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“Calibrar” el ajuste

Jueves, 19 Noviembre 2020 13:59

Otra palabra más para el diccionario político de cómo decir ajuste, que se suma a “sintonía fina”, “sinceramiento”, “reforma permanente”, “reperfilar” y tantos otros. Ahora, “calibrar” significa: acomodar los engranajes de la economía y la política al protocolo del FMI de mayor ajuste y sumisión al capital extranjero.

Para eso reflotan viejas recetas, como un pacto social con los grandes empresarios y la burocracia sindical, para buscar contener los procesos de lucha de clase ante el ataque. Pero son pactos débiles ante el nivel de crisis, ya que es imposible unificar en el sistema capitalista, donde lo que prima es la competencia de capitales y alguno debe perder o ceder. Es un buen ejemplo la reciente ley votada de impuesto a las riquezas, donde se recauda para darle a YPF, de capital mixto, es decir, se redistribuyen las ganancias entre las fracciones capitalistas. Siempre es importante resaltar que los marxistas no luchamos por imponer impuestos, es un mecanismo de la economía burguesa para sostener a sus Estados. Nosotros combatimos el estatismo.

“Calibrar” apunta a la devaluación que se está produciendo, para que no ocurra de manera desordenada. Planean devaluar entre el 10 o 15%, como les pide el FMI. Ya están avisadas las grandes patronales, que después de especular con el dólar, porque son las que los tienen, se sentaron a negociar con el gobierno el rumbo económico. El poder es de los grandes empresarios y el capital financiero, el gobierno es el que administra sus intereses.

“Calibrar” es aumento de tarifas, eliminación del IFE y el ATP a las empresas, reducción de presupuesto a obras públicas, la baja los salarios de los jubilados con una nueva ley de movilidad jubilatoria, salarios de miseria para los trabajadores estatales, cuando la inflación está por arriba del 35%. Todas medidas que el macrismo festejaría de pie. Para los capitalistas, el ajuste es para que no pierdan, un festival de bonos a los grandes especuladores para dolarizar la deuda en pesos y de esta forma aumentar la deuda externa, para contener el tipo de cambio.

Todo milimétricamente pensado para convencer al FMI de que el gobierno de los Fernández es mejor garante que el anterior macrista. Por eso, tantas cartas de amor han aparecido en estos días, donde se dicen “no sos vos, soy yo”, “no, ambos tenemos la culpa” y tantas otras estupideces ante el fracaso de todas las fracciones burguesas que dirigieron el país durante años, lo que se expresa de forma más decadente ante la debacle por la crisis mundial y la aceleración de esta situación por la pandemia.

Por eso el desalojo en Guernica y en otras partes del país. Este 19 de noviembre hubo otro desalojo en el barrio estación Ferreyra de Córdoba con represión y detenidos. Todo esto para demostrar que defienden la propiedad privada, ante todo. El asesinato de Facundo Castro fue para mostrar el control e impunidad de las fuerzas represivas hacia la juventud. Es evidente el desprecio por las condiciones laborales de la gran mayoría de los trabajadores que tuvieron que salir a ganar el mango en medio de la pandemia.

Tenemos que enfrentar este ajuste porque vienen para pauperizar aún más nuestras condiciones de vida, con despidos, suspensiones, salarios a la baja, mayor ataque a los activistas y delegados combativos.

Debemos preparar las condiciones para un paro general, con asambleas de base, plenarios de delegados regionales, con mandato de base que se imponga a las burocracias sindicales, con los métodos de la clase, en la necesidad de enfrentar a este gobierno y el pacto con el FMI. Hay que paralizar el país, recuperar lo perdido en la pandemia, por la reapertura de las paritarias, y un programa obrero de salida a la crisis.

