VOTO NULO TAMBIÉN EN LA SEGUNDA VUELTA

Por LOI Brasil
El Frente Amplio le allanó el camino a Flávio Bolsonaro

Para frenar el imperialismo se necesitan la fuerza y los métodos de nuestra clase:

LA SOLUCIÓN ESTÁ EN LA ACCIÓN Y EN LOS MÉTODOS DE NUESTRA CLASE

LO QUE NOS DICEN LAS URNAS

Flávio Bolsonaro obtuvo alrededor del 47% de los votos válidos, casi 56 millones; Lula, el 45%, algo más de 53 millones. El resultado ha invertido el orden que apuntaban las encuestas y el propio Lula admitió que esperaba ganar en la primera vuelta. Según los primeros recuentos, el PL pasa de 98 a 121 diputados y de 15 a 28 senadores, mientras que la federación del PT retrocede a 77 escaños en la Cámara. La derecha se ha hecho ya, en la primera vuelta, con los gobiernos de São Paulo, Minas Gerais, Paraná, Rio Grande do Sul y Santa Catarina. Hubo 33 millones de abstenciones y casi 6 millones de votos en blanco y nulos, más que en 2022. El candidato del «cambio» recibió el voto de poco más de un tercio del electorado. Estos datos reflejan el descrédito de un régimen que ya no ofrece nada a la mayoría.

El domingo por la noche, el principal fondo de acciones brasileñas que cotiza en Nueva York subía un 7 % y las acciones de Petrobras, más del 5 %. Es la apuesta por las privatizaciones, un ajuste más duro y el alineamiento con Washington, y es también la advertencia de que ese programa se le exigirá a cualquier ganador. El resultado no se ha producido por casualidad, es el balance de cuatro años de un gobierno que ha aplicado de forma planificada el programa del capital, con déficit fiscal, tasas de interés de las más altas del mundo, sin revocar ninguna de las contrarreformas previas, lavándose las manos ante un nuevo pacto entre el capital y el trabajo que impulsa privatizaciones, la entrega de la explotación de los recursos naturales a las multinacionales y acuerdos permanentes con el «centrão», de donde surgieron enmiendas a diestra y siniestra. La fórmula política de la «conciliación de clases», al viejo estilo petista, se muestra, por tanto, definitivamente superada. La amplia coalición Lula/Alckmin constituye un gobierno burgués que ha hecho viable la agenda del capital financiero, ha gestionado la contención del movimiento de masas a través de las burocracias sindicales y ha disputado el papel de principal garante de los intereses imperialistas en América Latina.

En una economía dependiente, en la que el salario está por debajo del valor de la mano de obra, el crédito caro se ha convertido en un complemento del salario, la igualdad medida en términos de renta ha retrocedido, mientras que las familias trabajadoras se hunden en un endeudamiento sin precedentes. Es la superexplotación que se cobra en las cuotas de la tarjeta de crédito. El paquete de medidas de septiembre confirmó el método y su límite. Un reajuste del 15 % en el programa «Bolsa Familia», medidas para contener los precios de los combustibles, el «Desenrola 3.0» y, a nueve días de las elecciones, la prohibición de las apuestas como medida provisional: concesiones decididas desde arriba, en la víspera, con plazo de validez, sin tocar la estructura de la explotación. No se pueden contrarrestar en tres semanas los efectos de los ataques acumulados durante cuatro años.

La bandera de la «soberanía» tampoco ha recuperado ninguna base social para el gobierno. Ante la suba de las tarifas, Lula negoció mientras pudo y utilizó recursos del Estado para cubrir las pérdidas de los exportadores. La soberanía sin una ruptura con el imperialismo no convence a quien paga la factura. La pregunta que hay que plantearse es: ¿qué soberanía nacional es posible en un país semicolonial como Brasil? Basta con observar cuál fue la postura del gobierno de Lula ante las medidas de Trump. Ante la imposición de los aranceles, Lula buscó todas las vías de negociación, al tiempo que utilizó los recursos estatales para cubrir las posibles pérdidas de la burguesía nacional. Es decir, ante esta ofensiva del imperialismo, de una burguesía nacional débil frente al capital monopolista y de una oposición electoral que se muestra totalmente sumisa a la política de Trump, Lula ha tratado de plantear un discurso para recuperar una base social obrera que le permita negociar en mejores condiciones con el imperialismo. Ese es el límite de la «soberanía». Por eso, se ha apoyado en la defensa del fin de la escala 6X1, ha centrado sus mítines y actos en la región del ABC de São Paulo y, ahora, se erige en defensor de la soberanía nacional. Y las direcciones sindicales, empezando por la CUT, convertidas en comités electorales, han dejado de lado la lucha por el salario y por la derogación de las reformas, y han reducido el fin del turno 6x1 a un apoyo a la negociación de cúpula. Desmovilizada, la clase trabajadora se quedó sin instrumentos propios, y el descontento que generó el frente amplio fue aprovechado por la extrema derecha bajo la consigna del «cambio».

