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Estallido en El Líbano

Jueves, 13 Agosto 2020 20:23

Nitrato de amonio, abandonado en cantidad de 2.750 toneladas, desde hace 6 ó 7 años según la fuente, en el puerto y a corta distancia del centro de la ciudad más importante de un pequeño país del mediterráneo oriental. Fue la causa inmediata de la voladura de Beirut, el martes 4 de agosto, que tuvo como saldo al menos 220 muertos, 7.000 heridos y la destrucción de viviendas de unas 300.000 personas. Entre los muertos, muchos trabajadores y la destrucción total de la oficina del Sindicato de Marinos del Líbano; aunque no se trata solamente de una masacre laboral: es la expresión cruda de la descomposición de las estructuras de un semi-Estado burgués. El puerto, manejado conjuntamente por 2 organismos estatales, la Autoridad del Puerto de Beirut y la Autoridad Aduanera, albergaba los silos de trigo con que se alimenta gran parte de la ciudad, que fueron destruidos. Y era la principal vía de comunicación del país. La anarquía capitalista y un Estado descompuesto son la explicación de la deflagración.
Luego de la conmoción inicial, las calles de Beirut volvieron a la efervescencia que viven desde septiembre del año pasado. Las movilizaciones, atizadas por la destrucción de la ciudad que endilgan correctamente al gobierno burgués y sus funcionarios, llevaron al enfrentamiento con las fuerzas represivas, a la toma de ministerios durante el fin de semana, hasta la caída del gobierno del primer ministro Hassan Diab el lunes 10/8. Aunque también se pide la cabeza del presidente Michel Aoun y del parlamento en pleno, lo que habilitaría el adelanto de las elecciones. Este “que se vayan todos”, que se identifica con el carácter espontaneo y con falta de claridad de objetivos de las movilizaciones con elementos semi-insurreccionales, no constituye un programa y deja abierto el debate sobre cómo debemos responder los revolucionarios y la vanguardia ante el problema del poder.

Pandemia y procesos de masas

En El Líbano, el proceso de lucha se viene dando desde septiembre del año pasado, llevando a la caída del anterior primer ministro, Saad al-Hariri, en noviembre. No se trata de dos procesos independientes: la crisis económica y social en el país detonó en simultáneo con las movilizaciones en Irak, y también en otras regiones del globo, donde se destacan los procesos en Ecuador, Chile y otros países de Latinoamérica y el Caribe. Estos procesos, impulsados por el inicio de una caída acelerada del crecimiento de la economía mundial y un endurecimiento del mercado crediticio, que llevó a la crisis de deuda en El Líbano y Ecuador, no fueron derrotados. La pandemia y el ensayo general reaccionario de las políticas de cuarentena de los diferentes Estados, a lo sumo marcaron un impasse pero para nada cerraron los procesos y mucho menos solucionaron los elementos estructurales que los determinaban. Por el contrario, la pandemia aceleró de manera explosiva la crisis del capitalismo mundial. En El Líbano, de hecho se produjeron las primeras movilizaciones en medio de la cuarentena. Todo esto, mucho antes de la masacre del puerto de Beirut, que es un elemento que inflama aún más el estado de ánimo de los sectores en lucha.

