Por un Congreso de delegados de base con mandato. Por una salida obrera a la crisis

La situación argentina sigue el curso de aceleración de la crisis social, política y económica. El gobierno de Milei y sus aliados fracasaron con sus recetas económicas y sólo apuestan a que EE.UU. los salve, como lo hizo el año pasado, a cambio de una mayor subordinación. Mientras tanto la oposición burguesa, en especial el PJ y la burocracia sindical, intentan ubicarse como garantes del régimen, buscando instalar por anticipado el escenario electoral. Otros sectores del empresariado pretenden encontrar una salida con una suerte de “mileísmo sin Milei”, es decir, salvaguardar los avances contra nuestra clase que este gobierno impuso en estos últimos años, pero con otro elenco de funcionarios menos impresentables. La visita del Papa es una asistencia desde la iglesia para contener el descontento social, cumpliendo su histórico rol contrarrevolucionario ante escenarios complejos.

Los trabajadores tenemos que intervenir de forma independiente, echar a Milei e imponer una salida a esta crisis confiando en nuestras propias fuerzas, con nuestros métodos y nuestro programa.

El propio gobierno está anticipando “un escenario indeseable”, lo que se traduce indefectiblemente en más sufrimiento para nuestra clase. Como siempre, pretenden que seamos nosotros los que paguemos la crisis, ya sea por los efectos de una devaluación en los precios y salarios, ya sea porque haya más despidos o porque se imponga una mayor pauperización de nuestras condiciones de vida. Tenemos que prepararnos para enfrentarla y derrotar esa política, con la cual todo el arco político burgués está de acuerdo.

Enfrentar la crisis significa reorganizarnos ante el proceso de desorganización al que nos llevó la reforma laboral con el inestimable apoyo de la burocracia sindical. En esta reorganización, los delegados combativos y antiburocráticos deben cumplir un rol central, ya que su relación con la base obrera permite abrir un debate al interior de nuestra clase sobre cómo nos organizamos, cómo desarrollamos un programa de transición y preparamos la condiciones para imponer un paro general en la perspectiva de una huelga general, de recuperar los sindicatos echando a la burocracia y de la lucha por el poder.

Llamamos a votar delegados en asambleas, echar a los delegados vendidos y mocionar plenarios de delegados por rama, por zona o distrito para un gran Congreso de delegados de base con mandato a nivel nacional. Esta instancia es fundamental para frenar la implementación de la reforma laboral, que las patronales están acelerando ante la debilidad del gobierno y la fragilidad de la situación, mientras las burocracias de todo pelaje mandan a sus abogados a decirle a los compañeros que hay que resignarse y aceptarla. Tenemos que romper con esa legalidad burguesa que nos ata a un Estado que no es el nuestro.

En esta situación las organizaciones recuperadas de manos de la burocracia cumplen un rol importante para reagrupar y colocarse como dirección del movimiento obrero. Es imperioso que desde éstas se vayan ampliando las funciones de los sindicatos para articular una respuesta obrera a la catástrofe a la que nos están llevando. Los SUTEBAs recuperados deben llamar a plenarios de delegados de las zonas, no sólo de los docentes, sino de estatales y privados, ocupados y desocupados para ser referencia de organización. Lo mismo puede hacer la UEPC Capital en Córdoba. La Union Ferroviaria de Haedo puede llamar a un plenario de delegados y activistas de la rama. Estos serían ejemplos de cómo podemos preparar la irrupción de una vanguardia obrera organizada detrás de reivindicaciones inmediatas como: “¡abajo el desalojo de Fate!”, “por el triunfo de todas las luchas en curso”, “basta de despidos”, “aumento salarial ya”. Otra tarea planteada es marchar con los universitarios en la marcha federal del 15 de octubre en solidaridad con su lucha y planteando una salida obrera independiente a la crisis de la educación. Estas tareas inmediatas tienen que estar acompañadas de un programa obrero de salida a la crisis, que debe partir en atacar a la burguesía en la producción. Es allí donde el proletariado industrial concentrado en las ramas petroleras, de la minería, y aceiteras cumplen un rol central, no sólo para derrotar a la burguesía, sino también para enfrentar al imperialismo, que en su fase guerrerista ha colocado a este sector de trabajadores ante tareas más importantes. Por eso el control obrero de las ramas y la escala móvil de horas de trabajo y salarios, entre otras consignas, deben poner al proletariado como caudillo de la nación oprimida.

Tenemos que poner a la ofensiva a nuestra clase y precisar las tareas para no caer en un movimientismo estéril, que no organiza detrás de un programa, sino de sentimientos. Nuestra tarea es crear las condiciones de la construcción de un partido revolucionario como sección de la Cuarta Internacional reconstruida.

