¡Abajo el estado de excepción! ¡Destruyamos el “Pacto de traición de la COB”! ¡Abajo Rodrigo Paz!

Después de más de 50 días de bloqueos, donde se puso en jaque al gobierno de Paz y su política de entrega al imperialismo, la COB entregó la lucha acordando con el gobierno puntos generales. Lo más anti obrero de la negociación es que se realizó mientras había decenas de dirigentes obreros presos, lo que permitió que se aplicara el estado de excepción que habilitó que el ejercito liberara los bloqueos. En algunos de ellos se dieron enfrentamientos por varias horas.

La COB había firmado un “Pacto de no traición” con las otras organizaciones campesinas e indígenas que establecía que la pelea era hasta que tiraran a Rodrigo Paz. La COB tuvo que firmar ese pacto, ya que venía de varias traiciones en luchas anteriores por lo que su representación estaba bastante desprestigiada. Si bien la dirección de la COB apoyaba los bloqueos, en los hechos no garantizó la huelga general indefinida votada en los ampliados, impidiendo que la unidad del movimiento obrero organizado se diera en este proceso; si bien muchos trabajadores participaban de los bloqueos, lo hacían de forma individual.

Evo Morales también llamó a levantar los bloqueos, por lo que el gobierno ha ganado una relativa tensa calma para intentar retomar la iniciativa, consciente de que la crisis más estructural de la economía boliviana no está ni cerca de una solución. La burguesía boliviana quiere avanzar más en el plan represivo y pide la cárcel de los dirigentes de la COB, de Evo y de los dirigentes de otras organizaciones.

Obviamente la lucha no está derrotada. Si bien coyunturalmente el gobierno logró desactivar los bloqueos, lo hizo sobre la liquidación de mediaciones que son estructurales en un bonapartismo sui géneris como es la burocracia sindical de la COB. Lo que mostraron estos más de 50 días de lucha radicalizada es qué fuerzas hay para enfrentar a este gobierno y derrotarlo, se vieron experiencias de organización que garantizaron los bloqueos y a la vez el abastecimiento de los que luchaban, que en un corto plazo creó destacamentos de activistas y dirigentes regionales que tendrán que dar un paso más en convertirse en dirección y recuperar la COB para la lucha y echar a los que negociaron con Paz.

Se abre un proceso de reorganización que prepare las condiciones para seguir enfrentando al gobierno y al imperialismo.

Tenemos que seguir con las acciones de solidaridad con el pueblo boliviano y cubano, en la necesidad de expulsar al imperialismo de la región, y su escudo de las Américas.

¡Por el triunfo de la lucha en Bolivia!

¡Abajo el estado de excepción!

¡Abajo Rodrigo Paz!

Nuestra solidaridad internacionalista con los huelguistas ferroviarios de Cuba

       El 9 de mayo se desarrolló una huelga de trabajadores ferroviarios que paralizó el tren que une la localidad de Artemisa con La Habana. Los Ferroviarios de la COR Argentina, nos solidarizamos con nuestros compañeros cubanos, repudiamos los intentos de sancionar a los huelguistas como ha manifestado en un comunicado el gobierno provincial de Artemisa y exigimos el pago de salarios adeudados, motivo la huelga.

       La intervención de este sector de la clase obrera de Cuba, se da en medio de una profundización de la crisis social que golpea a las masas cubanas, que además del bloqueo imperialista padece las consecuencias de la aceleración de la restauración capitalista que lleva adelante la burocracia gobernante.

       Ninguna sanción por la huelga a los ferroviarios, reconocimiento de todos sus reclamos. Por una campaña de solidaridad activa e internacional con los huelguistas cubanos.

                       * Ferroviarios de la COR (Corriente Obrera Revolucionaria) Argentina, integrante de la TRCI (Tendencia por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional).

[COR CHILE] PERIÓDICO "EL NUEVO CURSO" # 23


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EE.UU Patea el tablero del sistema internacional

Estados Unidos viene mostrando cifras de crecimiento que, en términos estadísticos, acumulan 9 años de recuperación. Las cifras de la economía son elocuentes: tasa de desempleo del 3,8%, crecimiento del consumo y la inversión, inflación controlada en un 2,4% anual. Estas cifras sustentan el cambio en la política monetaria que inició la FED el año pasado pero que comenzó a profundizar en abril, desandando una hoja de ruta de elevación paulatina y sistemática de tasas de interés. La economía norteamericana, tan vigorosa que se muestra, creció con los anabólicos de las tasas tendientes a 0%, y ahora los gerentes a cargo del Estado norteamericano consideran que es hora de quitar las muletas.