Descomposición imperialista

Para comprender las fuerzas elementales que se debaten en El Líbano, debemos dimensionar la situación de la región del llamado Medio Oriente en su conjunto. El estallido de la crisis de 2008, de la cual la actual es continuidad pero no de forma lineal, produjo un proceso de lucha de clases en la región por el quiebre de las viejas instituciones estatales, que llevaron a la caída de dictaduras de décadas (Mubarak en Egipto, Ben Alí en Túnez, Gadafi en Libia). Este proceso de luchas fue derrotado y desviado hacia enfrentamientos fratricidas encabezados por direcciones contrarrevolucionarias como el islamismo o el nacionalismo burgués, por un lado, y la intervención abierta del imperialismo y sus agentes, en particular del gendarme israelí, enclave impuesto por el imperialismo para mantener el orden en la región. La derrota de estos procesos no significó una solución de los viejos problemas, todo lo contrario. El imperialismo, en el avance del proceso de su putrefacción estructural, agudizó todas las contradicciones, deteriorando aún más las estructuras de los semi-Estados, que en Medio Oriente en particular son aberrantes construcciones impuestas en el período de entre guerras por componendas entre las viejas metrópolis coloniales: Francia e Inglaterra. La actual etapa de la crisis, agudizada por la pandemia, acelera las tendencias centrífugas que presionan a cada semi-Estado de la región. Y sobre esas tendencias es que podemos entender la influencia de Irán, Turquía y Arabia Saudita, y otros tantos semi-Estados que defienden intereses de sub burguesías que intentan acomodarse ante el tambalear del equilibrio del sistema de Estados y la anarquía económica y social determinada por la descomposición imperialista.
En particular, la crisis abierta del semi-Estado libanés se tornó en fractura expuesta a partir de una aceleración de la fuga de capitales del sector financiero a mediados de 2019, que condujo a la devaluación de la libra y a una inflación del 60%, aumento del desempleo y del hambre, a partir del encarecimiento de los alimentos básicos como el trigo y el pan. Esta situación social se torna en un cuadro dantesco si le sumamos la cantidad de refugiados palestinos y, más recientemente, provenientes del éxodo sirio provocado por la guerra civil. Luego de la caída de Hariri, el gobierno de Diab decretó el default de la deuda, que alcanza la friolera del 170% del PBI del país. Las negociaciones con el FMI para habilitar uno de sus créditos de rescate, condicionados por las conocidas medidas de ajuste, cruza la situación, hasta la actualidad. Luego del estallido del puerto, Macron también aparece como supuesto benefactor, condicionando a su vez un rescate de donantes de la ONU a una comisión investigadora independiente, es decir, manejada por la ex metrópoli con sede en París, para la reconstrucción. Desde el aspecto militar, el asedio de las fuerzas de defensa israelíes en la frontera son una constante, más después de la guerra de 2006.
La incapacidad para controlar el puerto y la banca, los dos pilares económicos del país, por parte de la sub-burguesía libanesa, demuestra su grado de parasitismo, y la descomposición absoluta del Estado que dirigen. Las fuerzas centrífugas determinadas por la anarquía capitalista y la descomposición imperialista lo carcomen desde los cimientos. El movimiento obrero debe oponer a esta tendencia a la barbarie el control obrero de las ramas, empezando por la necesaria reconstrucción de la infraestructura. Claramente, esto no es posible sin enfrentar hasta el final las fuerzas del aparato burocrático militar que siguen en pie.

¿Una salida “nacional”?

Sectores de la izquierda, como el Nuevo Mas o el PTS, soslayan estos elementos estructurales que determinan la actual crisis en El Líbano. O sólo consideran las determinantes internacionales desde un punto de vista geopolítico, típicamente el PO. Es innegable que El Líbano está atravesado desde su constitución como Estado burgués por un mosaico de comunidades étnico-religiosas que han llevado a un engendro de régimen político en su cima. El régimen libanés es un acuerdo entre facciones político-religiosas que pretende asegurar un “equilibrio” entre las diferentes direcciones burguesas y pequeño-burguesas: el presidente debe ser cristiano maronita, el primer ministro suní y el presidente de la Asamblea Legislativa un chiíta. Es una ilusión resolver este problema a través de una reforma de tipo constitucional (Asamblea Constituyente), democratizando el régimen a partir de un sistema de voto proporcional “a la francesa”. Aunque parezca contradictoria, fue la Francia de la revolución burguesa y su igualdad ante la ley (igualdad abstracta) la que determinó que el régimen burgués en su ex colonia tuviera esa forma determinada, pero no lo es: la semicolonia no se desarrolló a imagen y semejanza de la metrópoli, sus deformaciones bajo la ley del desarrollo desigual y combinado están determinadas por el desarrollo (descomposición) del sistema imperialista. Y esto sucede con el conjunto de la región. No hay que olvidar que la creación de estos semi-Estados “independientes” y separados en Medio Oriente es un aborto imperialista, coronado en 1948 por la creación de Israel.
Para acabar con la dominación imperialista en la región, con los mandatos de Francia y demás potencias europeas, de EEUU y el FMI, que negocian sus términos de dominación sobre terreno literalmente arrasado, el programa es el de la destrucción de Israel y la lucha por una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente, como forma estatal de la dictadura del proletariado. Es necesario preparar una dirección obrera a la altura de los procesos que seguramente se profundizarán. Es lo que fundamenta el llamado que desde la COR Argentina y la TRCI venimos haciendo a una Conferencia Internacional de aquellas corrientes que defiendan la dictadura del proletariado, que intente abordar la crisis de dirección revolucionaria al calor de la situación mundial convulsiva.

