Quienes Somos

Breve reseña de nuestro origen

La Corriente Obrera Revolucionaria nace en Marzo del 2006, luego de que fuéramos expulsados del Partido de Trabajadores Socialistas (Argentina) por diferencias políticas.

Nuestra organización, en su corta vida, ha sido parte de últimas experiencias del movimiento obrero, como la toma de la fábrica textil Pagoda, enfrentado el desalojo y la represión, en el tercer cordón industrial del país (Villa Mercedes), entre muchos otros. Asimismo, estamos insertos en las principales industrias y centros urbanos del país. Nos hemos fusionado con los compañeros del Núcleo Obrero Revolucionario, quienes hace un año se incorporaron a nuestra organización como tendencia (Estrategia Revolucionaria) y con la cual llevamos adelante una rica experiencia común.

Creemos que las principales corrientes de izquierda, frente a la crisis capitalista, se han encontrado presa de las teorías de moda de los intelectuales, que relativizan la ley del valor y en algunos casos, directamente la niegan, desconociendo las leyes fundamentales del capitalismo, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y su consecuencia, la crisis de sobreproducción. Los adeptos tanto a las teorías subconsumistas y catastrofistas, como a las evolucionistas, de los ciclos y monetaristas, han abandonado la Teoría del Imperialismo de Lenin y la Revolución Permanente de Trotsky, perdiendo de vista la estrategia de la revolución mundial y la lucha por el poder.

Los hechos mismos han dejado claro para los vacilantes y los escépticos que sigue vigente la época que Lenin caracterizaría como de "crisis, guerras y revoluciones". Pero la izquierda vive una crisis sin precedentes, con importantes sectores abandonando la dictadura del proletariado y construyendo variantes reformistas como el NPA, devorados por la democracia burguesa o bailando al compás del surgimiento de los nacionalismos burgueses. Creemos la más importante de las tareas es la construcción de partido revolucionario. Rompiendo con la tradición de teórica, política y organizativa de los centristas, debemos volver a rescatar el legado revolucionario de Marx, Lenín y Trotsky. Retomamos la noción leninista de partido. Sostenemos la concepción de Trotsky del programa de transición, no como una serie de medidas capitalistas de estado que se le debe exigir a los estados burgueses, sino como un plan económico para preparar al proletariado para las tareas de dirección, y por el que batallamos en el seno de las organizaciones de masas, es decir, los sindicatos. Y creemos que el marxismo revolucionario podrá recomponerse a partir del surgimiento de una nueva generación de revolucionarios que puedan construir una organización nacional e internacional capaz de disputarle la dirección a los reformistas y conciliadores, combatir el nacionalismo burgués y retomar la perspectiva de la insurrección y la estrategia de la revolución mundial y reconstruir la IV Internacional.