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    Te esperamos el sábado 31/10 a las 17hs
    Lugar por MP a nuestro e-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

  • Braden y Perón

    La única “certeza” que da la carta de la vicepresidenta para recordar a Néstor Kirchner a 10 años de su fallecimiento es que son una clase burguesa y pequeñoburguesa que fracasó en la dirección de un semi Estado burgués. Es la confirmación de una burguesía nacional sin rumbo histórico y, en su decadencia, sin objetivos claros. Ese sueño de desarrollar una burguesía nacional independiente del imperialismo para poder mejor negociar, como pregonaba Perón en el slogan de campaña en contra del embajador de EEUU en 1945, de apellido Braden, fracasó. Así como el mal recuerdo que dejaron con el gobierno de Menem, que de la revolución productiva y el salariazo pasaron a la contrarrevolución liberal; o cuando intentaron recrear una burguesía nacional post 2001. Todos esos procesos, sumando al radicalismo y el corto periodo de Macri, como señala la carta, fracasaron.

    En su carta cree encontrar la génesis del problema, que sería el bimonetarismo, es decir, el peso como moneda para satisfacer las necesidades y el dólar como unidad de atesoramiento. Lamentamos informarle que la Argentina es una semi colonia inserta en un sistema de Estados mundial, donde el dinero internacional, después del pacto de Breton Woods, se basa en la paridad con el dólar. Con esto queremos decir que la supuesta particularidad argentina no es tal. Que la burguesía argentina y la pequeña burguesía acumulen y fuguen en dólares es la demostración de una clase que se negó a ser independiente y está sometida a los designios del imperialismo, por eso para los marxistas es una sub burguesía. Ahora, que en la carta pretenda igualar a la ínfima minoría de trabajadores que compran dólares con los grandes capitales es, como mínimo, un cinismo. Pero, viniendo de una corriente que pelea por la conciliación y niega la lucha de clases, es importante desenmascarar esa falacia y mostrar que en el fondo esa igualación muestra el contenido burgués de su argumento, ya que quieren hacer creer que trabajadores y patrones están en igualdad de condiciones: sería lo mismo 200 dólares que millones.

    Llama a un gran acuerdo nacional para poder solucionar el problema del bimonetarismo, consciente del nivel de crisis política, social, económica y sanitaria por la que atraviesa la Argentina, pero no busca ese acuerdo por el problema de la moneda, sino para estar en mejores condiciones para negociar con el FMI y preparar el ajuste que se viene. Todo el arco burgués está temeroso de las consecuencias de la crisis, por eso se desesperan ante el ataque a la propiedad privada y por ver qué fracción pagará la crisis. Ante el fracaso, se bajan las banderas y se despliegan las banderas del FMI y sus recetas. Este es el penúltimo acto de renuncia en “función de la patria”: engañar a las masas antes de que sean las masas en lucha las que obliguen a utilizar otros mecanismos institucionales o de fuerza para enfrentar la crisis. Al no ser las masas las que están en escena, los mecanismos de desvío, como el pacto entre el MAS y la oposición burguesa en Bolivia después de la renuncia de Evo para llamar a elecciones, o el pacto en Chile entre Piñera y todo el arco opositor para el plebiscito y contener los proceso abiertos después del 18 de octubre, aún no están en agenda en la política argentina, pero no se descartan en caso de que fracasen estas ideas de acuerdo o pactos sociales. Es notable cómo se expresa la crisis de dirección revolucionaria: ya hay sectores intelectuales que han comenzado a teorizar cómo la lucha de clases puede tener una salida institucional y escriben sobre los procesos sobre Bolivia y Chile llegando a la conclusión de que la militancia existe, que la movilización da resultados, que la acción directa combinada con la participación electoral funciona como herramienta virtuosa de los sectores populares. Es la versión pequeñoburguesa de la lógica del centrismo trotskista de luche y vote.

     

    Todo acuerdo o pacto social siempre será para atacar a los trabajadores y el pueblo pobre, por eso debemos organizarnos, porque también es cierto que todo acuerdo o pacto, por la situación general, es débil y de difícil concreción.

    Debemos enfrentar el acuerdo con el FMI y un eventual pacto social y contraponerle, con los métodos de la clase obrera, una salida revolucionaria a la crisis. No es el bimonetarismo, es el sistema capitalista y sus ejecutores.