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  • El riesgo Trump

     

    Después del discurso de Milei en la apertura de las sesiones del Congreso quedó muy claro que el destino de su gobierno está atado al de su amo yanqui. En este escenario está claro cuáles son las tareas de los revolucionarios: preparar las condiciones para derrotar a este gobierno que nos está llevando a ser furgón de cola de una guerra que no es nuestra. Para que no seamos nosotros los que paguemos la crisis de un sistema capitalista que se cae a pedazos debemos destruir al semi Estado burgués.

    Esta ofensiva del imperialismo, con su política guerrerista, desnudó aun más la debacle histórica de los nacionalismos burgueses latinoamericanos. Son los Delcy Rodríguez de la vida que se subordinan al imperialismo para no desaparecer del proceso histórico. En Argentina, el peronismo en decadencia no mueve un dedo en contra del imperialismo porque todavía tiene aspiraciones de proponerse como recambio burgués ante el fracaso de Milei, es decir, como nuevo garante de la explotación de los trabajadores y la explotación de recursos. Por eso es central recuperar las tareas antimperialistas y enfrentar no solo a los capitales extranjeros sino también a los capitalistas nacionales, que por miles de vasos comunicantes están aliados a los grandes capitales.

    Tenemos que enfrentar al imperialismo y sus aliados como Milei, confiando en nuestras propias fuerzas y desarrollando un programa y métodos de nuestra clase.

    Las condiciones para derrotar a este gobierno se siguen desarrollando de forma embrionaria en las luchas en las calles, en los lugares de trabajo, en la ocupación de FATE, en el parazo general contra la reforma laboral, en los paros de los docentes y en tantas peleas que tenemos que unificar en un Congreso de delegados con mandato de base para votar un plan de lucha y sobrepasar a la burocracia sindical, que despertó de la lucha y nos quiere llevar a confiar en la justicia y en un lejano 2027.

    Tenemos que mocionar imponer un paro general activo para el 9 de marzo contra la guerra imperialista, en honor al día internacional de la mujer trabajadora, por el triunfo de Fate, contra la reforma laboral.

    Al “riesgo Trump” lo enfrentamos derrotando a Milei y uniendo nuestra lucha con las que se están dando en EE. UU. contra las políticas reaccionarias del gobierno trumpista.

     

     

  • ¡Abajo la agresión imperialista a Irán! Derrotemos al imperialismo

    Publicado en TRCI

    ¡Abajo la agresión imperialista a Irán! Derrotemos al imperialismo

    Por una federación socialista de Medio Oriente y el Magreb

    El sábado 28/2 por la mañana, EE. UU. en alianza con Israel desplegaron un ataque militar a Irán, en el que lograron asesinar al Ayatola Khamenei y a gran parte de los máximos funcionarios del régimen teocrático iraní. Este ataque se dio en medio de negociaciones con Irán para buscar una mayor sumisión a las políticas imperialistas para la región. Esta incursión militar se inscribe dentro de una política guerrerista del imperialismo, que busca recuperarse ante su crisis de hegemonía y el ascenso de China. Podríamos nombrar la agresión militar a Venezuela y la detención de Maduro, el inminente ataque a Cuba, la continuidad del genocidio en Gaza para demostrar que estamos ante una política militar imperialista que intenta recrear un nuevo equilibrio mundial ante la ruptura del equilibrio inestable de posguerra.

    EE. UU. está instando a la población iraní a que tome el control del gobierno, después de que las revueltas recientes fueron derrotadas a sangre y fuego por el gobierno iraní, buscando que esos levantamientos que se produjeron por una crisis social y económica encuentren un aliado en el imperialismo para que no avancen a procesos más agudos de lucha de clases. El gobierno iraní ha formado una Junta provisional, ante el asesinato de Khamenei, en una extrema debilidad y sólo reaccionando a la agresión con ataques parciales a Israel y bases militares de EE. UU. en la región. Nosotros no damos ningún apoyo al gobierno iraní, pero enfrentamos la agresión imperialista, ya que nada bueno puede venir de la mano de EE. UU. y su aliado Israel. Como dice la máxima de Lenin: el imperialismo es reacción en toda línea.