LA INJERENCIA IMPERIALISTA

La política de Trump es una expresión de la decadencia del imperialismo estadounidense y de su intento de restablecer, sobre nuevas bases, el inestable equilibrio de la posguerra, ante el avance económico chino en el mundo y, en especial, en América Latina. Las guerras arancelarias, los acuerdos rotos y el enfrentamiento directo para asimilar a los ex Estados obreros como semicolonias aceleran las tendencias bélicas. La guerra se ha convertido en el método de la época. En América Latina, esta orientación tiene un nombre: el «corolario de Trump» de la Doctrina Monroe. El secuestro de Maduro y la apropiación del petróleo venezolano, el bloqueo a Cuba, el «Escudo de las Américas», con diecisiete nuevas bases militares, y los acuerdos sobre minerales críticos, como el cobre y el litio, en Colombia, Argentina, Chile y Perú, ponen al descubierto la disputa por los recursos naturales. Con presidentes afines en el poder en los países vecinos, Brasil era la pieza que faltaba. Sobre el país ya pesaban el recargo de hasta el 37,5 %, impuesto en julio al término de la investigación de la Sección 301, la clasificación de facciones criminales como organizaciones terroristas y la amenaza de la Ley Magnitsky. Pero a dos días de la votación, EE. UU. suspendió los servicios consulares en el país, alegando riesgos que la Policía Federal no ha confirmado; y la propia Policía Federal ha abierto una investigación preliminar sobre un proyecto del Gobierno estadounidense para financiar a grupos de oposición al Tribunal Supremo Federal (STF), revelado por el periódico The Guardian.

La descomposición del bonapartismo sui generis en el marco de esta nueva reconfiguración de las relaciones entre los Estados semicoloniales y el imperialismo también tiene implicaciones para los equilibrios de clase y sus instituciones políticas. Esto se debe a que, bajo el dominio más directo y agresivo del capital extranjero, las burguesías nacionales de la región ven agravada su debilidad y, por tanto, tienen mayores dificultades para hacer concesiones a la clase trabajadora como forma de buscar una base social que les garantice cierta autonomía. Esto hace que, incluso bajo gobiernos más «democráticos», la clase trabajadora se vea sometida a una mayor explotación y, cuando se rebela, a una mayor represión.

NO ES FASCISMO: ES UN RÉGIMEN EN DESCOMPOSICIÓN

La burocracia sindical y el propio regimiento intentan recurrir una vez más a la dicotomía entre democracia y fascismo; al referirse a la votación, Lula ya ha hablado de una elección «entre la democracia y la barbarie». Esta caracterización es errónea y de ella se deriva una política desastrosa. El bolsonarismo no es el fascismo de los países imperialistas. Es, más bien, producto de la descomposición del bonapartismo sui generis, la forma de poder propia de las semicolonias, en la que el Gobierno se equilibra entre el imperialismo y las masas para preservar la dominación del capital. Bajo la ofensiva imperialista, la burguesía nacional, socio menor del capital extranjero, pierde margen en las negociaciones. El frente amplio, que se apoyaba en las burocracias para contener a la clase y en la «soberanía» para negociar los términos de la subordinación, está en jaque. Lo que la extrema derecha ofrece al capital es la rendición directa, como en los países vecinos; la mediación da paso a la administración sin intermediarios de los intereses imperialistas. Este desenlace no frena la descomposición del régimen democrático burgués, en el que ninguno de sus poderes —ni el ejecutivo, ni el legislativo, ni el judicial— dispone de alguna prevalencia. Los gobiernos de este tipo nacen sin una base social sólida y, al someterse por completo al imperialismo, dan pie a tendencias de agravamiento de las crisis políticas y los enfrentamientos de clase, como se ha visto recientemente en Bolivia.

Si gana, Flávio contará con la mayor representación en el Congreso y con los principales recursos para imponer la reforma administrativa, las privatizaciones y la represión. Si gana Lula, gobernará a merced de un Congreso aún más a la derecha y pagará cada día de su mandato con nuevos ataques; el domingo por la noche, la propia militancia del PT ya admitía que la ya débil gobernabilidad del Frente Amplio burgués está en peligro. En ambos casos, el programa consiste en aumentar la explotación. El Tribunal Supremo Federal se ve minado por el escándalo del Banco Master. En septiembre, André Mendonça, ponente del caso, hizo público un informe de la Policía Federal con mensajes entre el exbanquero Daniel Vorcaro y Alexandre de Moraes; los informes de inteligencia de la misma Policía Federal arrojan sospechas sobre la actuación del propio Mendonça. No se ha juzgado nada: ambos se lanzan acusaciones, y el tribunal ni siquiera ha conseguido decidir cómo examinar los casos. Según el New York Times, el escándalo salpica a gran parte de la cúpula política y judicial, incluido Flávio Bolsonaro. Ahora, con 28 senadores del PL y sus aliados, la extrema derecha amenaza a los ministros con el juicio político, que requiere 54 votos en el Senado, mientras que la campaña de Lula alude a una «reforma del poder judicial». No estamos ante demócratas contra golpistas. Se trata de una disputa entre facciones burguesas por el control de un poder del régimen que se pudre. Ningún ministro del Tribunal Supremo merece la confianza de los trabajadores.

