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Acuerdo EEUU-Irán: Trump paga para salir del estrecho

Martes, 23 Junio 2026 14:55
Internacionales | Irán | Lucha antiimperialista | Trump | Guerra
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El miércoles 17 de junio, Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian firmaron de forma remota un “Memorándum de Entendimiento” para cerrar la guerra iniciada por la potencia imperialista e Israel el 28 de febrero. Trump lo hizo en el palacio de Versalles, en el marco de la cumbre del G7, justificándose con la poca afortunada comparación con el presidente Herbert Hoover, durante cuya presidencia se inició la crisis de 1929: “No quería ver una catástrofe económica. Si esto hubiera continuado, esto es lo que habría pasado”. La firma definitiva se esperaba para el viernes de esa semana, pero la continuidad de la ofensiva de Israel sobre el sur del Líbano llevó a Irán a mantener el bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos que viene a resolver el memorándum. Finalmente, el domingo 21/6 los negociadores de ambas partes se reunieron en Lucerna, Suiza, en una propiedad de Qatar, para dar curso efectivo a los acuerdos, ocasión en la cuál ambas partes mantuvieron una retórica digerible para su frente interno. El vicepresidente norteamericano Vance hizo hincapié en el reingreso de los observadores la OIEA a Irán para verificar el cumplimiento del descarte del uranio enriquecido de Irán y el control de sus instalaciones nucleares, los iraníes pusieron como condición el levantamiento del bloqueo a sus puertos, de las sanciones sobre sus ventas petroleras y el descongelamiento de sus activos en bancos qataríes (The Guardian, 22/6). A lo largo del día, se confirmó el cruce de cuatro buques petroleros por el estrecho.

Reconocimiento del fracaso

El primer elemento que salta a la vista de todos los analistas es que, con el acuerdo, Trump confirma el fracaso de la ofensiva lanzada junto a Israel en febrero. Más aún, es un fracaso con altos costos, no sólo por los miles de millones de dólares arrojados como material bélico sobre los trabajadores y el pueblo de Irán, sino también por las consecuencias del doble bloqueo del estrecho de Ormuz para toda la economía mundial. Estas consecuencias económicas golpearon duramente sobre aliados de EE.UU. y principalmente dentro de la propia metrópoli imperialista, presionando a la administración a intentar salir del problema antes de que la inflación y la inminente recesión dilapidaran cualquier posibilidad de que los republicanos mantengan el control del congreso luego de las elecciones de medio término que se llevarán adelante en noviembre.
Una de las principales contradicciones del memorándum, y lo que le dan un carácter de extrema fragilidad, es que impone a Israel límites en su ofensiva militar sobre Hezbollah y su invasión de la franja sur del Líbano. Al momento de escribir esta nota, no queda claro hasta que punto Israel va a admitir una negociación entre EEUU, Irán y el Líbano para dirimir este problema sin su participación. Pero si queda desnudo el carácter burgués reaccionario del régimen iraní, que pone por delante sus intereses económicos como real condicionante para la puesta en marcha del acuerdo, por sobre su defensa incondicional de la integridad territorial del Líbano, que aparece como punto 1 del acuerdo, punto que queda pospuesto para futuras conversaciones. Esto no quiere decir que el problema esté resuelto: vimos los insultos propinados por Trump a Netanyahu a la hora de intentar avanzar en la negociación. Israel queda evidentemente debilitado, y mientras más acorralado se vea el ente de ocupación sionista más brutal será su política colonialista y genocida para defender su propia supervivencia.
Las fragilidades del memorándum son también muestra de las dificultades que tiene el imperialismo para poder retirarse una vez que inicia una aventura militar. Y esto nos lleva a analizar la situación mundial de conjunto: el ataque a Irán era para Israel una ofensiva para intentar sostener su difícil posición en la región, para EE.UU. era parte de su política de asedio a China en su línea estratégica de asimilación de los ex Estado Obreros. Irán resulta un aliado importante de China, en términos geopolíticos y económicos, por ser eje de la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda y gran proveedor de materias primas, sobre todo hidrocarburos. El objetivo de descabezar el régimen de los Ayatollahs para imponer una “Delcy Rodríguez” a la iraní mostró ser un error de cálculo del imperialismo. Tampoco contaba Trump con la resistencia de la población de un país de gran tamaño y con una historia de lucha y organización obrera y popular. Así entendido, el memorándum aparece como el precio que está dispuesto a pagar el imperialismo para dar una tregua en ese frente de la guerra generalizada que está preparando para intentar retomar la iniciativa ante la crisis del equilibrio de la posguerra y la erosión de su propia hegemonía, todo ello sobre la base estructural de la descomposición del sistema.

No hay tregua en la ofensiva contra la clase obrera

En el G7 quedó demostrado que el memorándum EEUU-Irán está lejos de ser un llamado a la paz. La OTAN y los países europeos aceleran el rearme y el militarismo, la guerra Rusia-Ucrania recrudece, Israel desconoce cualquier tregua y avanza en la ocupación del 70% de la Franja de Gaza mientras traslada la destrucción al sur del Líbano y Beirut. Sobre todo, la ofensiva contra la clase obrera se potencia, con nuevos ataques a las condiciones de vida y trabajo, aumentando la represión contra los inmigrantes, el ataque a los sindicatos (como sucede en Italia con quienes se solidarizan con Palestina) y la ofensiva de reformas laborales y jubilatorias. Nuestra clase sale a dar pelea, como muestran la huelga general en Portugal, las acciones por Palestina en Italia, los bloqueos contra el gobierno de Paz en Bolivia y la organización contra el ICE en EE.UU. 
En una dinámica que conduce a la guerra generalizada, los revolucionarios nos posicionamos por la derrota del imperialismo contra una nación oprimida como Irán, planteando la necesidad de la intervención de nuestra clase con sus métodos, la huelga, los bloqueos de los envíos de material militar y el sabotaje a la maquinaria bélica imperialista. La lucha antiimperialista está hoy, más que nunca, inextricablemente conectada a las tareas socialistas para dar una salida revolucionaria y proletaria a la situación.
En Medio Oriente es necesario expulsar al ente de ocupación sionista, la destrucción de Israel. Eso implica enfrentar a los gobiernos árabes que le dan sustento y luchar contra los Estados burgueses, para imponer una Federación de Repúblicas Socialistas en la región como forma estatal de la dictadura proletaria. Se impone desarrollar la lucha antiimperialista en EE.UU. y Europa, enfrentando a los propios Estados imperialistas. En Rusia y China, debemos combatir a Putin y a la dirección contrarrevolucionaria del PC chino, luchando contra la asimilación capitalista. En América Latina, tenemos que enfrentar a los principales apoyos del imperialismo en la región, los impulsores del Escudo de las Américas como Kast, Milei y Paz, así como a los supuestos progresistas que negocian un mejor lugar para sus burguesías en la explotación de nuestra clase como Lula y Sheimbaum.
En una situación mundial signada por la debacle del equilibrio preexistente y la amenaza de guerra generalizada para establecer nuevas formas, probablemente aún más descarnadas, de la explotación capitalista, el proletariado mundial tiene la última palabra. Será en el terreno de la lucha de clases donde podremos derrotar los planes de exterminio de nuestros enemigos. Reconstruir la Cuarta Internacional, el partido mundial de la clase obrera armado con la teoría-programa de la revolución permanente, es la tarea del momento para una nueva generación de revolucionarios que se forja al calor de las duras luchas actuales. Las corrientes trotskistas que defendemos el programa de la dictadura del proletariado debemos discutir como intervenir en la situación, para eso llamamos a organizar una Conferencia Internacional con carácter urgente.

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