    En el trasfondo de este ataque del imperialismo no sólo está la intención de reconfigurar la relación de fuerzas en la región, sino también de seguir con el asedio a China, que es uno de los máximos compradores de petróleo a Irán. Pero en esta política se puede apreciar la debilidad del imperialismo, que debe apelar a su poderío militar ante el nivel de crisis y decadencia en el que se encuentra.

    En medio de la ruptura del equilibrio inestable, estamos asistiendo a una decadencia de la fase imperialista, con la descomposición de sus instituciones y sus formas de dominación. Es una tarea central del proletariado mundial, organizarnos para derrotar al imperialismo con los métodos y el programa de nuestra clase. El proletariado estadounidense y europeo, en particular, están llamados a cumplir un rol principal. Incipientes acciones de masas, como las huelgas generales en Italia y las huelgas y bloqueos portuarios del Mediterráneo contra la agresión sionista y su maquinaria de guerra contra el pueblo palestino, marcan el camino. Debemos frenar las masacres a la que está sometiendo a los pueblos en todo el planeta, buscar revertir los procesos de asimilación en los ex Estados obreros y avanzar en desarrollar procesos revolucionarios en todos los países. Como decimos los revolucionarios, el motor de la historia es la lucha de clases y las leyes de la historia siguen siendo más fuertes que las leyes de los aparatos contrarrevolucionarios.

    ¡Abajo la agresión imperialista a Irán!

    Fuera Yanquis de Medio Oriente y América Latina

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  • Trump y el delirio imperialista

    El 2 de abril el gobierno de Estados Unidos, con Trump a la cabeza, lanzó una guerra arancelaria que de seguro se convertirá en una guerra comercial a nivel mundial. La gran mayoría de los analistas anuncian que esto traerá más inflación y recesión a la economía mundial, que no logra salir de la crisis abierta desde el 2008.

    Esta guerra arancelaria es la respuesta decadente de un imperialismo en crisis, que no logró estabilizar su hegemonía con las instituciones creadas en la posguerra, ni pudo asimilar a los ex Estados obreros al sistema de Estados capitalistas. Esto llevó a que todas las contradicciones del sistema capitalista en crisis hicieran eclosión en el corazón mismo de los EE.UU. Podemos decir que estamos en presencia de una política muy aventurera y delirante de ruptura del equilibrio inestable de posguerra. Es decir, que estamos presenciando una transición a una nueva reconfiguración de los equilibrios en un momento agudo de la crisis capitalista

    EE.UU. expresa de forma visible la descomposición más general del sistema capitalista y sus formas de dominación, que entraron en crisis en el 2008 y se agudizaron con la pandemia. El imperialismo yanki no puede resolver su pérdida de liderazgo mundial con su política guerrerista y ahora comercial. Debe recurrir a un nacionalismo económico reaccionario para intentar recrear un crecimiento industrial que le permita eliminar competidores, centralmente europeos, para concentrarse en frenar el avance de China. Para eso debe no sólo rediscutir la exportación de capitales, sino la reindustrialización de su propio país y recuperar una base de aristocracia obrera garante de sus planes imperialistas. Este proyecto de Trump implica también conflictos domésticos, ya que este “barajar y dar de nuevo” también implicará luchas intestinas entre fracciones burguesas (industriales, tecnológicas) y procesos de lucha de clases. En la cabeza de Trump y sus asesores el plan es perfecto, en la realidad es delirante. Los procesos históricos y la lucha de clases no pasaron en vano y esta idea, que se quiso implementar en los orígenes de la creación del imperialismo norteamericano, fracasó y, hoy, en su decadencia es más complicado que triunfe.

    Lo que debemos tener en cuenta es que el imperialismo es reacción en toda la línea y es necesario enfrentar este ataque, porque va a significar un rediseño de la relación capital-trabajo. Eso se traduce en mayor explotación de la fuerza de trabajo y caída en las condiciones de vida, con la intención de llevarnos a una guerra y establecer una nueva relación de fuerzas entre las clases a nivel mundial.