“Próxima estación… Esperanza”

Para seguir jugando con las letras de las canciones, pasada la “marcha de la bronca”, los organizadores podrían echar mano del título de Manu Chao (2001). Porque el pasado 19/9 convocaron a marchar con un programa lavado para que se acercaran sectores del peronismo desencantado, aunque faltaron a la cita. Si siguen en ese tren, ¿cuál sería la siguiente estación?

La “marcha de la bronca” expresó que los movimientos sociales opositores a Milei siguen manteniendo elementos de resistencia en las calles, pero por su relación indirecta con la producción no pueden modificar las relaciones de fuerza. Lo que debemos criticar es a las direcciones que se reclaman de la izquierda revolucionaria, que vaciaron de contenido y se adaptaron a un sentido común de los movimientos, actuando como simples herramientas para que se exprese la “bronca”, sin programa, sin organización y, por lo tanto, sin perspectiva de lucha.

Para el PTS —principal organizador de la marcha— la convocatoria sirvió para probar sus elaboraciones teóricas sobre la combinación de movimientos: que las voluntades individuales se unan en una voluntad colectiva para forjar una “comunidad política”, algo que ellos llaman un “partido de la nueva clase trabajadora”. Una teoría con un sujeto difuso, valiéndose de la cual podrán decir que la marcha fue un éxito. Menos sofisticado, el MST y su “unidad en la diversidad”, podrá sacar el mismo balance.

Pero en la marcha faltó la impronta del movimiento obrero organizado, que, si marchó, fue de forma diluida o encolumnado en las colaterales de cada partido del FIT-U. Por eso el llamado a la huelga general que se hizo desde el palco es un sinsentido de los organizadores, salvo que consideren que los movimientos sociales son los que deben reemplazar a la clase obrera industrial, de las ramas centrales de la economía, y sus métodos de lucha. Consideramos que los movimientos sociales pueden cumplir un rol muy importante en la lucha por el poder, pero como auxiliares en las luchas obreras. Sin duda serán importantes para establecer la “dictadura de la calle”, es decir, imponer cortes y bloqueos de accesos y enfrentarse con las fuerzas de represión.

Para preparar las condiciones para imponer una huelga general a la CGT y las CTAs tenemos que reforzar nuestra militancia en las estructuras, en las fábricas, en los lugares de trabajo, en la universidad y en las escuelas, en los barrios con los movimientos piqueteros, realizando asambleas y votando mociones en ese sentido. Es necesario votar delegados de base y echar a los vendidos, recuperar los sindicatos y expulsar a los interventores (como en la UOM y en las seccionales Rosario y Córdoba del SMATA). Hay que convocar a un Congreso de delegados de base con mandato que establezca un plan de acción para frenar la implementación de la reforma laboral, por aumento de salario, contra los despidos. En la preparación de estas instancias, es una tarea inmediata de las seccionales recuperadas, de las comisiones internas o cuerpos de delegados antiburocrático la organización de plenarios regionales de delegados y activistas que discutan cómo pasamos a la ofensiva.

La perspectiva tiene que ser poner bajo control obrero a las ramas vitales de la producción —las industrias petroleras, mineras y aceiteras— atacando a la burguesía en su base de sustentación como clase parásita y preparando a la clase obrera como próxima dirección de la economía, empezando por imponer la escala móvil de salario y horas de trabajo entre otras medidas de transición. Debemos dar una lucha política para impedir el rearme del peronismo, ya sea en su variante “esperanza”, en su variante Massa o en la de “el amor vence al odio”, luchando por una ruptura revolucionaria de los trabajadores con este partido contrarrevolucionario. Debemos desplegar un programa de transición para preparar las bases de una revolución obrera y socialista que tire a Milei y, con esa derrota, liquidar a un aliado del imperialismo y del sionismo que nos están llevando a una guerra generalizada.

Tenemos tareas concretas en el corto plazo: parar el desalojo de FATE. No sólo hay que rodear de solidaridad las inmediaciones de la fábrica, sino también preparar ocupaciones o paros en los lugares de trabajo donde tengamos influencia, marchado a los sindicatos o a la CGT para imponerles un paro general por FATE. En el mismo sentido debemos organizar ocupaciones de las universidades para ir a la marcha federal del 15 de octubre de forma independiente a los directivos de las universidades y de la burocracia sindical.