  • Protocolo FMI

    La situación argentina es cada vez es más catastrófica. Los números de la pandemia están demostrando el verdadero carácter de la cuarentena, que era ganar tiempo en la desorientación general por el virus y atacar las condiciones de vida de los trabajadores para defender los intereses de las distintas fracciones burguesa ante el nivel de crisis.

    En este punto, el gobierno de Alberto se puede dar por triunfador: logró desorganizar a los trabajadores, pasó el ajuste, subsidió a la burguesía y garantizó el acuerdo con los fondos privados por la deuda externa. Respondió de forma favorable a su clase a costa de una mayor pauperización de grandes sectores de trabajadores. Pero los trabajadores activos y pasivos, que son los grandes perdedores de esta cuarentena, están empezando a sacar balance de la coyuntura. No se condice el esfuerzo que el Estado les exigió mediante la consigna “quédate en casa” con la situación de las grandes empresas nacionales e internacionales que siguieron ganando en este escenario.

    El gobierno de Alberto debe lidiar con una crisis social, política y económica en la que ya se perdió el miedo al covid, sin unidad burguesa (aunque intenta reflotar un pacto social), con una situación económica en la que prima una crisis cambiaria, un proceso inflacionario y en medio de una negociación con el FMI.

    En este escenario, Alberto toma el “protocolo del FMI”, es decir, avanzar con el ajuste y con las reformas previsional, laboral y judicial. El ajuste se está llevando a cabo mediante las mini devaluaciones del tipo de cambio, lo que licúa el salario de los trabajadores, y no descartamos una mega devaluación si fracasan las medidas que benefician a los sectores de la agroindustria, a las mineras y a las cerealeras, a quienes -como toda fracción burguesa- todo les resulta insuficiente y deben ganar más y más. Sabiendo que la salida es una mega devaluación, ya crearon los mecanismos para que los que poseen capital se refugien en bonos atados al dólar, mientras que a “los mortales” les toca sufrir los efectos de la depreciación del peso.

    Votar en contra de Venezuela y alinearse en política exterior con el ala de Trump; buscar por todos los medios posibles algunos dólares para sanear las reservas e inclusive llegar hasta un acuerdo con China por los swaps muestran el nivel de crisis y cómo quiere solucionarla el gobierno.

    Para el gobierno anterior de Macri, la frase era “pasaron cosas”, ahora la frase es “podríamos estar peor”. Esto es la demostración de la desorientación de una burguesía cipaya ante un escenario mundial de crisis aguda. 

    Es obvio que nada bueno puede venir de este plan que ejecuta el gobierno dictado por el FMI. La crisis mundial, que la pandemia aceleró, ha hecho que los gobiernos de turno deban lidiar con procesos de masas ante la evidencia de las deplorables condiciones de vida en el sistema capitalista. Es por eso que la política de estímulos para expandir el gasto público es una línea a nivel mundial que han desarrollado los distintos países imperialistas, algunos, en clave electoral como Trump ante las elecciones del 3 de noviembre, otros, vía instituciones como el FMI y los famosos préstamos por la pandemia, que ya han generado levantamientos en contra como el ocurrido en Costa Rica, contra los requisitos para dicho préstamo. 

    No está descartado que, en medio de las negociaciones con el FMI, le den un préstamo pandemia a la Argentina para estirar un poco más la agonía.

    En este escenario debemos prepararnos para enfrentar a este gobierno, la oposición burguesa, las distintas fracciones burguesas, pequeño burguesas y la burocracia sindical, que van a defender a su Estado y sus intereses con todas las fuerzas a su alcance. En estos días la burocracia de la CGT prepara un acto virtual por el 17 de octubre, “día de la lealtad peronista”, con el que intenta ubicarse como garante del gobierno y lugartenientes del FMI. Intentan rescatar en la web a un peronismo que se descompone en la realidad.