    Por eso es central recuperar el internacionalismo proletario y no caer en las políticas de los Estados y sus burguesías, que con el verso de que debemos enfrentar al imperialismo norteamericano y su política de aranceles, intentarán bajar aún más nuestras condiciones de vida para, supuestamente, poder competir.

    En este contexto internacional, los trabajadores de EE.UU. tienen la palabra. Deben enfrentar al verdugo que está en la Casa Blanca, recuperar los sindicatos de manos de la burocracia sindical y la aristocracia obrera históricamente ligada al Partido Demócrata y ganar sectores del proletariado para una política internacionalista y de unidad de ramas productivas en los distintos países donde ha penetrado el capital imperialista.

    Ante la debacle del Reino Unido, la Unión Europea y el Estado de bienestar, los gobiernos de esos Estados están queriendo llevar a los trabajadores a otra guerra. La respuesta obrera debe ser abrir procesos revolucionarios que enfrenten a los gobiernos imperialistas que nos pusieron en esta situación.

    Tenemos que frenar las políticas guerreristas del imperialismo en todo el mundo: para que en Medio Oriente triunfe la resistencia palestina y destruya al enclave israelí y todas las direcciones contrarrevolucionarias; para que el proletariado ucraniano y ruso enfrenten a sus gobiernos y desarrollen una guerra revolucionaria para derrotar el proceso de asimilación en curso; para que el proletariado chino sea parte de las luchas del proletariado mundial y enfrente el proceso de asimilación del ex Estado obrero en la perspectiva de ser parte de la vanguardia obrera que prepare los requisitos para la reconstrucción de la IV Internacional y sus secciones nacionales.

    Para los trabajadores argentinos, la tarea es tirar de forma revolucionaria a Milei, por eso tenemos que impulsar con todo la movilización con los jubilados el 9/4 y el paro general del 10/4, que la propia burocracia que lo convocó está ahora tratando de boicotear, e impulsar un plan de lucha para, de esa forma, romper el pacto con el FMI y el imperialismo norteamericano. Y que esto aporte para comenzar un proceso antimperialista en América Latina que barra con los gobiernos bonapartistas sui generis y abra camino, mediante la revolución obrera y socialista, a la Federación de Repúblicas Socialistas de América.

     

     

     

     