 

 

EL IMPRESO #97

El Impreso #97 - septiembre 20206. Para leer el pdf haga click acá: 97

Paremos las Universidades ocupando los edificios

Contra el plan para desactivar la lucha

El jueves 17 de septiembre, el gobierno nacional volvió a montar una farsa de “paritaria” para ofrecer un aumento del 3% al sueldo devengado de septiembre, a condición de que las federaciones sindicales firmen un acta de capitulación total en relación al reclamo de recomposición salarial al piso de noviembre de 2023, contenido en la Ley de Financiamiento Universitario. Esta enésima provocación de la patronal cuenta con la complicidad del CIN, que se apresuró a convocar a una nueva marcha federal para el 15 de octubre, ¡falta un mes! El frente sindical burocrático de las federaciones de trabajadores universitarios, donde están CONADU, CONADU Histórica, la FATUN nodocente, FEDUN y otras federaciones menores, se apresuró a largar su plan de acciones sin consultar a nadie, consistente en dos paros de 24hs (18/9 y 22/9), fantasmales “23 jornadas de lucha” y la marcha del CIN, manteniendo su subordinación a los rectores que vienen mostrando desde el primer día.

¿Privatización total o articulación público-privada?

A la pregunta que nos hacemos muchos docentes y nodocentes en relación a cómo es que siguen funcionando las Universidades Nacionales con un tercio del presupuesto, la respuesta es bastante obvia: las autoridades en los rectorados y decanatos vienen avanzando en el autofinanciamiento desde la aprobación de la LES en los ´90, vendiendo todo tipo de bienes y servicios al mercado. La disputa de los rectores del CIN con Milei, si es que existe tal cosa, es simplemente por agrandar un poco más sus cajas con fondos públicos, mientras paralelamente aceleran la firma de convenios con empresas, universidades extranjeras (que en su mayoría son empresas privadas), gobiernos locales, provinciales y extranjeros e imponen aranceles y contribuciones “voluntarias”. Podemos decir que es la línea de la “Articulación público-privada” que tanto supo propagandizar Macri, que siguen las autoridades sin importar cuál camiseta de la política patronal se pongan: UCR, PJ, PRO, progres, LLA, etc. El gobierno está de acuerdo -aunque no le molestaría una privatización total- ya que esto no lo tendría que decretar ni hacer votar por ley: simplemente con avanzar en el desfinanciamiento logra que el trabajo privatizador lo hagan sus aliados del CIN.

Obviamente, la privatización de la universidad se basa en ofrecer toda la compleja infraestructura de Ciencia y Técnica a las contrapartes privadas, junto con el avance de la reforma laboral y la precarización de los trabajadores docentes y nodocentes por múltiples caminos (interinatos, cátedras enteras con cargos simples, monotributos, contratos a plazo, becas y pasantías, etc., etc.). A esto hay que agregar la injerencia que tienen los “financiadores” privados en los planes de estudio para ajustar la formación de las nuevas generaciones de trabajadores técnicos y profesional a las necesidades de sus intereses capitalistas. Esto último, agravado por el carácter semicolonial de Argentina y su subordinación al bando de EEUU e Israel en la nueva guerra generalizada que se cierne sobre la humanidad.

El plan de (desactivación de la) lucha

Dicho lo anterior, queda claro quienes están militando para evitar la radicalización de las medidas de lucha con el paro por tiempo indeterminado. Una huelga de esas características, paralizando las facultades con la ocupación de los edificios, daría un golpe contundente a los negocios de las autoridades del CIN y su plan de privatización. Es por eso que la burocracia sindical de las federaciones, atada por mil lazos al Estado y a la burocracia académica que dirige las Universidades, hace todo lo posible para aplastar la lucha con medidas aisladas, desgastantes y que no afecten a la patronal. Los paros sin asistencia a los lugares de trabajo, las decisiones tomadas sin hacer asambleas (reemplazadas por consultas virtuales, con urnas o directamente sin consulta alguna) y las “visibilizaciones” impotentes apuntan a desmoralizar y a sembrar el camino para una salida “política”, es decir, electoral. ¡Pero no podemos esperar hasta 2027! Y tampoco a que un recambio por la vía de las elecciones mejore la situación, ya lo vimos con el nefasto gobierno del FdT de Alberto y Cristina que incluso incumplió acuerdos firmados por Macri.

Igual que las autoridades del CIN, la burocracia sindical de las federaciones no tienen ningún problema de principios con la privatización de las Universidades y se adaptan a “los nuevos tiempos”. La lucha por la aplicación de la Ley les sirve para introducir mediaciones como la justicia y el parlamento, coberturas para ocultar su responsabilidad en años de entrega de los salarios y las condiciones de trabajo.