La baja de impuestos que fue la primera gran medida de Trump con su reforma tributaria, premia a los sectores más concentrados de la clase capitalista. Mientras tanto, el crecimiento promedio de los salarios apenas equipara el ritmo de la inflación. Dos caras del crecimiento. Al mismo tiempo, los economistas burgueses auscultan preocupados el horizonte, calculando que la recuperación de la crisis de 2008, aun habiendo sido demasiado débil, no puede durar mucho tiempo más. Las políticas agresivas del imperialismo norteamericano hoy dirigido por Donald Trump responden a la necesidad de prepararse para descargar las contradicciones sobre viejos enemigos y también sobre los aliados de siempre. Para ello, EEUU necesita recuperar su hegemonía mundial.

 EEUU y el mundo

El imperialismo yanqui no quiere desaprovechar su muy relativa fortaleza económica interna para desde allí buscar trastocar las relaciones en el sistema de estados establecidas en la posguerra. Esto es tan evidente que Donal Tusk, presidente del Consejo Europeo, acusó abiertamente a Trump: “Lo que más me preocupa es que el orden internacional basado en normas está siendo atacado. Y lo que es bastante sorprendente, no por los sospechosos habituales, sino por su principal arquitecto y garante, Estados Unidos”. Esta desesperada constatación fue hecha luego de la fracasada cumbre del G7 (EE UU, Canadá, Francia, Alemania, Japón, Reino Unido e Italia) de principios de junio, en la que EEUU pateó el tablero, desairando a los “laderos habituales” del imperialismo yanqui, principalmente en el rubro del comercio internacional. Y es que la cumbre se dio sobre el fondo de la ratificación de los aranceles al acero y el aluminio impuestos por la administración norteamericana, que habían sido suspendidos para negociar con la Unión Europea (UE) y los socios del NAFTA. La guerra comercial iniciada por Trump se profundiza.

Los aliados europeos y Canadá, luego del G7, se quejaron porque Trump les daba la espalda mientras acordaba nuevos términos de comercio con China, confundiendo las tácticas de negociación con un cambio de alianzas geopolíticas. Error. El viernes 15 de junio, la casa blanca confirmó nuevas tarifas destinadas a productos tecnológicos provenientes de China, que significan importaciones por un total de U$S 50.000 millones. China amenaza con represalias del mismo calibre. La guerra comercial de EEUU está principalmente dirigida contra China.

Mientras el G7 hacía agua en Canadá, los presidentes de Rusia y China se reunían en otra cumbre el sábado 9 de junio en China, en el marco de la Organización para la Cooperación de Shanghai, un foro de países asiáticos creado por Pekín. Estuvieron presentes India, Irán y Pakistán, junto a otros países de Asia central. El comercio también fue el tema central de esta cumbre, que viene impulsando la política de inversiones chinas en infraestructura regional conocida como la nueva ruta de la seda. En el acuerdo bilateral ruso-chino, el objetivo es más que duplicar el intercambio comercial de acá a 2020, de U$S 90.000 a U$S 200.000. China se presenta en este acuerdo como el sostenedor económico de una Rusia que viene jugando fuerte en el plano geopolítico (intervenciones en Ucrania y Siria, anexión de Crimea) pero cuya economía está en serios problemas. Las contradicciones de la asimilación de ambos países al sistema imperialista mundial hace muy difícil que este plan, que hoy por hoy aparece más bien como un posicionamiento defensivo ante la agresividad imperialista, se lleve adelante sin enormes sobresaltos.

Finalmente, es de advertirse la importancia de la cumbre entre EEUU y Corea del Norte en Taiwan donde se logró una distensión de las relaciones y una propuesta de plan para el desarme de la infraestructura nuclear norcoreano y la promesa yanqui de la progresiva desmilitarización de la península. La importancia que Trump le da al frente asiático de la política exterior yanqui está directamente relacionado con su ofensiva hacia China. Podemos leer esto también en las 2 excepciones que se mantiene en los aranceles al acero y el aluminio, una es Corea del Sur. La otra es Argentina.