  • Gaza para los palestinos, el imperialismo… al basurero de la historia

        Una ola de críticas sacude el mundo luego de las declaraciones de Donald Trump del 4/2, en las que propuso que EEUU se “haga cargo” de la Franja de Gaza. Esta “iniciativa” implicaría, lo dejó claro, la expulsión de ese territorio de los palestinos que vienen de enfrentar más de un año de bombardeos y asedio por parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes. El imperialismo propone la limpieza étnica definitiva como “solución final” a la guerra genocida de su enclave israelí contra los palestinos, hoy en pausa a partir de una tregua impuesta a los sionistas por la resistencia.
        No es casual que esta propuesta nefasta, una muestra más de la barbarie que el sistema capitalista en descomposición ofrece a la humanidad, fuera vertida en la 1º recepción internacional de Trump luego de asumir como presidente por segunda vez. El honrado era justamente Benjamín Netanyahu, el primer ministro del ente de ocupación. Trump sale así al rescate del gobierno sionista, que tambalea al no encontrar salida no sólo al actual conflicto, sino a una crisis de magnitud histórica dado que Israel es producto de una institucionalidad imperialista propia del equilibrio de posguerra, que hoy cruje por todos lados. Trump propone, retomando la línea de su 1º presidencia, arrasar con toda esa vieja institucionalidad, y su propuesta para la Franja de Gaza, aún con lo poco viable que la podamos considerar, viene a poner en primer lugar la defensa yanqui a Israel como una premisa fundamental del pretendido nuevo orden mundial.
        Los hipócritas imperialistas que dirigen los gobiernos europeos, así como los cipayos de todo color en Medio Oriente y el resto del globo, salen a defender el derecho internacional, se rasgan las vestiduras contra la afrenta a los derechos humanos que implican las declaraciones de Trump, gritan la necesidad de mantener las instituciones del sistema de las Naciones Unidas, que pintan como garantes de la paz pero son, por el contrario, las instituciones que han permitido la reciente masacre en Gaza, la continuidad de la guerra en Ucrania, las limpiezas étnicas en África y Asia y todas las tropelías de las potencias imperialistas en los últimos años. Gobiernos como el del laborista británico Christy Cooney o el príncipe heredero Mohammed bin Salman, así como la ONU y los gobiernos de la UE, son cómplices de la expulsión del pueblo palestino de su tierra que se dirige a cumplir 80 años, así como del genocidio en curso, hoy sólo en pausa. Los señores demócratas, liberales y conservadores, defensores de la institucionalidad capitalista no tienen nada que ofrecer al proletariado y los pueblos oprimidos, más que una versión (en apariencia) un poquito menos brutal de la barbarie que sirven hoy a la mesa Trump y su gobierno de multimillonarios. Una versión que no deja de encuadrarse en la preparación militarista de los dirigentes burgueses del capitalismo en descomposición, que anuncia la propia presidenta de la comisión europea von der Leyen al solicitar la relajación de las reglas fiscales y de endeudamiento de la UE para aumentar los presupuestos de defensa; ni deja de regirse por el único eje claro que tiene el imperialismo, que es la necesidad de modificar la relación capital-trabajo a su favor, atacando a nuestra clase, tal como vienen aplicando en Polonia, Ucrania y demás países.  
        Como planteamos oportunamente, Trump sigue la idea de recuperar el liderazgo perdido en los últimos años y, en base a una política agresiva a nivel económico y poderío militar, se pone como objetivo recuperar la influencia perdida, especialmente ante China, en distintas regiones para intentar imponer una nueva hoja de ruta –en su decadencia- para la situación mundial. Sus primeras medidas han mostrado los límites de la maquinaria productiva y financiera yanqui, amenazando con una guerra de aranceles contra México y Canadá que tuvo que meter 30 días en el freezer por la resistencia de la propia burguesía imperialista que teme que semejantes medidas terminen por agrietar aún más la ya de por sí alicaída salud de la economía norteamericana. Sin embargo, tanto el gobierno de Trudeau, en vías de salida, como el gobierno mexicano de Sheinbaum debieron subordinarse y ceder al pedido de militarizar las fronteras de sus países. Sheinbaum muestra que Trump cuenta no sólo con Milei, Bukele y otros presidentes lamebotas en América Latina; también se ofrecen los servicios de un progresismo decadente, dispuesto a desplegar 10 mil tropas contra su propio pueblo para satisfacer al amo imperialista.

    Unidad internacionalista contra el imperialismo

        Las reacciones de cólera y el enfrentamiento a la agresividad imperialista expresada por Trump ya se ha visto reflejada en las manifestaciones contras las deportaciones en el propio EEUU. Podemos esperar que la juventud retome allí, así como en Europa, la lucha en favor del pueblo palestino. Esas manifestaciones antiimperialistas son un toque de alarma para la clase obrera organizada y su vanguardia, que ha protagonizado acciones de solidaridad muy importantes, pero no ha logrado ponerse a la cabeza de estas expresiones de lucha. El proletariado tienen la capacidad de enfrentar al capitalismo en su base, imponiendo la paralización de la producción y su control para dejar en el aire a los burgueses y detonar las bases de sus Estados. Luchando contra la asimilación capitalista de los ex estados obreros y los gobiernos bonapartistas de Rusia y China que pretenden disputar la dirección del proceso de restauración al imperialismo, con toda la regresión social que eso implica. Peleando por la destrucción de Israel, ente de ocupación sionista en Medio Oriente, y contra todos los gobiernos burgueses de la región (árabes, túrquicos y el gobierno iraní) cómplices de la masacre contra el pueblo palestino, luchando por la Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente como forma política de la dictadura del proletariado. Para la consecución de todas esas enormes tareas que tenemos por delante, es necesario encarar la labor de saldar la crisis de dirección revolucionaria del proletariado, que muestra una vez más ser la crisis de la humanidad. A cada paso, la situación da nuevos elementos para impulsar de forma urgente el llamado a una Conferencia Internacional por la reconstrucción de la IV Internacional y sus secciones nacionales.