Recuperemos los sindicatos

Debemos enfrentar el plan para desarmar la lucha universitaria del Frente Sindical y el CIN. Organicemos asambleas en cada facultad y dependencia. Votemos la moción de paro por tiempo indeterminado con ocupación de edificios, podemos organizar desde ahí las acciones y desorganizar a la burocracia académica imponiendo, junto a las organizaciones estudiantiles en lucha, el control de los planes de estudio y la organización de la educación y los diferentes servicios universitarios (hospitales, comedores, predios deportivos, museos, etc.). Revoquemos en asamblea a los delegados de la burocracia, eligiendo nuevos delegados docentes y nodocentes. Votemos plenarios de delegados con mandato en cada universidad, y un gran plenario nacional de delegados. Las organizaciones recuperadas y combativas que no responden a la burocracia, como la AGD-UBA, las comisiones internas recuperadas de APUBA, ADUNS, el sindicato nodocente de Mar del Plata, entre otros, juntos a los delegados independientes y luchadores pueden tomar la tarea de organizar este plenario a partir de discutir estas mociones en la base, organizando la lucha y con el objetivo de echar a la burocracia y recuperar las federaciones en camino de conquistar una Federación Única de Trabajadores Universitarios para fortalecer nuestra pelea contra Milei, los rectores y sus titiriteros en Washington y Tel Aviv.

Elecciones en Brasil: voto nulo

Por LOI-Brasil

VOTO NULO: ¡FRENEMOS AL IMPERIALISMO CON LA FUERZA Y LOS MÉTODOS DE NUESTRA CLASE!

¿Cuál es el contexto de las elecciones en Brasil?

Las elecciones generales en Brasil, cuya primera vuelta se celebrará el próximo 4 de octubre, son motivo de gran expectativa, tanto a nivel nacional como internacional, ante la coyuntura impuesta por el imperialismo en el último período. Esto se debe a que el actual gobierno, una amplia coalición burguesa cuyo candidato, Lula (PT), se postula para un nuevo mandato, es visto como uno de los últimos bastiones de la soberanía nacional en América Latina frente al mayor intervencionismo estadounidense en la región y a las recientes victorias de presidentes de países vecinos alineados con Trump. Por otro lado, una victoria de Flávio Bolsonaro es entendida como el golpe de gracia del “entreguismo” sudamericano ante el imperialismo.

La política actual del imperialismo, bajo el liderazgo de Trump en su segundo mandato, es una expresión de su decadencia y de su intento por restablecer el equilibrio inestable de la posguerra sobre nuevas bases, recuperando su hegemonía frente al crecimiento de la influencia económica china en el mundo y, especialmente, en América Latina. En esta búsqueda por aumentar la productividad y, por lo tanto, la acumulación, Trump ha impuesto guerras arancelarias, ha renegociado acuerdos y pactos vigentes en las últimas décadas y ha buscado acuerdos bilaterales, además de lanzar una política más agresiva, de enfrentamiento más directo, para asimilar a los ex Estados obreros al sistema de Estados semicoloniales. Todas estas políticas han profundizado los elementos de ruptura de ese equilibrio, acelerando las tendencias guerreristas del imperialismo. De este modo, nos encontramos ante un escenario mundial marcado por la guerra. Desde las guerras arancelarias, los conflictos militares abiertos en diversas partes del mundo, las acciones represivas de los Estados contra los movimientos de masas, las reconversiones industriales hacia la producción de armamento y los presupuestos estatales destinados a la defensa son los procesos bélicos que caracterizan las políticas de los Estados en el período actual.

Es en este contexto donde se enmarca la orientación de Trump hacia América Latina. Esta mayor intervención en la región, o el llamado “corolario Trump” de la Doctrina Monroe, no es solo una forma de garantizar un alineamiento estratégico en la región, alejando otras influencias (como China) de su “patio trasero”. Se trata de una disputa abierta por los recursos naturales, por el aumento de la acumulación, en una coyuntura marcada por la guerra. El secuestro de Maduro y la apropiación de las reservas petroleras venezolanas, el asedio intervencionista y las sanciones contra Cuba, el “Escudo de las Américas” y la instalación de diecisiete nuevas bases militares en la región, además de los acuerdos para la explotación de minerales críticos y tierras raras en Colombia, y de cobre y litio en Argentina, Chile y Perú, ponen al descubierto esta política.

Es evidente que estos procesos no ocurren en el vacío de la lucha de clases. El intervencionismo acérrimo del imperialismo también acelera la descomposición del bonapartismo sui generis, esa condición especial de poder estatal propia de las semicolonias debido a su relación de dependencia con el imperialismo. Este proceso da lugar a gobiernos más inestables y sin base social que, al someterse totalmente a los designios imperialistas, desencadenan enormes crisis políticas y económicas, así como enfrentamientos de lucha de clases, como ocurrió recientemente en Bolivia.

Pero ¿qué pasa con la soberanía nacional?