VOTO NULO TAMBIÉN EN LA SEGUNDA VUELTA

«Un liberal habla, naturalmente, de “democracia” en general. Un marxista nunca olvidará plantear la pregunta: “¿para qué clase?”», escribió Lenin en 1918. La democracia burguesa es la dictadura de clase del capital; en las semicolonias, es aún más limitada, porque el margen de concesiones viene dictado desde fuera. Su crisis no se corrige con buenas intenciones ni con el voto útil: es la descomposición de una forma de dominación que ya no puede ofrecer a los trabajadores ni siquiera las migajas de otros períodos. En las próximas tres semanas, el chantaje será total. Pedirán que se suspenda toda crítica y toda lucha para «evitar lo peor». Eso es lo que se hizo en 2018 y en 2022. En 2022, el frente amplio ganó; cuatro años después, la extrema derecha lidera la contienda. El voto a Lula no derrota al bolsonarismo, sino que aplaza el enfrentamiento y desarma a quienes tendrán que frenarlo. Para ganar, Lula tendrá que ampliar aún más el Frente con las facciones burguesas y les pagará con más concesiones al capital. El centrismo que se autodenomina «a la izquierda» de Lula se apresurará a pedir el voto crítico, sumándose a las burocracias en la tarea de canalizar la voluntad de lucha hacia las urnas.

También hacemos un llamamiento al voto nulo en la segunda vuelta. Está claro que los candidatos a administradores del capital no son idénticos y que un gobierno de Flávio Bolsonaro supondrá ataques más directos. Pero esos ataques no se detendrán en las urnas. Se derribarán con huelgas, con la organización en los lugares de trabajo, con la defensa de los derechos, de los sindicatos y del derecho a la huelga, sin apoyo político a ningún gobierno. El voto nulo es la negativa a dejar en manos de las urnas lo que solo la lucha decide.

La tarea consiste en poner en marcha el programa de transición con toda su intención original, desorganizar a la burguesía, golpeándola donde más le duele, en la producción y en la circulación, y forjar en ese proceso la vanguardia que supere la crisis de dirección revolucionaria. Para ello, es necesario recuperar los sindicatos de manos de las burocracias, que se han convertido en parte de la estructura estatal.

 

39° encuentro de las mujeres y disidencias en Córdoba

Organizarnos contra el imperialismo, sus aliados y sus guerras

Este año, el encuentro inicia cruzado por grandes gestas de lucha. Mientras en Argentina el gobierno de Milei intenta una fuga hacia adelante de su crisis económica profundizando, junto a las patronales y con la complicidad de la burocracia sindical, el ataque al salario y las condiciones de trabajo y de vida de la clase obrera, en gran parte del globo la juventud y otros sectores se ponen de pie. En Francia, peleando por las condiciones de educación y contra la discriminación de la juventud de las periferias; en España, contra el negocio capitalista de la vivienda; en Chile y Brasil, contra el avance de Kast y Bolsonaro como agentes directos de EEUU e Israel en nuestro continente. También las juventudes se levantan en otros países de mundo contra las consecuencias de la descomposición del sistema, cuyos agentes preparan una salida a través de la generalización de la guerra.

Levantando las banderas antiimperialistas de los oprimidos

Estas luchas dan cuenta de las reservas de fuerza de los oprimidos frente al futuro de barbarie que pretenden imponer los capitanes del capital para intentar saldar su crisis. Hay que dejarlo claro: no se trata de una “batalla cultural” entre una derecha retrógrada y aquellos que, intentando engañar a las masas, venden que el capitalismo puede ser reformado mediante una ilusión de progreso continuo con ampliación de derechos sociales, sin tocar las bases explotadoras del capital. Esto último es una burda mentira de un ala burguesa que intentar “dar migajas para no perderlo todo”. Sus agentes son los woke o progres del mundo, que terminan siempre tributando a un ala de la burguesía en sus frentes amplios, llevando a grandes derrotas, tanto físicas como electorales, a partir de la desilusión que generan sus utopías reaccionarias. Tenemos ejemplos a paladas, desde el gobierno de Tsipras en Grecia hace más de 10 años hasta las últimas elecciones de Lula en Brasil.
La opresión social que genera el capitalismo a partir de sus mecanismos de dominación no es cultural, sino bien material: se trata de la apropiación del excedente económico explotando a la clase obrera, sobre todo a las mujeres y la juventud trabajadoras. A eso apuntan todos los paquetes de reformas laborales, previsionales, educativas, de salud, entre otras, que vienen imponiendo país por país para intentar modificar la relación entre el capital y el trabajo precarizando las condiciones y dividiendo a nuestra clase. Esos ataques están profundamente entrelazados con la generalización de la guerra, permitiendo avanzar en la represión interna para imponerlos y preparar la maquinaria militar para llevar la conflagración puertas afuera. Por eso, para enfrentar al imperialismo y llevar esas fuerzas elementales que despuntan en una nueva camada de luchadoras y luchadores en todo el mundo es necesario organizarnos y discutir el programa y los métodos que nos lleven al triunfo, que no es otro que el triunfo de la revolución obrera y socialista.