 El problema de la asimilación

La principal argumentación de la administración yanqui para impulsar su guerra comercial se basa en los desequilibrios de la balanza comercial, que arrojó un déficit de cuenta corriente de U$S 556.000 millones el año pasado. De este déficit total, U$S 375.000 millones corresponden al comercio con China, y U$S 151.000 millones al intercambio con la UE. La ofensiva sobre China responde a razones más profundas. Y es que luego de la caída del Muro del Berlín y la restauración capitalista de los ex Estados Obreros de los países del bloque liderado por la URSS, China y Rusia no han sido plenamente asimilados al sistema imperialista mundial. La política de Trump es intentar romper el bloque entre ambos países. Por eso reclamó al G7 la reincorporación de Rusia y también ofreció ayuda económica a Putín. La relación con China es más compleja por el enorme peso de ambas economías.

En términos históricos, la asimilación implica la incorporación de China y Rusia en el sistema de Estados como semicolonias, perspectiva que resisten las capas protorbuguesas que intentan utilizar el peso de los aparatos estatales de ambos países para convertirse en burguesías de manera plena. Por supuesto, estos procesos son tortuosos y están minados por enormes contradicciones, determinadas por un elemento fundamental: que el capitalismo mundial está en una fase de descomposición, lo que dificulta al máximo que este sistema social pueda dar bases materiales al nacimiento de una nueva burguesía imperialista pujante, ya sea china o rusa. Pero al mismo tiempo, como la otra cara de la misma moneda, esa misma descomposición del capitalismo pudre las bases que permitirían al imperialismo yanqui incorporar como semicolonias a esos territorios. A un plazo más o menos corto, la perspectiva son enfrentamientos cada vez más agudos, que pueden llevar de la guerra comercial y a choques bélicos más abiertos que los actuales.

No hay que olvidar que la descomposición capitalista no sólo enfrenta a bloques burgueses, sino que descompone las bases sociales de los estados. Esto ha llevado a conflictos de extrema gravedad en Medio Oriente, pero esta tendencia también avanza en Latinoamérica.

 Los sepultureros del imperialismo

En la ofensiva del imperialismo norteamericano, el principal enemigo es el proletariado mundial. Si bien Trump intenta seducir a una fracción aristocrática de la clase obrera norteamericana en su proyecto de ofensiva imperialista, la clase en grueso está sufriendo su política de apoyo explícito al gran capital imperialista. La burocracia sindical de la AFL-CIO, principal central obrera del país, hace un doble juego. Critica a Trump por sus políticas fiscales pro empresariado, al tiempo que apoya la guerra comercial. La burocracia también ha visto un proceso de organización, surgido en las fábricas y lugares de trabajo, que desde la crisis viene desarrollándose en las diferentes ramas, buscando capitalizarlo a través de una ofensiva por la afiliación que ha llevado a una relativa recuperación de la sindicalización en el país (262.000 nuevas afiliaciones el año pasado). Por supuesto, el objetivo es la contención de nuestra clase para atarla a algún proyecto burgués. Políticamente, Trumka, presidente de la central, llama a jugar las cartas en las próximas elecciones de medio término, distanciándose del Partido Demócrata en crisis y llamando a atraer “republicanos que se paren junto a los trabajadores” (discurso de Trumka en la convención de la UAW, 13/6/2018).

En los últimos años, nuestra clase ha desarrollado importantes luchas en EEUU, como la de los telefónicos, los docentes, las enfermeras, los petroleros y los automotrices. La debilidad de la izquierda y de las tendencias combativas, que son incapaces de romper con la burocracia o a lo sumo terminan abrazando a direcciones pequeñoburguesas como la de Bernie Sanders, es expresión de la crisis de dirección revolucionaria del proletariado mundial. Esta crisis, que como decía Trotsky es la crisis de la humanidad, debemos saldarla con una audaz política internacionalista. Por eso, la enorme tarea que tiene por delante el proletariado norteamericano consistente en enfrentar al Estado imperialista y a su personal político en su ofensiva sobre el conjunto del planeta, debe ser ponderada en su contenido antiimperialista e internacionalista. Los combates actuales y por venir serán el terreno para dar la lucha por el programa de transición como programa para los sindicatos recuperados de manos de la burocracia, lucha que permitirá unificar a la vanguardia y regenerar una dirección marxista. La reconstrucción de la IV internacional y su sección norteamericana se tornan una necesidad histórica si los trabajadores asumimos nuestra tarea de convertirnos en los sepultureros del imperialismo.