La descomposición del bonapartismo sui generis en el marco de esta nueva reconfiguración de las relaciones entre los Estados semicoloniales y el imperialismo también tiene implicaciones en los equilibrios de clase y sus instituciones políticas. Esto se debe a que, bajo el dominio más directo y agresivo del capital extranjero, las burguesías nacionales de la región ven agravada su debilidad y, por lo tanto, tienen mayor dificultad para hacer concesiones a la clase trabajadora como forma de buscar una base social que les garantice cierta autonomía. Esto hace que, incluso bajo gobiernos más “democráticos”, la clase trabajadora se vea sometida a una mayor explotación y, cuando se levanta, a una mayor represión.

Esto quedó claro con el gobierno de frente amplio burgués de Lula y Alckmin. Además de no revocar las reformas laborales, de seguridad social y educativas del gobierno anterior, implementó el marco fiscal ya en el primer año del nuevo mandato. Toda la trayectoria posterior del gobierno se centró en garantizar las ganancias del empresariado nacional, el agronegocio y el capital monopolista mediante paquetes de incentivos y acuerdos con el “centrão”, que representa la plataforma de negocios más consolidada de la burguesía en la república.

En lo que respecta a las relaciones con el imperialismo, el gobierno de Lula ha obedecido para garantizar sus intereses en Brasil, aunque busque mantener cierta diversificación de las inversiones extranjeras y las relaciones bilaterales con China. Las privatizaciones de sectores estratégicos, la entrega del control de la explotación de los recursos naturales, la sumisión al agronegocio y la imposición del marco fiscal como forma de garantizar el pago de los intereses de la deuda pública son algunos ejemplos en este sentido. También vale recordar que, a pesar del discurso en contra del genocidio palestino perpetrado por Israel, el gobierno de Lula no ha roto relaciones con este enclave imperialista.

El discurso en defensa de la soberanía comenzó a cobrar fuerza tras los ataques de Trump contra Brasil como parte de su política para la región. La imposición de altos aranceles comerciales, la clasificación de organizaciones criminales (implicadas en el narcotráfico y el lavado de dinero) como terroristas y las acusaciones de prácticas comerciales desleales, como el Pix, buscan someter más directamente a Brasil a la lógica de la depredación imperialista. Para ello, es evidente que un gobierno totalmente alineado con esa lógica, como lo sería Flávio Bolsonaro, redunda en beneficio de Trump. Así pues, a Lula no le quedó más remedio que plantear el discurso en defensa de la soberanía nacional.

La pregunta que hay que plantearse es: ¿qué tipo de soberanía nacional es posible en un país semicolonial como Brasil? Basta con observar cuál fue la postura del gobierno de Lula frente a las medidas de Trump. Ante la imposición de aranceles, Lula buscó todas las vías de negociación, al tiempo que utilizó los recursos del Estado para cubrir posibles pérdidas de la burguesía nacional. Es decir, ante esta embestida del imperialismo, de una burguesía nacional débil frente al capital monopolista y de una oposición electoral que se propone ser totalmente sumisa a la política de Trump, Lula ha buscado plantear un discurso para recuperar una base social obrera que le permita mejores condiciones para negociar con el imperialismo. Ese es el límite de la “soberanía”. Por eso, se ha apoyado en la defensa del fin de la escala 6x1, ha enfocado sus mítines y actos hacia la región del ABC de São Paulo y, ahora, se erige en defensor de la soberanía nacional.

La democracia burguesa y las tareas de los revolucionarios

«Un liberal habla naturalmente de “democracia” en general. Un marxista nunca se olvidará de plantear la pregunta: “¿Para qué clase?”» (Lenin, 1918)

Desde las elecciones de 2018, con la candidatura de “extrema derecha” de Bolsonaro, la defensa de la democracia, como concepto abstracto, ha sido asumida con vehemencia por sectores de la burocracia sindical y del reformismo, pero también (aunque de manera más encubierta) por el centrismo trotskista. El falso antagonismo formal entre democracia y fascismo (o también en la versión democracia contra golpe de Estado) reaparece en estas elecciones con un nuevo ropaje: soberanía nacional contra entreguismo o sumisión al imperialismo. El discurso de estas direcciones sindicales y políticas, así como del centrismo, consiste en presentar un falso antagonismo entre diferentes formas de dominación burguesa, disimulando su contenido de clase. Detrás de este nuevo ropaje, persiste la defensa y la total adaptación a la democracia burguesa.

La democracia burguesa es la dictadura de clase del capital, su forma de dominación. ¡Es la democracia de los explotadores sobre los explotados y, por lo tanto, no sirve a los trabajadores! La actual crisis política que se ha instalado en los tres poderes de la república no hace más que poner al descubierto la descomposición de la democracia burguesa, y de su expresión semicolonial, como forma de dominación capitalista. La política del imperialismo acelera esta tendencia, aumentando la inestabilidad y las crisis políticas y económicas. Esta democracia ya no puede ofrecerle nada a la clase trabajadora, ni siquiera las migajas que en otro tiempo pudieron mejorar las condiciones materiales de vida.