    En eso tienen una unidad férrea, cuando se trata de defender la naturaleza de clase de su Estado, burgués; de defender la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra, como en Guernica; de defender el derecho a explotarnos por míseros salarios, condenarnos a una jubilación de hambre y de asesinarnos, como a Facundo Castro y tantos otros en este periodo. Podrán diferir en algunos matices y en cómo se debe actuar, en sus formas de dominación, pero defienden la dictadura del capital.

    Tenemos que recuperar lo perdido en la pandemia; aprender que el control estatal burgués no salva vidas, que los trabajadores debemos cuidarnos con nuestros propios métodos. Debemos luchar por recuperar lo que perdimos en el salario; pelear por la apertura o reapertura (dependiendo las ramas) de las paritarias, votando delegados paritarios en asamblea para que no sea la burocracia la que decida; reincorporar a los despedidos, pase a planta de los tercerizados. Ante la desorganización de la economía, por el control obrero de las principales ramas. Tenemos que volver a organizarnos para preparar las condiciones de un paro general que levante un programa de salida a la crisis.

    Debemos abrir una gran deliberación al interior de nuestra clase y el activismo que se desarrolló en este escenario excepcional de pandemia. Entre ellos, los trabajadores de la salud; los trabajadores de la industria, servicios y estatales que lucharon por protocolos y condiciones laborales, contra los cierres, contra los despidos; la juventud que sufrió la represión de la policía y se enfrentó. Es necesario que saquemos conclusiones sobre la cuarentena y el control estatal, porque debemos enfrentar al Estado con nuestros métodos y organizarnos de forma independiente. Es una tarea de primer orden la lucha por el poder, preparar el terreno para que se desarrolle una vanguardia que saque lecciones revolucionarias del proceso mundial y sus particularidades en Argentina.

    Quienes nos reivindicamos revolucionarios en la izquierda debemos avanzar en la tarea de formar una dirección, que no es otra cosa que un partido revolucionario como sección de la reconstrucción de la IV Internacional. En esa tarea, creemos que debemos comenzar a formar oposiciones sindicales en los sindicatos, con libertad de tendencia, independencia de clase y democracia obrera; que luche por sindicatos únicos por rama, no paralelos, sino siendo minorías organizadas en los sindicatos donde actuamos y por una Central Única de Trabajadores. Para esto debemos echar a la burocracia de nuestros sindicatos y mostrar cómo debería funcionar como herramientas de lucha. Ya el gobierno “de los CEOs” fracasó y el gobierno “de los científicos” va en ese camino. En política el tiempo es todo, es urgente que ataquemos a la burguesía en su base, que es la producción, o seguirá con su sobrevida y haciendo cada vez más daño.

  • Argentina hundida

    Argentina hundida

    El festejo del conjunto de las fracciones burguesas, pequeño burguesas y toda la burocracia sindical por el acuerdo de la deuda con los acreedores privados muestra una vez más -si hacía falta- el parasitismo de una clase que no produce nada y que debe vivir a expensas de la explotación de los trabajadores. Debe ser servil al capital extranjero para sostener al semi Estado. Para pagar la deuda con los fondos privados y con el FMI en un futuro acuerdo, el gobierno ya se prepara para algunas reformas como la laboral, previsional y la recién presentada reforma judicial. En el plano económico es un ajuste en todas las líneas, devaluación, acuerdo de precios y salarios, liberación de tarifas, entre otras medidas.

    El festejo se produce en medio de un aumento de contagios y muertes por la pandemia, en que el gobierno se jacta de haber invertido 200 pesos por día con el IFE para más de 9 millones de trabajadores desocupados y un subsidio sideral a las empresas para garantizar parte de los salarios. Y gran parte de esa plata para subsidiar a los empresarios y las migajas para el conjunto de la población salió de los fondos de la ANSES, es decir, de la plata de los jubilados y de los futuros jubilados. Todo un mensaje.