Con los métodos y el programa de la clase obrera

A diferencia de los woke y los progres, no queremos emparchar al capitalismo, ¡nos postulamos como sus sepultureras! Debemos recuperar lo mejor de la tradición de las luchas obreras en las que las mujeres hemos tenido un gran protagonismo, rompiendo con toda idea policlasista de las direcciones que influencian en el movimiento de mujeres, que llevaron a la estatización de las demandas. Para pelear por la única salida efectiva para lograr nuestras reivindicaciones, eliminar la doble opresión a la que nos somete el sistema capitalista y extirpar los fenómenos de violencia física y sexual contra las mujeres nuestra tarea principal consiste en desarrollar la consciencia de clase de la mujer obrera y su compromiso activo en la lucha de clases.
Tenemos tareas inmediatas que desarrollar contra el alineamiento de Milei a los yanquis y al sionismo. Impulsemos asambleas en los lugares de trabajo y mocionemos imponer un paro general activo para el 15 de octubre contra el desalojo de FATE, contra el DNU 70/23, por el triunfo de los trabajadores universitarios y el triunfo de todas las luchas. Es el camino para preparar la huelga general para tirar abajo a Milei.
El único programa capaz de llevar hasta el final la liberación de la opresión contra las mujeres y las minorías es el de la revolución socialista. Así como es la única forma de frenar y derrotar al imperialismo y sus aliados en su rumbo guerrerista. Las mujeres trabajadoras debemos estar en la primera fila del combate y tomando un rol central en la organización de nuestra clase, por su liberación de toda forma de opresión. ¡Paso a la Mujer Trabajadora! ¡Por la revolución socialista mundial!

Feria del libro en solidaridad con Cuba

Miércoles 7 de octubre de 16 a 21hs.

Feria del libro y presentación del libro "Cuba: una historia crítica" a cargo de su autor, Frank García Hernández.

Facultad de Ciencias Sociales UBA. Santiago del Estero 1029, CABA.

La lucha contra Milei, el DNU 70/23 y la Corte Suprema reaccionaria

Algunas veces los fenómenos de la lucha de clases dejan al descubierto de forma muy directa lo que es el régimen político burgués y sus intereses. Un acontecimiento como el fallo de la Corte Suprema, que habilita el artículo del DNU 70/23 en lo referido a la ley de tierras (permitiendo la venta de tierras a extranjeros sin ningún límite, aunque está claro que las tierras en manos de capitales nacionales no garantizan absolutamente nada bueno para los trabajadores) condensa el carácter reaccionario de la justicia burguesa y el régimen al que sostiene, englobando tanto a la coalición de gobierno como a la oposición patronal, especialmente el PJ. La Corte Suprema intenta salir del escándalo político que provocó su fallo —que favorece a los capitales extranjeros y va en línea con la política imperialista de EE. UU. de quedarse con los recursos naturales— con el argumento de que no juzga el problema de fondo, que es el DNU 70/23. Así, le traslada el dilema al Congreso, considerando que el Senado ya lo había rechazado y que en Diputados lo dejaron correr para favorecer el ajuste de Milei.

Ahora, el peronismo busca dar gobernabilidad e intenta salvar a las huestes libertarias buscando que se derogue sólo el articulo 154 y se mantenga todo el resto del DNU 70/23. De esta forma, resguardan la facultad reaccionaria de gobernar con decretos de necesidad y urgencia.

Frente a este escenario tenemos que intervenir de forma independiente y mostrando una perspectiva de clase ante un gobierno lumpen y unas instituciones descompuestas. Independiente significa no confiar en los interbloques antimilei en el parlamento con los ex funcionarios de Alberto, de Macri e incluso ex LLA, y desarrollar una perspectiva que enfrente a la burocracia sindical cómplice del ajuste. Tenemos que imponer asambleas en los lugares de trabajo, planteando la necesidad de un paro general activo el 15 de octubre, cuando se va a intentar tratar en Diputados la derogación de ese DNU, con una movilización que empalme con la marcha federal universitaria, que debemos potenciar ocupando las universidades.