Por eso, consideramos que cualquier defensa del voto por Lula (PT), como política para la clase trabajadora, es un retroceso y una traición brutal ante la necesidad de organización y lucha que se plantean en la coyuntura actual, caracterizada por la aceleración de los procesos bélicos. Del mismo modo, las candidaturas y las políticas presentadas por el centrismo —que se sitúan “a la izquierda” de Lula o se presentan como “revolucionarias” y que, lejos de presentar un programa para la clase obrera, proponen una mejor (o más democrática) administración del Estado burgués— no pueden considerarse instrumentos para la organización o la concientización de los trabajadores. Muy por el contrario, se suman a las traiciones de las burocracias sindicales al canalizar la disposición de lucha de los trabajadores hacia las instancias de la democracia burguesa.

¡Como revolucionarios, llamamos a votar en blanco en la primera y en la segunda vuelta! No como un voto de protesta ni como un voto por falta de opciones (ni este, ni aquel). Llamamos a votar en blanco para poner al descubierto el carácter de clase de la democracia burguesa, la cual, ante la etapa histórica actual, ya no puede desempeñar ningún papel progresivo para nuestra clase. El centrismo trotskista, en su crisis histórica y su total adaptación al estatismo burgués, se ha sumergido en las elecciones con todo tipo de “programas”, posiciones o incluso “ausencia” de posiciones. Utilizan consignas transicionales adaptadas a la gestión del Estado burgués, como forma de resolver la crisis capitalista, o adaptadas a la opinión pública para crear «fenómenos» electorales. Defienden la independencia de clase como una actuación parlamentaria con contenido “democrático de los trabajadores”, como si pudieran alterar el contenido de clase de las instancias del Estado burgués.

Defendemos que nuestra tarea es, más que nunca, poner en marcha el programa de transición, recuperando toda su intencionalidad y dinámica política elaborada por Trotsky; es decir, un programa que retome la primera tarea del programa comunista, que es desorganizar a la burguesía, atacando la producción y, en ese proceso, forjar una vanguardia que supere la crisis de dirección revolucionaria. Para ello, es necesario que nos organicemos a partir de nuestras propias estructuras, recuperando los sindicatos de manos de las burocracias sindicales que forman parte de la estructura estatal, para que podamos enfrentar al imperialismo y a la burguesía nacional en su núcleo, interviniendo en la producción. En este sentido, deben desempeñar un papel fundamental los sindicatos de los trabajadores directamente implicados en la actual orientación política del imperialismo, como los petroleros, los portuarios y los obreros de las industrias de material de defensa. Solo la clase obrera bajo una dirección revolucionaria puede frenar la furia imperialista en Brasil, en América Latina, en Palestina y en el Medio Oriente, y en todos los rincones del planeta.

Cornejo prepara su sucesión

¡LOS TRABAJADORES TENEMOS QUE PREPARAR SU DESPEDIDA!

Cornejo asumió su segundo mandato, con el objetivo de revertir la derrota popular que sufrió su pupilo Suárez cuando intentó avanzar en derogar la Ley 7722 que restringe la minería. Aquel masivo y heterogéneo movimiento social que repudió la reforma de la 7722 pactada por radicales y peronistas en la Legislatura, fue la única derrota que sufrieron las gestiones de Cambia Mendoza.

Para alejar el fantasma de esa gran resistencia popular, Cornejo contó con la colaboración del peronismo y sus alas en la legislatura y municipios para fortalecer el aparato represivo estatal, imponiendo leyes de disciplinamiento de la clase obrera y de la protesta social. La burocracia sindical de CGT y CTA es la principal garante de la paz social sobre la base de pactar las reformas laborales y salarios paupérrimos a pedir de Cornejo, el más peluca de los gobernadores. Estos logros son los que Cornejo ofrece a los grandes capitales que se rapiñan el territorio y el acceso privilegiado al agua para la minería y la especulación inmobiliaria. Así Mendoza es pionera del ajuste brutal, la destrucción del salario, del empleo y las reformas antiobreras de su socio Milei. Ahora prepara su sucesión, pero los trabajadores no podemos permitir que deje el cargo victorioso.