BRASIL: UNA BURGUESÍA DESORIENTADA

A menos de cuatro meses de las elecciones presidenciales, la burguesía brasileña aún no tiene claro quien será el que ocupe el papel de verdugo del pueblo en el “Palacio do Planalto”, ni siquiera puede definir claros candidatos. Y es que la crisis que corroe al régimen democrático burgués de Brasil es más profunda que un simple cambio de mando.

Ya el gobierno de Temer fue presentado como el  gobierno que pondría acelerador a las medidas que ya venía implementando su antesesora Dilma Rouseff, que fue retirada del poder por el parlamento en el 2016. Desde entonces se profundizaron los ataques hacia los trabajadores y el pueblo, agudizando las mismas disputas interburguesas, al tiempo que se fortalecían las fracciones más directamente alineadas con el imperialismo.

El paquete de medidas del gobierno de Temer prometía sacar a Brasil de una crisis económica y social profunda con los recortes presupuestarios, los despidos de funcionarios públicos, el recorte de planes sociales e insumos para escuelas y hospitales etc, es una receta agotada. Así, hoy, los principales ejes del gobierno como la reforma laboral, la reforma política, y la resistida reforma previsional, junto con los planes de apertura a la inversión extrajera de las empresas y recursos de propiedad estatal, resultan completamente insuficientes para sacar a Brasil de una crisis que es estructural y que tiene relación con la profundidad de la crisis del capitalismo internacional.

Ya hoy se está colocando en discusión la medida impulsada por el FMI, y aprobada hace menos de dos años, sobre colocar un límite al crecimiento del gasto estatal por 20 años dado que dicho límite, no sólo incrementará el malestar social y por ende las luchas de diversos sectores de masas ante la carestía general, sino principalmente por el problema del deterioro de la infraestructura para la producción capitalista puesta sobre la mesa por la medida de bloqueo llevada a cabo por los camioneros a fines del mes pasado.

Medidas “regulatorias” tales como la política de Petrobras de variación de precios de los combustibles asociados al los precios internacionales (acumulando más de un 55% de aumento en los precios), sólo consiguieron internalizar la fluctuaciones internacionales de una manera más acelerada, como lo evidenció el impacto de las disputas entre EEUU e Iran por el programa nuclear. También las disputas inter-imperialistas, así como los chispazos de guerra comercial con China, están haciendo entrar en crisis a ramas enteras como la avipecuaria.

Del mismo modo la tendencia alcista del dólar, por las políticas de aumento de las tasas de interés nortemericana y medidas de corte proteccionista, ejerce una doble presión tanto en sobre la inflación y la carestía de la vida de la población como sobre el plan burgués de que las inversiones imperialistas podían ser un motor de la recuperación económica.

La reorganización de la dominación burguesa impulsada en el último periodo, que incluyó la intervención militar de Río de Janeiro como pólitica pro-imperialista de intervención interior de las FFAA como ensayo para la Latinoamércia, está mostrando la profundidad de una crisis sin salida en el horizonte para una burguesía que pretendió internacionalizarse y vió limitado su ímpetu por la dependencia imperialista dejando al semi-Estado brasilero en un abierto proceso de descomposición.

Es así que el problema de la burguesía, más que la falta de un candidato a la presidencia, es expresión de la falta de un programa político u hoja de ruta que permita divisar una salida para reestablecer los equilibrios entre las clases para redoblar la explotación, descargar la crisis sobre las espaldas del pueblo y avanzar en resolver las disputas interburguesas.

 Los camioneros y los métodos obreros

El tamaño de la crisis deja en evidencia que las disputas no se podrán resolver en las urnas ni limitarse a la intervención mediadora de otros poderes del Estado como la Justicia. Desde el 2013 a esta parte se han sucedido irrupcciones de distintos sectores de masas que en uno u otro sentido han expresado el laberíntico proceso de la lucha de clases. La lucha de los funcinarios públicos de Sao Pablo de un par de meses atrás, torciendo el brazo al intento de aprobación de la reforma previsional, demostró el potencial de la intervención de masas para frenar la política de ajuste. Del mismo modo se expresan distintos fracciones de clase que pretenden imponer su propios intereses ante la incertidumbre burguesa.