Debemos abrir un debate al interior de nuestra clase sobre el carácter reaccionario de la justicia burguesa y la necesidad de destruir a la Corte Suprema. Hay que imponer, con los trabajadores judiciales a la cabeza recuperando sus sindicatos, la necesidad de tribunales obreros. Levantamos este aspecto programático teniendo en claro que no se modifica el carácter de una institución burguesa por votar democráticamente a los jueces —y menos un organismo reaccionario como la Corte Suprema—. La transición se define por el contenido de clase de las instituciones que se crean en la necesidad de la lucha por el poder. Por eso llamamos a marchar el 6/10 a Tribunales en contra de la Corte Suprema, pero no para presionar a la justicia burguesa, sino para denunciar su carácter de clase, confiando en nuestras propias fuerzas para desarrollar la lucha obrera, con independencia de clase, en la perspectiva de dar una salida revolucionaria.

La “joven” Europa

En el territorio de gran parte de Europa estamos presenciando de forma descarnada la ruptura del previo equilibrio inestable de posguerra del sistema capitalista. La formación de la Unión Europea y el Estado de bienestar se proyectó en función de lucha contra la URSS, contra la idea de revolución socialista y apuntando a la necesidad de asimilar a los Estados obreros en caso de colapso. Pero ante la evidencia del fracaso de ese experimento imperialista, ahora estamos asistiendo a una guerra entre Rusia y Ucrania, que amenaza con extenderse a toda Europa. La OTAN, otra institución de posguerra en decadencia, no logra acordar cómo enfrentar este nuevo escenario y, mientras, sus Estados miembros preparan mayores ajustes de guerra en sus territorios con reconversión militar de sus industrias. Las tensiones interestatales han ido en aumento, en la misma medida que los conflictos radicalizados de lucha de clase en el plano de la política doméstica.

En este contexto estamos presenciando la irrupción de una nueva generación de jóvenes y luchadores que están enfrentando los planes de la UE y al imperialismo norteamericano, alzándose en contra de la guerra y sus ajustes. Las movilizaciones ya se venían expresando contra el genocidio en Gaza, con métodos obreros como paros y bloqueos. La particularidad de esta nueva generación es que viene intentando sacar balance —de forma tortuosa— de los experimentos políticos que nacieron al calor de procesos anteriores y que resultaron ser fracasos rotundos como Podemos, NPA, Francia Insumisa o Syriza, para nombrar algunos. De ese periodo movimientista de presión al régimen burgués con confusión de objetivos (si bien esa confusión subsiste a causa de una crisis de dirección revolucionaria) están empezando a emerger, por el nivel de deterioro de las condiciones de vida y el peligro de una guerra, elementos de violencia, radicalización en los métodos y un incipiente debate programático sobre cómo dar una salida a la profunda crisis.

En Francia se está viendo la irrupción de una juventud de los barrios populares que se organizó en base a reivindicaciones parciales contra el ajuste en la educación. Esto se suma a una serie de luchas que ha venido enfrentando el gobierno de Macron en los últimos años (comprendido por dos periodos constitucionales consecutivos) y ha generado una crisis política por la brutalidad de la represión, pero además ha mostrado que el imperialismo francés no puede conceder siquiera una reivindicación parcial. Esto ha provocado que sectores de trabajadores golpeados por el ajuste retomen las calles para solidarizarse con los jóvenes estudiantes, expresando una unidad que puede modificar las relaciones de fuerza, no sólo ante el avance de un ala reaccionaria, sino abriendo la posibilidad del desarrollo de una vanguardia que haga caer de forma revolucionaria a Macron.  El proceso de la lucha juvenil ya se está extendiendo a Bélgica. La burguesía europea está perdiendo una generación a la que sólo promete un futuro de ajustes y guerra, en un presente de degradación social y represión.

En Alemania también hemos dado cuenta de una juventud que se levantó contra el reclutamiento obligatorio para el ejército y, de forma distorsionada, se expresó en las urnas con el voto en Berlín a Die Linke. En España vuelve al escenario la plaza del Sol, aquella que fuera el punto de encuentro de los "indignados" y desde donde se parapetó a los lideres que formaron Podemos. Esta vez se levanta, ya no indignada, sino con un estado de ánimo más combativo, en contra de los desalojos y por una solución a la falta de viviendas, planteando la dimisión de Pedro Sánchez y la huelga general.

La burguesía imperialista intentará con sus métodos recrear un equilibrio inestable nuevo en un escenario en el que todo el andamiaje de la Unión Europea y los pactos de posguerra entraron en crisis. Es tarea de los revolucionarios aportar de manera internacionalista a desarrollar las tendencias de la lucha de clases para que un sector de la clase obrera, la juventud trabajadora, imponga con sus métodos y un programa de transición la disolución de la UE y la formación de los Estados Unidos Socialistas de Europa como forma estatal de la dictadura del proletariado.

Llamamos a una Conferencia Internacional a las corrientes que aun levanten la dictadura del proletariado a discutir las directrices y las tareas ante un escenario mundial convulsivo.