  • Frenemos la masacre sionista en la Franja de Gaza

    La clase obrera internacional está llamada a intervenir con sus métodos

    La respuesta de Israel a la ofensiva lanzada por Hamas el sábado 7/10 sobre su territorio no se hizo esperar. Los sionistas bombardearon sistemáticamente la Franja de Gaza, utilizando incluso armas prohibidas como el fósforo blanco, para aplicar un “castigo colectivo” a todos los palestinos por osar desafiar al ocupante. Utilizan un discurso racista, degradando a los palestinos a la condición de “bestias humanas”, para poder justificar el asedio que ha dejado a más de 2 millones de pobladores sin alimentos, agua ni energía eléctrica. Para completar su tarea asesina, los agentes israelíes del imperialismo se disponen en este momento (15/10) a invadir la mitad norte de la franja con toda su maquinaria bélica de punta.
    Frente a esto, el viernes 13/10, las capitales europeas, ciudades de EEUU y de diversos países árabes y musulmanes vieron inundadas sus calles con movilizaciones en apoyo a la heroica resistencia palestina. En muchos de estos países, las manifestaciones fueron prohibidas o reprimidas, como en Roma, Berlín y París. Los gobiernos imperialistas temen la reacción de las masas frente a la muestra más cruda de la descomposición de su sistema social basado en la explotación de nuestra clase y la expoliación de colonias y semicolonias: la existencia de Israel sobre la expulsión de los palestinos de su territorio histórico hace 75 años.

    Una situación explosiva

    El actual enfrentamiento en tierra Palestina no es un rayo en cielo sereno. Israel viene acelerando su política de conquista territorial sobre los territorios palestinos, por lo menos desde la época de la administración Trump. Esto ha conllevado diferentes enfrentamientos en Jerusalén y en Cisjordania, sobre las que los sionistas y sus colonos (movimiento de ocupación paraestatal de tierras) vienen avanzando. La incursión sobre el campamento de refugiados de Yenín el pasado julio fue el anterior episodio de estos choques.  
    El gobierno de Netanyahu debe responder a una situación frágil debido a la crisis en que han entrado los Estados árabes vecinos, como Siria y el Líbano, por los efectos de la pandemia y la crisis económica mundial. La salida utópica de dos Estados ha sido enterrada por la realidad, e Israel busca avanzar en acuerdos de “normalización de relaciones” con diversos gobiernos de la región. En 2020, con el auspicio de Trump, se firmaron en este sentido los acuerdos de Abraham con Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, y también Marruecos reconoció el enclave israelí en su pretendida condición de Estado.
    Pero la crisis mundial transcurre ya una fase más aguda con la profundización de las tendencias guerreristas. La guerra entre Rusia y Ucrania tensiona a Israel, proveedor de ambos contendientes de armas y pertrechos. Ahora es Israel el principal foco de la ayuda bélica de EEUU, lo que ha llevado a Zelensky a protestar para que sus padrinos imperialistas no lo dejen relegado en los esfuerzos militares. Seguramente Israel priorice armar a su propio ejército. Se generan así nuevas contradicciones en la relación de Ucrania con la OTAN, empantanándose aun más la salida reaccionaria que tanto Rusia, de un lado, como el imperialismo del otro, pretenden dar a los Ex Estados obreros a través de su asimilación.

    El enemigo no es invencible

    Lo cierto es que la ofensiva palestina, desesperada por cierto y con métodos que no compartimos, se explica por el acorralamiento al cuál Israel pretendía llevar a la resistencia. El intento de firmar un entendimiento con el reino saudita ha quedado en suspenso ante la brutalidad sionista. El frente imperialista pro Israel aparenta ser más solido que nunca, pero al mismo tiempo se desarrollan las movilizaciones, integradas por contingentes enormes de inmigrantes árabes y musulmanes, en el corazón mismo de las metrópolis.
    También el gobierno de la ocupación muestra una falsa imagen de “unidad nacional”, mientras miles de sus “ciudadanos” huyen a sus países de origen al ver que la ocupación no les garantiza seguridad en la “tierra prometida”. El gobierno de coalición ampliado, al cuál ha ingresado la oposición que venía denunciando las reformas institucionales de Netanyahu, no puede llamarse de unidad nacional, porque Israel no es un Estado, sino una ocupación militar con una población implantada sobre la limpieza étnica del pueblo palestino.
    Por supuesto, la lucha es totalmente desigual si la restringimos a las fronteras de la Palestina histórica; una lucha heroica y vital, pero con pocas perspectivas. Los trotskistas ponemos la pelea en otro plano, donde los contingentes del proletariado internacional podemos poner en la balanza todo el peso de la clase capaz de liberar todas las fuerzas de la producción social de la humanidad de las ataduras a las que las someten las relaciones burguesas de propiedad y la putrefacción del imperialismo.