La enorme concentración de control institucional de Cornejo degradó todas las mediaciones del conflicto social. Por eso, la más mínima expresión de disidencia es objeto de un ataque desmedido. Lo vemos en el despliegue desproporcionado de fuerzas represivas en la calle ante cada concentración de gente. El control social que vende Cornejo es cartón pintado en una provincia que se degrada socialmente y aflora la crisis por todos lados. Y, sobre todo, en las experiencias de resistencia. Las asambleas ambientales y movimientos sociales han sostenido el pulso de la lucha pese a los más de 40 detenidos por defender el agua. Los trabajadores del petróleo vienen resistiendo despidos con paros y acciones en los yacimientos. Estudiantes y trabajadores de las universidades salieron a las calles y continúan exigiendo presupuesto y salarios. Contra los cierres de escuelas y la reforma educativa nos movilizamos pese al rol nefasto del SUTE. Y los trabajadores judiciales acumulan semanas de lucha contra el techo salarial que pactó Cornejo en paritarias con las conducciones colaboracionistas del ajuste.

Es momento de que los trabajadores reaccionemos y empecemos a preparar la despedida de Cornejo. Es un error prenderle una vela a las urnas de 2027 como pretende el peronismo y quienes desde la izquierda se entusiasman con encuestas. Hay que salir ahora a recuperar el salario y revertir las reformas laborales para impedir que su sucesor las consolide. Es central abrir este debate en cada lugar de trabajo, militando la confianza en nuestros métodos de lucha y en la necesidad de discutir un plan de acción que exprese nuestros intereses como clase y no las internas patronales por armados electorales. Los delegados de cada lugar de trabajo tenemos un rol central en impulsar asambleas en las que votemos pronunciamientos en este sentido. Hay que movilizar a cada sindicato, imponer plenarios y sacar a los burócratas de sus sillones.

A Cornejo hay que torcerle el brazo. Preparemos las instancias para golpear con un solo puño y hacer saltar por los aires el pacto de paz social y la colaboración de la burocracia de la CGT y la CTA. Los trabajadores estatales tenemos que imponer una mesa paritaria estatal única. Elegir y mandatar delegados paritarios que lleven a la mesa el blanqueo íntegro del salario, la eliminación de todos los adicionales por productividad y presentismo extorsivos. Abajo la reforma laboral de Milei y Cornejo. Abajo el código contravencional y los protocolos contra la protesta.

Preparemos un congreso de delegados de base mandatados, de todos los sectores de trabajo, industria, servicios y estatales, para debatir y votar un plan de acción conjunta, vamos por un PARO GENERAL hasta imponer la reapertura de las paritarias y una recomposición general de salarios para que ningún trabajador en Mendoza gane por debajo de la línea de pobreza.

COR Regional Mendoza

Sobre la marcha de la bronca que impulsa el FITU

Nos solidarizamos con todos los trabajadores y el pueblo en general que expresan bronca ante el gobierno de Milei y la pauperización de las condiciones de vida a las que nos someten este sistema capitalista y sus agentes como el PJ, la burocracia sindical, la iglesia, los empresarios nacionales e internacionales. Consideramos que la expresión de este sentimiento parte de un proceso espontáneo desarrollado por la crisis actual y la necesidad de actuar para frenar los ataques.

Ante este escenario lo que cuestionamos es a las direcciones del FITU, que son las impulsoras de esta marcha, ya que, en su intento de establecer “un diálogo con las masas” se asimilan a la opinión pública sin un programa, con un fin electoral y tras una idea falaz de que las relaciones de fuerza entre clases antagónicas se pueden modificar dentro del régimen burgués. Esto implica evitar que un descontento genuino sobrepase los límites de la legalidad burguesa.

Tanto se han adaptado a las encuestas de opinión que intentan marcar agenda por izquierda –como alguna vez lo intentó el MAS en los ‘90 con la “Plaza del NO”, o, más recientemente, el movimiento de indignados en España– para dirimir las relaciones de fuerza con los otros partidos en el régimen burgués antes de que se desarrolle el escenario electoral.

Mientras el PJ pacta en el Congreso con el gobierno de Milei en nombre de la supuesta “defensa de la soberanía, la justicia y de la patria” y le vota el nombramiento de jueces acólitos, la marcha de la bronca no se delimita del peronismo, ni de la burocracia sindical y levanta las consignas de un nacionalismo tardío (como “la patria no se vende” o “las Malvinas son argentinas y el resto del territorio también”) para dialogar.

Por eso debemos impulsar en los lugares de trabajo, en las fábricas y en todas las estructuras la moción de una gran marcha a la CGT para imponer una fecha para un paro general activo por aumento salarial, basta de despidos, por el triunfo de las luchas en curso como los docentes de Tierra del Fuego o FATE, para nombrar algunas. Esas tareas permitirán atacar a la burguesía en la producción y a sus agentes en nuestras filas, que es la burocracia sindical, y prepararnos para acciones independientes de nuestra clase en momentos en los que el imperialismo y el gobierno de Milei nos están llevando a una guerra.

Tenemos que demostrar la fuerza de nuestra clase y, para desarrollarla, debemos recuperar los sindicatos de la burocracia. Impulsar asambleas que voten marchar hacia los sindicatos y planteen echar a los delegados vendidos puede permitir organizar la resistencia para la lucha por el poder.