 

 

 

Por un Congreso de delegados de base con mandato. Por una salida obrera a la crisis

La situación argentina sigue el curso de aceleración de la crisis social, política y económica. El gobierno de Milei y sus aliados fracasaron con sus recetas económicas y sólo apuestan a que EE.UU. los salve, como lo hizo el año pasado, a cambio de una mayor subordinación. Mientras tanto la oposición burguesa, en especial el PJ y la burocracia sindical, intentan ubicarse como garantes del régimen, buscando instalar por anticipado el escenario electoral. Otros sectores del empresariado pretenden encontrar una salida con una suerte de “mileísmo sin Milei”, es decir, salvaguardar los avances contra nuestra clase que este gobierno impuso en estos últimos años, pero con otro elenco de funcionarios menos impresentables. La visita del Papa es una asistencia desde la iglesia para contener el descontento social, cumpliendo su histórico rol contrarrevolucionario ante escenarios complejos.

Los trabajadores tenemos que intervenir de forma independiente, echar a Milei e imponer una salida a esta crisis confiando en nuestras propias fuerzas, con nuestros métodos y nuestro programa.

El propio gobierno está anticipando “un escenario indeseable”, lo que se traduce indefectiblemente en más sufrimiento para nuestra clase. Como siempre, pretenden que seamos nosotros los que paguemos la crisis, ya sea por los efectos de una devaluación en los precios y salarios, ya sea porque haya más despidos o porque se imponga una mayor pauperización de nuestras condiciones de vida. Tenemos que prepararnos para enfrentarla y derrotar esa política, con la cual todo el arco político burgués está de acuerdo.

Enfrentar la crisis significa reorganizarnos ante el proceso de desorganización al que nos llevó la reforma laboral con el inestimable apoyo de la burocracia sindical. En esta reorganización, los delegados combativos y antiburocráticos deben cumplir un rol central, ya que su relación con la base obrera permite abrir un debate al interior de nuestra clase sobre cómo nos organizamos, cómo desarrollamos un programa de transición y preparamos la condiciones para imponer un paro general en la perspectiva de una huelga general, de recuperar los sindicatos echando a la burocracia y de la lucha por el poder.

Llamamos a votar delegados en asambleas, echar a los delegados vendidos y mocionar plenarios de delegados por rama, por zona o distrito para un gran Congreso de delegados de base con mandato a nivel nacional. Esta instancia es fundamental para frenar la implementación de la reforma laboral, que las patronales están acelerando ante la debilidad del gobierno y la fragilidad de la situación, mientras las burocracias de todo pelaje mandan a sus abogados a decirle a los compañeros que hay que resignarse y aceptarla. Tenemos que romper con esa legalidad burguesa que nos ata a un Estado que no es el nuestro.

En esta situación las organizaciones recuperadas de manos de la burocracia cumplen un rol importante para reagrupar y colocarse como dirección del movimiento obrero. Es imperioso que desde éstas se vayan ampliando las funciones de los sindicatos para articular una respuesta obrera a la catástrofe a la que nos están llevando. Los SUTEBAs recuperados deben llamar a plenarios de delegados de las zonas, no sólo de los docentes, sino de estatales y privados, ocupados y desocupados para ser referencia de organización. Lo mismo puede hacer la UEPC Capital en Córdoba. La Union Ferroviaria de Haedo puede llamar a un plenario de delegados y activistas de la rama. Estos serían ejemplos de cómo podemos preparar la irrupción de una vanguardia obrera organizada detrás de reivindicaciones inmediatas como: “¡abajo el desalojo de Fate!”, “por el triunfo de todas las luchas en curso”, “basta de despidos”, “aumento salarial ya”. Otra tarea planteada es marchar con los universitarios en la marcha federal del 15 de octubre en solidaridad con su lucha y planteando una salida obrera independiente a la crisis de la educación. Estas tareas inmediatas tienen que estar acompañadas de un programa obrero de salida a la crisis, que debe partir en atacar a la burguesía en la producción. Es allí donde el proletariado industrial concentrado en las ramas petroleras, de la minería, y aceiteras cumplen un rol central, no sólo para derrotar a la burguesía, sino también para enfrentar al imperialismo, que en su fase guerrerista ha colocado a este sector de trabajadores ante tareas más importantes. Por eso el control obrero de las ramas y la escala móvil de horas de trabajo y salarios, entre otras consignas, deben poner al proletariado como caudillo de la nación oprimida.

Tenemos que poner a la ofensiva a nuestra clase y precisar las tareas para no caer en un movimientismo estéril, que no organiza detrás de un programa, sino de sentimientos. Nuestra tarea es crear las condiciones de la construcción de un partido revolucionario como sección de la Cuarta Internacional reconstruida.

“Próxima estación… Esperanza”

Para seguir jugando con las letras de las canciones, pasada la “marcha de la bronca”, los organizadores podrían echar mano del título de Manu Chao (2001). Porque el pasado 19/9 convocaron a marchar con un programa lavado para que se acercaran sectores del peronismo desencantado, aunque faltaron a la cita. Si siguen en ese tren, ¿cuál sería la siguiente estación?