    Todas las alas de la burguesía y los partidos patronales estaban a favor de que se llegara a un acuerdo con los fondos privados. Una vez acordada la entrega, las distintas fracciones capitalistas también llegaron a la conclusión que se puede presionar y conseguir todo lo que pidan, después de conocer cómo negocio la deuda el gobierno. Y en esta conclusión no se equivocaron. El gobierno cedió en absolutamente todo, por eso no pueden ni siquiera presentar como una quita de deuda, sino sólo una extensión de los plazos de pago y una reducción de intereses. La euforia del acuerdo les duró poco, ya que la brecha del tipo de cambio siguió en aumento. Además, el supuesto ahorro que dicen haber conseguido es ficticio, porque esa plata no la tenía el Estado para pagar. Simplemente.

    La oferta original de Guzmán, allá por abril de este año, comprendía reconocer alrededor de U$S 40 por cada U$S 100 adeudados. Ahora, el Gobierno está reconociendo U$S 54,8 de cada U$S 100 adeudados. Podría decirse que logró reducir un 45% la deuda, pero eso no es así, ya que se comprometió a pagar el 98% del capital de los títulos de propiedad de la deuda y, si los bonistas pretenden capitalizar el acuerdo, esos bonos los adquirieron en el mejor de los casos a U$S 30. Fenomenal ganancia.

    El peronismo quiere mostrar este acuerdo como un acto de soberanía e intenta presentar que tuvieron que hacerlo por el endeudamiento de Macri. Pero debemos recordar que la reestructuración de Guzmán comprende una parte importante de deuda emitida durante los gobiernos kirchneristas. Ambas fracciones burguesas han demostrado su subordinación al imperialismo. La relación de una semicolonia como la Argentina, no es de dominación, sino de dominado, es por esto que no existe una burguesía independiente, sino que depende de los designios de los países imperialistas.

    Lo que debemos dejar en claro es que un Estado burgués se financia con impuestos y deuda pública. El mecanismo de la deuda externa implica tomar capital a préstamo y pagar anualmente a sus acreedores cierto interés por el capital prestado, en este caso, los fondos privados y, dentro de poco el FMI. En este caso hay una particularidad entre el Estado y el prestamista, el acreedor no puede romper con su deudor, sino vender el crédito, su título de propiedad, ya que el capital ya ha sido consumido, gastado por el Estado, ya no existe. Para este tipo de capital ficticio es, como diría Marx, valor pasado. El capital de la deuda pública sigue siendo capital puramente ficticio cuyo valor no corresponde con algún capital real.

    Otras de las características del Estado burgués es que mediante las actividades de este no se produce ningún plusvalor. El estatismo es una política que intenta negar esta característica de los Estados tratando de que éste salve ramas de producción para seguir manteniendo a capas parasitarias. Por ejemplo, la estatización de empresas. Para pagar la deuda estatal, es decir, los intereses de los bonos que los acreedores logran capitalizar, ese dinero sólo puede salir de un sólo lugar, que es donde se produce el valor y el plusvalor. Nos referimos a la producción, a la explotación de los trabajadores. El canje por nuevos bonos, sus intereses y sus plazos están determinados por el nivel de ajuste a la clase trabajadora que está dispuesta a implementar nuestra clase enemiga. Es, en realidad, un derecho sobre el trabajo futuro que producirá supuestamente el plusvalor del que el interés (una retribución por la pura propiedad) será una parte.

    Así se pagan las deudas en el sistema capitalista, creer que esa plata que destinan los gobierno para pagar la deuda externa se podría destinar para otras cosas, es totalmente delirante, es plata que no existe. Por eso no pagar la deuda externa significa una pelea por la destrucción del Estado burgués, atacando al régimen burgués en su base, en la producción.

  • Deuda externa: Entrega inmediata

     

    Las negociaciones por el pago de la deuda externa con el sector de los fondos de inversión, que en teoría vence el 4 de agosto, pero que el gobierno dice que las extenderían un mes más, están bastante avanzadas, ya que el Estado argentino ha cedido en gran parte a los pedidos de los acreedores. Se calcula una mejora de hasta 16.000 millones de dólares respecto a la primera oferta.