Es así que a fines del mes de mayo se desarrolló una paralización del conjunto de burguesía del transporte de cargas. La base principal de la paralización fueron los camioneros “autónomos”, pequeños propietarios que poseen 1 o 2 camiones y que han visto decaer sus ingresos de forma abrupta por las dimensiones de la crisis. A los “autónomos” –completamente dependientes por lo demás de la burguesía transportista- se sumaron casi en bloque todos los sectores de las empresas transportistas. De conjunto se tornó en una intervención de una fracción burguesa que, apoyada en las acciones de los camioneros autónomos, alineó sus reivindicaciones para una intervención del Estado sobre los precios de los combustibles. El carácter heterogéneo de su composición es característico de una burguesía no-monopolista, es decir, un sector burgués que si bien no tiene una relación directa con el imperialismo, si es dependiente del imperialismo y al mismo tiempo es semiopresora y semioprimida. Es justamente en su base que los “autónomos”, pese a compartir condiciones de vida similares a las de cualquier trabajador calificado (dada una crisis que agudiza su pauperización en mayor grado que su proletarización), sus reivindicaciones e intereses van ligados a los de la gran burguesía transportista en tanto no sea la intervención del proletariado la que rompa esa dependencia.

La paralización, que tomó métodos de la clase obrera como los bloqueos de caminos e incluso algunos enfrentamientos con la represión hacia el final del conflicto, dejó pérdidas millonarias en todos los sectores de la economía. Se vieron afectados prácticamente todos los rincónes del país, aumentaron exponencialmente los precios de los alimentos, se paralizaba el transporte público por la falta de combustible, los hospitales detenían operaciones por falta de insumos, los aeropuetos dejaban de funcionar, las empresas de alimentos perdieron millones en producto, etc, etc. El impacto causado por la paralización fue gigantesco y al mismo tiempo no dejó de contar con la simpatía de la población que veía en el alza del combustible un elemento central de la carestía. Los sectores movilizados levantaron una serie de reivindicaciones ligadas a la carga de transporte tales como la disminución del precio del Diesel, de los Peajes o la estandarización de precios de los Fletes. Algo que es resistido por otras fracciones burguesas dado que incrementa los costos de producción. El gobierno de Temer alineó a los representantes de las cámaras empresarias con políticas de disminución del precio de Diesel (en R$ 0,46) y una serie de promesas sobre la tarifación de los fletes, abriendo un debate en la burguesía sobre el intervencionismo estatista. Estas medidas no dejaron contentos, ya que no daba respuesta, a los camioneros “autónomos” que se resistieron a desmovilizar lo fue complementado con intentonas represivas.

 La necesidad de una intervención independiente de nuestra clase

Inmediatamente posterior a la paralización se sucedió una huelga de trabajadores de Petrobrás, la que fue prontamente desmovilizada por la burocracia de la FUP/CUT basada en las multas que la justicia impónía a los sindicatos en huelga. Si bien esta medida era casi testimonial, ya que los depósitos de refinerías se encontraban llenos por la paralización, y se debía a medidas de seguridad, la dirección burocrática petista pretendío ligarlo a la demanda de la liberación del lider burgués Lula, hoy en prisión impedido de presentarse a elecciones. Esta medida junto con la paralización camionera provocó la salida del presidente de la Petrolera Estatal y dejó tareas para la clase obrera. Independiente de la limitación electoralista que impuso la burocracia, se planteaba en toda su dimensión la discusión del control obrero de Petrobras como base de una lucha por la planificación económica, tendiente a cuestionar la anarquía capitalista y la propiedad privada de los medios de producción. La intervención independiente del proletariado con un programa propio es de una necesidad vital para luchar contra las salidas que impone la burguesía.

Lamentablemente los sectores del centrismo, como el PSTU o el MRT, siguen ligados a lógicas estatistas que plantean que la solución pasa por una Petrobrás “100% estatal”,  acompañando a diversas tendencias burguesas y pequeñoburguesas en la exigencia de la intervención política del Estado burgués en la economía. Del mismo modo discuten su adhesión o rechazo a los sectores de clases que intervienen, no desde la política del desarrollo de la independencia de clase y el fortalecimiento de la vanguardia en tanto dirección del proletariado como sujeto revolucionario sino que, por el contrario, discuten sobre la base de lógicas redistribucionista del gasto estatal y de la posibilidad o no de que la extensión de una lucha lleve a un proceso de huelga general reemplazando y diluyendo al sujeto de la revolución por movimientos de masas heterogeneos que hagan exigencia al Estado.

La aguda situación de crisis del semi-Estado brasilero, así como la del conjunto de los países semicoloniales de la región, plantea la necesidad de que la clase obrera forje sus armas de lucha para dar una salida independiente a la crisis, en una perspectiva preparatoria de la toma del poder político mediante la destrucción del aparato estatal burgués.