La “marcha de la bronca” expresó que los movimientos sociales opositores a Milei siguen manteniendo elementos de resistencia en las calles, pero por su relación indirecta con la producción no pueden modificar las relaciones de fuerza. Lo que debemos criticar es a las direcciones que se reclaman de la izquierda revolucionaria, que vaciaron de contenido y se adaptaron a un sentido común de los movimientos, actuando como simples herramientas para que se exprese la “bronca”, sin programa, sin organización y, por lo tanto, sin perspectiva de lucha.

Para el PTS —principal organizador de la marcha— la convocatoria sirvió para probar sus elaboraciones teóricas sobre la combinación de movimientos: que las voluntades individuales se unan en una voluntad colectiva para forjar una “comunidad política”, algo que ellos llaman un “partido de la nueva clase trabajadora”. Una teoría con un sujeto difuso, valiéndose de la cual podrán decir que la marcha fue un éxito. Menos sofisticado, el MST y su “unidad en la diversidad”, podrá sacar el mismo balance.

Pero en la marcha faltó la impronta del movimiento obrero organizado, que, si marchó, fue de forma diluida o encolumnado en las colaterales de cada partido del FIT-U. Por eso el llamado a la huelga general que se hizo desde el palco es un sinsentido de los organizadores, salvo que consideren que los movimientos sociales son los que deben reemplazar a la clase obrera industrial, de las ramas centrales de la economía, y sus métodos de lucha. Consideramos que los movimientos sociales pueden cumplir un rol muy importante en la lucha por el poder, pero como auxiliares en las luchas obreras. Sin duda serán importantes para establecer la “dictadura de la calle”, es decir, imponer cortes y bloqueos de accesos y enfrentarse con las fuerzas de represión.

Para preparar las condiciones para imponer una huelga general a la CGT y las CTAs tenemos que reforzar nuestra militancia en las estructuras, en las fábricas, en los lugares de trabajo, en la universidad y en las escuelas, en los barrios con los movimientos piqueteros, realizando asambleas y votando mociones en ese sentido. Es necesario votar delegados de base y echar a los vendidos, recuperar los sindicatos y expulsar a los interventores (como en la UOM y en las seccionales Rosario y Córdoba del SMATA). Hay que convocar a un Congreso de delegados de base con mandato que establezca un plan de acción para frenar la implementación de la reforma laboral, por aumento de salario, contra los despidos. En la preparación de estas instancias, es una tarea inmediata de las seccionales recuperadas, de las comisiones internas o cuerpos de delegados antiburocrático la organización de plenarios regionales de delegados y activistas que discutan cómo pasamos a la ofensiva.

La perspectiva tiene que ser poner bajo control obrero a las ramas vitales de la producción —las industrias petroleras, mineras y aceiteras— atacando a la burguesía en su base de sustentación como clase parásita y preparando a la clase obrera como próxima dirección de la economía, empezando por imponer la escala móvil de salario y horas de trabajo entre otras medidas de transición. Debemos dar una lucha política para impedir el rearme del peronismo, ya sea en su variante “esperanza”, en su variante Massa o en la de “el amor vence al odio”, luchando por una ruptura revolucionaria de los trabajadores con este partido contrarrevolucionario. Debemos desplegar un programa de transición para preparar las bases de una revolución obrera y socialista que tire a Milei y, con esa derrota, liquidar a un aliado del imperialismo y del sionismo que nos están llevando a una guerra generalizada.

Tenemos tareas concretas en el corto plazo: parar el desalojo de FATE. No sólo hay que rodear de solidaridad las inmediaciones de la fábrica, sino también preparar ocupaciones o paros en los lugares de trabajo donde tengamos influencia, marchado a los sindicatos o a la CGT para imponerles un paro general por FATE. En el mismo sentido debemos organizar ocupaciones de las universidades para ir a la marcha federal del 15 de octubre de forma independiente a los directivos de las universidades y de la burocracia sindical.

 

 

EL IMPRESO #97

El Impreso #97 - septiembre 20206. Para leer el pdf haga click acá: 97

Paremos las Universidades ocupando los edificios

Contra el plan para desactivar la lucha

El jueves 17 de septiembre, el gobierno nacional volvió a montar una farsa de “paritaria” para ofrecer un aumento del 3% al sueldo devengado de septiembre, a condición de que las federaciones sindicales firmen un acta de capitulación total en relación al reclamo de recomposición salarial al piso de noviembre de 2023, contenido en la Ley de Financiamiento Universitario. Esta enésima provocación de la patronal cuenta con la complicidad del CIN, que se apresuró a convocar a una nueva marcha federal para el 15 de octubre, ¡falta un mes! El frente sindical burocrático de las federaciones de trabajadores universitarios, donde están CONADU, CONADU Histórica, la FATUN nodocente, FEDUN y otras federaciones menores, se apresuró a largar su plan de acciones sin consultar a nadie, consistente en dos paros de 24hs (18/9 y 22/9), fantasmales “23 jornadas de lucha” y la marcha del CIN, manteniendo su subordinación a los rectores que vienen mostrando desde el primer día.