    La negociación es por más de 65.000 millones de dólares de deuda, que el Gobierno intenta reestructurar con los acreedores privados, y eso es sólo una parte de los vencimientos previstos para este año. Luego viene el FMI, que no sólo querrá cobrar la deuda, sino además dar las directrices para exigir las reformas de siempre.

    A pesar de eso, el 20 de julio los tres principales grupos de acreedores - ACC, Ad Hoc y Exchange- confirmaron su rechazo a la oferta de canje argentina con un comunicado en el que dicen que “se han unido para presentar una nueva propuesta al gobierno argentino que cuente con el apoyo de todos los grupos de acreedores”.

    Para los acreedores, hay 2,6 puntos de valor presente neto entre la propuesta del Gobierno y la de ellos. “La diferencia es mínima. Son menos de UDS 300 millones de flujo de caja por año. Ambas partes pueden y deben llegar a un acuerdo. Es una propuesta para sentarse a conversar y negociar, y es responsabilidad de las autoridades seguir el camino hacia adelante”, precisó uno de los grupos de acreedores. Insisten en que la diferencia económica representa menos del 0,5% del PBI y que es un costo mucho menor para el país que no tener acceso a los mercados financieros internacionales, que sería el escenario ante un eventual default.

    Los acreedores quieren más concesiones de parte del gobierno, ya que cada vez que los apretaron mejoraron la oferta. El último pedido fue garantías jurídicas y Alberto y compañía ya mandaron al Congreso leyes para complacer a los grupos acreedores.

    Esas señales se vinculan a la Ley de deuda nacional, que ya está en el Senado, y a la posibilidad de modificar determinados aspectos jurídicos vinculados a la reasignación de las emisiones de los bonos para lograr los porcentajes previstos en las Cláusulas de Acción Colectivas (CAC) de los títulos 2005 y 2016. Estas leyes cuentan con el aval de la oposición burguesa.

    En una entrevista al diario Financial Times, el presidente había sostenido que “no habrá otra oferta” de reestructuración. Es decir, que esta era la última oferta para alcanzar un acuerdo.

    Debemos ver cómo termina la negociación, ya que no es lo mismo para el gobierno si se va a un default con todas las letras o un default parcial y seguir negociando con el FMI para tratar de que ese organismo habilite algún tipo de crédito para que la economía argentina no colapse.

    Lo que sí es seguro es que cualquiera sean los escenarios post negociación, nada bueno puede venir para los trabajadores y el pueblo pobre, ya que pretenden pagar la deuda con un ajuste a los trabajadores y saqueando a los jubilados. Resulta de un cinismo importante escuchar a Martín Guzmán, negociador de la deuda, decir que Argentina ya no pude hacer más concesiones, si no, debería ajustar a los trabajadores y jubilados y eso no lo harían. Es lo que vienen haciendo en todo el periodo de la pandemia, pagando con los fondos del Anses los gastos de la cuarentena y rebajando el sueldo a los jubilados.

    Cuando para la opinión pública se dice que se está discutiendo la postpandemia en el gobierno y la oposición, en realidad lo que se está discutiendo es la post negociación de la deuda. Y, desde esta perspectiva, es que se ubican las distintas fracciones capitalistas. Y en este terreno están las peleas de los K contra la línea más acuerdista de Alberto con el G6 de los grandes empresarios nacionales.

    De poder negociar una salida a la deuda, entra en juego cuál es el plan para salir de la crisis -que ya es histórica- y con quién. Acá entra el debate de fracciones. Alberto, después de retroceder con la expropiación de Vicentin, sostiene que es mediante un plan Marshall a la argentina (un plan de rescate de gran parte de la economía), con emisión monetaria, obra pública y con los dólares del sector agroexportador. En esta idea, busca unir fuerzas con el sector “dialoguista” de Cambiemos. La otra ala sostiene el crecimiento del mercado interno apoyándose en la burguesía nacional que “no es cipaya”. Pareciera una discusión entre delirantes, si no fuera porque ambas políticas se asientan seriamente sobre la idea de reventar al movimiento obrero y al pueblo pobre.