    Apoyar a la resistencia palestina, una tarea internacionalista

    Debemos tener en claro que no estamos ante un enfrentamiento “de siglos” (el sionismo comenzó a colonizar Palestina a principios del Siglo XX e Israel fue creado en 1948) entre dos pueblos, sino de una lucha entre una nación oprimida y el establecimiento de un enclave imperialista en el corazón de Medio Oriente para controlar sus intereses estratégicos y el petróleo. El sionismo es una ideología y un movimiento reaccionarios, que postularon una salida para el pueblo judío, perseguido durante siglos, basada en la colonización de un territorio habitado por otro pueblo y para defender los intereses del imperialismo. Por eso, decimos que Israel ni siquiera es un Estado burgués propiamente dicho, sino un engendro creado por el imperialismo en el momento de su mayor descomposición.
    Los revolucionarios y la vanguardia de la clase obrera debemos intervenir en este conflicto del lado de los palestinos, con acciones que afecten al imperialismo y su maquinaria militar en la producción, como el paro en las industrias imperialistas y el bloqueo de los transportes, tomando el ejemplo de los portuarios de California, Durban y Livorno que en 2021 frenaron cargamentos con pertrechos militares destinados a Israel. Debemos sostener todas las movilizaciones por el fin de los ataques israelíes, por el fin del bloqueo y por la retirada inmediata del ejercito sionista de la Franja de Gaza, el derecho al retorno de los refugiados y desplazados y la libertad de todos los presos palestinos en las cárceles israelíes.
    Los trabajadores de los países de la región, en primer lugar, sus batallones centrales de la rama petrolera, tienen la llave para avanzar en la expulsión del imperialismo de Siria, Líbano, Irak, Libia y, por supuesto, Palestina, luchando contra los gobiernos burgueses árabes, socios del imperialismo. Es fundamental llevar las acciones callejeras que se desarrollan en Europa y EEUU al corazón de la producción. La lucha internacional en apoyo a la liberación de Palestina permitirá colaborar con el surgimiento de una dirección obrera y revolucionaria en Medio Oriente, única vía para desbancar a las direcciones reaccionarias islámicas o del nacionalismo árabe como Hamas o Fatah que llevan la lucha palestina a un callejón sin salida.
    La necesidad de saldar la crisis de dirección revolucionaria urge ante la situación de los palestinos, que muestra de forma desgarradora el significado de lo que llamamos descomposición imperialista. Pero es imposible plantearse la construcción de una dirección revolucionaria internacional a partir de una sumatoria de programas nacionales, que reflejan la adaptación a direcciones ajenas a la clase obrera en cada país. La cuestión palestina es un problema social e internacional, se trata de la lucha contra el imperialismo. Por ello, son impotentes los programas basados en cualquier salida nacional a partir de la constitución de un Estado burgués en la Palestina histórica, es decir, cuyos fundamentos estructurales sean la propiedad privada de los medios de producción. Existe una gradación que va desde una Palestina “laica, democrática y no racista” como plantean las corrientes morenistas, un Israel laico (el programa que comienzan a levantar los sectores antisionistas desmoralizados), hasta la salida de dos Estados que viene siendo la propuesta del imperialismo. Incluso plantear una Palestina Socialista a secas, sin considerar la dinámica internacional que el proceso histórico imprime al proceso revolucionario ni abordar programáticamente la extensión internacional de la dictadura de clase a partir de la idea de federaciones, es limitado y erróneo. Armados con la Teoría de la Revolución Permanente, y tras décadas de experiencia de las masas con las traiciones de las direcciones burguesas y pequeñoburguesas árabes e islamistas, debemos plantear claramente la necesidad de expropiar a los expropiadores para destruir las bases sociales de la dominación imperialista. Es en ese sentido que planteamos la consigna destrucción del Estado de Israel como condición necesaria para la toma del poder por la clase obrera de Medio Oriente, instaurando su dictadura de clase, cuya forma política será una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente y el Magreb.

    15/10/2023

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