Nuestra corriente sostiene este planteo y es por eso que no llamamos a marchar el 19 de septiembre. Nos avocamos a la tarea de construir una izquierda revolucionaria, no una “izquierda social”.

 

EL IMPRESO #96

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A 88 años de la fundación de la IV Internacional

La banlieue de París fue la sede para la Conferencia de fundación de la Internacional, el 3 de septiembre de 1938, ante la presencia de delegados que representaban a gran parte del mundo. La consumación de esa reunión fue un logro en sí mismo, ya que el estalinismo realizó todo tipo de maniobras para evitarla. Recordemos que uno de los organizadores, Rudolph Klement, fue asesinado antes de la Conferencia y se perdieron muchos documentos importantes. Erwin Wolf y León Sedov (el hijo de Trotsky) también fueron asesinados por la GPU poco antes del evento. Trotsky no pudo participar porque estaba exiliado en México.

La creación de la nueva Internacional se daba en un escenario mundial en el que las grandes potencias se preparaban para la Segunda Guerra Mundial, después de varias derrotas de procesos revolucionarios, por ejemplo en España y Alemania, donde el estalinismo acentuó su rol como una dirección contrarrevolucionaria. La tarea era recobrar una continuidad teórica y política del marxismo revolucionario ante los embate sufridos en esa época.

La IV Internacional intentó formar una nueva dirección revolucionaria con un programa de transición, que fue la expresión de las conclusiones de la Revolución Rusa generalizada para toda una etapa. Planteó las tareas históricas del proletariado para destruir el sistema capitalista en continuidad programática con la III Internacional antes de su estalinización. Del método y el programa establecidos para enfrentar al sistema capitalista, preparar la revolución y su posterior transición surge la superioridad teórica y política del trotskismo frente a las tendencias políticas que se apropiaron de la bandera del comunismo para humillarla. Ninguna otra corriente puede sostener de forma consecuente la perspectiva de la revolución socialista ante las nuevas generaciones. Es por eso que, aun a 88 años de su fundación, sigue tan vigente.

Actualmente, los revolucionarios nos encontramos ante procesos históricos inéditos y novedosos. El imperialismo norteamericano está en su debacle histórica y, en su decadencia desarrolla tendencias guerreristas: el ataque a Irán por parte de EE. UU., la guerra abierta en Ucrania por parte de Rusia, el genocidio en Gaza por parte del enclave imperialista de Israel. China avanza en la escena mundial en medio de un proceso tortuoso de asimilación capitalista. La decadencia económica de las potencias imperialistas y el escenario convulsionado por conflictos deja como consecuencias en el mundo la reaparición de un proceso inflacionario generalizado, crisis políticas y una crisis histórica de las formas de dominación del capitalismo. Este escenario mundial expresa la ruptura del equilibrio inestable que se desarrolló en la etapa de posguerra y abre paso a un proceso de descomposición del imperialismo y de asimilación de los ex Estados obreros.

A 88 años de su formación, las tareas históricas que planteó la IV Internacional siguen intactas. Tenemos las herramientas teóricas y políticas legadas del marxismo: las obras de Marx y Engels, la teoría del imperialismo, la teoría del partido revolucionario, el programa de las internacionales en su fase revolucionaria, la teoría-programa de la Revolución Permanente, el Programa de Transición y tantas lecciones programáticas de procesos vivos de lucha de clases. Tal como lo expuso Trotsky, aún persiste la crisis de dirección revolucionaria que retrasa la revolución mundial y le da una sobrevida a este sistema capitalista putrefacto. Entre las tareas más importantes de la nueva generación de revolucionarios se en encuentra la de recuperar el Programa de Transición y ponerlo en marcha en clave revolucionaria luego de que fuera tergiversado por tendencias centristas de posguerra bajo la influencia de visiones estatistas, redistribucionistas, sindicalistas y reformistas. Muchas de esas corrientes centristas terminaron degenerando y adaptándose al sistema capitalista.

Reconstruir la IV Internacional es intentar saldar la crisis de dirección revolucionaria, desplegar la acción revolucionaria ante una crisis mundial que sigue su curso y preparar la lucha por el poder. Desde la TRCI, ante este escenario, sostenemos la necesidad de una Conferencia Internacional con las corrientes que aun levanten la dictadura del proletariado para avanzar en la tarea de dotar de una dirección revolucionaria a los procesos de lucha de clases que se están produciendo.

A 88 años de la formación de la IV Internacional hacemos nuestra la definición programática de la IV que decía Trotsky. La Cuarta internacional se puede definir en estas palabras: ¡por la dictadura del proletariado!