovechar la debacle del Frente de Todos y mostrarse como la cara ordenada de las reformas y ajuste que exige el FMI. En eso no tienen diferencias con los caídos en desgracia del gobierno.

En tanto se desarrolla esta situación el FITU plantea que la solución es votarlos a ellos el 14 de noviembre. El régimen en su conjunto le debe estar agradeciendo semejante demostración de adaptación.

Ante esta situación debemos abrir un debate al interior de nuestra clase, siendo claros sobre que cualquiera sea la solución que se le dé a la crisis abierta en la coalición de gobierno, no traerá nada bueno para nosotros. La conducción de la CGT también está dividida por las internas burguesas. El ala de Moyano, Palazzo, Sassia y cía. tienen incluso la caradurez de intentar lavarse la cara planteando que a ellos también les cabe “autocrítica” por la crisis social y la miseria en la que han sometido a la clase obrera. Todo es demagogia para intentar seducir a sectores obreros para el FdT. Solo podemos confiar en nuestros métodos y en nuestras propias fuerzas. Debemos organizarnos para enfrentar el acuerdo con el FMI, el ajuste y las reformas que planean, como la laboral y previsional entre otras. Debemos formar oposiciones sindicales revolucionarias en las próximas elecciones sindicales para derrotar a la burocracia sindical cómplice del ajuste y de la gestión estatal de la pandemia. Tenemos que echar a la burocracia sindical de nuestras organizaciones. Debemos impulsar un Congreso de delegados de base con mandato para imponer un paro nacional y un programa obrero de salida a la crisis. Debemos reagrupar a los sectores de vanguardia del movimiento obrero industrial, a los sindicatos combativos, a las comisiones y juntas internas combativas y las organizaciones del movimiento de desocupados independientes en plenarios regionales o por zona para preparar la lucha contra los ataques que se vienen. Buscando la unidad en el enfrentamiento al imperialismo con las organizaciones obreras de los países de la región.

En esta crisis los trabajadores debemos intervenir de forma independiente y organizarnos para construir una dirección revolucionaria, que no es otra cosa que un partido para mostrar la potencialidad de nuestra clase convertida en vanguardia.

 

  

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  • “Calibrar” el ajuste

    Otra palabra más para el diccionario político de cómo decir ajuste, que se suma a “sintonía fina”, “sinceramiento”, “reforma permanente”, “reperfilar” y tantos otros. Ahora, “calibrar” significa: acomodar los engranajes de la economía y la política al protocolo del FMI de mayor ajuste y sumisión al capital extranjero.

    Para eso reflotan viejas recetas, como un pacto social con los grandes empresarios y la burocracia sindical, para buscar contener los procesos de lucha de clase ante el ataque. Pero son pactos débiles ante el nivel de crisis, ya que es imposible unificar en el sistema capitalista, donde lo que prima es la competencia de capitales y alguno debe perder o ceder. Es un buen ejemplo la reciente ley votada de impuesto a las riquezas, donde se recauda para darle a YPF, de capital mixto, es decir, se redistribuyen las ganancias entre las fracciones capitalistas. Siempre es importante resaltar que los marxistas no luchamos por imponer impuestos, es un mecanismo de la economía burguesa para sostener a sus Estados. Nosotros combatimos el estatismo.

    “Calibrar” apunta a la devaluación que se está produciendo, para que no ocurra de manera desordenada. Planean devaluar entre el 10 o 15%, como les pide el FMI. Ya están avisadas las grandes patronales, que después de especular con el dólar, porque son las que los tienen, se sentaron a negociar con el gobierno el rumbo económico. El poder es de los grandes empresarios y el capital financiero, el gobierno es el que administra sus intereses.

    “Calibrar” es aumento de tarifas, eliminación del IFE y el ATP a las empresas, reducción de presupuesto a obras públicas, la baja los salarios de los jubilados con una nueva ley de movilidad jubilatoria, salarios de miseria para los trabajadores estatales, cuando la inflación está por arriba del 35%. Todas medidas que el macrismo festejaría de pie. Para los capitalistas, el ajuste es para que no pierdan, un festival de bonos a los grandes especuladores para dolarizar la deuda en pesos y de esta forma aumentar la deuda externa, para contener el tipo de cambio.

    Todo milimétricamente pensado para convencer al FMI de que el gobierno de los Fernández es mejor garante que el anterior macrista. Por eso, tantas cartas de amor han aparecido en estos días, donde se dicen “no sos vos, soy yo”, “no, ambos tenemos la culpa” y tantas otras estupideces ante el fracaso de todas las fracciones burguesas que dirigieron el país durante años, lo que se expresa de forma más decadente ante la debacle por la crisis mundial y la aceleración de esta situación por la pandemia.

    Por eso el desalojo en Guernica y en otras partes del país. Este 19 de noviembre hubo otro desalojo en el barrio estación Ferreyra de Córdoba con represión y detenidos. Todo esto para demostrar que defienden la propiedad privada, ante todo. El asesinato de Facundo Castro fue para mostrar el control e impunidad de las fuerzas represivas hacia la juventud. Es evidente el desprecio por las condiciones laborales de la gran mayoría de los trabajadores que tuvieron que salir a ganar el mango en medio de la pandemia.