¿Privatización total o articulación público-privada?

A la pregunta que nos hacemos muchos docentes y nodocentes en relación a cómo es que siguen funcionando las Universidades Nacionales con un tercio del presupuesto, la respuesta es bastante obvia: las autoridades en los rectorados y decanatos vienen avanzando en el autofinanciamiento desde la aprobación de la LES en los ´90, vendiendo todo tipo de bienes y servicios al mercado. La disputa de los rectores del CIN con Milei, si es que existe tal cosa, es simplemente por agrandar un poco más sus cajas con fondos públicos, mientras paralelamente aceleran la firma de convenios con empresas, universidades extranjeras (que en su mayoría son empresas privadas), gobiernos locales, provinciales y extranjeros e imponen aranceles y contribuciones “voluntarias”. Podemos decir que es la línea de la “Articulación público-privada” que tanto supo propagandizar Macri, que siguen las autoridades sin importar cuál camiseta de la política patronal se pongan: UCR, PJ, PRO, progres, LLA, etc. El gobierno está de acuerdo -aunque no le molestaría una privatización total- ya que esto no lo tendría que decretar ni hacer votar por ley: simplemente con avanzar en el desfinanciamiento logra que el trabajo privatizador lo hagan sus aliados del CIN.

Obviamente, la privatización de la universidad se basa en ofrecer toda la compleja infraestructura de Ciencia y Técnica a las contrapartes privadas, junto con el avance de la reforma laboral y la precarización de los trabajadores docentes y nodocentes por múltiples caminos (interinatos, cátedras enteras con cargos simples, monotributos, contratos a plazo, becas y pasantías, etc., etc.). A esto hay que agregar la injerencia que tienen los “financiadores” privados en los planes de estudio para ajustar la formación de las nuevas generaciones de trabajadores técnicos y profesional a las necesidades de sus intereses capitalistas. Esto último, agravado por el carácter semicolonial de Argentina y su subordinación al bando de EEUU e Israel en la nueva guerra generalizada que se cierne sobre la humanidad.

El plan de (desactivación de la) lucha

Dicho lo anterior, queda claro quienes están militando para evitar la radicalización de las medidas de lucha con el paro por tiempo indeterminado. Una huelga de esas características, paralizando las facultades con la ocupación de los edificios, daría un golpe contundente a los negocios de las autoridades del CIN y su plan de privatización. Es por eso que la burocracia sindical de las federaciones, atada por mil lazos al Estado y a la burocracia académica que dirige las Universidades, hace todo lo posible para aplastar la lucha con medidas aisladas, desgastantes y que no afecten a la patronal. Los paros sin asistencia a los lugares de trabajo, las decisiones tomadas sin hacer asambleas (reemplazadas por consultas virtuales, con urnas o directamente sin consulta alguna) y las “visibilizaciones” impotentes apuntan a desmoralizar y a sembrar el camino para una salida “política”, es decir, electoral. ¡Pero no podemos esperar hasta 2027! Y tampoco a que un recambio por la vía de las elecciones mejore la situación, ya lo vimos con el nefasto gobierno del FdT de Alberto y Cristina que incluso incumplió acuerdos firmados por Macri.

Igual que las autoridades del CIN, la burocracia sindical de las federaciones no tienen ningún problema de principios con la privatización de las Universidades y se adaptan a “los nuevos tiempos”. La lucha por la aplicación de la Ley les sirve para introducir mediaciones como la justicia y el parlamento, coberturas para ocultar su responsabilidad en años de entrega de los salarios y las condiciones de trabajo.

Recuperemos los sindicatos

Debemos enfrentar el plan para desarmar la lucha universitaria del Frente Sindical y el CIN. Organicemos asambleas en cada facultad y dependencia. Votemos la moción de paro por tiempo indeterminado con ocupación de edificios, podemos organizar desde ahí las acciones y desorganizar a la burocracia académica imponiendo, junto a las organizaciones estudiantiles en lucha, el control de los planes de estudio y la organización de la educación y los diferentes servicios universitarios (hospitales, comedores, predios deportivos, museos, etc.). Revoquemos en asamblea a los delegados de la burocracia, eligiendo nuevos delegados docentes y nodocentes. Votemos plenarios de delegados con mandato en cada universidad, y un gran plenario nacional de delegados. Las organizaciones recuperadas y combativas que no responden a la burocracia, como la AGD-UBA, las comisiones internas recuperadas de APUBA, ADUNS, el sindicato nodocente de Mar del Plata, entre otros, juntos a los delegados independientes y luchadores pueden tomar la tarea de organizar este plenario a partir de discutir estas mociones en la base, organizando la lucha y con el objetivo de echar a la burocracia y recuperar las federaciones en camino de conquistar una Federación Única de Trabajadores Universitarios para fortalecer nuestra pelea contra Milei, los rectores y sus titiriteros en Washington y Tel Aviv.