    Para la política de Alberto se necesita que el FMI vuelva a dar crédito al país, ya que la emisión monetaria tiene un límite. Apuesta a un nuevo blanqueo, para que estos capitales regresen o ingresen al proceso productivo; debe garantizarles reformas, como la laboral. Ahora el gobierno lanza una reforma judicial, no sólo para intentar garantizarle impunidad a CFK, sino también para buscar los mecanismos institucionales y jurídicos (reforma de los tribunales y de la Corte Suprema) que den garantía para las esperadas inversiones extranjeras. Está en carpeta la idea de una renta básica que reemplace al IFE ante la pauperización de grandes sectores para tratar de contener el descontento social y buscar que esa renta básica sea referencia para bajar los salarios.

    El ala del desarrollo del mercado interno y, por lo tanto, de una burguesía nacional que pelee por la soberanía nacional, que expresan los sectores ligados a Cristina, no pueden mostrar a qué sector habría que apoyar, ya que ponen como ejemplo a Arcor y de ahí ya todo deja de ser serio.

    Mientras tanto, el desarrollo de la crisis abre un sinfín de procesos de lucha de clases en sectores de trabajadores en distintas provincias, como el conflicto de los colectiveros en Córdoba. También, conflictos contra los aparatos represivos del estado, como las movilizaciones por la desaparición forzosa de Facundo Castro en Provincia de Buenos Aires.

    La burocracia sindical, como siempre, busca salvarse con algún ala de la burguesía nacional e internacional. En medio de la pandemia se quedaron en casa, pero permitieron los despidos, suspensiones y recortes salariales. El 21 de julio la CGT realizó una reunión virtual y firmó un documento junto a empresarios como Paolo Rocca (Techint), Marcos Galperín (Mercado Libre), Luis Pagani (Arcor), Héctor Magnetto (Clarín), Cristiano Ratazzi (FIAT), Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó) y otros, integrantes de la poderosísima Asociación Empresaria Argentina (AEA). En el documento reclaman “la necesidad de reducir gradualmente la presión tributaria sobre el sector formal de la economía, atendiendo a su vez a la necesidad de equilibrar las cuentas fiscales”. Léase: ajuste fiscal y mayores concesiones a los empresarios. Con respecto al saqueo de la deuda externa reclamaron una “inserción inteligente de la Argentina en el mundo” y “un resultado positivo en las negociaciones con los acreedores externos”. Esto demuestra que tanto los partidos patronales, como las distintas fracciones burguesas y la burocracia sindical son los garantes de que la crisis la paguemos los trabajadores.

    Mientras se sigue desarrollando la crisis, profundizada por la pandemia, debemos deliberar dentro de nuestra clase cómo le damos una salida obrera. Dentro de nuestras organizaciones debemos plantear que no se debe pagar la deuda externa. No porque sea “fraudulenta” o “ilegítima”, sino porque es una forma de dominación que tiene el imperialismo para las semicolonias. Y además porque es una forma de sostén del imperialismo a las burguesías autóctonas, que son las garantes de los ajustes para pagar las deudas. Reiteramos, no podemos pagar la deuda externa y mantener una clase parásita, como es la burguesía, que no produce nada.

    Es central apelar a la solidaridad activa de los trabajadores de los países imperialistas, que enfrenten a sus gobiernos en defensa de los trabajadores de las semicolonias. Los trabajadores de EEUU, Francia, España y Alemania, entre otros, deben apoyar la lucha de los trabajadores en contra del pago de la deuda externa. Es una lucha antiimperialista y los trabajadores de nuestro país deben ser la vanguardia de esta lucha, recuperando los sindicatos de la burocracia sindical, peleando por recuperar lo perdido en periodos anteriores de nuestro salario, sólo para que no sigan cayendo nuestras condiciones de vida. Junto a la clase obrera del resto de los países de la región, debemos ser caudillos de los procesos en el conjunto de Latinoamérica para derrotar los planes de ajuste de los gobiernos de turno.

     

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