    Tenemos que enfrentar este ajuste porque vienen para pauperizar aún más nuestras condiciones de vida, con despidos, suspensiones, salarios a la baja, mayor ataque a los activistas y delegados combativos.

    Debemos preparar las condiciones para un paro general, con asambleas de base, plenarios de delegados regionales, con mandato de base que se imponga a las burocracias sindicales, con los métodos de la clase, en la necesidad de enfrentar a este gobierno y el pacto con el FMI. Hay que paralizar el país, recuperar lo perdido en la pandemia, por la reapertura de las paritarias, y un programa obrero de salida a la crisis.

  • Braden y Perón

    La única “certeza” que da la carta de la vicepresidenta para recordar a Néstor Kirchner a 10 años de su fallecimiento es que son una clase burguesa y pequeñoburguesa que fracasó en la dirección de un semi Estado burgués. Es la confirmación de una burguesía nacional sin rumbo histórico y, en su decadencia, sin objetivos claros. Ese sueño de desarrollar una burguesía nacional independiente del imperialismo para poder mejor negociar, como pregonaba Perón en el slogan de campaña en contra del embajador de EEUU en 1945, de apellido Braden, fracasó. Así como el mal recuerdo que dejaron con el gobierno de Menem, que de la revolución productiva y el salariazo pasaron a la contrarrevolución liberal; o cuando intentaron recrear una burguesía nacional post 2001. Todos esos procesos, sumando al radicalismo y el corto periodo de Macri, como señala la carta, fracasaron.

    En su carta cree encontrar la génesis del problema, que sería el bimonetarismo, es decir, el peso como moneda para satisfacer las necesidades y el dólar como unidad de atesoramiento. Lamentamos informarle que la Argentina es una semi colonia inserta en un sistema de Estados mundial, donde el dinero internacional, después del pacto de Breton Woods, se basa en la paridad con el dólar. Con esto queremos decir que la supuesta particularidad argentina no es tal. Que la burguesía argentina y la pequeña burguesía acumulen y fuguen en dólares es la demostración de una clase que se negó a ser independiente y está sometida a los designios del imperialismo, por eso para los marxistas es una sub burguesía. Ahora, que en la carta pretenda igualar a la ínfima minoría de trabajadores que compran dólares con los grandes capitales es, como mínimo, un cinismo. Pero, viniendo de una corriente que pelea por la conciliación y niega la lucha de clases, es importante desenmascarar esa falacia y mostrar que en el fondo esa igualación muestra el contenido burgués de su argumento, ya que quieren hacer creer que trabajadores y patrones están en igualdad de condiciones: sería lo mismo 200 dólares que millones.

    Llama a un gran acuerdo nacional para poder solucionar el problema del bimonetarismo, consciente del nivel de crisis política, social, económica y sanitaria por la que atraviesa la Argentina, pero no busca ese acuerdo por el problema de la moneda, sino para estar en mejores condiciones para negociar con el FMI y preparar el ajuste que se viene. Todo el arco burgués está temeroso de las consecuencias de la crisis, por eso se desesperan ante el ataque a la propiedad privada y por ver qué fracción pagará la crisis. Ante el fracaso, se bajan las banderas y se despliegan las banderas del FMI y sus recetas. Este es el penúltimo acto de renuncia en “función de la patria”: engañar a las masas antes de que sean las masas en lucha las que obliguen a utilizar otros mecanismos institucionales o de fuerza para enfrentar la crisis. Al no ser las masas las que están en escena, los mecanismos de desvío, como el pacto entre el MAS y la oposición burguesa en Bolivia después de la renuncia de Evo para llamar a elecciones, o el pacto en Chile entre Piñera y todo el arco opositor para el plebiscito y contener los proceso abiertos después del 18 de octubre, aún no están en agenda en la política argentina, pero no se descartan en caso de que fracasen estas ideas de acuerdo o pactos sociales. Es notable cómo se expresa la crisis de dirección revolucionaria: ya hay sectores intelectuales que han comenzado a teorizar cómo la lucha de clases puede tener una salida institucional y escriben sobre los procesos sobre Bolivia y Chile llegando a la conclusión de que la militancia existe, que la movilización da resultados, que la acción directa combinada con la participación electoral funciona como herramienta virtuosa de los sectores populares. Es la versión pequeñoburguesa de la lógica del centrismo trotskista de luche y vote.

     

    Todo acuerdo o pacto social siempre será para atacar a los trabajadores y el pueblo pobre, por eso debemos organizarnos, porque también es cierto que todo acuerdo o pacto, por la situación general, es débil y de difícil concreción.

    Debemos enfrentar el acuerdo con el FMI y un eventual pacto social y contraponerle, con los métodos de la clase obrera, una salida revolucionaria a la crisis. No es el bimonetarismo, es el sistema capitalista y sus ejecutores.

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